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Joan Vílchez Cambronero |

Psicólogo clínico, sexólogo y psicoterapeuta.
Miembro titular de la Escuela Española de Terapia Reichiana (ES.TE.R.).
Miembro
de la Sociedad Española de Psicoterapia y Técnicas de Grupo (S.E.P.T.G.)
Ha trabajado como psicólogo - sexólogo en el Centro de Orientación Familiar
del Hospital Dr. Peset de Valencia durante 7 años.
Es pionero en España en la creación de Grupos de Hombres y Talleres de reflexión, autoconocimiento y autoayuda para varones, desde 1.985. Docente en temas de coeducación, psicoterapia y sexología.
Desarrolla su actividad clínica en Valencia, con personas jóvenes y
adultas, siendo especialista en Psicoterapia Breve y Vegetoterapia Caracteroanalítica,
a nivel individual, de pareja y en grupo.
MASCULINIDAD - FEMINIDAD
: EL CONTACTO CON LO EMOCIONAL
1-Introducción
Quiero
compartir con vosotros y con vosotras algunas reflexiones, sobre la identidad, las emociones y la sexualidad. Surgidas desde mi experiencia personal como ser humano , hombre y
padre , y como profesional de la salud, con experiencia en psicoterapia, sexologia, grupos de hombres y mixtos. En torno al tema del elemento emocional en
los procesos de cambio, de maduración y de transformación de roles . Meditar acerca de algunos obstáculos que dificultan una igualdad / equidad más real entre los
hombres y las mujeres. Esbozar algunos factores objetivos y subjetivos que pueden frenar o facilitar los cambios al profundizar en las relaciones de
igualdad. Llamar la atención sobre la importancia del contacto con lo emocional en la salud afectiva y sexual.
Para los hombres y las mujeres interesados/as en procesos de cambio personal, es muy recomendable reconsiderar las diversas masculinidades y
feminidades. Explorar , en el aquí y ahora , nuestras polaridades femeninas y masculinas , cómo están presentes o ausentes en nuestras relaciones y en nuestro
interior, posibilitando el contacto, la flexibilidad y la integración en nuestra identidad. Y abrir nuevas vías para re-equilibrar nuestras necesidades, en diálogo
permanente con el ecosistema social actual.
Los conceptos de masculinidad y feminidad son culturales y relativos, no son naturales ni universales. Cada sociedad del planeta, en cada momento histórico y en
función de sus características propias, tiene un conjunto de valores particulares. A partir de unas pocas diferencias biológicas entre mujeres y varones, cada sociedad
establece todo un conjunto de creencias, actitudes y comportamientos arbitrarios y diferenciales que son considerados ”normales” dentro de ese contexto. Hay
culturas que son más rígidas y otras más flexibles, a la hora de diferenciar, establecer e intentar perpetuar el rol de cada persona en función de su sexo biológico. También
es diverso el grado de tolerancia social respecto a las desviaciones individuales de los modelos de identificación propuestos (los estereotipos), que cada cultura ha ido
incorporando en sus tradiciones. Los roles pertenecen también al inconsciente individual y colectivo, condicionando y distorsionando nuestra visión “lógica” de la
realidad (parcialidad), la identidad personal (masculino / femenino) y se manifiestan en los prejuicios y en las actitudes y actividades cotidianas.
Nuestra sociedad occidental y la española en particular, con toda una larga tradición patriarcal y sexista, mantiene todavía una división entre los
sexos, diferenciando los papeles de mujeres y varones, a nivel sexual y social y establece dos clases o categorías de personas: de 1ª : varones
/ de 2ª : mujeres.
Por lo cual dentro de la “lógica” consciente y / o inconsciente de este sistema, lo masculino es más valorado que lo femenino. Estas
diferencias y valores opuestos y discriminantes, se consideran en muchos ámbitos, todavía , ”lo normal” , “lo natural” y se transmiten y se justifican desde las
diversas instituciones sociales: las ciencias, la religión, el ejército, la familia, la ideología oficial, etc...
La consideración del varón como ser superior a la mujer, tiene lugar en los diversos ámbitos de su vida personal y social, incluído el terreno sexual. Por
ello, la educación amorosa y sexual, ha sido diferente para las chicas y para los chicos, lo cual ha producido dos modelos eróticos , diferenciados y opuestos, parciales y
reduccionistas respecto a la sexualidad y al amor, antagónicos y en conflicto permanente. Así nos encontramos con un doble código :
Si tú eres hombre, has de ser activo, fuerte, valiente, agresivo, independiente, etc. Tu lugar es el trabajo fuera de casa. Tu erotismo se ha
desarrollado demasiado en el aspecto sexual-genital y poco en el aspecto amoroso. Es como si los sentimientos y el amor fueran “cosas de mujeres”. También los
varones tienen derecho a amar y a sentirse queridos. Podemos cultivar nuestra capacidad de amar siendo sinceros con nuestros sentimientos y abriéndonos a la comunicación.
Si tú eres una mujer, has de ser pasiva, débil, deseable, dulce, casera, cariñosa, dependiente, etc. Tu lugar principal es el hogar y tu tarea la atención de
los niños y niñás (y del varón). Tu erotismo, posiblemente, se ha desarrollado más en el aspecto amoroso y global que en el aspecto sexual-genital. Es como
si el sexo y el placer genital fueran “cosas de hombres”. También las mujeres tienen derecho a disfrutar y cultivar su capacidad de goce genital.
