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POR
QUÉ TIENE EL "FRACASO ESCOLAR" CARA DE CHICO |
No
me gusta el termino fracaso escolar porque parece que es el alumnado quien
fracasa, diluyendo así la responsabilidad de la escuela, la familia, y el resto
de los agentes e instituciones que intervienen en el proceso educativo.
En
1999 solo el 76,4% del alumnado alcanzaba los objetivos de la enseñanza
obligatoria. Si comparamos este dato con el de otros países vemos que es el que
nos corresponde en función de lo que gastamos en educación. Esta relación
entre gastos y resultados no es automática, otros países utilizan sus recursos
mejor o peor que el nuestro.
Mi
trabajo tiene más que ver con la educación social que con la escuela. Me
dedico, desde el programa municipal jerezano "hombres por la igualdad"
a mostrar a hombres de todas las edades, la conveniencia y las ventajas de la
igualdad de derechos y oportunidades entre los sexos. Esta preocupación por la
igualdad hace que vea problemas de género en todo fenómeno que llamaría mi
atención si el sexo de sus protagonistas estuviera invertido.
A
lo largo de los últimos años, algunos datos dispersos sobre los problemas de
los jóvenes, me han hecho plantearme algunas preguntas que me gustaría
compartir: ¿por qué tiene el fracaso escolar cara de chico?, por qué, este
hecho, no parece provocar alarma social?, ¿pasaría igual de desapercibido si
fueran las chicas las que catearan?, ¿es necesario que seamos hombres quienes
alcemos la voz para que se acepte que existe un problema de género?.
Citare
tres datos que justifican mi interés:
-
Hace al menos 20 años que la mayoría de las chicas de primaria, responden a la
pregunta ¿qué quieres ser de mayor?, con profesiones que requieren un
nivel de estudios superior al de sus padres-madres, mientras que sus hermanos y
compañeros suelen aspirar a tener la misma profesión que sus padres.
-
En el curso 2000-2001 los chicos representaban el 41,05% del total de quienes
acabaron con éxito sus estudios universitarios, el 46,42% en COU y el 48.04% en
FP-LGE-. Teniendo en cuenta que son el 50% de la población joven, podemos
aventurar que la igualdad de derechos y oportunidades que supone la escolarización
obligatoria, desaparece a medida que aumenta su nivel de escolarización. En lo
concerniente a rendimiento escolar, la desventaja de género de ser niño es muy
parecida a la más reconocida desventaja socioeconómica.
Los
chicos que participaron en un estudio que hicimos sobre el clima escolar en
varios colegios de primaria de Jerez, se sentían peor tratados por el
profesorado, y menos tutelados por sus padres-madres que sus compañeras.
Las
consecuencias del "fracaso escolar" son fáciles de imaginar.
Por citar algunas, los chicos:
-
Abandonan los estudios antes y con peores resultados que las chicas.
-
Se incorporan al mercado laboral sin la formación necesaria para mantenerse en
el mismo y desarrollar una carrera profesional.
-
Tienen dificultades para encontrar empleos cualificados y se ven abocados a
aceptar aquellos que solo requieren de su fuerza física.
-
Son incapaces de adaptarse a unas exigencias laborales en continuo cambio tecnológico.
Pese a lo cual, muy pocos intentan enderezar su futuro retomando los estudios.
-
Al salir del sistema educativo son muchos los que quedan a la deriva. Entre 2000
y 2003, el 85% de los menores enjuiciados sufría retraso escolar y el 45% no
realizaba ninguna actividad.
Si no somos capaces de motivar a los jóvenes, el futuro amenaza con una progresiva proletarización de los chicos, frente a la creciente competencia y mejor expediente académico de las Chicas. Un desequilibrio que les provocará infelicidad y favorecerá la aparición de dificultades con las mujeres, tanto su trato social como en sus relaciones afectivo sexuales.
De
hecho, la madre va asumiendo mayor peso en la construcción de la norma y la
moral social en la familia, con un decaimiento de la reproducción de la
feminización. En las parejas en las que predomina el capital escolar, el valor
de su miembros esta en función de su posesión.
La
prolongación del periodo de escolarización y
ya contribuye a explicar el incremento de la soltería, el retraso de la
edad en que se accede al matrimonio, el aumento de las separaciones, la demora
en la concepción o el descenso de la natalidad.
Seguro que las causas diferenciales del fracaso escolar en los chicos son muchas y complejas, pero me arriesgare a desarrollar algunas impresiones sobre las mismas, con la intención de reclamar que el problema reciba la atención que merece. Se trata de observaciones que tienen que ver, simultáneamente, con el contexto, la familia, la escuela y la propia falta de motivación de los estudiantes.
El
orden social emergente.
-
Vivimos inmersos en un cambio social protagonizado por las mujeres al que los
hombres nos incorporamos con demasiada lentitud, retrasando un ajuste adecuado
de las estructuras sociales hacia la igualdad.
-
Los roles se entrecruzan, pero aún son muchos los hombres que viven la asunción
de los roles "femeninos" con la sensación de perdida de prestigio
social, en tanto que las mujeres lo ganan al entrar en el mundo del trabajo y lo
público.
