HOMBRES POR LA IGUALDAD

EXCMO. AYUNTAMIENTO DE JEREZ    DELEGACION DE SALUD Y GENERO

La guerra sucia contra las mujeres en este día
Daniel Cazés  
artículo aparecido en Milenio Diario, México, 23-Nov-03

Una característica inequívoca del feminicidio es la truculencia gubernamental para evitar investigarlo y proteger la impunidad. Ésa es hoy una de las expresiones más acabadas de la estructura social, cultural e institucional de nuestra misoginia. El número oficial de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez desde julio de 1993, es de 321. Para diversas organizaciones ciudadanas es posible que realmente rebase 400 y se acerque a 500. La cifra más pequeña, sin embargo, basta para evidenciar la guerra oculta en que se busca eliminar una parte importante del grupo más numeroso de la población mexicana. Esto sería aún más claro si se contabilizaran los asesinatos cometidos en otros puntos del país.

Por ello se utiliza el término feminicidio, que no es el equivalente de homicidio, sino paralelo a genocidio. El ejército secreto de esta guerra sucia cuenta con la complicidad de las autoridades que se lavan las manos, evaden su responsabilidad y elaboran sesudos discursos para minimizar lo que acontece y prolongar las pesquisas con la seguridad de que el tiempo hará imposibles las aprehensiones de los asesinos, sus procesos y sus condenas. Pero la movilización activa no es la única: la connivencia social manifiesta en el silencio, la indiferencia y los alegatos informales desenmascaran a la reserva de ese ejército al que no pertenecen sólo los cerebros y los ejecutores de los asesinatos. Hay también asociados doctos, hábiles en elaborar estadísticas y gráficas de computadora, expertos en establecer categorías policiacas que les ha prestado el FBI, la institución más experimentada en disfrazar crímenes políticos y castrenses de actos de desequilibrados.

La “auditoría periodística” publicitada en estos días parece tener como objetivo mostrar que cada asesinato de mujeres es excepcional, y que sus móviles son diversos, sin conexión y conformes con la doctrina oficial. La “auditoría” también pretende convalidar la consigna de la Procuraduría General de Justicia de Chihuahua: 205 (63%) de los 321 casos que reconoce, están resueltos, aunque sólo hay 17 órdenes de aprehensión. Subsisten, se afirma, 116 “homicidios” pendientes de resolución (37%), entre los que destacan 51 de tipo sexual, 44% de los casos en trámite. Otra intención inequívoca de la “auditoría” es mostrar sin decirlo que el nombramiento de la comisionada Guadalupe Morfín es inútil; que no hay por qué apoyarla ni darle facilidades. Otra meta muy importante de la “auditoría” es desacreditación de la categoría política feminicidio, término que no utiliza (habla de “homicidios” (muertes de hombres) jamás de asesinatos de mujeres. Obviamente, para la compañía auditora, que los restos de muchas asesinadas hayan aparecido en el desierto carece de importancia.

Entre lo mejor de los amanuenses de esta obra maestra de la ocultación, está la clasificación de los asesinatos de Ciudad Juárez. La ideada por el FBI posee un número grande de categorías y subcategorías, pero los auditores consideraron que todos los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez tienen (y tendrán) sólo nueve móviles:

90 (28%) son sexuales; 53 (17%) son pasionales; 45 (14%) son venganzas; 30 (10%) son por riñas; 26 (8%) tienen móviles desconocidos o indeterminados; 24 (7%) se relacionan con el narcotráfico; 22 (7%) con robos; 18 (5%) se dan en la violencia intrafamiliar, y 13 (4%) son “homicidios” imprudenciales o accidentales. Como se ve, la empresa auditora perdió la oportunidad de ponerles decimales a sus porcentajes, lo que habría hecho que su trabajo pareciera más científico. Su propósito, sin embargo, no es cuantificador, sino llegar de inmediato a cumplir su consigna. Así, aunque con una recopilación de cronológica de documentos y declaraciones, se abstuvo de ir a lo profundo para hacer una mínima interpretación sociológica. Quiere hacernos creer que lo que llaman “móviles sexuales” son los únicos que podrían relacionarse con lo que se ha denunciado como asesinatos de género, (término rechazado por el gobernador aunque adoptado por el secretario de Gobernación y la secretaria de Desarrollo Social). Brillantes auditores, piensan que quienes examinemos su texto casi seguramente mercenario, pasaremos por alto los asesinatos pasionales, los debidos a venganza, a riñas y a violencia doméstica, también son asesinatos de género, cuyas víctimas mueren por el solo hecho de ser mujeres. Los asesinatos de mujeres por robo o relacionados con el narcotráfico no pueden explicarse sin analizar que en estos delitos las mujeres intervienen muy a menudo como cómplices o tapaderas de hombres, es decir, en su calidad de mujeres.

Pero la categoría científica y política género ha sido prohibida por los cómplices de la impunidad. No podíamos esperar que los auditores recurrieran a ella ni que supieran lo que es. Así, hoy podemos reiterar y ampliar una añeja conclusión de investigadoras feministas: La misoginia y la guerra sucia contra las mujeres van desde el piropo hasta el asesinato, pasado por las ocurrencias de algunos chistositos y por todas las formas de hostigamiento, y extendiéndose hasta la complicidad de los hombres del poder político.