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LAS MASCULINIDADES EN LA NUEVA EUROPA: DE LA HOMOFOBIA A LA ETICA DEL CUIDADO
DE LAS DEMAS PERSONAS |
Los
mecanismos culturales y sociales utilizados para demostrar que se es un
hombre de verdad 2
varían notablemente
en función de la época histórica, la clase social, la etapa evolutiva y la
cultura de referencia –especialmente- por la forma de entender la contraposición
entre lo masculino y lo femenino. Asimismo guarda una relación directa con el
sistema de producción, los valores y las normas que cada cultura considera
deseables.
La
masculinidad patriarcal se define básicamente por tres aspectos: La separación
de los chicos de la madre para evitar la contaminación de comportamientos,
actitudes y valores femeninos; la segregación desde edades tempranas para
diferenciarse de las chicas y la reafirmación de la heterosexualidad por negación
de la homosexualidad (Badinter, 1993).
Desde
un punto de vista antropológico podemos constatar tres aspectos básicos con
relación a la construcción de la masculinidad. El primero de ellos, es que la
mayor parte de las sociedades conocidas generan mecanismos de diferenciación en
función del género. El segundo es el hecho de que la feminidad no se
construye, la masculinidad sí, y además hay que demostrarla. Por último que
existen diferentes concepciones de la masculinidad –distintas de la
patriarcal- por lo que debemos hablar de masculinidades.
Los mecanismos de segregación y de diferenciación –sociales y educativos- son reproducidos por los grupos e instituciones de poder que intentan legitimar las diferencias que se establecen entre hombres y mujeres.
En
cuanto al segundo aspecto, diferentes autoras y autores se han ocupado del tema
(Mead, 1981; Gilmore, 1994; Mathieu, 1996; Lagarde, 1994) demostrando las
diversas formas que adoptan las culturas y los ritos de construcción de un
hombre más allá de los elementos de diferenciación biológica.
Las
características que definen la masculinidad tanto en la vida privada como en la
vida pública varían notablemente de unas culturas a otras e incluso pueden ser
totalmente contrapuestas.
Entre
algunas de las culturas estudiadas se establece una relación directa entre la
biología y la construcción de la masculinidad o la feminidad. Así para los
sambia, quienes tienen una concepción dimórfica de la maduración sexual
quereside en la fisiología, existe un órgano interno denominado tingu que
convierte progresivamente a las niñas en mujeres. El tingu de los chicos
–por el contrario- es débil y necesita semen para crecer (Gilmore, 1994)
1
Director en España del Proyecto Arianne junto con Amparo Tomé. Profesor
Titular de Didáctica y Organización Escolar. Departamento de Didáctica e
Investigación Educativa y del Comportamiento. Centro Superior de Educación.
Campus Central, Avda,Trinidad s/nº, 38204 La Laguna Universidad de La Laguna,
Islas Canarias España. fbarraga@ull.es
2
Preferimos utilizar el término “un hombre de verdad” porque el concepto de
masculinidad es reciente al igual que sucede con el concepto de género y ambos
suponen disponer de un sistema teórico explicativo de las diferencias entre
hombres y mujeres. En consecuencia no se pueden extrapolar conceptos a épocas
históricas en las que no eran empleados para el análisis de la realidad.
“Entre los gimi de Nueva Guinea, donde se puede decir que la fisiología es una parte creada, el estado ideal de masculinidad total, alcanzado gracias a los ritos, se hace a partir de la unión de los opuestos sexuales, pero bajo una forma masculina (Gillison, 1980). Esta apropiación por los hombres de los poderes biológicos femeninos alcanza a las propias substancias femeninas: para los gimi, la sangre menstrual es el esperma del hombre “muerto” y transformado; para los baruya (Godelier, 1982), la leche de las mujeres nace del esperma de los hombres” (Mathieu, 1996, 667).
La
caracterización de la masculinidad puede realizarse por la expresión de la
sexualidad o la autosuficiencia económica en las culturas mediterráneas, por
ritos en los que es necesario soportar el dolor físico como es el caso de Papua
Nueva Guinea (Gilmore, 1994) o por la competitividad, la búsqueda de
experiencias de riesgo, el consumo de tabaco y alcohol (Harris, 1995) -entre
otras muchas posibles- en la denominada de forma excesivamente homogénea
cultura occidental. Resulta pues difícil poder establecer un conjunto de
invariantes que caractericen la construcción de la masculinidad de forma
universal, en especial si consideramos la diversidad de variables y los valores
asociados a ellas.
Una
primera afirmación que podemos hacer es que la masculinidad es un fenómeno
cultural frente al hecho de ser un hombre entendido en términos biológicos,
lo cual nos obliga a plantear la distinción entre el sexo y el género.
El
género como construcción cultural implica tomar en consideración tres
estructuras básicas: Trabajo, poder y catexis (Connell, 1987) y los grados de
fuerza, alcance y jerarquía. A diferencia del autor mencionado que incluye la
sexualidad en el concepto de catexis, sostendremos que es la sexualidad la que
explica al género y no a la inversa.
Plantear
la diferenciación en función del género requiere también establecer una
relación entre sexualidad y género
3 para
explicar como los procesos de socialización primaria y secundaria generan
mecanismos de construcción conceptuales, sistemas explicativos de lo que debe
entenderse –al menos de forma ideal- por la masculinidad y la feminidad.
MaCkinnon
(1982) “... funde por completo las dos categorías al sostener que el género
se halla conformado por la sexualidad, mientras que la sexualidad se encuentra
amplia, si no totalmente, determinada por el género. Pero “es la sexualidad
la que determina el género y no a la inversa” (Osborne, 1991, 139).
En
consecuencia, una cuestión crucial es que si existen diferentes masculinidades,
¿cómo se establecen las relaciones entre ellas?, y ¿cómo se transmiten o
tratan de perpetuarse en el curriculum de las instituciones educativas?.
“Los
hombres, señala Marcela Lagarde (1994, 415-416), ejercen poderes de dominio
sobre otros hombres por la competencia entre ellos para ser superiores,
exitosos, y porque cada uno lucha por acaparar poderío para sí mismo” (...)
