HOMBRES POR LA IGUALDAD
EXCMO. AYUNTAMIENTO DE JEREZ    DELEGACIÓN DE SALUD Y GENERO

CONVIVENCIA Y REESTRUCTURACIÓN DE LOS ROLES
Jon Gotzon Baraia-Etxaburu Artetxe


 ASPECTOS PRELIMINARES

Las conclusiones y reflexiones que a continuación voy a exponer provienen en su mayoría de diferentes investigaciones cualitativas que Kualitate Lantaldea ha realizado para Emakunde, concretamente una de título “Transformaciones en el papel social de las mujeres. Análisis cualitativo en Euskadi”, publicada en Noviembre del 95, y la otra realizada en Julio del 2000 que obedecía al siguiente objetivo: ”Modelos y referentes de los comportamientos masculinos y femeninos en la juventud vasca”.

Cada una tenía pretensiones diferentes, pero ambas trataban de descifrar las modificaciones que se están dando en los roles tanto femeninos como masculinos, haciendo especial hincapié en aquellos elementos que los están facilitando y aquellos que ejercen, por el contrario, un efecto neutralizador. En ambos casos se hacía una especial incidencia en el colectivo de las mujeres, porque son ellas las que en gran medida están provocando y empujando los cambios. Los hombres aparecían como espectadores de esas transformaciones, en ocasiones satisfechos por lo que observaban, pero la mayoría de las veces confusos y cuestionados en sus papeles tradicionales.

El encuadre de este congreso, “los hombres ante el nuevo orden social”, es un contexto inmejorable para detenerme en las opiniones masculinas reflejadas en los informes y analizar, en profundidad, qué está ocurriendo con los hombres y cómo nos sentimos ante los nuevos papeles que nos están demandando las mujeres.

EL MARCO DE REFLEXIÓN

Existen un conjunto de premisas básicas que es necesario reflejarlas desde el comienzo y que aparecen sistemáticamente en cada una de las investigaciones que se realizan sobre el tema del género:

Estas premisas nos llevan inexorablemente a una conclusión bastante pesimista respecto a la consecución del logro de la equiparación: en la lucha por la igualdad son las mujeres las que más están poniendo de su parte y los hombres van a remolque. Si buscamos las razones fundamentales para ese desacompasamiento nos encontramos con la realidad de que, en principio, a los hombres no les interesa el cambio porque supone una merma en su posición, lo que dicho de otra forma no es más que una clara resistencia a perder las cotas de poder que actualmente tiene en la mayoría de las facetas de la vida.

Esta interpretación pocas veces sale a la luz de una manera tan nítida y acusadora, pero no cabe duda que hoy en día existen muchos hombres que se resisten a promover cambios en sus comportamientos y mucho menos en sus actitudes. Quizás una de las causas de ese inmovilismo provenga precisamente de que se ha identificado equiparación de hombres y mujeres con una pérdida de los privilegios de éstos, y no con una conquista de nuevas facetas, tales como crecer, madurar, completarse. Quizás sea necesario que se elaboren discursos sociales más optimistas, corrientes de pensamiento más seductoras que animen a los hombres a experimentar los cambios y dejarse llevar por nuevas maneras de ser “masculinos”.

Una de las quejas más habituales entre los hombres es la escasa proliferación de referentes en los que poder verse reflejado, de pautas con las que poder estar de acuerdo y que marquen el camino a seguir. Pero la realidad es que la resistencia al cambio es tan grande, que difícilmente se aceptarán como válidas ideas que supongan esfuerzo o que trastoquen una manera muy determinada de ver el equilibrio entre los hombres y las mujeres.

 LAS RESISTENCIAS DE LOS HOMBRES AL CAMBIO.

Conviene que nos detengamos en la manera en que los hombres ponen de manifiesto esa resistencia porque nos indicará el constructo mental desde el que se ha desarrollado.

 A continuación se expondrán 8 argumentos que funcionan a modo de estrategias defensivas:

Son argumentos que les permiten a los hombres parapetarse ante las críticas de las mujeres, les posibilita confrontarse con ellas sin tener que reconocer que  tradicionalmente son los hombres los que tienen el poder y no quieren cederlo.

Ahora bien, muchos de esos argumentos ya no poseen la fuerza que en su día tuvieron, han ido perdiendo vigencia y son desacreditados incluso por muchos hombres. Frente a ese debilitamiento de las defensas, los hombres han desarrollado una manera más sutil y elaborada de resistirse a los cuestionamientos de las mujeres. Es lo que ha venido en llamarse el discurso políticamente correcto.