Si queremos ser personas, es necesario comprender que estas rígidas diferencias establecidas son alienantes. Nos impiden mantener relaciones igualitarias
entre sexos, favoreciendo las relaciones de poder, las exigencias y la incomunicación entre las personas. Nos obligan a interpretar el papel masculino o el femenino y a
renunciar a la mitad de nuestro erotismo, a rechazar el amor o el sexo. Es interesante reencontrar “la mujer y el hombre” que cada persona lleva dentro de sí misma desde el
origen (el “yo” actual comenzó con el encuentro y fusión de un óvulo y un espermatozoide únicos). Es un arte el aprender a integrar ambos aspectos de nuestro ser de manera
armoniosa, para poder mejorar la propia vivencia erótica y establecer relaciones más libres , saludables y placenteras con las otras personas.
Para
los hombres más tradicionales, el desafío actual es ser capaces de reconocer realmente a las mujeres como iguales, valorar e integrar los elementos
considerados femeninos, e incorporar a su vida las tareas que antes les eran ajenas, al considerarlas propias de las mujeres ( cuidado, nutrición, autonomía doméstica,etc.), y
estar dispuestos a compartir con las mujeres, en igualdad de condiciones, los espacios laborales y sociales considerados masculinos. Algunos hombres se conciencian del modelo
sexista al sentir cómo otros hombres o la sociedad maltratan o discriminan a su mujer, a su hija .... entonces pueden empatizar con las mujeres y solidarizarse activamente, siendo
nuevos agentes del cambio.
Quizás
los varones más próximos a los planteamientos igualitarios sean aquellos que (por sensibilidad o por las circunstancias) han sido más conscientes, en su propia experiencia
vital, de la injusticia del sistema patriarcal. Que han sentido en su propio ser la violencia, la rigidez y arbitrariedad de los roles sexistas, que se han sentido víctimas
del autoritarismo y han podido ,en ocasiones, empatizar con las mujeres, conocerlas desde el respeto e identificarse con ellas, asumiendo las reivindicaciones
feministas. El desafío para algunos hombres, a veces, es filtrar e integrar creativamente los aspectos válidos de su masculinidad.
Estar
en paz con uno mismo, implica poder movernos libremente, desde el propio Yo y balancearnos entre nuestra polaridad masculina y femenina, en lo privado y en lo público.
Esto permite la fluidez con los otros y las otras, genera progresivamente un movimiento individual y colectivo expansivo hacia la igualdad, hacia nuevas lógicas y formas,
menos rígidas y más creativas.
Desde
la perspectiva reichiana , el YO es un concepto que integra los múltiples aspectos del organismo humano. En cada etapa y momento evolutivo, la relación entre las
propias tendencias internas y las condiciones externas, van configurando una identidad propia , con elementos de permanencia y de transformación. La identidad aglutina e integra ,
además de los compromisos, valores e identificaciones actuales , la historia biológica, la emocional, la psicológica, la sexual, social...en la autoimagen y en las
relaciones con las otras personas.
Los
primeros contactos con el mundo y el placer experimentado, las condiciones de seguridad existencial y libertad de movimientos , las situaciones emocionales
vividas y las no vividas , el cómo se han sentido e interiorizado las propias experiencias.....todo ésto condiciona las posteriores posiciones mentales e ideológicas
que tenemos, las cuales se asientan en el sistema emocional. En el fondo, nuestros procesos de pensamiento , actitudes y comportamientos tienen su raíz en las
emociones. La parte “biológica - emocional” de nuestro yo contiene la sabiduría de la naturaleza y los secretos de la autorregulación energética del
organismo , en nuestra condición de mamíferos humanos en evolución dentro del ecosistema terrestre. La identidad se percibe como autoconciencia del yo, en
contacto con los propios procesos corporales y como individualidad dentro del grupo. La parte cultural de la identidad la componen los valores, normas,
comportamientos, grupos, etc. con que nos identificamos . Desde el aspecto psicológico, regulamos la adaptación del organismo al medio, construímos unas formas
más o menos estables y flexibles de interacción con el entorno.
Durante
la infancia, en diferentes grados, momentos y formas, el organismo humano ha tenido que renunciar a la maduración natural de su yo, a la satisfacción directa de sus
necesidades vitales de placer y de amor, desarrollando como reacción una especie de ¨coraza¨ o armadura para controlar las emociones y pulsiones internas y para
protegerse de la hostilidad externa. La coraza conlleva una alteración del la percepción, una contracción del organismo en su totalidad, que suele
reflejarse en bloqueos y tensiones musculares localizadas en algunos segmentos del cuerpo, ( aquellos que se estaban estructurando y asentando en el momento madurativo en que el
organismo tuvo que acorazarse). Implica una pérdida de contacto con el propio yo corporal, ( que tuvo que ¨reaccionar¨ con un estrés crónico, rompiendo su ritmo
madurativo ) y alteraciones en la forma de percibir a los demás y al mundo. LLeva a la rigidez de ciertos rasgos de carácter, de formas automatizadas de relación, de
pseudocontacto, de evasión. A la necesidad de seguir compensando en el ahora lo que me faltó entonces. De seguir en el fondo resignado o resentido contra
lo que no tuve y sigo sin tener. De ahí surge la reactividad actual hacia la otra persona , al identificarla inconscientemente con quienes nos impidieron o nos negaron
lo que necesitábamos en la infancia.
