HOMBRES POR LA IGUALDAD
EXCMO. AYUNTAMIENTO DE JEREZ   DELEGACION DE SALUD Y GENERO

Ana de Miguel

Consideraciones sobre el papel de los varones en  la lucha feminista

Autora: Ana de Miguel – Universidad de A Coruña

Resumen

Algunas de las obras clásicas del feminismo del siglo XIX fueron escritas -en coautoría- por filósofos que mantenían  relaciones intelectuales y sentimentales con mujeres feministas; este fue el caso de William Thompson y Anna Wheeler en su obra  La demanda de la mitad de la raza humana, las mujeres contra la pretensión de la otra mitad, los hombres, de mantenerlas en la esclavitud política y, en consecuencia, civil y doméstica (1825), y el más conocido de John Stuart Mill y Harriett Taylor en La sujeción de la mujer (1869). Asimismo desde la tradición marxista no sólo los autores más citados como Engels y Bebel escribieron monografías sobre “la cuestión femenina” sino que también Lenin y Trotsky reflexionaron sobre la condición femenina.

Sin embargo, esta colaboración teórica ha contrastado agudamente con la práctica en lo que hace a la militancia común en distintos movimientos sociales. Las feministas colaboraron activamente en el movimiento abolicionista, las revoluciones socialistas y las revueltas de los años sesenta. La experiencia común fue la de tener que separase de los varones y consolidar una y otra vez la autonomía del movimiento feminista.

A partir de estas consideraciones históricas se realizará una reflexión sobre las circunstancias actuales.

Trascripción literal de la Ponencia expuesta en las Jornadas sobre la Condición Masculina

Buenas tardes. Nos han pedido que nos presentemos un poco, yo soy Ana de Miguel, doctora en Filosofía e imparto clases en La Facultad de Sociología de A Coruña; he militado en el movimiento feminista desde que empecé a estudiar la carrera y de diferentes formas, sigo dentro del mismo.

Voy a pasar a explicaros el planteamiento de lo que voy a contar. Yo voy a hacer una reconstrucción histórica de lo que han sido las relaciones entre hombres y mujeres dentro del movimiento feminista y de los movimientos de emancipación en general. Este planteamiento me parece importante porque muchas teóricas feministas han teorizado ya sobre cómo uno de los problemas de la opresión de las mujeres es el de la falta de geneanología, de reconocimiento y memoria histórica que afecta a este colectivo. Este problema tiene entre otras consecuencias el que parece que toda generación de mujeres tenemos que empezar a de nuevo a plantearnos teóricamente y en la práctica las relaciones de desigualdad sexual, como si fuese algo que comienza a plantearse en el vacío, en estos momentos, y, sin embargo, la historia de la desigualdad sexual y de la lucha organizada contra la misma es una historia muy antigua ya.

Una historia en la que podemos y debemos retrotraernos en principio a la Ilustración y a la Revolución Francesa. Por ahí se debería comenzar, por hacer la genealogía de la relación entre hombres y mujeres dentro de los movimientos de emancipación desde la Revolución Francesa. Y lo voy a hacer desde una doble vertiente, por un lado nos vamos a preguntar ¿Qué han aportado los hombres a la lucha de las mujeres por la desigualdad sexual en el plano teórico? Y por otro ¿Cómo ha sido la relación entre hombres y mujeres  codo con codo, en el terreno de la práctica y en el de la lucha dentro de los movimientos? Porque vamos a encontrar que, como suele pasar en este terreno, no tiene por qué coincidir la teoría con la práctica.

Comienzo entonces por volver la mirada hacia fines del siglo XVIII, y centrándonos en un solo país, desde el punto de vista de las aportaciones teóricas. En menos de un siglo se publicarán en Inglaterra tres obras que son hoy tres obras clásicas de la teoría feminista. Por supuesto que en Francia y en otros países también hubo obras importantes, pero hay poco tiempo para hablar y me voy a centrar sólo en Inglaterra por una cuestión de sistema. En 1792 se publica una de las obras pioneras en la defensa de los derechos de las mujeres, la obra de Mary Wollstonecraft  “Vindicación de los derechos de la mujer”. Esta obra fue escrita por una mujer, pero las dos siguientes que voy a citar, la de 1825, que es una obra muy poco conocida en España, pero yo creo que a partir de ahora lo va a ser mucho más porque es un gran clásico, es una obra que escribe uno de los líderes del movimiento cooperativista Inglés, el irlandés William Thompson. La obra fue escrita por él, pero hoy está reconocida la coautoría de la que fue su compañera sentimental durante algunos años, porque él mismo declara en el prólogo que se ha limitado a poner por escrito lo que había sido el fruto conjunto de sus conversaciones y su convivencia cotidiana. El libro de William Thompson y Anna Wheeler escribe –por cierto, también es vital reconstruir la genealogía de los hombres del siglo XVI, XVII, XVIII, XIX que teorizaron a favor de la igualdad sexual- se titula “La demanda de la mitad de la raza humana, las mujeres, contra la pretensión de la otra mitad, los hombres de mantenerlas en la esclavitud política y en consecuencia civil y doméstica”. Es una obra que acaba de ser traducida al español en el año 2000 y que nos muestra cómo hombres y mujeres en el siglo XIX cooperaban desde el punto de vista teórico para tratar de comprender dos cuestiones relacionadas: uno, cómo se legitimaba teóricamente la sociedad patriarcal y dos, para tratar, por supuesto, de desarticular esta legitimación y fundamentar  las reivindicaciones prácticas para una sociedad igualitaria desde el punto de vista sexual.