Pero, los hombres tienen sobre todo, la legitimidad para dominar a sus
enemigos”.
3
Esta relación como ha señalado Thuren (1993) ha sido excluida por las Ciencias
Sociales como ha sido denunciado desde el feminismo (Ver Barragán, Pérez y Jiménez,
1996).
Para
establecer un sistema de relaciones entre las masculinidades –desde una
perspectiva de género- Connell (1995) plantea la existencia de cuatro conceptos
básicos: Hegemonía, subordinación, complicidad y marginación.
“El
concepto de “hegemonía”, derivada del análisis de las relaciones de clases
de Gramci, se refiere a la dinámica cultural por la cual un grupo reclama y
sustenta una posición de liderazgo en la vida social. En cualquier época dada,
una forma de masculinidad es exaltada culturalmente más que otras. La
masculinidad hegemónica puede definirse como la configuración de la práctica
de género que envuelve la respuesta comúnmente aceptada al problema de la
legitimidad del patriarcado, que garantiza la posición dominante de los hombres
y la subordinación de las mujeres” (Connell, 1995, 77).
Sin
embargo, cuando plantea la existencia de los hombres gays como una cultura
subordinada a la de los heterosexuales realiza una simplificación común que
consiste en identificar masculinidad con preferencia sexual 4
.
Por
nuestra parte, preferimos hablar de las culturas de la opresión –una de ellas
es la concepción patriarcal de la masculinidad- frente a prácticas culturales
en permanente conflicto con las anteriores. En último extremo preferiríamos
hablar de culturas de la resistencia puesto que los colectivos de hombres
que no se identifican con la cultura hegemónica generan mecanismos sociales
para la supervivencia que mantienen a pesar de la presión social circundante.
En
cuanto a la segunda pregunta que nos planteamos referida a los mecanismos de
construcción de las masculinidades a través del curriculum hemos de señalar
la importancia del curriculum prescrito y el curriculum oculto y la función que
cumplen –como moldeadores- los libros de texto y materiales curriculares así
como la reproducción de las ideologías hegemónicas.
En
este sentido, en la construcción de nuestra explicación del mundo social
tienen una gran relevancia los sistemas de representación, los valores y las
normas como guías para nuestro comportamiento en cada situación de la vida
cotidiana.
Por
ejemplo, si un niño muestra sensibilidad o expresa sus sentimientos de forma pública,
la presión de los iguales, la familia o la escuela puede provocar varias
reacciones: la subordinación al modelo “hegemónico”, la complicidad o la
marginación. Estos mecanismos suponen una traición a sí mismos –como forma
de supervivencia- o la gestación de una cultura de la liberación que se
construye en la interacción con los otros. ¿De qué otra forma podemos
explicar si no que algunos hombres –desde pequeños- odiaran el fútbol,
expresaran sus sentimientos, se manifestaran sensibles, no compartieran la
resolución violenta de los conflictos y hayan sobrevivido?.
No
existen –en este sentido- estudios profundos sobre los “errores en la
socialización” tanto en la familia como en la escuela. Sabemos que ocurren
pero no porqué. El androcentrismo dominante en las ciencias sociales puede
explicar el escaso interés suscitado por la investigación en este campo
fundamental que pondría en cuestión
los mecanismos de construcción de las concepciones patriarcales. En
determinadas épocas históricas en las que la represión institucional y de los
grupos de poder está muy estructurada algunos colectivos de hombres oprimidos
por la masculinidad hegemónica no han tenido más remedio que adoptar “formas
de comportamiento socialmente aceptables” y –sobre todo- soportables para el
patriarcado, pero han construido culturas no patriarcales que finalmente pueden
llegar a ser aceptadas; de la misma forma que no se aceptan las formas
patriarcales. Así, se han generado históricamente crisis y confrontaciones
entre las distintas concepciones de la masculinidad que en la actualidad –en
lo que se refiere a la población adolescente- se traduce en problemas
afectivos, incremento de la violencia, absentismo y fracaso escolar, problemas
de relación de amistad con otros chicos o ausencia de estrategias para
plantearse un cambio.
4
En este sentido es muy interesante la aportación realizada por Money (1982) con
su concepto de identidad
de género
que incluye aspiraciones, preferencias personales, comportamientos y preferencia
sexual.
El
proyecto Arianne 5
: Innovación, género
y masculinidades Tres variables básicas pueden explicar las crisis de las
masculinidades: la primera, el surgimiento y desarrollo de los feminismos que al
cuestionar las relaciones de poder entre géneros, cuestionan el papel de los
hombres. La aparición –desde la década de los setenta de los denominados men´s
studies y las culturas de la resistencia, generada por hombres que no han sido
socializados con éxito, es decir, que no han aceptado los papeles,
comportamientos, deseos, aspiraciones asignadas al género masculino. Pero
mientras las mujeres se han replanteado su estatuto en las sociedades contemporáneas,
los hombres lo han hecho en menor grado. Por ello el problema básico que nos
interesaba abordar era cómo promover concepciones liberadoras de masculinidad
entre la población adolescente.
El
Proyecto Arianne se ha desarrollado en dos fases: una etnográfica y otra de
investigación-acción. Durante el curso 1996-1997 se realizaron un conjunto de
estudios etnográficos sobre las identidades y las representaciones sociales de
género en la población adolescente de los distintos países participantes.
La
segunda fase ha implicado el diseño, desarrollo y evaluación de un amplio
programa de intervención educativa siguiendo el ciclo característico de la
investigación-acción entendida desde la perspectiva crítica emancipadora (McKernan,
1996), la cual contribuye –fundamentalmente- a resolver la disociación entre
la investigación y el desarrollo de la práctica educativa.
Como
innovación educativa se centra en la elaboración de estrategias de intervención
educativas en los centros de educación secundaria centradas en la masculinidad
ante la inexistencia de iniciativas europeas globales.