Es una estrategia que consiste fundamentalmente en reproducir un doble mensaje, por un lado, la aprobación social de que se está a favor de la equiparación entre los hombres y las mujeres, pero a nivel personal no se produce ningún cambio en ese sentido. Es decir, frente a un discurso social aprobatorio y en defensa de mayores cotas de equiparación de las mujeres, se presentan resistencias en las actitudes y comportamientos. En lo externo se dice que sí y en lo interno no se cambia.

Asistimos a una fortificación de las actitudes disfrazada de una manera racionalmente correcta de reproducir lo que socialmente se puede aceptar. Reflejo de esa fortificación son algunos de los roles que se emplean con más frecuencia:.

 “ROL DE VÍCTIMA”

“ROL DE ACUSADOR”

“ROL DE INOCENTE”

LA CONVIVENCIA Y LA REESTRUCTURACIÓN DE ROLES

Podemos decir que los cambios que se han dado a nivel de discurso social todavía no han cuajado a nivel interno con la suficiente intensidad como para provocar reacciones nítidas en defensa de la equiparación. Esta afirmación, sin embargo, no hace honor a la verdad porque son muchos los hombres que han comenzado un proceso de transformación que no se ha visto reflejado en algunas de las consideraciones que se hacen sobre la masculinidad.

Nos interesa analizar y entender lo que está ocurriendo a los hombres en esa esfera de lo privado, de lo íntimo; las transformaciones, si es que en realidad se están produciendo, en la relación con las mujeres. Es justamente en ese espacio en el que la responsabilidad se diluye en el magma del género masculino sino que corresponde a cada hombre como persona. Es por ello por lo que resulta tan importante conocer lo que está pasando ya que es ahí donde se produce de verdad el cambio de roles, donde se demuestra hasta qué punto la igualdad es algo más que reivindicar medidas políticas, judiciales o laborales (todas de carácter externo) y se demuestra la implicación y el convencimiento de la paridad en la convivencia diaria. Es un espacio en el que asistimos a una clara convulsión entre las defensas para no cambiar y los nuevos valores que comienzan a surgir.

Para comprender mejor ese proceso, vamos a analizar los cambios que se están dando en tres de las facetas características del ámbito privado: tareas domésticas, maternidad/paternidad y relaciones conyugales.

La evolución de los hombres en el desempeño de las tareas domésticas: Cada vez son más los hombres que “colaboran” en las tareas de casa, aunque también es cierto que ese proceso no es todo lo satisfactorio que las mujeres demandan. Por otro lado, entre los hombres existe la sensación generalizada que colaboran más de lo que en realidad lo hacen. Si analizamos cuáles son los trabajos que más desempeñan los hombres, podemos observar que se aglutinan estos en tres esferas, que va de lo más externo, y por tanto, más susceptibles de poder realizarse, a lo más interno y por ende más difícilmente asumible:

La evolución está clara, y va de las actividades que tienen un cierto grado de aceptación social, asociado además a un menor esfuerzo, y donde además existe normalmente una constatación directa del trabajo. A aquellas que, por oposición, son más ingratas, menos reconocidas y difíciles de ver por los hombres, y son consideradas como trabajo de carácter más femenino.

La asunción de las tareas no parte casi nunca de los hombres sino que se encuentra forzada por la presión de las mujeres, en el caso de los jóvenes asistimos cada vez más a un reparto equitativo o pactado donde se intenta establecer al 50% el trabajo de casa, lo que suele ocurrir es que ese reparto con el tiempo se va diluyendo y va recayendo paulatinamente en las mujeres.

La evolución de los hombres en su rol paternal: La paternidad de los hombres se está constituyendo en una de las áreas donde mayor implicación existe, es ésta una de las facetas que se reclama con más intensidad y por donde parece que se están dando los mayores cambios. Los hombres reivindican su ser padres, aunque bien es cierto que muchas veces no saben cómo desempeñar ese papel porque carecen de referentes válidos en sus progenitores a partir de los cuales poderse ver reflejados.

