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Las representaciones del hombre nuevo y los permisos de paternidad: De Tony Blair a David Beckam, por José María Espada Calpe DEA Lic. Antropología Social y Cultural Heterodoxia: Red de Hombres Profeministas. Este artículo también puedes consultarlo en www.heterodoxia.net |
En
el ‘Guardian Europe’ del día 17 de mayo del 2000, aparecía una
relativamente reciente polémica sobre el precio de los primeros años de los niños
(The price of missing child’s early years –by PM’s wife). Como el título
indicaba, el debate está mediado por la cuantificación de los costes para el
Estado, las empresas y las mujeres del cuidado de los/as niños/as en sus
primeros años de vida. Durante toda la década de los noventa y comienzos de
milenio el debate sobre el papel que ocupan mujeres y hombres en el cuidado de
los niños ha sido central y candente. Los términos del nuevo debate tienen que
ver con la introducción de directivas europeas en las políticas públicas de
los Estados miembros de la Unión. El artículo del ‘Guardian’ sitúa los términos
del debate entre una administración ‘Blair’ que se encuentra bajo una
fuerte presión intentando ofrecer beneficios para las empresas y al mismo
tiempo teniendo que enfrentar políticas de trabajo que compatibilicen la vida
laboral y familiar, especialmente la de las mujeres. Por otro lado la Comunidad
Europea bajo la presión de grupos y partidos feministas está avanzando en políticas
de igualdad que incluyan medidas positivas que fuercen a los gobiernos a
promover la igualdad y no únicamente a recogerla formalmente. Así el Tratado
de Amsterdam ha forzado que la legislación británica amplíe el período de
‘permiso de paternidad/maternidad sin sueldo’ hasta las trece semanas, para
hijos hasta cinco años de edad. Pero bajo la presión de la patronal británica,
la administración ha adaptado la directiva de forma restrictiva creando un
doble rasero para las familias. Así sólo se beneficiarán de esta ampliación
los hijos/as que hayan nacido después del 15 de diciembre de 1999, momento en
que la administración británica reconoce que entra en vigor la directiva. Así
el TUC ha abierto un procedimiento contra el Secretario de Industria y Comercio,
Stephen Byers solicitando que la medida sea efectiva con carácter retroactivo
para todos los padres con edades incluidas hasta los cinco años. Y todo esto
teniendo en cuenta que son permisos que no incluyen el mantenimiento del sueldo
sino que correspondería a lo que en España se denomina ‘excedencia con
reserva a puesto de trabajo’. A este debate se une la sangrante y simbólica
situación del matrimonio Blair, símbolo del nuevo talante de los
neo-laboristas. Cherie Booth, la esposa de Tony Blair se encuentra en avanzado
estado de gestación y está jugando un papel central en estas reivindicaciones
de manera que al debate público se añade el morbo del debate sobre el papel
personal que el Primer Ministro tomará en el cuidado de su hijo, considerando
que su esposa es una de las principales promotoras de esta iniciativa del TUC.
En este sentido las declaraciones de Tony Blair parecen ir en la línea de que
personalmente no pedirá un permiso de paternidad para el cuidado de su cuarto
hijo, dada la importancia de las tareas de Gobierno que debe enfrentar pero que
recortará sus horas de trabajo para atender las tareas de la casa siempre que
no suponga un abandono de sus deberes. El caso de la pareja Blair puede ser
paradigmático de la ambigüedad y contradicciones tanto de las políticas públicas
del nuevo laborismo como de los supuestos nuevos modelos de paternidad y su
falso compromiso con la igualdad de género.
Así
el equipo de abogados de Cherie Booth defendía que la medida del Gobierno de
limitar la solicitud del permiso de paternidad a los hijos/as nacidos después
del 15 de diciembre supone reducir el derecho de 2,7 millones de progenitores
–incluyendo a los padres-, que en su caso podrían solicitar los permisos.