5
Diseñado inicialmente
por el Departamento de Educación de la Universidad de Cambridge (Reino Unido),
el ICE de la Universidad Autónoma de Barcelona (España) y el IRSAE de
Lombardia (Milán, Italia), posteriormente se suman el Departamento de Didáctica
e Investigación Educativa y del Comportamiento de la Universidad de La Laguna
(España), el Departamento de Psicología de la Universidad Aristóteles de Salónica
(Grecia), el Departamento de Psicología de la Universidad de París (Francia),
la Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad de
Oporto (Portugal), Aalborg Kommune (Dinamarca) y la Municipalidad de Hamburgo
(Alemania).
“Las
escuelas, señala Connell (1998, 52), están promoviendo “programas para niños”
con independencia de que los investigadores y los responsables políticos les
proporcionen o no orientaciones al respecto. Por desgracia, algunas operaciones
de este tipo no están informadas por unos conocimientos depurados sobre la
masculinidad ni por una reflexión minuciosa sobre la misma. Por desgracia también,
los investigadores no han hecho mucho para ayudar a las escuelas”. Por eso,
insistiremos en el hecho de combinar la investigación etnográfica con el
desarrollo de estrategias en las escuelas.
Los
objetivos del Proyecto Arianne Identificar estrategias educativas eficaces que
amplíen las representaciones sociales en las que se sustentan las
masculinidades en cada uno de los países participantes.
Desarrollar
las habilidades necesarias para que las escuelas de educación secundaria
investiguen sobre la masculinidad como un tema de género, identifiquen las
ansiedades relacionadas con la masculinidad y evalúen el papel de la escuela
con relación a los distintos comportamientos de los chicos y las chicas a la
hora de promover conceptos específicos de masculinidad.
Desarrollar
la colaboración y las redes de intercambio entre los países europeos y una
serie de estrategias efectivas que permitan a las escuelas trabajar temas
asociados a la masculinidad en la escolarización actual.
Favorecer
la colaboración compartiendo recursos, metodologías de investigación y
estrategias de intervención entre los equipos de los centros escolares y los de
investigación que estudian la amplia muestra de escuela piloto de los países
europeos que colaboran directamente en el proyecto.
Algunos
resultados sobre la expresión de la masculinidad Se seleccionaron cuatro
grandes ámbitos de investigación: académico, doméstico, expresión de la
masculinidad y relaciones entre géneros que constituyeron la guía para la
investigación etnográfica y el diseño de programas educativos.
Por
su interés, expondremos algunos de los resultados comparativos 6
obtenidos en los países participantes en el ámbito de la expresión de
la masculinidad.
6
En dos datos obtenidos en España, hemos diferenciado los de la península y
Canarias (en letra cursiva). La cultura canaria representa un conjunto de
características que la hacen diferente del resto del Estado Español..
ALEMANIA
(9
a13 años)
Los
rasgos positivos de ser un chico son: tener muchos amigos, divertirse con
el amor, valientes, avalentonado, ser fríos, tener sentido del humor.
Les
gusta la confrontación con el profesorado.
Odian
el escándalo, el profesorado agresivo, el trato desagradable y la enseñanza
pobre.
DINAMARCA
(9
a 13 años)
Describen
ser un chico como la ausencia de características femeninas.
Tienen
más problemas con el hecho de ser un chico a medida que son más jóvenes.
A mayor edad consideran más
positivos los aspectos de ser un “macho”.
Los
rasgos que definen una masculinidad positiva son la fuerza, mayores
oportunidades laborales y la amistad.
Un
hombre de verdad se caracteriza por la dureza, ausencia de emotividad,
egoísmo, voluntad fuerza, alcohol, no estar comprometido políticamente y
nunca estar satisfechos.
Las
clases segregadas por género promueven la homosexualidad. Por eso son
mejores las clases mixtas.
ESPAÑA
(14
a18 años)
Las
amenazas físicas son masculinas mientras
que las amenazas simbólicas son femeninas. Un análisis lás profundo muestra que la distinción física-simbólica
no es de género sino de clase social.
Estrategias
para alcanzar la popularidad: la cultura de la vida de la calle, el fútbol
y los juegos de ordenador.
Diferencias
entre los líderes (Actitudes machistas) y los que los rechazan (Actitudes más
femeninas)
Los
chicos son más honestos, sinceros y bromistas. Creen ser malentendidos por
las chicas a las que creen más complicadas porque no entienden que las
agresiones verbales son solamente bromas.
El
mejor amigo puede ser una chica pero las novias tienen que ser bellas.
El
modelo de éxito predominante es el masculino tanto para los chicos
como para las chicas.
Desde
una concepción tradicional el éxito masculino y femenino se manifiesta a
través de la heterosexualidad, mantener económicamente a la familia y
protegerla. Debe ser público.
Para
las chicas lo importante es conseguir lo que te propones en la vida y estar
a gusto consigo mismas. No tiene por qué ser público.
Sus
modelos de personas de éxito son cantantes, deportistas, modelos, príncipes
y princesas predominantemente.
Un
grupo de chicos y chicas desde la perspectiva de la transformación
defienden que el éxito es lograr lo que te propones en la vida.
Aunque
, en general se admite que los chicos son más violentos. Las chicas
que comparten la ideología feminista de la igualdad defienden que ellas
pueden ser tan violentas como ellos y así lo demuestran en su
comportamiento
cotidiano.
La
homofobia es compartida por chicos y chicas, reforzada por ambos géneros.
Un grupo importante considera que hay que romper con las fronteras del género.
Los
chicos manifiestan un conflicto entre las cosas que no les gusta hacer y
no poder hacer las cosas que les gusta
Presión
de los iguales para evitar las drogas peligrosas y el alcohol
Los
chicos piensan que solamente la violencia sexual y física lo son frente
a la verbal que no es violencia
FRANCIA
(14 a 17 años)
Los
chicos tienden a considerarse a sí mismos como fuertemente masculinos y
casi nada femeninos. Sin embargo –a diferencia de las chicas- no
emplean las “descripciones típicas de macho” para definirse a sí
mismos.
