HOMBRES POR LA IGUALDAD

EXCMO. AYUNTAMIENTO DE JEREZ   DELEGACIÓN DE SALUD Y GENERO

POR QUÉ TIENE EL "FRACASO ESCOLAR" CARA DE CHICO  
(Notas para un debate a favor de los chicos)
José Ángel Lozoya Gómez

No me gusta el termino fracaso escolar porque parece que es el alumnado quien fracasa, diluyendo así la responsabilidad de la escuela, la familia, y el resto de los agentes e instituciones que intervienen en el proceso educativo.

En 1999 solo el 76,4% del alumnado alcanzaba los objetivos de la enseñanza obligatoria. Si comparamos este dato con el de otros países vemos que es el que nos corresponde en función de lo que gastamos en educación. Esta relación entre gastos y resultados no es automática, otros países utilizan sus recursos mejor o peor que el nuestro.

Mi trabajo tiene más que ver con la educación social que con la escuela. Me dedico, desde el programa municipal jerezano "hombres por la igualdad" a mostrar a hombres de todas las edades, la conveniencia y las ventajas de la igualdad de derechos y oportunidades entre los sexos. Esta preocupación por la igualdad hace que vea problemas de género en todo fenómeno que llamaría mi atención si el sexo de sus protagonistas estuviera invertido.

A lo largo de los últimos años, algunos datos dispersos sobre los problemas de los jóvenes, me han hecho plantearme algunas preguntas que me gustaría compartir: ¿por qué tiene el fracaso escolar cara de chico?, por qué, este hecho, no parece provocar alarma social?, ¿pasaría igual de desapercibido si fueran las chicas las que catearan?, ¿es necesario que seamos hombres quienes alcemos la voz para que se acepte que existe un problema de género?.

Citare tres datos que justifican mi interés:

- Hace al menos 20 años que la mayoría de las chicas de primaria, responden a la pregunta ¿qué quieres ser de mayor?, con profesiones que requieren un nivel de estudios superior al de sus padres-madres, mientras que sus hermanos y compañeros suelen aspirar a tener la misma profesión que sus padres.

- En el curso 2000-2001 los chicos representaban el 41,05% del total de quienes acabaron con éxito sus estudios universitarios, el 46,42% en COU y el 48.04% en FP-LGE-. Teniendo en cuenta que son el 50% de la población joven, podemos aventurar que la igualdad de derechos y oportunidades que supone la escolarización obligatoria, desaparece a medida que aumenta su nivel de escolarización. En lo concerniente a rendimiento escolar, la desventaja de género de ser niño es muy parecida a la más reconocida desventaja socioeconómica.

Los chicos que participaron en un estudio que hicimos sobre el clima escolar en varios colegios de primaria de Jerez, se sentían peor tratados por el profesorado, y menos tutelados por sus padres-madres que sus compañeras.

Las consecuencias del "fracaso escolar" son fáciles de imaginar. Por citar algunas, los chicos:

- Abandonan los estudios antes y con peores resultados que las chicas.

- Se incorporan al mercado laboral sin la formación necesaria para mantenerse en el mismo y desarrollar una carrera profesional.

- Tienen dificultades para encontrar empleos cualificados y se ven abocados a aceptar aquellos que solo requieren de su fuerza física.

- Son incapaces de adaptarse a unas exigencias laborales en continuo cambio tecnológico. Pese a lo cual, muy pocos intentan enderezar su futuro retomando los estudios.

- Al salir del sistema educativo son muchos los que quedan a la deriva. Entre 2000 y 2003, el 85% de los menores enjuiciados sufría retraso escolar y el 45% no realizaba ninguna actividad.

 Si no somos capaces de motivar a los jóvenes, el futuro amenaza con una progresiva proletarización de los chicos, frente a la creciente competencia y mejor expediente académico de las Chicas. Un desequilibrio que les provocará infelicidad y favorecerá la aparición de dificultades con las mujeres, tanto su trato social como en sus relaciones afectivo sexuales.

