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La
guerra sucia contra las mujeres en este día |
Una característica inequívoca del feminicidio
es la truculencia gubernamental para evitar investigarlo y proteger la
impunidad. Ésa es hoy una de las expresiones más acabadas de la estructura
social, cultural e institucional de nuestra misoginia. El número oficial de
mujeres asesinadas en Ciudad Juárez desde julio de 1993, es de 321. Para
diversas organizaciones ciudadanas es posible que realmente rebase 400 y se
acerque a 500. La cifra más pequeña, sin embargo, basta para evidenciar la
guerra oculta en que se busca eliminar una parte importante del grupo más
numeroso de la población mexicana. Esto sería aún más claro si se
contabilizaran los asesinatos cometidos en otros puntos del país.
Por ello se utiliza el término feminicidio, que
no es el equivalente de homicidio, sino paralelo a genocidio. El ejército
secreto de esta guerra sucia cuenta con la complicidad de las autoridades que se
lavan las manos, evaden su responsabilidad y elaboran sesudos discursos para
minimizar lo que acontece y prolongar las pesquisas con la seguridad de que el
tiempo hará imposibles las aprehensiones de los asesinos, sus procesos y sus
condenas. Pero la movilización activa no es la única: la connivencia social
manifiesta en el silencio, la indiferencia y los alegatos informales
desenmascaran a la reserva de ese ejército al que no pertenecen sólo los
cerebros y los ejecutores de los asesinatos. Hay también asociados doctos, hábiles
en elaborar estadísticas y gráficas de computadora, expertos en establecer
categorías policiacas que les ha prestado el FBI, la institución más
experimentada en disfrazar crímenes políticos y castrenses de actos de
desequilibrados.
La
“auditoría periodística” publicitada en estos días parece tener como
objetivo mostrar que cada asesinato de mujeres es excepcional, y que sus móviles
son diversos, sin conexión y conformes con la doctrina oficial. La “auditoría”
también pretende convalidar la consigna de la Procuraduría General de Justicia
de Chihuahua: 205 (63%) de los 321 casos que reconoce, están resueltos, aunque
sólo hay 17 órdenes de aprehensión. Subsisten, se afirma, 116
“homicidios” pendientes de resolución (37%), entre los que destacan 51 de
tipo sexual, 44% de los casos en trámite. Otra intención inequívoca de la
“auditoría” es mostrar sin decirlo que el nombramiento de la comisionada
Guadalupe Morfín es inútil; que no hay por qué apoyarla ni darle facilidades.
Otra meta muy importante de la “auditoría” es desacreditación de la
categoría política feminicidio, término que no utiliza (habla de
“homicidios” (muertes de hombres) jamás de asesinatos de mujeres.
Obviamente, para la compañía auditora, que los restos de muchas asesinadas
hayan aparecido en el desierto carece de importancia.
Entre
lo mejor de los amanuenses de esta obra maestra de la ocultación, está la
clasificación de los asesinatos de Ciudad Juárez. La ideada por el FBI posee
un número grande de categorías y subcategorías, pero los auditores
consideraron que todos los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez tienen (y
tendrán) sólo nueve móviles:
90
(28%) son sexuales; 53 (17%) son pasionales; 45 (14%) son venganzas; 30 (10%)
son por riñas; 26 (8%) tienen móviles desconocidos o indeterminados; 24 (7%)
se relacionan con el narcotráfico; 22 (7%) con robos; 18 (5%) se dan en la
violencia intrafamiliar, y 13 (4%) son “homicidios” imprudenciales o
accidentales. Como se ve, la empresa auditora perdió la oportunidad de ponerles
decimales a sus porcentajes, lo que habría hecho que su trabajo pareciera más
científico. Su propósito, sin embargo, no es cuantificador, sino llegar de
inmediato a cumplir su consigna. Así, aunque con una recopilación de cronológica
de documentos y declaraciones, se abstuvo de ir a lo profundo para hacer una mínima
interpretación sociológica. Quiere hacernos creer que lo que llaman “móviles
sexuales” son los únicos que podrían relacionarse con lo que se ha
denunciado como asesinatos de género, (término rechazado por el gobernador
aunque adoptado por el secretario de Gobernación y la secretaria de Desarrollo
Social). Brillantes auditores, piensan que quienes examinemos su texto casi
seguramente mercenario, pasaremos por alto los asesinatos pasionales, los
debidos a venganza, a riñas y a violencia doméstica, también son asesinatos
de género, cuyas víctimas mueren por el solo hecho de ser mujeres. Los
asesinatos de mujeres por robo o relacionados con el narcotráfico no pueden
explicarse sin analizar que en estos delitos las mujeres intervienen muy a
menudo como cómplices o tapaderas de hombres, es decir, en su calidad de
mujeres.
Pero
la categoría científica y política género ha sido prohibida por los cómplices
de la impunidad. No podíamos esperar que los auditores recurrieran a ella ni
que supieran lo que es. Así, hoy podemos reiterar y ampliar una añeja conclusión
de investigadoras feministas: La misoginia y la guerra sucia contra las mujeres
van desde el piropo hasta el asesinato, pasado por las ocurrencias de algunos
chistositos y por todas las formas de