No
se consideran más competitivos que las chicas aunque de hecho se
comportan de forma competitiva cuando se les evalúa en el desarrollo de
tareas en las que compiten con otros chicos.
ITALIA
(14
a 17 años)
Identificación
con los deportes (fútbol) y la música fuera de la escuela
Existe
una relación entre el dinero y la masculinidad aunque en la
actualidad existe la misma disponibilidad en las parejas (heterosexuales)
Algunos
chicos prefieren tener muchos amigos y ser populares incluso aunque no todos
sean buenos amigos
Los
chicos son culpados de no ser honestos
La
violencia masculina solamente física es mejor vista que la violencia
femenina verbal.
GRECIA
(15
a 17 años)
El
varón debe controlar las emociones, evitar el peligro de las drogas
y el alcohol.
Los
problemas de los chicos son el divorcio de los padres y madres, las malas
amistades, las drogas y el desempleo.
Se
sienten presionados por el medio para ser buenos en la escuela.
Los
chicos aprenden lo que deben evitar, no lo que hacer.
El
rasgo positivo de un varón: la libertad, no se acostumbra a las
normas. Las chicas reclaman libertad. Están sometidas a más normas.
Expresan
la idea romántica de que los chicos tienen miedo a ser rechazados cuando
son las chicas las que eligen pareja.
Homofobia
No
mencionan la parte emocional de las relaciones
Chicos
y chicas establecen una conexión entre agresión y masculinidad. La agresión
es contrapuesta al romanticismo. Las chicas se sitúan como las víctimas.
PORTUGAL
(14 a 18 años)
Imagen
positiva de sí mismos: Los chicos se describen como valientes, fuertes,
“haciendo siempre lo superior”, emplean los insultos sexistas por
diversión, pero protegen a las chicas.
Los
chicos controlan la masculinidad de los otros chicos: Un chico muy
obediente y trabajador en la escuela es “femenino”
Están
preocupados por las drogas y la violencia
Tienen
una imagen negativa de los hombres adultos: Ellos quieren ser diferentes
pero no saben cómo.
Los
chicos son conscientes de los cambios sociales y se sienten inseguros entre
los ideales y el comportamiento. Hablan sobre los sentimientos y el amor:
miedo a ser traicionados...
Está
cambiando también la imagen del cuerpo: se preocupan por una presencia
moderna
La
homosexualidad se acepta en los demás.
REINO
UNIDO (12
a 16 años)
Los
deportes y los aspectos físicos, así como no ser como una chica son
las características más sobresalientes de los hombres.
Control
emocional
El
profesorado prefiere a las chicas y las protege más
El
placer de la aventura
Nociones
muy fuertes de amistad, compartir y lealtad (La amistad se basa en compartir
los ordenadores)
Muy
fieles a las madres
Utilizan
insultos sexistas y racistas aunque
no los ven mal. Los insultos al cuerpo están aumentando
Los
chicos están preocupados por la imagen del cuerpo. Las estrategias para
preservar la presentación de sí mismos: silencio, no mostrar
vulnerabilidad. La exposición es una amenaza..
Existen cinco aspectos básicos comunes a los países europeos que nos parece importante resaltar: la masculinidad se define por oposición a la feminidad; la ocultación de los sentimientos, las relaciones –no siempre identificación- entre violencia y masculinidad, la homofobia y la contradicción entre lo que se debe ser y lo que les gustaría ser.
La
masculinidad se define por oposición a la feminidad
En
consonancia con la definición patriarcal de la masculinidad, se contraponen
claramente -en la mayoría de la población adolescente europea- las dimensiones
que diferencian la masculinidad de la feminidad. En algunos de los casos se
reproducen estereotipos de género que se justifican biológicamente.
Confrontar
masculinidad y feminidad supone no aceptar los valores femeninos. Así,
encontramos ejemplos claros de los aspectos que definen explícitamente la
masculinidad: la ausencia de características femeninas, fuerza, dureza, ser
fuertemente masculinos y casi nada femeninos, posesión de dinero, controlar las
emociones, la utilización de la violencia.
La
ocultación y dificultades para expresar los sentimientos
Una
de las principales dificultades que experimentan los adolescentes varones es su
incapacidad para expresar los sentimientos sin que –en una primera aproximación
este aspecto represente un problema para ellos. De forma implícita, la
afectividad y su expresión está asociada a debilidad y, por tanto, a la
feminidad. Los chicos no tienen conciencia –en general- de experimentar
dificultades con la invisibilidad de sus sentimientos.
Violencia
y masculinidad
No
podemos afirmar que la violencia se identifique con la masculinidad pero sí que
se establece una relación clara entre ambos indicadores. La ausencia de
conciencia de que la violencia verbal constituye una forma de agresión contra
las demás personas y el incremento de la misma constituye un tema de preocupación
educativa importante, así como el hecho de que la consideren una “forma
natural y divertida de relación interpersonal”. En el caso de Canarias,
algunas chicas reivindican la expresión de la violencia como un rasgo
indiscutible de igualdad con los chicos.
Homofobia
La
homofobia aparece tanto entre chicos como entre chicas. Una de las consecuencias
más importantes de la homofobia es la ausencia, en general, de relaciones de
amistad íntimas entre hombres así como las dificultades que éstos
experimentan para manifestar afectividad en su grupo de iguales. Asimismo, la
homofobia genera mecanismos que niegan la expresión de los sentimientos entre
hombres y constituye uno de los principales obstáculos para el cambio de las
concepciones patriarcales de la masculinidad..
El
conflicto entre lo que son y lo que les gustaría ser.
Existe una coincidencia interesante entre Portugal, Grecia, y España (Canarias) explicitando como viven la presión social de la masculinidad patriarcal y su deseo de aprender a comportarse de otra manera así como la idea de no saber qué hacer para cambiar (especialmente en Canarias y Portugal). Tener conciencia de un conflicto es el primer paso para resolverlo. Su potencial transformador es sobresaliente. Asimismo es de interés resaltar el rechazo por los modelos de hombres adultos. La presión de los cambios producidos por los feminismos aparece expresada muy claramente en el caso de los chicos portugueses y canarios.