La
identidad saludable es mucho más amplia que el “identificarse con” (copiar, imitar, parecerse a..... modelos reales o idealizados). Es también estar en contacto biofísico
y emocional con uno mismo, con el cuerpo, tener conciencia del propio ser y estar, con formas flexibles ante el mundo. Sin la necesidad de compensar el miedo y
la debilidad personal del yo mediante la identificación, a veces ciegamente, con los roles normativos, sean los que sean. El carácter nos autoengaña
y nos disfraza, para tratar de seguir ocupando posiciones ¨legalizadas¨ de poder, que no son justas, a través de las cuales, a veces, canalizamos pulsiones no tan
presentables. Cuanto más rígido es el carácter, más débil suele ser el Yo. Al percibir e interpretar el mundo desde el carácter, desde nuestro particular
“sistema de seguridad”, vivimos defensivamente la realidad . Es necesario favorecer una identidad (biológica - psicológica - sexual - social ) sólida,
asentada en el respeto al propio ritmo de maduración personal. Que no tenga la niña o el niño que compensar su vacío existencial, su debilidad y vulnerabilidad, con
pseudoidentidades virtuales, con la anulación o la perversión de su yo, con roles y papeles rígidos que contengan su angustia....
Al
recuperar la conciencia de uno mismo/a, como ser ¨sintiente¨, podemos des-identificarnos de los modelos introyectados y desarrollar la propia identidad. Conectando con las
propias experiencias emocionales-vitales-históricas, recuperamos y centramos nuestra identidad : quiénes somos, de dónde venimos, dónde estamos...para poder decidir, más
real y libremente, hacia dónde ir, con / sin qué o quien y cómo hacer.
La
herencia cultural sexista condiciona la identidad personal: interiorizamos lo que vemos a nuestro alrededor, la realidad coyuntural que experimentamos, los valores, comportamientos
y actitudes de las personas e instituciones significativas a través de cuya interacción nos fuimos construyendo o destruyendo en nuestra historia. De ahí el sentido
de la lucha contra esos modelos, intentando evitar su reproducción automática. La posición de género (las actitudes, creencias, sentimientos, actuación con mujeres y con
hombres, el reconocimiento del niño y de la niña...), consciente o inconsciente, del educador, familiar, terapeuta, es decir, de la figura de autoridad con quien se relacionan el
niño y la niña, condiciona la forma de relación , la interiorización y la repetición de pautas sexistas ó igualitarias. Los patrones de relación
emocional sado-masoquistas interiorizados en nuestra historia , se retroalimentan y perpetúan a través de su repetición en la interacción personal y social
cotidiana. Es necesario, para poder asumir realmente las posiciones igualitarias, una transformación emocional amplia, individual y social,
hacia la humanización y la sensibilidad con la vida. Y medidas políticas, económicas, laborales, educativas, etc. que vayan
posibilitando los cambios.
Además
de mente, somos cuerpo y energía viviente. Este YO , que no es sólo racional, sino también emocional, biológico, energético (somos , a cierto nivel, una membrana con un
quantum energético en interacción con el cosmos) ...... es complejo, amplio y profundo, integrando la identidad biofísica - social y está conectado
energéticamente con todo. Somos también animales mamíferos, que podemos evolucionar como humanizados, pero sin negar nuestras raíces. Podemos regular nuestros
instintos...o deformarlos y adaptarlos hasta cierto límite ..... pero existen. Y reconocernos nos da un punto de realidad muy útil , por ejemplo, en la
comprensión de los problemas de salud.
En
la práctica clínica, constantemente vemos la correlación entre el estado de salud actual y la violencia ejercida sobre el organismo humano en su historia , en
momentos claves del proceso contínuo de adaptación al ecosistema social (útero-madre-padre-familia-vecinos-escuela- grupos , instituciones sociales,.....)
.Estas tensiones se procesan a través del cuerpo, que tiene sus límites, que no es omnipotente, ni es un objeto mecánico que se pueda reparar o adaptar a todo. Que es
vulnerable, que se nos rompe y que enfermamos y hasta morimos.... Necesitamos acercarnos a conocer las necesidades madurativas humanas y poner medios para
cubrirlas, para satisfacerlas, creando condiciones favorables para la salud y la alegría de vivir.
Que
según sea el grado de salud y potencia del yo desarrollada -identidad- estaremos en mejores o peores condiciones de afrontar los conflictos de la vida, las crisis, los cambios, el
protagonismo como expansión del yo cooperativo... o tendremos que luchar con una sola mano, mientras con la otra tenemos que estar luchando contra nosotros mismos, en vez de tener
las dos manos disponibles para enfrentar la realidad.
Se
trataría de propiciar un yo lo suficientemente capaz de afrontar los retos y cambios de la vida, de ver el lado positivo y tener confianza.
Al
tratar de integrar masculinidades y feminidades, ante los avances actuales hacia roles más igualitarios, algunos hombres y mujeres que han vivido
referentes tradicionales, suelen conectar con las carencias y límites por lo recibido de los padres, surgiendo la dificultad de asumir las nuevas exigencias y apareciendo la
frustración, el resentimiento y la confusión, siendo entonces útiles los recursos reeducativos y terapéuticos. Afortunadamente, hoy dia no somos hombres = masculinos / mujeres
= femeninas , ni falta que hace, . Cada cual ha copiado e incorporado rasgos de hombres y de mujeres diferentes a su género, a través de relaciones afectivas que ha
tenido en su historia ,de los modelos de la madre y del padre , de las mujeres y los hombres con quienes nos hemos desarrollado, en las familias, barrio, comunidad, etc.
interiorizando cosas de ambos géneros, en base a la relación y al contacto emocional vividos, junto a las tendencias y presiones sociales de cada época .
Es interesante no parcializar desde lo visceral ( p.e. , hombre = malo / mujer = buena , o viceversa) y ampliar la visión del sistema sexo-género con
perspectivas que incluyan la globalidad de factores de nuestro ecosistema, tratando de comprendernos. Para así poder asumir mejor cada cual su propia responsabilidad en el
mantenimiento o el cambio de las situaciones de violencia manifiesta y oculta todavía “automatizadas” en nuestros modos de funcionar.