Pero en la que me voy a detener un poco más es en otra obra que sí es mucho más conocida, la tercera obra de esta triada en torno a la igualdad sexual, que es “La sujeción de la mujer” o “La esclavitud de la mujer” de John Stuart Mill. Esta obra, publicada en 1869, puede considerarse también una coautoría con la que fue su compañera sentimental e intelectual Harriett Taylor Mill. En esta obra Mill se plantea la relación de hombres y mujeres de cara a la consecución de la igualdad sexual y él mantiene que debido a las circunstancias sociales de la época, en que las mujeres no tenían casi ningún derecho civil  -es decir, no sólo no tenían derechos políticos, sino tampoco civiles; que no tenían derecho a la propiedad es bien conocido, o que no tenían derecho a la maternidad, es decir, que la patria potestad recaía sobre los varones, no tenían derechos sobre sus hijos, pero tampoco tenían ningún derecho de asociación pública sin el consentimiento de los maridos. Entonces, Mill en esta obra  plantea la idea de que mientras una masa suficiente de hombres no esté de acuerdo con la igualdad sexual, las mujeres no van a poder conseguir nada en este tema, aunque fuera, porque tenía que ser un parlamento de hombres el que votase a favor de los derechos políticos y civiles de las mujeres, y será precisamente John Stuart Mill quién presente la primera petición de derecho al voto femenino cuando fue parlamentario en 1863, en Inglaterra. Lo que quiero subrayar es cómo John Stuart Mill al ser consciente de eso, dedica buena parte su libro también a los hombres. Desarrolla una serie de argumentos tratando de convencer a los hombres radicales de que tienen que acceder a la igualdad sexual de las mujeres

¿Porqué? Porque numerosos radicales de su tiempo estaban en contra de los derechos políticos de las mujeres. En ese libro utiliza muchos argumentos, pero sólo comentaré muy brevemente el último de los que utiliza, que es un argumento muy retórico destinado a los varones para ver si después de haber utilizado argumentos racionales, filosóficos, hasta económicos e instrumentales termina convenciéndoles utilizando lo que podemos llamar el “argumento de la compañera”. Con este argumento, Mill va a tratar de convencer a los hombres de que en la relación intersexual más estrecha que existe, que es la del matrimonio, lo que consiguen en una sociedad desigual es una relación extremadamente infeliz, porque las mujeres son educadas para ser (como dice él) sus esclavas sexuales y domésticas. Va a utilizar argumentos muy retóricos entre los que cabe destacar su tesis de que “la diferencia atrae, pero lo que retiene es la semejanza y las personas se hacen más felices cuanto mayores son sus afinidades” y a esbozar ante sus compañeros de género un elocuente y patético cuadro sobre las consecuencias que les acarrea el contraer matrimonio con una “inferior", claramente inferior porque no se le permite el acceso a la educación ni al autonomía ni al espacio público. En definitiva Mill se hace eco de la queja de sus compañeros... que se quejaban continuamente de que las mujeres eran unas frívolas, vanidosas y coquetas que sólo piensan en la casa, los vestidos y los hijos, a las que la política les da igual, y el  interés general más aún ... sin caer en la cuenta de que estos son  precisamente efectos de la causa –falta de derechos- que ellos persisten en mantener.

Mill, después de hacer un análisis de cómo es la educación que reciben las mujeres, lo que va amputando sus deseos de participar en la vida social y política, viene a decir “toda compañía que no eleva, rebaja, y tanto más cuanto más intensa y estrecha es la compañía como en el matrimonio”. Y vuelve a pasarles la pelota a sus compañeros radicales para decirles “conceder el voto a las mujeres, acceder a que tengan una educación superior y entonces no tendréis que quejaros de que “quien tiene mujer e hijos ha dado rehenes a la sociedad”, porque el matrimonio les corta las alas, les aburguesa y ya no pueden dedicarse a la aventura, a la vida bohemia ni a la revolución, sino que tienen que dedicarse a ser el varón proveedor, a la vida rutinaria y doméstica, etc.