Algunos dilemas para la reflexión crítica
No
es posible describir aquí –por su extensión- toda la intervención educativa
desarrollada en los ocho países de Europa 7,
ni siquiera todo el trabajo desarrollado en las Islas Canarias. En su lugar y
por su interés vamos a resaltar algunos de los aspectos que –desde nuestro
punto de vista- pueden representar un mayor potencial para generar algunas
orientaciones en el diseño de programas sobre masculinidad.
La
construcción del curriculum y la investigación acción
Implicar
a las instituciones educativas y al profesorado en la construcción del
curriculum sobre masculinidades requería una aproximación que ha sido posible
desde los presupuestos de la investigación-acción. Como señala Stenhouse
(1987, 172) “Los profesores (y las profesoras) 8
han de ser
instruidos para que desarrollen su arte, no para que lo dominen, porque la
reivindicación del dominio representa simplemente el abandono de una aspiración”.
La
investigación-acción genera unos procesos de reflexión colectiva a partir de
un problema planteado como las masculinidades y el desarrollo de acciones
conjuntas –como en este caso- entre el profesorado de un centro y el equipo de
investigación externo al mismo. Se presentaba como la alternativa idónea para
que los centros educativos se comprometieran en el trabajo, en el desarrollo de
estrategias educativas centradas en la masculinidad como un tema de género.
Tres son los dilemas básicos que se plantean en la investigación-acción (Elliot, 1990): quién debe definir el problema central de la investigación, quién determina los objetivos pedagógicos y cómo conjugar los procesos y los productos. Para ello, se generaron procesos permanentes de negociación entre el profesorado y el equipo de investigación externo al centro siguiendo las etapas señaladas por Hutchins (1992): Fase de entrada, Identificación de necesidades y Plan de acción del centro, Fase de desarrollo y mejora e Institucionalización. Las dos primeras fases han sido fundamentales para regular el desarrollo del proyecto e implicar al profesorado que comparte la filosofía del proyecto.
7
Remitimos a la bibliografía en la que hemos incluido las publicaciones
realizadas hasta el momento del Proyecto Arianne.
8 La cursiva añadida es nuestra..
Asimismo
el carácter emancipador de la investigación-acción –otro de los ejes básicos-
significa en palabras de Carr, (1989) como recoge McKernan (1999, 53) que
“Parte de la investigación-acción trata de liberar a los que sufren prácticas
represivas e injustas. Intenta liberar a los participantes y darles mayor
autonomía por medio de la reflexión colectiva. Una meta central es dar poder
al grupo de investigación por medio de su asunción de responsabilidad para la
toma de decisiones”. En este sentido, las discusiones iniciales revelaron la
existencia de situaciones problemáticas, discriminatorias en función del género
y la necesidad de diseñar un plan de acción para la práctica educativa.
El
curriculum en la acción construido desde la perspectiva de la investigación-acción
nos ha permitido abordar en educación secundaria los temas recogidos en la
figura siguiente.
ÁMBITO ACADÉMICO
ASIGNATURAS
Y GÉNERO. MOTIVACIÓN Y TRANSICIÓN ESCUELA-TRABAJO
VIDA DOMÉSTICA Y ÉTICA DEL CUIDADO DE LAS DEMÁS PERSONAS
LA
DIVERSIDAD DE LA FAMILIA: PODER, TRABAJO Y SENTIMIENTOS
EXPRESIÓN DE LA EXPERIENCIA MASCULINA
LA
AGRESIÓN Y SUS CONSECUENCIAS SOCIALES.
PREFERENCIA
SEXUAL, IDENTIDAD DE GÉNERO Y HOMOFOBIA
LA
EXPRESIÓN PÚBLICA Y PRIVADA DE LA MASCULINIDAD
RELACIONES ENTRE GÉNEROS
RELACIONES
INTERGÉNEROS: SEDUCCIÓN Y SEXUALIDAD
ESTATUS
Y VALORACIÓN DE LA MUJER EN LA SOCIEDAD ACTUAL. LOS PROCESOS DE
DISCRIMINACIÓN Y LA MUJER
Partiendo de la propuesta inicial del equipo de externo de investigación de trabajar sobre “Masculinidades”, se realizó un debate con el profesorado y una consulta con el alumnado. El profesorado manifestó un interés especial en abordar la agresión y la diversidad de la familia. Sus preocupaciones se centraban asimismo en el alto índice de fracaso escolar entre los chicos y la falta de motivación. Los temas así determinados fueron sometidos al ciclo de diseño, desarrollo, evaluación y mejora a lo largo de dos cursos académicos completos.
El
conflicto como dimensión curricular explícita
La
intervención educativa contribuye a tomar conciencia del conflicto personal
entre lo que debemos hacer como hombres y lo que nos gustaría ser como hombres
generando en algunos casos mecanismos de ruptura de la presión de los iguales
así como una toma de conciencia de cómo el curriculum elimina el conflicto no
sólo en los contenidos curriculares sino también en las dinámicas de
aprendizaje que se generan en las escuelas..Uno de los objetivos básicos de
nuestra intervención educativa ha sido incorporar el conflicto como dimensión
curricular explícita tanto en los contenidos como en la expresión de las
ideologías del alumnado sobre las masculinidades.
“El
conflicto implica una confrontación de intereses individuales o sociales cuyo
carácter puede ser personal, económico, político. La confrontación significa
que existen varias perspectivas posibles ante un fenómeno social pero
que son excluyentes. Los conflictos están presentes en las relaciones
interpersonales, entre grupos e instituciones como la familia, el Estado y otras
organizaciones sociales” (Barragán, De la Cruz, Doblas, et al, 2001, 20).
Las
representaciones sociales que elaboramos las personas expresan las perspectivas
posibles para explicar el mundo social. Las ideologías constituyen una de las
formas de exteriorizar nuestra concepción de las masculinidades.
“La
función de la ideología en la sociedad humana –señala Torres (1991,
17)- se concentra principalmente en la constitución y modelado de formas bajo
las cuales las personas viven y construyen significativamente su realidad, sus
sueños, deseos y aspiraciones”.