VIOLENCIA
Desde el enfoque terapéutico reichiano, es fundamental distinguir la violencia de la agresividad, pues son conceptos clínicos diferentes. La agresividad (que
etimológicamente viene de “ ad-gredior “, significa ir hacia, acercarse a...) es la manifestación saludable de la energía vital, movimiento expansivo desde el
interior del organismo hacia el exterior, hacia el otro/a, hacia el mundo, a la relación directa con algo o alguien, es acercarse a lo que uno quiere o necesita. Conecta
con la asertividad, en que implica una afirmación desde el Yo sin dañar ni destruir al otro. Implica una posición existencial activa ante las propias necesidades vitales.
La agresividad, en este sentido, es la capacidad para vivir .
La
violencia, por contra, es el resultado de la carencia de placer , del abandono afectivo y de la represión social de la propia agresividad natural , teniendo el
organismo que sobresforzarse y deformarse para sobrevivir, al no poder seguir su curso ni su ritmo evolutivo natural , forzado por las circunstancias exteriores a construirse una
“coraza caracterial”, para defenderse y mantenerse. ( una forma alterada particular de ser, de percibir, de interpretar la realidad, de funcionar, de relacionarse, etc. )
Aquí, el potencial energético del yo contraído - resignado, va sobrecargando el biosistema, transformándose la energía vital en destructividad, en violencia,
como forma de descarga de la tensión acumulada. La coraza contiene la historia personal y social del sujeto y las alteraciones quedan grabadas en la
memoria muscular - emocional. Es energía retenida y estancada , como el agua de un pantano, como una bomba de relojería, etc.. Es como un tapón energético, un bloqueo
afectivo-sexual crónico que se manifiesta en la tendencia a las relaciones sado-masoquistas, con predominio de pulsiones ciegas y sin control cuando es activa y depresión o
auto-agresión psicosomática cuando es pasiva. La destructividad se canaliza según la forma caracterial del sujeto, con representaciones, acciones y formas condicionadas
también por su aprendizaje de género. El carácter es la capacidad para “sobrevivir” , de tener que sobreesforzarse y violentarse para adaptarse a la realidad
social del ecosistema, desarrollando dinámicas de funcionamiento estructuradas ( tipo esquizoides, borderline o neuróticas ) con rasgos predominantes (
narcisistas, ambivalentes, obsesivos , compulsivos, masoquistas, fálicos, histéricos, etc.).
La
violencia comienza ya en la vida intrauterina. A través del organismo materno, sometido a las carencias y presiones sociales, pueden darse mejores o peores condiciones de
desarrollo embriológico y fetal (equilibrio neurohormonal, agentes tóxicos, radiaciones, emociones intensas........) El parto es otro momento histórico de transición, con
frecuencia violenta, del medio acuático al terrestre , ya que el parto sin violencia (tipo Leboyer) es aún minoritario. La separación del recién nacido del
cuerpo de la madre antes del primer año de vida, es otra violencia profunda, que propicia alteraciones psicóticas, pues somos fetos mamíferos “ prematuros “, que
necesitamos completar la gestación fuera del útero, junto al cuerpo de la propia madre, preferentemente, sin romper el vínculo corporal - emocional .
El destete brusco en vez de progresivo y gradual, es otro trauma oral duradero, que suele estar en la base de los transtornos depresivos-destructivos. El no
reconocimiento del propio ritmo vital del niño y de la niña, de sus necesidades afectiivas y sexuales y la educación autoritaria y compulsiva, son violencias añadidas. El
impedir el acceso afectivo y sexual a otros niños y niñas de su edad crea fijación edípica a los padres e inhibición y distorsión de la sexualidad genital, generando
destructividad social.
Aún
hay padres y madres que ejercen la violencia activa o pasivamente, como forma de “educación” de los hijos y de las hijas. En realidad , instrumentalizan la
etapa de dependencia infantil para imponerse atemorizando , estableciendo e inculcando relaciones de dominio-sometimiento. Estos niños y niñas tienden a tratar a las
demás personas como a ellos se les trata, reproduciendo cadenas de dolor, de poder, de incomunicación. Estos padres y madres , inconscientemente, reviven y
se desquitan de la violencia que ellos recibieron en su infancia, y que ahora, al cambiar su posición en el rol y estar en posición de poder, se descarga y justifica
irracionalmente, utilizando la destructividad como forma errónea de solucionar los conflictos. Es necesario cultivar y construir la democracia en el interior de las
familias.
La
violencia de algunos hombres que llegan al extremo de tratar de destruir física o emocionalmente a quienes más “aman”, las mujeres y los hijos e hijas, refleja la
desesperación y el pánico del hombre acorazado al abandono y a la soledad, su dependencia emocional, nutritiva y ”maternal”, de la mujer, la
fragilidad de su yo tras la máscara narcisista de la autosuficiencia. Por ejemplo, ante una situación de separación, en vez de , humanamente, poder sentir, expresar y
reconocer los sentimientos (su dolor, su tristeza , su rabia , su miedo, su vulnerabilidad....) , asumiendo la realidad , siendo capaz de autogestionarse , de
pedir ayuda , de permitirse cambiar..... toda la tensión emocional contenida y sobreexcitada , rompe su coraza y explota la irracionalidad a través del
odio, tratando de destruir el objeto de su amor , de destruirse a sí mismo y a todo lo vivo. Poseído , inconscientemente , por el espejismo de ” poder vengarse”
de la madre, el padre y otras figuras afectivas de la sociedad ( reales o imaginarias ), que de niño pudieron violentarle activa o pasivamente en su proceso de
crecimiento y socialización. Al revivir intensamente el caos emocional interior, el desgarrador desamparo histórico, sin haberlo elaborado conscientemente
, algunos hombres se desbordan visceralmente, ”se les cruzan los cables” con la situación actual, surgiendo la reactividad y la descarga ciega de la
destructividad acumulada desde la infancia. Dentro de la estructura de relación sadomasoquista que se produce en los sistemas autoritarios, en los momentos de alta tensión
emocional se puede dar un cambio de polaridad , una inversión de roles: el que fue dominado pasa a ocupar la posición de dominante, siendo la violencia enajenada y desproporcionada
con la situación actual.
