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La
cobardía de los hombres |
De Extremadura nos llega el buen
ejemplo. Ya no son sólo las mujeres quienes salen a la plaza pública protestando
contra los malos tratos que sufren a manos de maridos y compañeros ( compañeros,
qué triste ironía ésta), y que, en tantos casos, además de esta fría y
deliberada tortura, no retroceden ante el asesinato, el estrangulamiento, la
puñalada, la degollación, el ácido, el fuego.
La violencia ejercida desde siempre
sobre la mujer encuentra en la cárcel en que se transforma el lugar de
cohabitación ( neguémonos a llamarle hogar), el espacio por excelencia para la
humillación diaria, para la paliza habitual, para la crueldad como método. Es el
problema de las mujeres, se decía, y eso no es verdad. El problema es de los
hombres, del egoísmo de los hombres, del enfermizo sentimiento posesivo de los
hombres, de la bajeza de los hombres, de esa miserable cobardía que los autoriza
a usar la fuerza bruta contra un ser más débil físicamente y al que antes se le
ha reducido la capacidad de resistencia moral.
El ejemplo de Extremadura
fructificará. Y tal vez llegue el día en que cien mil hombres, sólo hombres,
nada más que hombres, salgan en manifestación a las calles, mientras las
mujeres, ahora sí compañeras, desde las aceras les lanzarán flores. Es un sueño.
Puede no ser una utopía.