 De hecho, la madre va asumiendo mayor peso en la construcción de la norma y la moral social en la familia, con un decaimiento de la reproducción de la feminización. En las parejas en las que predomina el capital escolar, el valor de su miembros esta en función de su posesión.

 

La prolongación del periodo de escolarización y  ya contribuye a explicar el incremento de la soltería, el retraso de la edad en que se accede al matrimonio, el aumento de las separaciones, la demora en la concepción o el descenso de la natalidad.

 Seguro que las causas diferenciales del fracaso escolar en los chicos son muchas y complejas, pero me arriesgare a desarrollar algunas impresiones sobre las mismas, con la intención de reclamar que el problema reciba la atención que merece. Se trata de observaciones que tienen que ver, simultáneamente, con el contexto, la familia, la escuela y la propia falta de motivación de los estudiantes.

El orden social emergente.

- Vivimos inmersos en un cambio social protagonizado por las mujeres al que los hombres nos incorporamos con demasiada lentitud, retrasando un ajuste adecuado de las estructuras sociales hacia la igualdad.

- Los roles se entrecruzan, pero aún son muchos los hombres que viven la asunción de los roles "femeninos" con la sensación de perdida de prestigio social, en tanto que las mujeres lo ganan al entrar en el mundo del trabajo y lo público.

- Mientras las chicas son cada vez más competentes, y su acceso a la educación ha sido, tal vez, el medio más eficaz para que las mujeres accedan a los puestos de la esfera pública, las expectativas sociales de los chicos apenas han variado.

- Los hombres llevan muchas generaciones vendiendo su fuerza de trabajo, y confían menos que las chicas en la necesidad de un título para entrar en el mercado de trabajo.  Son más los que confían en su iniciativa para lograr el éxito profesional y económico, y los que perciben que el dinero es una vía mucho más rápida y segura que los estudios para ascender en la escala social.

- Es evidente que los hombres seguimos teniendo problemas para conjugar adecuadamente valores tan diferentes como la competencia y la competitividad.

- Para complicar más las cosas, el éxito académico es visto por las chicas como un medio que posibilita la satisfacción de sus expectativas, en tanto que resulta difícil para los chicos entender que dedicar tiempo a asumir tareas domésticas, favorezca su éxito académico.

- Puede que las diferencias en el rendimiento escolar desaparezcan a medida que mujeres y hombres formen parte, en las mismas condiciones, de la esfera pública y del ámbito doméstico, perdiendo ambos los espacios considerados como propios, pero sería una irresponsabilidad sentarse a esperar a que la situación evolucione espontáneamente de acuerdo con nuestros deseos.

 

La familia.

- Los roles y expectativas de los padres y las madres, son fundamentales en la construcción de la identidad de género en la siguiente generación. En el hogar, el espacio doméstico es abandonado por las mujeres en pos del espacio público, sin que los hombres hagan el trayecto contrario. En estos modelos familiares de transición, padres y madres encuentran cada vez más dificultades en conjugar una relación de confianza con sus hijos, e hijas, con un control efectivo.

- A los niños se les retira los mimos (besos, abrazos,..) antes que a las niñas, y se les defiende con menos frecuencia, ante las agresiones de sus iguales de edad, que a las niñas. Sigue vigente el mito de que los niños son más duros y tienen más facilidad para resolver solos sus problemas. Hay que enseñarles a pedir ayuda, pero hay que demostrarles que existe disposición a ofrecérsela.

- Los padres son los grandes ausentes, tanto en la vida como de la educación de sus hijos e hijas, y mantienen con estos/as una relación afectiva de menos calidad que la de la madre.

- Apenas se implican en lo doméstico y delegan en las madres el control de los estudios.

- El control de los deberes y la relación con la escuela es menos constante, por parte de los padres y las madres, en el caso de los niños que en el de las niñas, pese a tener los chicos peores calificaciones y dedicar menos tiempo a estudiar que las chicas.

