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José Angel Lozoya, educador sexual con amplia experiencia formativa, es el encargado de llevar a buen puerto este programa. Para ello, su labor no se ciñe sólo a charlas en colegios, reuniones entre hombres o programas específicos para géneros. Su intención es que sea algo que esté presente en el mayor número de delegaciones posibles, a través de los programas de diversa índole que éstas desarrollan. Los proyectos de Salud y Género para el 2000 son muchos. Entre ellos, se ha programado la realización de un seminario permanente con el mismo nombre que la delegación que dirige Antonia Asencio, y en el que los conferenciantes serán mujeres y hombres de cierto re-conocimiento social que hablarán sobre temas relacionadas con el programa de hombres.
Otra de las iniciativas que José Ángel tiene programa-das es desarrollar el curso que ya ha realizado con éxito por otros puntos de la región, titulado “Hombre, mujer y vida cotidiana”, dirigido a parejas, en el que ambos analizarán los mi-cromachismos. El trabajo realizado durante estos primeros me-ses demuestra la existencia de una importante demanda de hombres interesados en el programa. “Principalmente -explica José Ángel- son tres los perfiles de los interesados. En primer lugar, tendríamos a los colectivos vecinales o asociaciones de distinto carácter. Un segundo sector sería el constituido por mujeres interesadas en que sus maridos participen en el pro-grama, y en tercer lugar los hombres, de todas las edades, que llaman por su cuenta”. El coordinador del programa explica que estos últimos suelen superar los 30 años y tienen al menos una licenciatura.
El primero de los talleres,
cuya puesta en marcha está prevista para enero, recibe el nombre,
un tanto provisional, de “Análisis crítico de los modelos
masculinos tradicionales”. Su finalidad es, según su promotor, “consolidar
un movimiento autónomo de hombres por la igualdad en Jerez”. Los
grupos que participarán en esta experiencia serán reducidos,
con un número de miembros de entre seis a diez, doce hombres, y
se cerrarán una vez se haya conseguido cierto clima de intimidad.
El formato de las reuniones lo elegirán los participantes.
Pregunta: Entre tantos
hombres reunidos, ¿no acabarán hablando de los temas de siempre?
Respuesta: Desde
luego, queda terminantemente prohibido hablar de fútbol, política,
y sobre todo de mujeres, en el sentido que puedes imaginar. También
quedarán fuera de lugar posibles posturas teorizantes sobre los
temas que se traten. Aquí se vendrá a hablar de experiencias
personales, de sensaciones propias, con ejemplos reales. Cosa distinta
es que, a medida que crezca la confidencialidad del grupo, se puedan emitir
opiniones.
P: ¿Por qué
entonces grupos exclusivamente masculinos?
R.: Si hay una mujer
delante, los hombres hablan de un modo totalmente distinto. Está
demostrado que en estas circunstancias se da una pérdida importante
de sinceridad.
P: ¿Podría
describirnos al “hombre ideal”?
R.: Es más
fácil de lo que parece. El “hombre ideal” es el contrario del típico
maltratador. Maltratador en la medida en que éste considere a la
mujer como propiedad, y se crea con derechos sobre su persona. Un hombre
igualitario es el que, del mismo modo que comparte las tareas domésticas,
exige a su pareja, llegado el momento, el reparto de responsabilidades
de otro tipo, como pueden ser las económicas. El hombre ideal es
el que intuye la necesidad de cambiar y está dispuesto a ser autocrítico
y a obrar en consecuencia.
P.: Usted ha dicho
antes, durante la entrevista, que el hombre es un modelo por oposición.
¿A qué se refiere exactamente?
R.: Ser hombre es
no ser ni mujer, ni homosexual, en la sociedad radical en que vivimos.
Los comportamientos se trazan desde la infancia, cuando a un niño
le obligamos a jugar con unos determinados juguetes o a adoptar determinadas
conductas “típicamente masculinas”, que es lo mismo que decir, “antifemeninas”.
En realidad, ser hombre es una situación biológica que no
tiene nada que ver con lo que uno desarrolle después del modelo
establecido.