La entrada de los hombres también se ha dado de lo más externo a lo más interno, donde podemos apreciar actividades del tipo:

La evolución de los hombres en las relaciones conyugales: Esta es una de las facetas donde los hombres tienen serias dificultades para poder desenvolverse. Bien es cierto que las generaciones más jóvenes tienden a compartir experiencias y crear proyectos de pareja, pero son muchas las generaciones donde existen problemas de entendimiento y desacompasamiento de expectativas.

Un análisis de los diferentes grados de relación podría darnos el siguiente panorama:

El mayor problema que aducen los hombres para argumentar su escasez de habilidades en este terreno, radica en las dificultades de manejarse en el mundo de los sentimientos.

Para ellos no es sencillo verbalizar lo que les ocurre porque carecen de referentes, y sobre todo, de experiencias vivenciales en otros ámbitos de la vida donde poder manifestar su mundo íntimo.

ACTITUDES DE LOS MÁS JÓVENES ANTE LA IGUALDAD

Una vez que hemos analizado el panorama de la evolución masculina en algunos ámbitos de lo privado, resulta importante que recojamos las tendencias y opiniones de las generaciones más jóvenes, aquellas que todavía no han constituido un núcleo familiar independiente, porque nos reflejarán los derroteros por los que puede transcurrir la evolución en cuanto a la equiparación de sexos.

Lo primero que tenemos que reseñar de los resultados obtenidos en las últimas investigaciones es que la juventud desdeña los planteamientos de desigualdad y discriminación, se consideran como iguales, máxime cuando se comparan con la generación de sus padres. Tanto ellos como ellas comentan que ya se ha logrado una clara equiparación en muchos ámbitos (laboral, legal, político....) y en aquellos donde todavía no se ha logrado, se han establecido canales y medidas para solucionarlo. Es una generación, por tanto, que sitúa la igualdad en parámetros públicos y desde ahí hace una lectura muy positiva de lo que se ha conseguido.

Esa seguridad con la que se manifiesta la juventud se resquebraja cuando se empiezan a analizar comportamientos y actitudes de ellos y ellas en distintos ámbitos, es en ese momento, de análisis detallado de situaciones concretas, cuando se dan cuenta que no es tan real la percepción de que son iguales. Aparecen diferencias que muchas veces están sustentadas en claras discriminaciones.

Lo realmente destacable de esta paradoja de “no ocurre nada externamente” pero “internamente hay muchas desigualdades”, es que no permite una toma de consciencia de donde están situadas hoy en día las diferencias y cómo limitan éstas el pleno desarrollo de los chicos y las chicas. Es preciso, por tanto, sacar a la luz pública la existencia de estas diferencias.

Vamos a reflejar a continuación algunas de esas diferencias en tres ámbitos concretos: la familia, la cuadrilla y la pareja.

Las desigualdades en el entorno familiar:

Las desigualdades en las cuadrillas:

Las desigualdades en las parejas:

Todo este conjunto de desigualdades cuando se hacen manifiestas, provocan reacciones diferentes en los chicos y en las chicas, ellas adoptan una actitud más activa porque se dan cuenta lo perjudicadas que resultan, y saben que la manera de evitarlo es provocando cambios. Los chicos, por el contrario, adoptan una actitud más pasiva. Nos encontramos de nuevo al colectivo femenino como agente de cambio y los hombres inmersos en actitudes reticentes. Ahora bien, no todos los chicos manifiestan la misma postura, por lo que es necesario hablar de distintas tipologías:

Jóvenes resistentes al cambio: Muestra recelo a la equiparación entre hombres y mujeres porque no observa beneficios. Critica y ridiculiza a los movimientos feministas.
Cuestiona el propio hecho de la desigualdad.

Jóvenes permeables al cambio:

Jóvenes proclives al cambio: Están convencidos de la necesidad de igualdad porque son conscientes de que muchas de las llamadas “diferencias” entre los chicos y las chicas esconden discriminaciones, que repercuten negativamente sobre todo en ellas pero también en la pérdida de oportunidades para ellos. Son abiertos, flexibles e inquietos, y se manejan en los grupos de chicas con una soltura similar a la que lo hacen con sus compañeros, aprendiendo de unos y otras y tomando aquellos valores de género que les resultan válidos. Son individuos que lanzan discursos rupturistas, introduciendo elementos de reflexión y opiniones que contrastan con los argumentos más extendidos. Son jóvenes que han reflexionado sobre el tema en los entornos más cercanos (familia, amigos/as, escuela...) y que han hecho una apuesta clara por el cambio.