Es
útil entender los anclajes emocionales de las posiciones sexistas de muchos hombres y mujeres, cuyo precario equilibrio emocional se sostiene en seguir desempeñando los
roles interiorizados, es lo que dá el espejismo de “seguridad” en medio del desequilibrio existencial que puede estar latente en algunos casos.
En
el fondo de las personas que hemos sido criadas en ecosistemas familiares y sociales autoritarios y sexistas, pienso que, cual Dr. Jekill y Mr. Hyde, late ”la
bestia, el monstruo, el diablo”, intentando la descarga de la tensión....Los planteamientos igualitarios, en tanto que van extendiéndose y calando en los hombres,
cuestionan, además de su equilibrio material, su código emocional interiorizado, la “programación emocional” autoritaria instalada durante su crianza. Se puede
desestructurar , en algunos casos y situaciones, el equilibrio de su coraza personal, descontrolándose las pulsiones destructivas, que se
manifestarán según los rasgos caracteriales de cada cual.
Debido
a la interiorización negativa de la madre o del padre, de las figuras femeninas y masculinas en nuestra historia personal, tendemos a proyectar en el ahora la
destructividad que acumulamos entonces, lo que nos impide una relación más real con los otros y con las otras , en vez de imaginaria o superficial. Es importante
reconocer e identificar los movimientos emocionales internos y externos, las particulares “transferencias” del pasado que podemos estar reviviendo y proyectando ,
irracionalmente, en el momento presente. Para entender las peculiares respuestas “violentas” que , en diversos grados, formas y situaciones, hasta los
hombres y las mujeres más progresistas podemos experimentar y que nos pueden doler, culpabilizar, avergonzar .... pero que a veces se han dado y se dan en el proceso
social-personal de concienciación y cambio a nuevos valores. El conectar con nuestros propios errores y límites, es una ocasión, a veces dolorosa y otras gozosa,
de aprender y evolucionar con la vida, de crecer en humanidad...de tomar conciencia de nuestra realidad y madurar.
En
la violencia de los hombres contra las mujeres y los niños, una de las tareas terapéuticas consiste en comprender y desactivar los automatismos emocionales
interiorizados a lo largo de nuestra historia personal, ayudar a salirse de los roles duales (dominante-dominado) y reconstruir y desarrollar la propia
identidad individual y colectiva. Desactivar la violencia supone conectar con el Yo y favorecer su maduración, reconduciendo la energía vital hacia otros canales
constructivos, para el hombre y la sociedad. Transmutar lo negativo en positivo es otro reto terapéutico: ayudar al hombre a liberarse de la violencia
contra sí mismo, contra las mujeres , los niños y las niñas, contra los otros hombres. Es necesario crear espacios terapéuticos donde poder conectar conscientemente con la
propia violencia , reconocerla y transformar realmente las pulsiones destructivas en energía creativa, en maduración emocional, en aprender a cuidarse a sí mismo y a las demás
personas.
Si
queremos prevenir la violencia y la destructividad, debemos reconsiderar sus raíces personales y psicosociales. Y fomentar otras condiciones de crianza más ecológicas que
garanticen la autorregulación y faciliten la maduracion de cada niña y de cada niño, desde el respeto hacia su propio ritmo, a sus peculiaridades, a su
temperamento y necesidades. Si sembramos escucha, amor y respeto, si vamos creciendo junt@s, cosecharemos salud, alegría de vivir, de cooperar y el poder
sentirse y estar en paz con un@ mism@ y con el mundo.
CRIANZA
El
estar el hombre en contacto real y cotidiano con sus hijos e hijas, participando activamente en la crianza, le conecta con sus emociones más profundas y le humaniza.
Esto es algo que, afortunadamente para todos y todas, cada vez más hombres van comprobando al asumir su función de padres presentes, compartiendo y alternando con las
mujeres las tareas de cuidado y atención a sus crías.
Desde
la promoción de la salud, es interesante conocer algunas referencias acerca de las condiciones que, en síntesis, pueden facilitar la satisfacción de las necesidades
afectivas y sexuales durante la crianza:
Contar
desde el embarazo con una buena “pulsación” biológica ( vitalidad ) Un parto lo más natural posible. Durante el primer año de vida, evitar la separación
prolongada del bebé del cuerpo de la madre.
Una
vivencia de la oralidad suficientemente satisfactoria , favoreciendo la lactancia natural. Facilitar que el destete sea gradual , no traumático.
Ofrecer
las respuestas adecuadas al niño y a la niña en el momento del descubrimiento de sus genitales, con idéntico valor y significado al pene y al clítoris - vagina. Dar una
referencia positiva de nuestra sexualidad a la niña y al niño que entra en la etapa edípica.
Respetar
la libertad sexual en los juegos infantiles y favorecer el encuentro y la intimidad de los niños y de las niñas sin obstáculos ni interferencias. Con frecuencia el
adulto, por su propia ansiedad y percepción acorazada, toma por degeneradas y hasta peligrosas las manifestaciones sexuales naturales. Proporcionar a la infancia y juventud lugares
y locales apropiados para su encuentro afectivo - sexual sin molestias.