Para C.Booth no es posible poner un precio a la pérdida que supone para los
padres ‘ya que lo que pierden es su derecho a la vida familiar, y esto no es fácilmente
cuantificable en términos económicos’. Así mismo resaltaba los beneficios
que suponen tener una política amigable con la familia, básicamente disponer
de una fuerza de trabajo satisfecha y más implicada en su trabajo.
Pero a pesar de estas dificultades de cuantificación se cruzan en el
debate ciertas cifras, así las defensoras del permiso estiman que la inclusión
de todas las familias con niños menores de cinco años suponen unos 50 millones
de libras como tope sobre los proyectados 42,18 millones de libras que costarían
a los empresarios. Pero estas cifras no son nada comparadas con los 2,5 billones
de libras (según los datos de la Administración) que va a costar la actual
regulación, y el coste para los empleados, ya que los permisos sin derecho a
sueldo le costarán a los implicados 109 millones de libras. Aun así la
estimación hecha por el Gobierno sobre los costes para los empresarios resulta
absolutamente increíble y sirve para la simple justificación del Gobierno en
su política anti-social y pro-empresario. Y todo esto cuando ni siquiera está
en cuestión que los permisos sean pagados, sino que lo único que los
empresarios deben afrontar (si mis informaciones son acertadas) son las cuotas
de seguridad social y los costes de una posible contratación temporal para
cubrir el puesto de trabajo. Estas cifras son comparativamente minucias si se
atendiera a los gastos que generan los trabajadores por cierta siniestralidad
laboral y bajas transitorias, en las que los hombres se ven masivamente
implicados al encontrarse entre sus
causas principales comportamientos temerarios y la reafirmación de la
masculinidad. Sin embargo que unos u otros gastos estén o no en el candelero,
pueden ser significativos de las resistencias a implementar medidas que
modifiquen las actuales relaciones de género.
A todo esto habría que unir que la judicialización de este debate político
hace temer que de nuevo la patata caliente pase al Tribunal de la Comunidad
Europea de manera que se elimine la discusión de la arena política inglesa
para ser devuelto al progresista, burocrático y estatalista continente. Todo
este debate destapa los continuos desplazamientos de responsabilidad y costes
que el Estado, el Mercado y las mujeres (como grupo más implicado en el no
reconocido trabajo doméstico) mantienen en esta pugna. Es claro que los Estados
dentro de la dinámica de reducción de su papel redistribuidor y de Bienestar
están intentando jugar la baza de los beneficios sociales de una política que
favorezca la inversión privada. Bajo este manto de que el crecimiento o la
activación económica traerá beneficios secundarios está escondiendo políticas
claramente discriminatorias hacia todo tipo de minorías, precarizados y
excluidos, desviando su responsabilidad con eliminación de las trabas para la
igualdad, y de paso jugando el papel de aliado de las corporaciones
empresariales que operan en el marco británico, las cuales no parecen tener
ningún interés en la equiparación laboral de hombres y mujeres. En este
sentido un reciente estudio encargado a académicos de la ‘London School of
Economics and Political Science’ por la ministra de Justicia Inglesa, sobre la
situación de la mujer en el mercado de trabajo británico tras veinte años de
políticas de igualdad da unos resultados escalofriantes. Las mujeres reciben
menores sueldos independientemente de la categoría que ocupen y de que hayan
renunciado o no a la vida familiar y a tener hijos. ¿Qué papel ocupan los
hombres en todo esto? Básicamente los hombres se benefician de sus privilegios
en relación con el mercado de trabajo, tanto por las dificultades que las
mujeres tienen para ser contratadas ya que podrían necesitar bajas de
maternidad en caso de que deseen tener hijos, ya por la falta de implicación
masculina en el cuidado de los hijos y lo que supone de tiempo extra para los
hombres en el competitivo mundo del trabajo y de bienestar psicológico, tiempo
no sólo real sino simbólico, ya que los hombres ponen menor atención en las
tareas de cuidado y pueden relacionarse en el ‘pub’ con compañeros de
trabajo para conseguir ascensos e influencia, lo que en inglés se denomina ‘networking’.
