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PERE COMPTE I LOPEZ y JOSE LUIS LUIS OREIRO ALVAREZ
Licenciados
en psicología social por la Universidad Autónoma de Barcelona.
Docentes
del Master interdisciplinar de violencia domestica de la UAB.
Miembros
de la asociación Contra la violencia domestica.
Artículos
publicados:
COMPTE,
P. & OREIRO, J.L. ( 1999). Blancos y negros ¿ existen los grises?.
Reflexiones entorno a la masculinidad y su relación en la violencia
domestica. En M. A. López Cabanas, F. Chacón, M. Medina, L. Casellas, J.
A. Galego, C. Escalada y A. Cevallos ( coord.). V
Congreso estatal de intervención social.
“Calidad y responsabilidad compartida: retos del bienestar en el
cambio de siglo” Madrid. España, IMSERSO
COMPTE,
P. & OREIRO, J. L. (2000). “
S’hi neix o t´en fan
( construeixen) d´ home. Docencia
9, 12.
Barcelona. España. USTEC.
COMPTE,
P & OREIRO, J. L. (2000). Hacia una nueva identidad masculina. En D.
Caballero, M. T. Mendez, J. Pastor ( editores). La mirada
psicosociologica. Grupos, procesos, lenguajes y culturas. Madrid . España.
Biblioteca Nueva.
Actualmente
Pere Compte, trabaja de educador en medio penitenciario en la asociación
“ARCA per la inserció”.
José
Luis Oreiro trabaja de técnico de ocio local en el Ayuntamiento de Barcelona.
RESUMEN-ESQUEMA DEL ESPACIO DE DEBATE
TRABAJO
CON HOMBRES DESDE LA PERSPECTIVA DE GENERO
Por Pere Compte i López y José Luis Oreiro Álvarez
¿Qué
entendemos por género?
El
género subyace en la base del proceso de categorización social, podemos decir
que al colocar diferentes cosas en una misma categoría lo que se consigue es
recalcar sus semejanzas; mientras que si se sitúan en categorías diferentes se
resaltan sus divergencias. Al situar a hombres y mujeres en grupos (categorías)
diferentes no los acercamos sino que los alejamos produciendo una bipolarización,
ésta es la que se produce al asignar socialmente roles diferentes a hombres y
mujeres.
Esta
es la base sobre la que se ha construido una relación de dominación-sumisión
de un género a otro, que da una interpretación sesgada de la realidad.
Desde
nuestro punto de vista creemos que es importante diferenciar sexo de género, ya
que el primero hace referencia a características
biológicas, y el segundo es el fruto de un proceso de construcción
social. Dicha construcción simplifica la realidad, lo cual puede tener su
utilidad, pero por contra tiene una serie de efectos que, a nuestro juicio, son
perversos:
Ofrece
una visión de la realidad sesgada, al centrarse en las diferencias y obviar
los puntos de encuentros entre las diferentes categorías.
Lo
que hace es ofrecernos una visión de la realidad en términos de blancos
y negros, sin tener en cuenta
que hay una amplia gama de grises.
Es
decir, obvia que existen puntos de encuentros entre hombres y mujeres.
Uno de los objetivos del trabajo con hombres debería ser romper con esta falsa concepción de la realidad, ya que creemos que hay muchos más puntos de encuentro que de distanciamiento.
Genero
e identidad masculina
Partimos
desde una posición relacional o social, es decir concebimos la masculinidad
como el fruto de la relación del hombre con su entorno social. Es a partir de
este entorno social que el hombre interioriza su masculinidad mediante un
proceso de socialización, donde éste aprende como debe comportase en su vida
cotidiana.
Desde
nuestro punto de vista este proceso de socialización tiene unos efectos
perversos sobre la construcción de la identidad del hombre ya que parte de una
concepción de la sociedad y de la relación entre hombres y mujeres muy
limitada que no permite un desarrollo pleno de éste.
Mediante
el proceso de socialización el niño va interiorizando una serie de
estereotipos que son los que irán conformando su identidad, esta se basa en dos
características fundamentales:
Ser
el mejor, el más competitivo y el que más éxito tiene, es decir ser el más
fuerte.
No
expresar las emociones, ya que esto es signo de debilidad.
Desde
nuestro punto de vista esta visión de la masculinidad es altamente negativa
para la interrelación de los hombres en su vida cotidiana ya que por un lado
exagera la importancia de la competición con los otros hombres y por otro lado
minimiza cualquier expresión de sentimientos o emociones, lo cual esta asociado
al mundo de lo femenino del cual hay que diferenciarse, claramente, para que no
quede la menor duda de la varonilidad de uno.
Esta
concepción de la masculinidad se sustenta en la sociedad patriarcal la cual ha
proporcionada la base para la construcción de hombres y mujeres desde
posiciones antagónicas, mientras que al hombre se le ha otorgado el papel de
fuerte y dominador la mujer ha de desempeñar el papel de débil y sumisa.
Desde
nuestra posición es en este punto donde se sustenta la supremacía del mundo
masculino sobre el femenino. Desde pequeño
el niño (a partir del proceso de socialización) aprende que los fuertes son
los que tienen éxito en la vida mientras que los débiles no lo tienen, además
él como hombre a de tener éxito por lo que ha de ser fuerte y reprimir sus
“debilidades”.
El
niño va creciendo en una sociedad que cada vez le otorga más responsabilidades
y a la vez más poder y cuando llega el momento de tener una relación de pareja
lo “normal” es que sea él quien ejerza el poder en ésta, ya que desde
pequeño se le ha enseñado que los
hombres son los que mandan y que las
mujeres deben obedecer.
Por
lo tanto creemos que la génesis del problema se encuentra en las mismas
estructuras sociales, las cuales legitiman (por activa o por pasiva) las
relaciones disimétricas entre hombres y mujeres.
Pretendemos dar una visión diferente de lo planteado anteriormente, no creemos que la masculinidad entendida de una forma tan limitada sea la condición natural de los hombres, más bien (como ya hemos dicho anteriormente es fruto de un proceso social) creemos que se puede trabajar en la deconstrucción de este modelo de hombre tradicional y trabajar en la construcción de un modelo de masculinidad que permita el desarrollo de todas las esferas del hombre. Esta idea ha de ser central en el trabajo con hombres, es decir se ha de trabajar en la dirección de que conozcan y acepten esferas de su propia persona que han sido reprimidas por una sociedad que le ha exigido ser fuerte y competitivo.
Hacia
una nueva identidad masculina
Después
de esta reflexión teórica quedan abiertos diferentes interrogantes, que serán
el eje central del espacio de debate:
¿Por
qué hemos de cambiar los hombres si tenemos una posición de
“privilegio”?
¿Cómo
hemos de cambiar?
¿Qué
beneficios obtenemos con el cambio?
¿Cómo lo podemos hacer?