- Esta falta de conciencia de la necesidad del cambio en los padres, unida a la crisis de la masculinidad tradicional, y la ausencia de modelos masculinos igualitarios, con prestigio social, nos ayuda a entender lo difícil que resulta la transmisión de modelos coherentes, y la carencia de estrategias para el cambio entre los jóvenes.

- La mayoría de las madres actuales, y también de los padres, desean para sus hijas la oportunidad que no tuvieron las mujeres de generaciones anteriores, un nivel de estudios que asegure su autonomía y su independencia, que les evite depender de sus futuras parejas e impida su encierro en lo doméstico. Una dependencia que ni intuyen para sus hijos, a los que educan como siempre, para que el día de mañana tengan un buen trabajo con el que poder mantener a su familia.

- La colaboración en las tareas del hogar, el control de los horarios, las amistades o los estudios, crean hábitos que ayudan a ser más organizados con el trabajo escolar, el orden o la limpieza, al tiempo que enseña a posponer las gratificaciones. Pero es difícil conseguir que los chicos se animen a asumir el esfuerzo de implicarse en lo doméstico mientras sus padres se escaquean.

- Por si todo esto fuera poco, abundan las madres que culpan, con razón, a la discriminación de género en sus familias de origen, como la causa de no poseer el nivel de estudios de sus hermanos, y no están dispuestas a que eso les ocurra a sus hijas.

- En estas circunstancias no creo arriesgado aventurar, que las expectativas y el esfuerzo familiares no contribuyen adecuadamente al éxito académico de los chicos.

- A pesar de todo, coincido con Ana Mareñu cuando dice que "la educación reglada debería tomar ejemplo de la educación que dan las madres para que cada cual encuentre un lugar digno, feliz y libre en el mundo".

La escuela

- El sistema educativo, como agente socializador, crea y sostiene, los roles de género de hombres y mujeres. Un proceso en el que las mujeres asumen cada vez más parcelas de lo masculino, reduciendo el espacio por el que los hombres identificaban la masculinidad, al tiempo que va desapareciendo todo lo considerando femenino.

- Esta función de reproducción de las desigualdades por parte del sistema educativo, incapaz de asumir que la igualdad entre los sexos requiere que se valoren las cualidades femeninas sin necesidad de copiar el modelo masculino, perjudica a los niños, al no enseñarles que el trabajo doméstico, el cuidado de la familia y su sostén económico, atañe por igual a hombres y mujeres.

- En teoría niños y niñas tienen las mismas oportunidades, sin embargo, los chicos tienen más dificultades escolares, sacan peores notas, tienen más problemas de disciplina, recurren con más frecuencia a la violencia en la solución de los conflictos, y son más los que abandonan los estudios a partir de la secundaria.

- Con el objetivo de combatir el sexismo, la escuela adopta, a menudo, un enfoque que convierte la masculinidad en sospechosa sin ofrecer a los chicos modelos alternativos. Se limita a esperar a que se adapten o intenta someterlos. El resultado es que los niños se sienten menos felices que las niñas en la escuela, cooperan menos, su autoestima es más baja, tienen problemas de atención y desciende su rendimiento académico

- En infantil, preescolar y primaría, las profesoras son mayoría. Es fácil acabar la primaría sin haber tenido un solo profesor. Una falta de modelos masculinos en la escuela, que sumar a la escasa presencia de padres en las AMPAS y la educación en el hogar.

- Creo que coincidiremos en que el rendimiento académico depende más de la configuración familiar y el tipo de relaciones imperante en el universo escolar que de la capacidad del alumnado.

- El sistema funciona peor con los niños.

Los jóvenes.

- De algún modo estamos educando a chicos inmersos en el conflicto y la apatía, con dificultades para relacionarse y con un profundo miedo a equivocarse.

- Los chicos aprenden a ser hombres a través de la Televisión, el grupo de amigos y lo "no femenino". Tres vías que tienen en común proyectar una imagen muy estereotipada de la masculinidad, que se verá reforzada si coincide con un padre ausente y la falta de maestros en la escuela.

