HOMBRES POR LA IGUALDAD
EXCMO. AYUNTAMIENTO DE JEREZ   DELEGACION DE SALUD Y GENERO

JEREZ INFORMACION – 10-2-2000

"El Ejido, xenofobia y violencia masculina"

OPINION
JOSÉ ÁNGEL LOZOYA GÓMEZ *

"Estallido de odio larvado durante años entre dos comunidades que se necesitan económicamente y se rehuyen socialmente". (Que yo sepa sólo estalló una).

"Una explosión de violencia espontánea, sin organización ni líderes".

"Orgía vandálica que no respetó a nada ni a nadie ajeno al pueblo".

Persecuciones de magrebí-es que han visto arrasados y saqueados sus comercios; atacadas y quemadas sus viviendas, sus coches y sus papeles de residencia (lo más preciado para un inmigrante). Las imágenes son terribles: grupos de varones amparados en el anonimato del grupo, con palos y hierros, a los que el último día se sumaron adolescentes de los 15 colegios. 2000 personas marcharon (en el 2.000) en actitud provocadora.

600 inmigrantes se manifestaron "por la paz y la dignidad" y una señora les ofreció agua.

Se llama a la calma, se explica la falta de integración como la causa profunda, se oyen protestas por la pasividad de la policía (¿inocente?), y se apuntan propuestas para superar la crisis.

Pero nadie comenta lo evidente, que los protagonistas de la violencia física son hombres (varones). Será porque este dato no es relevante, porque es lo normal o porque el pez es el único que no se da cuenta que está en el agua.

Alguien se preguntaba qué hubiera pasado si en vez de racistas los violentos hubieran sido ocupas, pero yo prefiero preguntarme qué hubieran dicho los analistas si los piquetes hubieran estado formados por mujeres.

El mismo día un jubilado enloqueció en Valencia matando a cuatro personas y a nadie le dio por perseguir jubilados, pero en El Ejido el que enloqueció fue un magrebí.

Se ha dicho que ha sido el blanco pobre contra el moro pobre al que percibe como amenaza, porque degrada su vecindad, trabaja a mitad de precio, es de otra raza y de otra religión y huele mal (cuando se trata de una mora los chicos no notan el mal olor). Y lo que no se dice: progresan, abren sus propios negocios y ligan con las lugareñas. Por todo eso y por lo que sin duda me olvido hay que castigarlos y ponerlos en su lugar.

Tengo que ser muy cuidadoso, aunque sean cientos, siguen siendo una minoría entre los hombres del pueblo, no puedo cometer el mismo error que ellos, no debo generalizar, pero no hay que pasar por alto que los golpeadores fueran hombres, que hay un problema de género, que ignorarlos nos lleva a desenfocar al análisis y las soluciones.

Como en la violencia masculina contra las mujeres el agresor es un hombre, que se aprovecha de la impunidad social y de una relación de poder favorable (nacionalidad, número, actitud de la policía), para atajar un conflicto a través de la violencia, con la intención de someter al débil, limitando su libertad de movimientos, aislándolo socialmente y metiéndole el miedo en el cuerpo para que no olvide la lección y sepa quién pone los límites.

Los que pegan son hombres, la mayoría de los que reciben los palos son hombres, los detenidos son hombres, y si alguien resulta condenado serán hombres.

Pero a no compartirlo, puedo entender lo de atacar a los moros y sus bienes, al subdelegado, a los periodistas, a la policía o a la asociación Acoge, pero si detrás de todo esto no hay machismo (mataron a una de sus mujeres), puede alguien explicarme, ¿por qué destrozaron la sede de la Federación de Mujeres Progresistas?

* Coordinador del programa Hombres por la Igualdad, Delegación de Salud y Género