Por
su parte, la Sociología ha definido las ideologías 9
como “un conjunto,
débilmente sistematizado, de principios organizadores de nuestra “visión del
mundo”. Estos principios son meros puntos de referencia, más o menos borrosos
y a veces contradictorios, a partir de los cuales el sujeto construye
activamente el sentido de las realidades con las que se encuentra” (Ibáñez,
1996, 316).
En
consecuencia, las ideologías expresan no solo nuestra concepción del mundo
–y en este caso de las relaciones entre los géneros- sino que establecen los
límites entre “lo que es posible e imposible” (Therborn, 1987, citado en
Torres, 1991, 17).
Nuestra
investigación ha puesto de manifiesto la existencia de tres ideologías básicas:
patriarcal, feminista liberal o ideología de la igualdad de oportunidades y la
ideología de la transformación.
La
primera representa la reproducción fiel de los principios teóricos que definen
el patriarcado: la defensa de la división de roles de género entre hombres y
mujeres, la expresión de la violencia y la valoración superior de lo masculino
frente al femenino. La segunda, la ideología feminista liberal es el resultado
de los programas de igualdad de oportunidades que ha supuesto la extensión del
modelo masculino para toda la sociedad y que los chicos se ven forzados a
aceptar. Por último, la ideología de la transformación, que es la más
interesante desde el punto de vista educativo, propugna una ruptura de los
valores asociados a las concepciones patriarcales
y la construcción de un modelo de hombre al margen de los estereotipos de género.
9
Las características básicas que definen una ideología son tres: “En primer
lugar, podremos constatar que ninguna ideología constituye un “sistema”, en
el sentido fuerte del término, que ninguna ideología está libre de
contradicciones internas, y que ninguna ideología permite realizar
interpretaciones unívocas del mundo (Billig y cols., 1988)” (Ibáñez Gracia,
1996, 314)
“En
segundo lugar, el carácter difuso de la ideología en tanto que dispositivo
interpretativo se ve aún más acentuado, si cabe, por el hecho de que todo
individuo se encuentra confrontado en su vida cotidiana con una pluralidad de
ideologías en lugar de una sola (Billig, 1991). Son "intertextuales”
porque adquieren significado a partir de la referencia hecha a otras ideologías.
(Ibáñez Gracia, 1996, 315).
Por
último, y en tercer lugar, “El sujeto tiene plena conciencia de que existen
conjuntos de argumentos contrapuestos para cada cuestión que se presente a
debate” (Ibáñez Gracia, 1996, 315).
Defiende
la libertad para la elección de preferencias, aspiraciones o expresiones
comportamentales de todo tipo independientemente de que sean clasificadas como
masculinas o femeninas.
La
metodología constructivista plantea la necesidad de confrontación entre estas
ideologías y en consecuencia hacer explícito el conflicto puesto que son
excluyentes.
La
clave fundamental para el cambio educativo ha sido plantarnos no tanto la
existencia de diferentes ideologías o concepciones de la masculinidad sino
cuales son las dinámicas de poder que rigen entre ellas porque aquí reside el
potencial de cambio y el reto de comprobar si la intervención educativa puede
favorecer ese cambio. La confrontación entre estas perspectivas permite
entender el conflicto ante el cual, la primera respuesta es la agresividad.
Posteriormente puede plantearse la violencia si el conflicto no ha sido
resuelto. Una de las formas más sutiles de violencia psicológica –y que el
adolescente considera un juego o una broma- se expresa a través del lenguaje
– una primera fórmula de legitimación incipiente -de la ideología hegemónica-
a través de objetivaciones lingüísticas de la experiencia humana (Torres,
1991)
El
lenguaje sexista o discriminatorio constituye una de las expresiones más
cotidianas de violencia psicológica que se emplea para menospreciar,
infravalorar o menoscabar la integridad de personas o colectivos. De la expresión
cotidiana “Tú no eres hombre” (Tu no tienes cojones, en su versión más
reduccionista y vulgar) al análisis de su significado en el grupo de iguales y
la elaboración de alternativas, hay todo un proceso de trabajo educativo.
Escribe todas las palabras que conoces para referirnos a la homosexualidad
Palabras que usamos habitualmente
Fla-fla, maricón, trucha, gay, maricona, bujarrón, bruja, travestí, pájaro, mariposa, mariposón, palometa, pájaro cojo, crispín, sin gas, sin cafeína, modosito, cóndor y todo tipo de aves, halcón milenario, aguililla, veneno, morcillón, sin aceite, leona, raro, chapero, chupa pollas, termita, culitrichi, trochón, niña, putilla, cuerva, sarasa, carapene, galápago, putón, culero, julay, travestí, pajareta, sopla gaitas, chupa yerro, asalta culos, calienta cucas, chupa flas, come pingas, drag queen, light, gallinita ciega, achinado, cerradura. (Chicos)
Maricones,
gay, mariposón, trucha, de la acera de enfrente, sin aceite, palomo, bujarrón,
sin gas, power finger, buje, canta más que las lapas, sarasa, sasa, vasioleta.
(Chicas)
Escribe
todas las palabras que conoces para referirnos al lesbianismo
Palabras
que usamos habitualmente
Tortillera,
camionera, bollera, legionaria, lesbiana, puta extraviada, sin gas, paloma,
furcia, zorra, guarra, perra, puta, despistada, calienta coños, pendón, boca
chocho, come clítoris, light, minera, camella, fos, transitoria, dedo rápido,
power finger, truchona, lengüeta, descafeinado, asquerosas, penco, falta pingas.
(Chicos)
Bollera,
tortilla, lesbiana, camionera, minera, light, sin gas, sin aceite, vuelta y
vuelta , langer. (Chicas)
Alternativas
para el uso de esas palabras
Gay,
homosexual, maricón, por su nombre, nombre propio, palomo. (Chicos)
Gay.