En definitiva y desde el punto de vista teórico podemos concluir que los varones han realizado importantes aportaciones al tema de la igualdad sexual –aunque recordando que su aportación más genuina ha sido la legitimación de una desigualdad rayana en la esclavitud, y si esto parece exagerado léase a Rousseau, Kant, Hegel, Comte, Ortega, por citar algunos de los más conocidos-. En general fueron varones que disfrutaron de la visión privilegiada de una mujer reacia a escribir ella misma sobre su experiencia de oprimida. Y lo hicieron muy bien, pues los hombres eran los depositarios del saber, del conocimiento y los que tenían la voluntad y la ambición de escribir libros bien argumentados de muchas páginas; y esto lo digo sin ironía pues a esa voluntad y ambición debemos algunos de los clásicos de la teoría feminista.

A partir de ahora abordaremos la segunda cuestión. Pero ¿qué es lo que ha sucedido en la práctica, en los movimientos históricos de liberación? Brevemente vamos a señalar que fue en la Revolución Francesa cuando, como ha mostrado Celia Amorós, las mujeres se organizan por primera vez como un movimiento autónomo que solicita sus derechos como seres humanos apelando a la idea de igualdad.  Las mujeres contribuyeron a derrocar el Antiguo Régimen, participaron en todas las algaradas y las revueltas, pero hasta los jacobinos, cuando los jacobinos tomaron el poder, por así decirlo la extrema izquierda de la Revolución Francesa, lo que hicieron fue cerrar los clubs de mujeres y prohibir toda participación política a las mujeres y les dijeron claramente en la prensa revolucionaria, en sus proclamas y en la realidad: “vuestra misión como ciudadanas es tener hijos, criarlos y educarlos en los valores revolucionarios”. La amargura y la decepción de las grandes mujeres revolucionarias de todos los partidos políticos, porque las había jacobinas, pero también girondinas, etc, fue muy fuerte, como está muy bien documentado en libros como “Las mujeres y la Revolución Francesa” de Paule Marie Duhet, aunque estos libros no se enseñan en ningún sitio, ni en la primaria, ni en la secundaria, ni siquiera en la Universidad. La participación de las mujeres en la Revolución Francesa y su exclusión absoluta de los derechos políticos más elementales nos enseña mucho acerca de las características específicas de nuestra lucha y de los grandes obstáculos que siempre hemos encontrado. De ahí que sólo podamos concluir señalando la decepción de las mujeres respecto al apoyo de los compañeros varones.

En siguiente lugar, tenemos el movimiento sufragista. Las mujeres, por supuesto, y aunque tampoco se estudie en casi ningún lado, no se contentaron con esta exclusión y todo el siglo XIX es el siglo de la lucha de las mujeres por conseguir los derechos que la democracia les niega. Mucho se habla ahora del siglo XX... que si es el siglo de las mujeres, o que si va a serlo el XXI..., en fin, si la historia fuese más rigurosa, ya todas sabríamos que el siglo XIX fue también el siglo de las mujeres. Nunca dejaron de luchar, nunca, ni de salir a la calle, conquistar espacios, etc,. Ahora bien, como es sabido, las sufragistas se organizaron, tanto en la teoría como en la práctica al hilo de su apoyo al movimiento abolicionista, es decir luchando contra la esclavitud de los negros. Las mujeres no tenían derechos pero pronto se incorporaron también a la lucha por esta causa de la justicia y la libertad. Pues bien, ¿cómo fue recompensado este apoyo? En Estados Unidos el líder negro Frederik Douglas realiza un pacto a nivel federal y se compromete a aceptar el derecho al voto de los negros, pero no de las mujeres negras, sólo de los varones; entonces, este pragmático líder varón simplemente traicionó a las sufragistas que tanto le habían apoyado y pactó el que votasen los varones negros en EEUU antes que cualquier mujer. Después de tres años, cuando ya había conseguido esto, volvió y le dijo a las sufragistas que era una cuestión instrumental, era mejor conseguir el voto para algunos que no para ninguno. Ahí las sufragistas rompieron todas las alianzas con el movimiento abolicionista y por primera vez teorizaron la necesidad de luchar solas, sin esperar el apoyo de los varones. De nuevo se repetía la misma historia.

