HOMBRES POR LA IGUALDAD
EXCMO. AYUNTAMIENTO DE JEREZ    DELEGACION DE SALUD Y GENERO

La lucha contra las agresiones también es cosa de hombres
Igor Moreno y Mikel Isasi. 
Artículo aparecido en Revista Hika, número 149, Diciembre 2003.

Un año más, llega el 25 de Noviembre, día contra las agresiones a las mujeres. Por desgracia, no podemos decir que la situación haya cambiado mucho con respecto a los últimos tiempos: el número de agresiones siendo similar al del año pasado y las sesenta y nueve mujeres asesinadas sólo son la punta del iceberg de la violencia sexista.

Aunque las agresiones siguen siendo noticia, estos casos de maltrato van siendo digeridos progresivamente por la sociedad como una noticia más. La alarma social no ha desaparecido, pero sí ha disminuido, y con ella los grandes titulares y las preocupaciones de quienes dirigen nuestra sociedad.

Las agresiones a las mujeres son una constante enmarcada en una realidad producida por unos valores sociales que asignan a la mujer un estatus de inferioridad, una ciudadanía de segunda categoría. Esta consideración de ciudadanas de segunda no está en la ley, pero sí en los valores sociales dominantes y en la estructura mental de muchas personas. Contra esta realidad han luchado los movimientos feministas, y uno de los resultados de la misma ha sido el que las mujeres diesen el paso de denunciar las agresiones, dejando de ser algo privado, en el caso de las domésticas, y algo vergonzante en el resto de los casos.

Pero no basta sólo con que las mujeres denuncien los casos de agresiones; son necesarios cambios profundos en todas las personas y en la sociedad. Por lo tanto, es una lucha de muy largo recorrido, la principal preocupación tiene que orientarse a la defensa y apoyo de las víctimas. A las instituciones hay que exigirles una mayor cantidad de medios para la protección de las agredidas, para que puedan recibir tratamientos globales que les permitan rehacer sus vidas. También, que se acabe con este maltrato o ninguneo que a veces sufren por las diversas instituciones; como en algunos juicios, en los que los jueces se rigen por los mismos valores que discriminan a las mujeres.

Dentro de la defensa de las víctimas están las medidas empleadas con los agresores. No podemos estar a favor de quienes piden mayor castigo para terminar con la violencia de género. Aunque a veces la cárcel sea la única opción ante algunas agresiones, debemos buscar alternativas siempre que sean posibles. Las soluciones represivas a problemas sociales pueden ocultarlos momentáneamente, pero no solucionan las causas que originan estos problemas.

La rehabilitación también es una forma de proteger a quienes han sufrido maltrato consiguiendo que la víctima no esté amenazada y atemorizada por el día en que su agresor salga de la cárcel. Actualmente existen algunas experiencias de rehabilitación de agresores; hacia dinámicas de este tipo debemos de avanzar para cambiar los valores que convierten a la mujer, a los ojos de algunos hombres, en una persona sin derechos sobre la que ejercen su poder de dominación.

 Tradicionalmente, los hombres de izquierda han visto al feminismo y la lucha de la opresión de las mujeres como algo externo a ellos. La relación era y es contradictoria; por una parte, de cercanía, en la medida en que sus compañeras de militancia tenían un discurso y una práctica englobada en los diferentes planteamientos del movimiento feminista; y, por otra, de lejanía, en cuanto a su puesta en práctica. El resultado de estos años es cierto acriticismo frente a estas ideas y, por tanto, poca reflexión sobre ellas. Con estas dos premisas es difícil no ver la conclusión: poca o nula implicación de la mayoría de los hombres en la lucha contra la opresión de las mujeres y contra las agresiones.

Que las vivencias de hombres y mujeres con las agresiones sexistas sean diferentes no significa que no se pueda realizar un trabajo conjunto contra ellas. Es verdad que difícilmente un hombre sentirá miedo a una agresión sexual en muchas situaciones en las cuales una mujer sí lo sentirá; pero esa realidad no nos puede llevar a no comprometernos en acabar con las agresiones y con las causas de estas, del mismo modo que nos implicamos en la lucha contra el racismo aunque no tengamos las mismas vivencias que quienes lo sufren y no padezcamos la marginación y sufrimiento que produce el racismo.

La responsabilidad en la lucha contra las agresiones la planteamos en un plano de igualdad entre hombres y mujeres, sin delegar en quien más sufre, ni en nadie. Sólo desde este plano horizontal podremos conseguir el compromiso de todas las personas que queremos cambiar, oyéndonos, debatiendo y caminando juntas.

La implicación de los hombres no sólo es un acto de responsabilidad para luchar contra una injusticia. Los hombres que queremos cambiar esta situación tenemos una posición privilegiada para discutir con otros hombres que no ven la situación de desigualdad existente. Acabar con la complicidad masculina entendida como mantenimiento de privilegios o de roles que colocan a las mujeres como ciudadanas de segunda es clave para cambiar esta situación.

El 25 de Noviembre es una buena oportunidad para que los hombres salgamos a la calle rompiendo con un pasado de pasividad. Nos veremos el 25-N; por solidaridad, por responsabilidad y por justicia.