|
Escucha,
pequeño hombrecito |
Escucha,
pequeño hombrecito, y no te escondas. Pregunto por tí, por tí que tanto miedo
tienes de lavar los platos, de llorar cuando ves “ Los puentes de Madison”,
de tender las bragas de tu compañera, los calzoncillos de tu hijo.
Escucha,
cobarde hombrecito, y no te escondas. Pregunto por tí, que sigues riéndote de
chistes machistas, que sigues contando aventuras con mujeres que nunca
existieron, que te burlas de opciones sexuales distintas a las que tú quieres
imponer.
Te
hablo, pequeño hombrecito, quien sabe si en nombre de mí, ó de unos cuantos,
ó de unos miles, y te pregunto: ¿ De qué tienes miedo?
¿ Tienes miedo de que los hombres no pasemos al bando de las que tú
llamas enemigas? ¿ Tienes miedo de que –eso sí- a trompicones tantos chicos
nos demos cuenta del sistema injusto que mantenemos? Quieras que no, la marea va
a seguir subiendo, y la playa de la injusticia se te va quedando corta. Porque
confío, porque confiamos en que los privilegios que mantienes se vayan
disolviendo como arena.
Sí,
pequeño hombretón, hay hombres que nos alegramos de que nuestras parejas
trabajen y cultiven amistades, hay hombres que no nos responsabilizamos del
placer de las mismas sino que intentamos no entorpecer su disfrute, hay hombres
que no creemos que tengamos que protegerlas, hay hombres que estamos aprendiendo
a mostrar afecto, hay hombres que estamos experimentando las ventajas de llorar
cuando nos apetece y no solamente cuando fallamos un penalti. Que somos estatuas
de arena y nos alegramos de desmoronarnos acercándonos y mezclándonos con la
sal del agua y la marea. Que te exigimos que te responsabilizes y dejes de echar
balones fuera. Que estamos hablando para ti, no para el vecino del segundo.
Escucha,
cobarde machote, porque hay hombres ¿ Uno? ¿ Dos? ¿ Diez ¿ Cien? ¿ Mil? que
ni podemos ni
queremos leer el periódico ni
ver la tele gracias a que nuestra pareja está recogiendo la mesa y
limpiando la cocina, que no igualamos
el amor a injusticia consentida, que nos damos cuenta de que los celos es
el ingrediente fundamental del amor mísero y miserable que no nos enriquece,
que no vamos a colaborar con la injusticia contra las mujeres, contra los
homosexuales, que no vamos a hacer el caballito con la moto para demostrar tener
más cojones que nadie cuando en realidad estamos acojonados, que estamos hartos
de parecer lo que no somos para ser lo que no creemos.
Porque
no vamos a soportar tanta desgracia, tanta miseria, tanto dolor junto en la
tierra que nos embraza y que nos exige. Porque intentamos cambiar el mundo día
a día, junt@s, con esas pequeñas cositas que como dice Eduardo Galeano, nunca
van a aparecer en las portadas de los periódicos, pero que nos demuestran que
la realidad es transformable y que es lo que queremos que sea. Y porque estamos
tomando cartas, y porque no vamos de farol.
Escucha,
cobarde hombrecito, porque ya nos da igual que nos llamen valientes ó cobardes,
porque ya estamos quitándonos la careta, porque estamos riéndonos de cómo
pudieron vendernos tanto tiempo la moto, porque creemos que es posible otro
mundo en el que cada uno y cada una de nosotras, desde la diferencia pero en
igualdad, desarrollemos nuestra legítima, diversa, y preciosa rareza. Porque
somos hombres
pequeños, pequeño hombrecito, y porque soñamos.
Daniel
Antonio Leal González. Programa Hombres por la Igualdad. Delegación de Salud y
Género. Ayuntamiento de Jerez de la Frontera.