Tony Blair puede ser el propio caso paradigmático en el que se unen un
supuesto progresismo y una ausencia de compromiso decidido para promover políticas
de igualdad, en lo público y en lo personal. De manera que las labores de
cuidado nunca se cuestionan que sean las labores de su mujer, y que en la medida
que sus obligaciones políticas se lo permitan, no desdeñará hacerse cargo de
las tareas de cuidado, pero Tony ayudará, que no se responsabilizará de la
crianza de sus hijos. El punto más significativo del debate es la necesidad del
Primer Ministro de justificar su implicación en la crianza y su necesidad de
recalcar que ésta no afectará su labor como Primer Ministro. Son clásicos los
estudios de Psicología Social que señalan como los límites de la realidad
cotidiana que sustentan los mecanismo de opresión se desvelan cuando se produce
una ruptura del orden expresivo, con esta ruptura se quiere nombrar a la ruptura
de las expectativas recíprocas sustentadas en el sentido común y la costumbre.
Es claro que Tony Blair se presenta como un ‘supuesto’ nuevo modelo
progresista. El fuerte carácter e independencia de su esposa hace que sea visto
como un hombre débil que acepta ciertas responsabilidades de cuidado y esto
implica que su virilidad sea cuestionada. Cuando se cuestiona la virilidad de un
hombre que acepta ciertas responsabilidades de cuidado es porque los hombres no
se les presuponen estas responsabilidades mientras que para las mujeres no sólo
se les presuponen éstas, sino que se les presuponen el deseo de tener hijos y
su capacidad para el cuidado. En este sentido el discurso del deseo de tener
descendencia asociado a la feminidad tiene como contrapartida el discurso de que
los hombres ‘asumen’ la paternidad.
Es
una práctica muy común que las empresas inglesas hagan gala de una política
anti-discriminatoria, lo que denominan ‘eqqual opportunities’. Por estereotípico
que parezca Inglaterra puede ser uno de los lugares centrales de lo políticamente
‘correcto’ –entre comillas- (digamos la prohibición oficial de hablar de
la homosexualidad en las escuelas británicas[i][i])
y lo informalmente incorrecto (digamos la cultura ultramachista ‘lad’). Otra
cuestión es como hacen efectiva esa política de igualdad de oportunidades. El
Estado por su parte legitima, esconde y acepta las políticas del mercado bajo
un manto de neutralidad y de apoyo al desarrollo económico mediante la concesión
de desregulaciones que dualizan más el liberal mercado de trabajo británico.
Pero bajo la faz de un porcentaje elevado de mujeres con una alta formación,
con una actitud más agresiva hacia el mercado de trabajo y con una supuesta
revolución sexual, se esconde unos niveles muy altos de discriminación, pero
no se trata aquí de ver la viga en el ojo ajeno sino de ver lo que de
representativo de nuestro entorno occidental tiene el caso Británico.
Tony
Blair puede representar cierto paradigma de hombre nuevo al que podemos
contraponer el de David Beckham. De hecho este segundo concuerda en mejor medida
con los cánones de los publicitarios sobre el hombre nuevo. De hecho, el debate
sobre el hombre nuevo se ha desarrollado en el Reino Unido desde mediados de los
ochenta. En junio de 1990, el periódico "The Guardian" dedicó dos días
de su sección "Mujeres" al fenómeno del "hombre nuevo",
contribuyendo enormemente a sostener la perspectiva de que ser un hombre nuevo
era evitar la reclamación de la emancipación. Kimberley
Leston, redactora de "The Guardian" también señaló que la
imagen del 'hombre nuevo' había sido utilizada principalmente en la publicidad
para sugerir que si los hombres tomaban obligaciones femeninas, actuarían
inevitablemente mejor que las mujeres (ineptitud femenina): En
un anuncio en la televisión, un paciente y compasivo padre vuelve
apresuradamente a casa durante las horas de trabajo en la Oficina, en el salón
de alto-standing intenta disuadir a su hijo de cuatro años para que no abandone
la casa. La situación pasa por creíble, cuando no por improbable, pero el
mensaje esencial permanece camuflado bajo el subtexto aportado por el personaje
secundario de la madre del niño. 'No quiere escuchar', admite ella con bovina
cara de resignación, implicando que el cuidado compartido de los niños -el
tema clave de la nueva masculinidad- trae algo más deseable que la recompensa
emocional, trae un incremento de la base de poder masculina. (The Guardian, Jueves, 21 de junio de 1990).