(Chicas)
Alternativas
para el uso de esas palabras
Lesbiana,
homosexuala, homosexual, por su nombre, nombre propio, bollera. (Chicos)
Lesbiana.
(Chicas).
La comparación entre el trabajo de los grupos segregados (desarrollado en el tema Homofobia, Identidad de Género y Preferencia Sexual) permite comprobar que son mayoritariamente los chicos lo que conocen y emplean un mayor número de términos despectivos para utilizar contra los hombres.
Por
otra parte, el conflicto nos hace conscientes del valor de nuestras perspectivas
explicativas percibidas como diferentes a las demás y liberadoras de los rígidos
conceptos de género entendidos desde la lógica patriarcal. La educación para
la emergencia de nuevas masculinidades debe presentar como valiosas estas
ideologías que entran en conflicto con las anteriores.
El conflicto se convierte así en un mecanismo básico para la construcción de conocimiento (como ha puesto de manifiesto la metodología basada en el cambio conceptual) al poner en evidencia que nuestros sistemas explicativos de la realidad son incompatibles y, por tanto, excluyentes.
La
segregación pedagógica 10
como estrategia de
emancipación masculina
Se
han desarrollado una serie de investigaciones que ponen de manifiesto que los
“espacios segregados” como estrategia organizativa ofrece ventajas para las
chicas.
Como
nos indica Noddings (1992), generan una mayor satisfacción y aspiraciones
educativas superiores (Lee y Marks, 1988), un sentido más fuerte de comunidad y
actitudes más convenientes hacia la vida intelectual y social (Gilroy, 1989;
Jiménez y Lockheed, 1988; Lee y Bryk, 1986).
La
segregación como práctica pedagógica puede utilizarse para emancipar o para
oprimir, sin embargo Krusse (1992, 21) señala que “... el principal objetivo
pedagógico para la organización de entornos divididos por sexo es triple:
fomentar la autoestima y la identidad sexual, reconociendo y prestando atención
a la alumna o el alumno individual; desafiar ampliando el espectro de las
cualificaciones –tanto personal como profesionalmente-; y aumentar la
conciencia política sobre los temas antisexistas para intentar modificar los
modelos sexuales socialmente elaborados”.
En
nuestro caso queríamos comprobar si las estrategias organizativas segregadas
podían representar alguna ventaja tanto para las chicas como para los chicos.
Los
resultados de la evaluación demuestran que aunque no exista una preferencia
mayoritaria en defensa de la segregación pedagógica, se ponen de manifiesto
las ventajas de trabajar temporalmente en entornos pedagógicos segregados en
algunos de los temas en los que se hacen más visibles las relaciones de poder
entre los géneros o aquellos en los que está más polarizados –desde la
perspectiva de los estereotipos de género- algunos de los conceptos como la
expresión de la violencia o la expresión de sentimientos. Recordemos como a
algunos alumnos de países de la Unión Europea les preocupa mantener las
apariencias. En consecuencia, la ocultación que hacen las escuelas de los
conflictos de género contribuyen a perpetuar la ideología patriarcal como
cultura de la opresión de
las Islas Canarias en el que quisimos experimentar las diferencias con los
grupos no segregados.
10
La segregación pedagógica no formaba parte de los presupuestos del Proyecto
Arianne excepto en el caso
La
segregación pedagógica no puede ser entendida como una alternativa a los
problemas de género y masculinidad en las escuelas pero sí como una estrategia
de agrupamiento flexible cuyo uso temporal ayuda a comprendernos mejor como
personas. La valoración que hace el alumnado de la segregación está
directamente relacionada con los temas abordados ayudando a que se conozcan
mejor y aceptarse más a sí mismos.
En
el trabajo realizado con el tema de Homofobia, Identidad de Género y
Preferencia Sexual, cuando se les explicó –al inicio del programa- que
trabajaríamos con grupos mixtos y grupos segregados, “Las chicas preguntaron
el por qué de la segregación, y no se mostraron muy de acuerdo con dicha
separación, ya que eran un grupo muy pequeño, y además consideraban muy
positivo trabajar con los chicos con quienes se llevaban muy bien, aunque habían
chicas que se encontraban más a gusto trabajando por separado de los chicos”
(Notas de campo del Profesorado).
“Los
chicos se mostraron, al igual que las chicas, en desacuerdo por la división del
grupo, ya que se sentían muy unidos a las chicas, y les encantaba trabajar con
ellas, según me decían. Aunque había un pequeño sector de chicos que
apoyaban la segregación, alegando que sin las chicas podían trabajar mejor
y hablar más claro” (Notas de campo del profesorado).
En
el tema de la Expresión Pública y Privada de la Masculinidad: “Creían
que era mejor trabajar en grupo porque las chicas pensaban que tenían la
oportunidad de decirles a la cara lo que pensaban de ellos con referencia
al tema, mientras que la mayoría de los chicos hubieran preferido trabajar por
separado argumentando que las chicas les coartaban a la hora de expresar sus
ideas”(Notas de campo del profesorado).
Finalmente, en la evaluación realizada por el alumnado del programa de intervención se produce una valoración positiva de la segregación solamente en algunos de los temas abordados porque contribuyen a que los chicos se conozcan mejor entre sí, les ayuda a tomar conciencia de cómo pueden cambiar y en qué dirección deben hacerlo.
De
la homofobia a la ética del cuidado de las demás personas
“La
homofobia –señala Badinter (1993,146)-, refuerza en muchos hombres su frágil
heterosexualidad. Es pues un mecanismo de defensa psíquica, una estrategia
destinada a evitar el reconocimiento de una parte inaceptable de sí mismos.
Dirigir la agresividad contra los homosexuales es una manera de exteriorizar el
conflicto y hacerlo soportable”.