Como
advertía W. Reich, “la restricción de las relaciones sexuales, conduce a la clandestinidad y desfiguración de la sexualidad .Para formar una estructura no autoritaria en
el niño, es preciso salvaguardar su movilidad biológica y sexual”.
En
los comienzos del siglo XXI, aún nos queda mucho que aprender sobre las necesidades evolutivas del animal humano, de las condiciones óptimas para nuestro desarrollo
personal y social. Pero podemos ahora reivindicar y construir las condiciones sociales básicas para que tener hijos e hijas sea una opción libre y placentera, para
la madre, el padre y sobre todo, para que las niñas y los niños del presente y del futuro puedan madurar desarrollando su Yo , saludable y amorosamente.
Las
conquistas sociales de las mujeres, en el ámbito laboral, por ejemplo, no han ido acompañadas de medidas (sociales, económicas, políticas, educativas...) de discriminación
positiva, que posibiliten el ejercicio de la maternidad en condiciones realmente saludables, para la madre y su cría. Aún se penaliza laboralmente a mujeres que se quedan
embarazadas. No hay apenas posibilidades de poder elegir las condiciones personales que necesita cada mujer para parir de manera natural , en vez de tener que someterse al parto clínico
hospitalario. Que la baja maternal de sólo cuatro meses es inhumana, que tendría que ser de un año, como mínimo, siendo tres lo óptimo. Que al compaginar la
crianza con el trabajo , los horarios han de ser flexibles, para las personas que hacen la función de madre y de padre, con posibilidad de jornada parcial y remuneración ,
promoción y reincorporación justas. Que se valoren realmente y se reconozcan , a todos los niveles, estas funciones naturales y humanas que potencian la salud y el bienestar del
nuevo ser, desde su primer ecosistema .
SEXUALIDAD
La
sexualidad actual, en nuestro modo de vida estresado, competitivo, superficial....es frecuentemente compulsiva, mecánica, evitando el contacto con lo emocional y el encuentro,
viviendo soledad en vez de fusión energética..... Habitualmente, no somos dueños de nuestro tiempo, ni estamos en contacto con el ritmo que necesitan nuestros
procesos naturales para autorregularse: acercamiento, juego, comunicación, confianza, íntima conexión , abandono..... . ¡Esperamos tanto del sexo !. Porque sabemos que
nos ayuda a sentirnos bien, a fluir con la vida. Cuando nuestra sexualidad se estanca, si podemos escuchar nuestro cuerpo , encontraremos los paralelismos y entenderemos
mejor las compensaciones que se están dando, con nuestra vida laboral, amorosa, creativa ..... al igual que en otros momentos de nuestra historia personal.
Las
diversas manifestaciones amorosas y sexuales habituales, contienen pulsiones de todo tipo (exhibicionistas, voyeuristas, fálicas, sádicas, masoquistas, narcisistas, pasivas,
activas, etc.....). Es interesante el placer que pueden aportar las diferentes prácticas sexuales en sí mismas , siendo conscientes de la forma en que se viven, en la
realidad y en la fantasía, si es un juego erótico libre , espontáneo y compartido con placer por ambas personas y respetando las preferencias y los límites de cada
cual......... o si es una forma de sometimiento-imposición, de relación de poder, de barrera o defensa para controlar y no abandonarse , fusionarse energéticamente, y
entregarse a la otra persona. Si es un encuentro desde el yo o si estamos atrapados por nuestro carácter, instrumentalizando el sexo para otros intereses.
El
organismo funciona como un todo. Cuando se produce el descontrol fisiológico con el orgasmo, también se dá una descarga emocional: se liberan tensiones afectivas,
sensaciones y sentimientos que emergen a la conciencia. Si consideramos la dimensión energética , en la eyaculación precoz, por ejemplo, el hombre a veces dice
sentir “frustración por no poder controlarse”, rabia, impotencia, temor......... y cree que si se siente mal “es sólo por” la eyaculación precoz. Cuesta
entender que ambos fenómenos son sincrónicos, como manifestaciones holográficas, movimientos energéticos que se dan en todos los planos: mental, físico, emocional,
relacional.....aunque con un lenguaje distinto . Que todas las emociones que ha estado conteniendo con su coraza , en ese momento de descontrol físico, también
aparecen en el plano emocional, asociadas al orgasmo - eyaculación. A medida que el propio yo sexual se va recuperando conscientemente y el cuerpo va
fluyendo y regulándose, encontrando y abriendo otras vías de expresión emocional, de funcionamiento más cercano al propio ritmo individual, el síntoma pierde el sentido patológico,
es cuando se va autorregulando la sexualidad, ya no tiene ”carga dramática” el desenlace de la intimidad sexual ; los afectos encuentran otros canales
y formas de expresión más naturales .... y la cama , sin armas ni disfraces, deja de ser un terreno de conflicto y puede ser un lugar de encuentro, de comunicación, de
fusión y de abandono al placer y a la capacidad de amar.
LA
PAREJA
Ese
hombre que intenta estar al dia , que se adapta o lucha por relaciones de igual a igual con la mujer, que constata las mejoras que para los hombres tienen,
también , las nuevas situaciones de equidad, conforme profundiza, siente a veces la contradicción entre sus emociones más
íntimas y su nueva imagen o actitud. Si decide realmente evolucionar, de algún modo , pasa por un cierto proceso de reciclaje existencial y de transformación
emocional, atravesando un periodo de ¨crisis¨ personal y relacional. Por ejemplo, al intentar desprenderse de las expectativas afectivas “maternas” (ser más
cuidado, tener más disponibilidad de la mujer para satisfacer sus demandas de afecto y de placer ....) vivencia un cierto conflicto interno y externo, una tensión
que puede reflejarse en irritabilidad, somatizaciones, estados depresivos, aumento de inseguridades y temores, manías, respuestas de alejamiento afectivo o explosión de
pulsiones hasta entonces controladas, entre otras.