El siglo XIX fue también el siglo de todos los feminismos socialistas y el socialismo desde el principio aceptó que las mujeres eran víctimas de una opresión específica y teorizó lo que denominaron la cuestión femenina. Ahora bien, el problema residía en que, en realidad, lo que se hacía era subsumir finalmente la lucha de las mujeres en la lucha de clases. Esto por un lado fue algo positivo para la causa de las mujeres, porque ni más ni menos que el marxismo, que se convirtió en la tradición emancipadora más poderosa del siglo XIX y aún del XX, pues daba un estatus positivo a “la cuestión femenina”. Era como si se dijera, está bien, el feminismo no es sólo cuestión de unas reaccionarias burguesas de derechas, reconocemos que las obreras también están oprimidas, etc; es decir, el marxismo nos dio la carta de legitimidad, digamos progresista, pero la realidad es que en la práctica las mujeres tuvieron siempre muchísimos problemas dentro del movimiento obrero para que se reconociera la necesidad de una lucha específica contra la sociedad patriarcal.

Creo que es muy ilustrativo a este respecto el siguiente texto dirigido por Lenin a Clara Zetkin, teórica marxista y feminista y organizadora de la Internacional de Mujeres:

“Clara, aún no he acabado de enumerar la lista de vuestros errores. Me han dicho que en las veladas de lecturas y discusión con las obreras se examinan preferentemente los problemas sexuales y del matrimonio, como si este fuera el objetivo de atención principal en la educación política y en el trabajo educativo. No pude dar crédito a esto cuando llegó a mis oídos, el primer estado de la dictadura proletaria lucha contra los revolucionarios de todo el mundo, y mientras tanto, las comunistas activas examinan los problemas sexuales y la cuestión de las formas del matrimonio en el presente, en el pasado y en el  porvenir.”

Lenin no daba crédito a sus oídos. Como han teorizado las propias feministas socialistas habría que esperar a que no quedaran ya contrarrevolucionarios en ningún lugar del mundo para que las mujeres pudieran discutir de forma específica sus problemas.

Finalmente, en los años 60, el feminismo se hace autónomo respecto a los grupos de izquierda, aunque siga siendo compañero de viaje, porque las mujeres terminan dándose cuenta de que si no son ellas solas, separadas, quienes van a comenzar a conceptuar lo que la sociedad patriarcal les hace como mujeres, a todas ellas, independientemente de la clase social, ninguna organización mixta lo va a hacer por ellas. La clase, la raza, la nación siempre van a estar por encima del género en las organizaciones mixtas.

Y ahora, después de conocer nuestra genealogía, cómo hemos llegado hasta donde hoy estamos, podemos enfocar mejor la pregunta que se nos formula en esta mesa. La pregunta es, ¿Las mujeres y los hombres, confrontación, alianza o diálogo? Pues yo diría que son necesarias las tres cosas. Las alianzas sobre todo en reivindicaciones puntuales, todas las que se quieran. Si estamos a favor de reivindicaciones concretas hombres y mujeres, tenemos que entablar alianzas para defenderlas. Diálogo, todo el que se pueda. Y este foro me parece que es la prueba de ello. Nosotras llevamos años investigando cómo se reproduce la desigualdad sexual en los tiempos de la igualdad formal que son los nuestros. No es fácil verlo, hay que investigarlo, y los hombres en general tienen un punto de vista que no es tan privilegiado como el de las mujeres, porque las oprimidas siempre tienen un punto de vista privilegiado, porque ha absorbido la visión dominante del mundo que es la de los varones, y sin embargo también comienzan a construir la suya propia como oprimidas, y entonces tienen las dos. Además suscribo plenamente la idea de que para los hombres, al menos para muchos de los que aquí están, el patriarcado también es opresivo, por lo que también pueden desarrollar un punto de vista epistemológico privilegiado, y entonces enriquecer este diálogo.

Para terminar, aunque esto lo tratarán otras compañeras, en la esfera de lo privado creo que ha llegado el momento de la confrontación. Porque es en la esfera de lo privado y de lo doméstico donde hoy las mujeres nos tenemos que plantar frente a los compañeros varones y exigirles reprocidad en la jornada interminable y hasta ahora invisible y que tan generosamente nos habían cedido entera para nostras. Desde el feminismo y con el apoyo colectivo de todas las mujeres y cuantos más hombres mejor, esa lucha al fin la tiene que librar y ganar cada mujer individual. Y sin miedo a desarrollar conflictos por una causa tan justa como ésta, en que lo personal es político, y cuando una mujer se resiste a la subordinación y consigue cambiar una relación personal está cambiando toda la sociedad. 

Gracias.