Como
Leston señaló, la representación
de un 'nuevo hombre' es utilizada primariamente como una forma nueva de
'castigar' a las mujeres, al crear una falsa ilusión de cambio cultural. Parece
como que el 'nuevo hombre' existe fehacientemente en los portafolios de los
creativos de las compañías de publicidad y pero que es otra forma de reafirmar
el poder de los hombres. Es más corriente la parodia de las demandas feministas
que la respuesta a éstas. Para otros autores la creación del hombre nuevo sería
la modernización en la esfera de la virilidad de los viejos esquemas de una
sociedad tradicional, esto es, que las nuevas imágenes del hombre que cuida la
estética, la alimentación, es moderado y agradable, sería la trasposición de
los modelos de masculinidad de las nuevas clases medias (que dejan
incuestionados los elementos centrales del sexismo) a las clases trabajadoras
donde la fuerza física, el trabajo fabril, y las demostraciones ostentosas de
virilidad formaban parte de un componente de clase.
El
fenómeno ‘Beckham’ es un muy interesante elemento para ver estos nuevos
desplazamientos de la sociedad inglesa que tras la des-industrialización de los
ochenta esta configurándose con la imagen de la sociedad informacional,
globalizada y post-industrial, y que como tal está produciendo trasformaciones
culturales amplias con relación a la estratificación social y la configuración
de las masculinidades y feminidades. Así el futbolista David Beckham es
actualmente considerado el mejor futbolista inglés y está casado con la ex-spice
girl Victoria, también apodada ‘Posh’ (forrada o de clase alta). La prensa,
prensa amarilla y prensa deportiva, así como las revistas de corazón están
salpicadas con artículos sobre la pareja de moda que están suponiendo en
Inglaterra un modelo de conducta para niños y jóvenes por encima de cualquier
otra pareja. Las polémicas que les han acompañado resultan altamente
significativas sobre que estructuras del sentido común (el orden expresivo) están
siendo cuestionadas y como se está reconstituyendo o reproducción el sexismo a
través de estos modelos.
Los
términos del debate en el caso Beckham están en relación con sus
trasgresiones de los roles masculinos. Por empezar citaré que siempre se
resalta el hecho de que su mujer gana cuatro veces más dinero que él. Si bien
el hecho pudiera parecer extraordinario, lo fundamental es que esto supone
sospechas sobre su virilidad. A esto se le une su cuidado por el aspecto estético.
Se trata de una estética juvenil muy acorde a los gustos femeninos, una estética
muy cuidada en la ropa, masculina pero con toques que rompen con el clasicismo,
la ordinariez, o los modelos de hombre rudo. Los niños imitan su corte de pelo.
Sin embargo recientemente se ha levantado de nuevo la polémica porque su semi-militar
corte de pelo, a quién ha visto este gesto como una señal de su inconformismo,
otros como otra expresión de su feminizada naturaleza cambiante, otros como una
concesión a las críticas que le echan en cara su afeminamiento y falta de
virilidad. Como elemento añadido a la polémica está la ostentosidad de su
estilo de vida, el corte de pelo costó una cantidad elevadísima para algo que
se podía haber hecho con una máquina de esquilar ovejas. Pero la polémica
sobre la ostentosidad de su estilo de vida forma parte del glamour con el que se
está construyendo las imágenes de Victoria y David.