- Los chicos han de afirmarse como hombres a través del género y abundan los que tienen prisa en conseguir dinero y un puesto de trabajo.

- El alto porcentaje de jóvenes titulados en paro, o con trabajos precarios, no son el argumento más persuasivo para que los hijos de la clase trabajadora vean clara la relación entre el esfuerzo, y la constancia, que requiere el éxito académico y el éxito laboral o económico.

- Es conocida la relación (no determinante) entre el contexto sociocultural y el rendimiento académico, pero se habla menos en la escuela, de la existente entre un contexto sociocultural bajo y el retraso de los jóvenes en asumir modelos masculinos más igualitarios.

- Un grupo de jóvenes fracasados (drogadictos en rehabilitación) explicaban su situación diciendo que "las mujeres pueden ser pero los hombres tenemos que ser". Su destino es trabajar de lo que sea y se les sigue exigiendo ser capaces de mantener a sus familias, en tanto que a las chicas se les sigue suponiendo con "el derecho a elegir" entre ser "amas de casa" o realizar trabajos remunerados.

- La homofobia, especialmente arraigada en los jóvenes, dificulta la intimidad, el cariño y la proximidad física entre los chicos. Un hecho, que unido a la necesidad de estar siempre compitiendo, obstaculiza la confianza necesaria para la colaboración ente ellos y su disposición al abandono del sexismo.

- Necesitan cambiar pero es preciso que descubran las ventajas del cambio, y a lo largo del proceso educativo van acumulando retrasos que después son difíciles de recuperar.

¿Cómo puede contribuir la escuela a corregir esta tendencia a través de la coeducación?.

-Estamos en una sociedad de tránsito que se adapta a las exigencias del feminismo pero que no modifica las bases el conflicto social.

- Los problemas de la escuela son un reflejo deformado de los que existen en la sociedad.

- Los textos escolares están escritos en masculino, hay sexismo en el lenguaje del profesorado, en sus actitudes y en sus conductas.

- Hacen falta proyectos de igualdad a implantar en el aula sin olvidar las diferencias aún existentes, que eviten la discriminación y el paternalismo.

- Al homologar al alumnado olvidamos que son solo las chicas las que se acercan al modelo masculino, cuestionando su papel en la sociedad, en tanto que los hombres (adultos o jóvenes) apenas se cuestionan el propio.

- El problema de los jóvenes es un asunto de equidad poco reconocido que requiere que se involucren los hombres, los padres y los maestros.

- Si admitimos que la identidad de género es alimentada por el grupo de iguales, a partir de líneas establecidas por sus mayores. Conviene recordar, sobre todo en primaria, que cada familia educa a sus menores, pero el profesorado es el único que, a través del aula, educa al grupo clase, que constituye casi todo el universo de relaciones, con los y las iguales, en este tramo de edad.

Ángeles Espinosa nos recuerda que no se evalúa de igual forma el comportamiento de los alumnos y las alumnas "se suele ser menos exigente con las faltas de disciplina que cometen las chicas". Algo similar a lo que ocurre con las expectativas del profesorado con respecto al éxito académico de las chicas y los chicos.

 

Materiales consultados:

-         Barrera, M.C. ¿Qué le ofrece el sistema educativo a las mujeres?

-         Marchesi A. (2003). El fracaso escolar en España. Fundación alternativas

-         Lozoya. J.A. (1999). Genero y coeducación. Programa hombres por la igualdad. Jerez

-         Lozoya, J.A. (2000) Clima escolar y violencia. Programa hombres por la igualdad. Jerez

-         Pescador, E. (2001). Masculinidades y población adolescente. Primeras jornadas estatales sobre la condición masculina. Jerez

-         Stoessiger, R. Las escuelas fallan a los niños. Traducción Laura E. Asturias.

-         Datos del Instituto de la Mujer (IM), Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), Estadística de la Enseñanza Superior en España (INE), Estadística de la Enseñanza en España (MEC)