La
vida en pareja (relación de dos personas como opción), implica un compromiso compartido y supone una inversión de energía, de implicación...a la que muchas
personas tienen o no acceso y permanencia en cortos o largos períodos vitales. Cuando estamos en pareja , es importante luchar por objetivos compartidos para
favorecer y consolidar cambios sociales: p.e. el cambio en las condiciones de crianza y acceso a lo social. Ser capaces, además de los objetivos propios de mujeres
y de hombres como individuos y colectivos específicos, de encontrar el punto de encuentro a reivindicar y propiciar junt@s.
Como
dice un chiste, ”hoy día, las parejas duran menos que las hipotecas.” La pareja es un espacio social donde se descargan y metabolizan las tensiones
excedentes, las que se contienen en las relaciones formales con otras instituciones: escuela ,trabajo, sociedad..... Hoy está sobrecargada. Debido a la celeridad de los cambios
sociales, al vertiginoso aumento del ritmo-presión social y a la dificultad de adaptación-integración, a veces la presión y el estrés son excesivos para nuestro
equilibrio personal.
Cada
vez la pareja y la familia tienen que reciclar excedentes mayores de tensión, que a veces sobrepasan el punto de la dignidad personal, ante la imposibilidad de canalizarlas
hacia donde corresponda.
En
la pareja, más que imponer ningún modelo de rol, se trata de flexibilizar los roles, de poder transitarlos libremente sin encasillarse en papeles marcados, no porque
esté de moda, sino para madurar y mejorar la comunicación y la salud. Cuando se invierten los roles tradicionales, por ejemplo, que el hombre no trabaja y la
mujer asume más esta función, aunque al principio pueda suponer un golpe al ego masculino, es una alternativa real de supervivencia y abre un proceso renovador,
cuyos frutos se verán más adelante, tras integrar las personas ambos roles, en otra forma de vivir , sentir y compartir la vida.
Cada
pareja tiene que encontrar también su propia forma de funcionamiento, que puede ser variable según el momento y las circunstancias. Cualquier posición de rol conlleva unos
beneficios secundarios: si somos conscientes de ello podremos situarnos desde nuestro Yo y desde el Nosotr@s, en vez de funcionar desde el carácter, atrapados en roles. La
pareja es un organismo vivo, que genera su propia dinámica energética, relacional, etc..... Es más que la suma de sus dos componentes: es una dialéctica creativa.
CAMBIANDO
DESDE LO EMOCIONAL
¿Cómo
percibimos los cambios?. La percepción que cada cual tenemos de los movimientos internos y externos es diferente, según nuestra estructura caracterial, que deforma la
interpretación de los acontecimientos actuales desde la experiencia del pasado, proyectándolos al futuro. A menudo, desde el inconsciente , seguimos fijados a guiones del
ayer que representamos en el escenario del hoy, atrapados en nuestros automatismos caracteriales que embrutecen la percepción de la realidad, despertándonos sensaciones,
sentimientos e imágenes distorsionadas.......percibiendo sólo lo que podemos tolerar emocionalmente. Podemos empezar a recuperar nuestras raíces, reconociéndones en
nuestra naturaleza, también animal , recordando que tenemos un sustrato biológico vital que cuidar, madurar..... que además de razón somos emoción, sensación,
intuición, energía.... y que cada subsistema tiene su propio código y dinámica, en interacción constante con los demás subsistemas corporales, con los otros
organismos y con el mundo.
Ante el malestar emocional, podemos cerrarnos y aislarnos...o arriesgarnos a expresarnos, a compartir, a mostrarnos y confiar en alguien (
amistad, pareja, familiar, terapeuta....) para volver a sentirse uno mismo en confianza con alguien, para dejar de resistirse y abrirse a los movimientos que nos conectan con
lo vivo. Recordar que la sensación actual por “eterna” que pueda parecer , es pasajera. Que el estado de consciencia es cambiante, que lo que nos falta encontrar aparece
en el momento oportuno, (si es que ha de aparecer y estamos receptivos y activos) . Que la vida sigue su camino, desconocido, incontrolable, pero no necesariamente asustadizo y
encogedor, sino vital, expansivo, renovador. Cada cual precisa encontrar el propio ritmo de cambio y de integración, los momentos y espacios para facilitar la reflexión -
meditación - transmutación energética de la tensión potencialmente destructiva en constructiva. Y ayudarnos unos a otros en recuperar y prevenir la salud a todos los niveles,
con apoyo solidaridario y consciencia.
El cambio desde lo emocional : primero sentir, luego reflexionar, integrar y actuar. Si el cambio sólo es mental, se dan contradicciones entre la imagen
social y la vida íntima. Se trataría de favorecer la autoconsciencia corporal, de pararse y escuchar el cuerpo : sentir las tensiones físicas y aflojarse, conectándose
con la respiración, permitiéndose cualquier sensación que aparezca, sin censura...... dejando aflorar nuestra emoción, sin reprimirla ni negarla, en
autoescucha reflexiva, para entenderla y entendernos. Y a partir de ahí, conscientemente, buscar las formas más óptimas de canalizarlas: de expresarnos y
comunicarnos desde el propio sentir, asumiendo nuestra responsabilidad en lo que sentimos y en qué hacemos con esa “carga”, por dónde y cómo la canalizamos y
descargamos.....ó si la retenemos ¿qué estamos incubando ?