Otros
aspectos del juego con los rígidos modelos de virilidad tradicionales está
relacionado con la ropa, en algunas ocasiones David Beckham ha llevado faldas o
pareos en público y ha reconocido que le gustaba jugar y que se ha puesto la
ropa interior de Victoria en la intimidad. Estas rupturas del orden expresivo
que también han desatado la polémica, creo que son significativos en formas
contradictorias y complementarias. Si bien suponen una ruptura de la estricta
separación de los modelos de feminidad y masculinidad, más que su desafío
supone su reforzamiento en el sentido de que estos juegos se han configurado
como excepciones. El reconocimiento del juego con la ropa interior en la
intimidad con su pareja denota la heterosexualidad básica de esta masculinidad
al tiempo que una nueva capacidad para el disfrute que va más allá de la
penetración compulsiva masculina. Por otra parte que una pareja joven se
muestre como sexualmente activa no supone una ruptura de un orden sexual en el
que la sexualidad se vincula real o simbólicamente a la reproducción, esto es,
que los grupos de edad que no pueden procrear sean construidos culturalmente
como asexuados o que las conductas que no están asociadas o que no producen
condiciones reproductivas (todas menos el coito vaginal heterosexual) sean
estigmatizadas. Que una pareja joven, atractiva según los modelos mayoritarios
de belleza, sea sexualmente activa y que no lo oculte es lo que se espera de
ellos, o por lo menos de él. Que haya un cierto elemento de trasgresión por su
parte puede ser disculpado por su genialidad en su trabajo (el fútbol), su
condición de famoso, o por la mala influencia de una mujer de gran carácter (y
altos ingresos) como Victoria Posh Spice.
Pero
llegando a la cuestión de la paternidad Beckham también ha levantado una
enorme polémica debido a un
incidente. Dependiendo del medio y la posición este será descrito de formas
diferentes. El hecho es que faltó a un entrenamiento del Manchester United el
equipo de fútbol al que pertenece. La razón es que tuvo que hacer frente a una
emergencia doméstica, esto es, que su bebé se encontraba enfermo y tuvo que
quedarse cuidando de él. Las reacciones que se desataron fueron múltiples.
Algunos comentaristas señalaron que se trató de una estratagema del futbolista
para evitar un castigo, ya que el hecho real es que debido a su ajetreada agenda
social, la noche anterior había bebido más de la cuenta y ese día no hizo su
habitual viaje en Ferrari a Manchester para entrenar porque se encontraba de
resaca (Véase Ramos, Rafael). Fuese una excusa o no, lo importante es que
levantó un debate sobre si sus obligaciones con la familia pasaban por el
cuidado de su hijo por encima de sus obligaciones con el equipo de fútbol, así
el técnico del Manchester se vio obligado a prescindir de él en el
trascendental partido de ese fin de semana frente al Leeds United. Los ataques a
la masculinidad de Beckham se han convertido en uno de los lugares comunes de
las hinchadas rivales. Sin embargo independientemente de las diversas reacciones
hay un nuevo interés en su caso dado que está promoviendo en cierta manera un
compromiso de los hombres con su descendencia, Beckham construye una imagen de
hombre que desafía el paradigma de la distancia en la paternidad, ya que
aparece públicamente paseando y cuidando a su hijo, Brooklyn. Por otro lado es
criticado por su extravagancia ya que se tatuó el nombre de su hijo en la
espalda como signo de la importancia de este en su vida. Así Beckham se está
convirtiendo en el promotor de una nueva implicación de los hombres
(especialmente por su estratégica situación como modelo para hombres que
tradicionalmente se han sentido orgullosos de su ‘laddism’ o ‘machismo
ostentoso’). Esta imagen puede ser acogida con escepticismo pero va algo más
allá del caso de los Blair, ya que si bien el carácter de la pareja
David/Victoria está mucho más vinculado a la juventud, casi como si de
estrellas del rock se tratase con sus extravagancias, inconformismo, creatividad
y originalidad; como decía propone una posición más avanzada en el sentido de
que, sea cierto o no, David utilizó como argumento legitimado su rol y
responsabilidades como padre por encima de sus obligaciones como trabajador del
fútbol. Y en este caso las responsabilidades iban más allá de la provisión
económica (en la que se encuentra en una posición subordinada con relación a
su esposa), y del papel de arbitro y decisor, del papel de autoridad, sino que
sus responsabilidades estaban vinculadas al cuidado de un familiar enfermo.