La
homofobia constituye uno de los mecanismos básicos para perpetuar la ideología
patriarcal de la masculinidad. Se basa en la suposición de la preferencia
homosexual de otra persona sin que –en la mayoría de los casos- podamos
saberlo o comprobarlo. Inicialmente el mecanismo que genera la homofobia es el
reconocimiento en uno mismo de ciertos comportamientos o características
consideradas culturalmente como femeninas o masculinas (en el caso de la
homofobia hacia mujeres lesbianas) y que se fundamentan en una concepción.androcéntrica
de las personas, hombres y mujeres. Los comportamientos o características
femeninas nos equiparan a las mujeres y por tanto a la heterosexualidad (visión
heterocéntrica de la sexualidad humana). En consecuencia, de los
comportamientos podría derivarse una preferencia sexual 11 determinada.
La concepción confunde preferencia sexual con los roles de género.
Nuestros
resultados de investigación (Barragán et al, 1998) confirman que los
indicadores o aspectos para preservar la masculinidad no son inicialmente la
preferencia sexual. Los adolescentes consideran que el juego que contraviene las
normas de género patriarcales pueden favorecer un “afeminamiento”: No se
puede jugar con “barbies” si eres un chico.
Uno
de los aspectos a resaltar de la intervención educativa ha sido descubrir las
desventajas de ser hombre tras la lectura del artículo de Marvin Harris “El
coste oculto del machismo”. La competitividad, el consumo de alcohol y drogas,
el riesgo y la conducción temeraria o peligrosa acorta nuestras vidas como
hombres.
Las
resistencias que experimenta la población adolescente para protegerse de la
“contaminación” de valores femeninos se rompen con el trabajo desarrollado
desde la investigación-acción. Algunos de los prejuicios de género se
transforman con el conocimiento crítico y emancipador. En la intervención
educativa realizada en el tema La expresión pública y privada de la
masculinidad, algunos alumnos afirmaban que lo que les gustaría poder hacer
era: “Afeitarnos las piernas, jugar a deportes femeninos, tener una bicicleta
de color rosa, ayudar en el trabajo de la casa con tareas consideradas de mujer,
llorar y jugar a algo que desaprueben los amigos”.
Finalmente
también reconocieron los valores femeninos que están representados en las
madres y las mujeres de la clase trabajadora: el éxito consiste en lograr lo
que te propones, o el valor de cuidad de las demás personas.
La
educación sentimental de los hombres
Una
de las frases que aprendí de memoria en las clases de Historia cuando era pequeño
era “Llora como una mujer ya que no has sabido defenderte como un hombre”.
No recuerdo a qué rey se la dijo su madre, ni tampoco me importa. Lo que sí
recuerdo es la extrañeza que me produjo oírla, no la comprendía. A veces, las
personas desempolvamos frases que creíamos olvidadas y podemos comprenderlas más
tarde. Una de las principales carencias de los sistemas educativos europeos es
la ausencia de contenidos curriculares explícitos sobre la educación
sentimental de los hombres.
11
La utilización del término preferencia sexual sustituye a otros
anteriores como los de inclinación u orientación sexual. “Los términos
“heterosexual”, “bisexual” y “homosexual” no proporcionan en modo
alguno una descripción completa de la sexualidad de las personas. Dentro de
estas tres categorías, los individuos difieren ampliamente en sus preferencias
de actividad sexual y en los papeles que prefieren adoptar en ella” (LeVay,
1995, 154). Especialmente inadecuado resulta el término homosexual. “Y sin
embargo, sean cuales fueren las dificultades vividas por los homosexuales, no
podemos afirmar que todos sean hombres mutilados. Es probable que la proporción
de homosexuales equilibrados, well-adjusted (Expresión del psicoanalista
Richard Isay), sea aproximadamente la misma que la de heterosexuales no
mutilados... Ni “loca” ni “hipermacho”, el homosexual que se asume queda
al margen de los estereotipos. Ni se exhibe ni se esconde y quiere vivir como
todo el mundo. Piensa que “la homosexualidad es una fuente de felicidad idéntica
a la heterosexualidad”, y cree en el amor, vive en pareja y mantiene una vida
afectiva profunda y estable. Le gustaría ser padre y educar a un hijo” (Badinter,
1993, 194-195)..
La
Educación Sentimental significa potenciar la toma de conciencia de nuestra
riqueza expresiva y el uso de nuestros sentimientos en las relaciones
interpersonales y con nosotros mismos sin que sean establecidas en el contexto
de las relaciones de poder ilegítimas.
La
Educación Sentimental puede mejorar nuestra autoestima, eliminar nuestros
conflictos afectivos y hacernos vivir de forma sosegada o apasionada nuestros
sentimientos.
Pero
al igual que ocurre en otras esferas del conocimiento humano, “Las mujeres y
los hombres que aspiran a dedicarse al trabajo científico se encuentran –de
manera en apariencia inevitable- atrapados en lo que podríamos llamar “la
paradoja del aprendizaje”: Quienquiera que aspire a la creación científica
deberá primero renunciar precisamente a aquello que hace posible la creatividad
–el pensamiento autónomo- para someterse a los modelos de pensamiento
dominantes en aquel momento en la comunidad científica e imbuirse de ellos
hasta el punto de incorporarlos sustituyéndolos a su propia manera de razonar.
Si no hace esto, ninguna persona llegará a ser científica y si lo hace, estará
tan colonizada por la “ciencia oficial” que le será muy difícil pensar por
su cuenta y cambiar los paradigmas dominantes, requisito imprescindible para el
progreso científico” (Moreno, 1992, 30).
La
ciencia oficial ha pretendido hacernos creer –por suerte para nosotros, no
siempre con éxito- que la afectividad se valora menos que la inteligencia y que
son dos facultades disociadas pero quien no involucra su corazón – o cree que
no lo hace- se traiciona a sí mismo y traiciona a las demás personas en
cualquier ámbito de nuestras vidas.
Los
sentimientos –sean innatos o no, funcionen por la existencia de
neurotransmisores o no, o se potencien por el consumo de chocolate- forman parte
innegable de la naturaleza humana, son nuestros y ninguna ciencia nos los podrá
arrebatar jamás. Nuestro corazón está deseoso de manifestar todo el esplendor
del que somos capaces los hombres. Cuando dejemos aflorar libremente la razón y
el corazón probablemente habremos conquistado nuevas parcelas de libertad y
felicidad.
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