Cultivar la capacidad de contacto con las emociones. Con lo normativo podemos contener y controlar “hasta cierto punto” las pulsiones: de ahí su
necesidad legal y su utilidad social, así como la de los métodos y tecnicas basadas en el autocontrol. Más allá , el contacto con lo desconocido, la dimensión
emocional y energética entre los seres vivos, humanos, animales, plantas, naturaleza .... Hay un inmenso espacio para la creatividad, para aprender a sentir, a
expresar, a compartir, a cooperar ...... sin negar nuestros límites personales, las contradicciones entre lo que fervientemente postulamos a nivel ideológico y las limitaciones
reales, objetivas y subjetivas que tenemos, nuestras deformaciones emocionales-relacionales, producto del ecosistema sexista en el que nos hemos criado-crecido-desarrollado......y
en el que aún habitamos.
Cultivar la armonía con uno mismo: no olvidar, que en la otra persona, grupo o realidad externa, tendemos a proyectar (automática e inconscientemente)
los aspectos más rechazados de nosotros mismos : nuestra sombra. En la medida en que nos apropiamos de lo que es nuestro y asumimos la propia responsabilidad en lo que
nos repele del “afuera”, ahí tenemos un espacio de posibilidad de cambio personal.
Mi potencia real está en cambiar yo, no en cambiarte a tí. Si yo cambio mi forma de estar y de posicionarme ante el otro o ante la otra, la
relación cambia. Lo que yo emito consciente e inconscientemente (tono de voz, postura corporal, carga emocional...), influye en la relación. Al cambiar yo, al no
jugar a lo de antes contigo, el juego cambia, tras un cierto conflicto coyuntural y renovador. El conflicto es inherente al crecimiento y al cambio: cuando algo ya no puede
mantenerse como estaba, necesita transformarse, teniendo en cuenta todas las variables del sistema, cada uno de sus elementos y participantes.
A veces emerge lo pendiente, lo latente, lo dormido...sea positivo o negativo...para volver a enfrentarlo. El vivir la polaridad, no aferrándose a un polo, sino
oscilando también hacia el otro, amplía el movimiento, nos facilita el fluir con los tiempos, desde el contacto con nuestro centro, nos balanceamos en la tormenta. ¿Qué pasa en
una barca, si todos se quedan en un lado ?. Se escora, puede volcar y hundirse. Es recomendable el estar abiert@s a otras opciones y soluciones, en el terreno profesional,
amoroso, familiar, etc., sin complejos, sabiendo que hay otras alternativas a cualquier situación actual. El acercarme al polo que temo o rechazo, amplía mi universo perceptivo,
favorece mi comprensión de los fenómenos, me centra.
¡ Cuánta energia perdemos intentando cambiar a la otra persona ! Cuando ya sabemos, en el fondo, que el cambio empieza por uno mismo y por una misma,
por enfrentar esa parte o aspecto nuestro que con frecuencia estamos proyectando en el otro o en la otra. Sí que podemos pedirle al otro los cambios que nos gustaría que
hiciera, así como informarle de los cambios que queremos o necesitamos hacer y proponerle lo que consideramos que él o ella puede hacer para ayudarnos. Y corresponderle
apoyándole en sus cambios. Es otra actitud, que promueve cambios de otra forma.
Es saludable que existan espacios y momentos de libre expresión emocional, de conexión con lo visceral, de pasión, de abandono a lo irracional...Y que también
existan espacios y momentos de comunicación e interacción más racional, integradora de sensaciones y emociones en la conciencia, de elaboración mental de los conflictos . Y
otros niveles de toma de decisiones compartidas. ( Sentir - Reflexionar- Integrar- Actuar). Durante los procesos terapéuticos se abren emociones reprimidas hacia los
padres, se rompe el silencio emocional, se dinamizan relaciones anquilosadas en la rutina con los demás, se conecta con uno o una misma a través del mostrarse ante alguien
, sintiéndose y afrontando los conflictos, en actitud de comprensión y aceptación.
Cuidado con el ”culto a lo emocional” . Las emociones son ciegas y necesitan también integrarse racionalmente, decidiendo desde el Yo la forma
de expresión. Esto que siento ahora, aunque es mi realidad subjetiva, puede no ser coherente o proporcional con la realidad objetiva. No censurar ni juzgar
la emoción; sí comprender y poderse cuestionar la forma de canalizarla: ahí está la cuestión, en ¨la forma¨, que es una manifestación de nuestro carácter,
el cual podemos flexibilizar y cambiar.
Atención al juego del imaginario: a sustituir al otro o la relación con el otro, por lo que yo siento, pienso, imagino, supongo “poniendome en su
lugar” ..., sin contrastarlo ni situarlo, directamente con la persona concreta, favoreciendo los mal entendidos y el narcisismo. Es muy saludable atreverse a preguntar y
acceder directamente a la otra persona , arriesgándonos a recibir su propia y real respuesta.
El contacto con lo emocional es un elemento regulador del cambio, nos dice donde estamos realmente. Ante la confusión y la dificultad de adaptación a lo que nos ocurre, nos orienta en la búsqueda de alternativas... Nuestro reto : conectar con nuestro ser, pararnos y escucharnos, sentirnos para saber qué necesitamos. Y a partir de ahí, aprender a cuidarnos, a darnos, a pedir...Sin imponer ningún modelo ideal, sino proponiendo, alentando alternativas, opciones, cambios...que nos permitan un ciclo vital saludable, placentero y entrañablemente compartido.
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