La cuestión en cualquier caso no
es si defender a Beckham o no, sino analizar los términos del debate para hacer
explícitos cuales son los supuestos implícitos en la discusión. En este
sentido la tensión fundamental al igual que en la posición de Tony Blair como
padre es la de que se exige a estos hombres que pongan sus carreras
profesionales por encima de sus vidas personales y familiares, cuando a sus
esposas se les permite una vida profesional siempre y cuando no descuiden sus
roles como buenas madres. En ambos casos, la sospecha sobre estas mujeres como
buenas madres está en el aire ya que no dedican exclusividad para con el
cuidado de los hijos y contratan la ayuda de niñeras, mientras que a estos
hombres no se les aprecia más por el hecho de ser padres cercanos sino que
cumplen con el solo rol de padre si proveen económicamente y ocupan el rol simbólico
de padre que tan sacrosanto parece a la institución familiar, aunque su papel
real final sea muy marginal.
Los
términos de la polémica son de gran calado ya que como diversas autoras han señalado,
la introducción de medidas como los permisos de paternidad no han supuesto que
los hombres solicitasen estos permisos, ya que éstos siguen sin implicarse en
la crianza de los hijos. Para obtener cambios a estos niveles parece que la
legislación no tiene un impacto inmediato y que será necesario un trabajo de
deconstrucción cultural más amplio. La legislación, especialmente en el
trabajo llevado a cabo por las feministas en la Comunidad Europea, se está
consolidando además de cómo una herramienta y marco de convivencia y
legitimación, como un medio de discusión y difusión de ideas que finalmente
si que pueden alcanzar unos objetivos más amplios. Así la lucha del equipo de
abogados de Cherie Booth con relación a los permisos de maternidad /paternidad
en Inglaterra ha puesto la cuestión de la relación de los hombres con el
cuidado de los otros en la agenda política y está forzando a hombres concretos
a cuestionar y hacer explícito su sexismo.
Criscione, Valeria.
(2000) Queen mothers. En ‘Guardian Europe’, 18 de mayo del 2000.
Ramos,
Rafael.
(2000)
La imagen de la victoria. En Revista
‘Magazine’, 16 de abril del 2000. (Suplemento de ‘La Vanguardia’).
Vasagar,
J. Y Ward, L.
(2000)
The price of missing child’s early years
–by PM’s wife. En ‘Guardian
Europe’, 17 de mayo del 2000.
[i][i]
La administración Blair de nuevo ha dado en fechas
recientes una blanda e insatisfactoria respuesta a las presiones por la
normalización de los grupos de gays, bisexuales y lesbianas. Al mismo
tiempo que ha derogado la prohibición de hablar sobre la homosexualidad en
las escuelas, ha concedido a cambio a las distintas Iglesias, la obligación
de defender la familia heterosexual tradicional en la escuela como el modelo
de familia sano y normal. Y es que la homofobia en el Reino Unido alcanza
cotas muy altas de las que
puede ser representativo los atentados con bomba realizados por grupos
neonazis en la puerta de locales gay en el Soho Londinense en el año 1999,
que se cobraron un alto número de vidas, o el resurgimiento del
‘laddism’ (Machismo en su sentido más pleno).