-
Mientras las chicas son cada vez más competentes, y su acceso a la educación
ha sido, tal vez, el medio más eficaz para que las mujeres accedan a los
puestos de la esfera pública, las expectativas sociales de los chicos apenas
han variado.
-
Los hombres llevan muchas generaciones vendiendo su fuerza de trabajo, y confían
menos que las chicas en la necesidad de un título para entrar en el mercado de
trabajo. Son más los que confían
en su iniciativa para lograr el éxito profesional y económico, y los que
perciben que el dinero es una vía mucho más rápida y segura que los estudios
para ascender en la escala social.
-
Es evidente que los hombres seguimos teniendo problemas para conjugar
adecuadamente valores tan diferentes como la competencia y la competitividad.
-
Para complicar más las cosas, el éxito académico es visto por las chicas como
un medio que posibilita la satisfacción de sus expectativas, en tanto que
resulta difícil para los chicos entender que dedicar tiempo a asumir tareas domésticas,
favorezca su éxito académico.
-
Puede que las diferencias en el rendimiento escolar desaparezcan a medida que
mujeres y hombres formen parte, en las mismas condiciones, de la esfera pública
y del ámbito doméstico, perdiendo ambos los espacios considerados como
propios, pero sería una irresponsabilidad sentarse a esperar a que la situación
evolucione espontáneamente de acuerdo con nuestros deseos.
La
familia.
-
Los roles y expectativas de los padres y las madres, son fundamentales en la
construcción de la identidad de género en la siguiente generación. En el
hogar, el espacio doméstico es abandonado por las mujeres en pos del espacio público,
sin que los hombres hagan el trayecto contrario. En estos modelos familiares de
transición, padres y madres encuentran cada vez más dificultades en conjugar
una relación de confianza con sus hijos, e hijas, con un control efectivo.
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A los niños se les retira los mimos (besos, abrazos,..) antes que a las niñas,
y se les defiende con menos frecuencia, ante las agresiones de sus iguales de
edad, que a las niñas. Sigue vigente el mito de que los niños son más duros y
tienen más facilidad para resolver solos sus problemas. Hay que enseñarles a
pedir ayuda, pero hay que demostrarles que existe disposición a ofrecérsela.
-
Los padres son los grandes ausentes, tanto en la vida como de la educación de
sus hijos e hijas, y mantienen con estos/as una relación afectiva de menos
calidad que la de la madre.
-
Apenas se implican en lo doméstico y delegan en las madres el control de los
estudios.
-
El control de los deberes y la relación con la escuela es menos constante, por
parte de los padres y las madres, en el caso de los niños que en el de las niñas,
pese a tener los chicos peores calificaciones y dedicar menos tiempo a estudiar
que las chicas.
-
Esta falta de conciencia de la necesidad del cambio en los padres, unida a la
crisis de la masculinidad tradicional, y la ausencia de modelos masculinos
igualitarios, con prestigio social, nos ayuda a entender lo difícil que resulta
la transmisión de modelos coherentes, y la carencia de estrategias para el
cambio entre los jóvenes.
-
La mayoría de las madres actuales, y también de los padres, desean para sus
hijas la oportunidad que no tuvieron las mujeres de generaciones anteriores, un
nivel de estudios que asegure su autonomía y su independencia, que les evite
depender de sus futuras parejas e impida su encierro en lo doméstico. Una
dependencia que ni intuyen para sus hijos, a los que educan como siempre, para
que el día de mañana tengan un buen trabajo con el que poder mantener a su
familia.
-
La colaboración en las tareas del hogar, el control de los horarios, las
amistades o los estudios, crean hábitos que ayudan a ser más organizados con
el trabajo escolar, el orden o la limpieza, al tiempo que enseña a posponer las
gratificaciones. Pero es difícil conseguir que los chicos se animen a asumir el
esfuerzo de implicarse en lo doméstico mientras sus padres se escaquean.
-
Por si todo esto fuera poco, abundan las madres que culpan, con razón, a la
discriminación de género en sus familias de origen, como la causa de no poseer
el nivel de estudios de sus hermanos, y no están dispuestas a que eso les
ocurra a sus hijas.
-
En estas circunstancias no creo arriesgado aventurar, que las expectativas y el
esfuerzo familiares no contribuyen adecuadamente al éxito académico de los
chicos.
-
A pesar de todo, coincido con Ana Mareñu cuando dice que "la educación
reglada debería tomar ejemplo de la educación que dan las madres para que cada
cual encuentre un lugar digno, feliz y libre en el mundo".
La
escuela
-
El sistema educativo, como agente socializador, crea y sostiene, los roles de género
de hombres y mujeres. Un proceso en el que las mujeres asumen cada vez más
parcelas de lo masculino, reduciendo el espacio por el que los hombres
identificaban la masculinidad, al tiempo que va desapareciendo todo lo
considerando femenino.
-
Esta función de reproducción de las desigualdades por parte del sistema
educativo, incapaz de asumir que la igualdad entre los sexos requiere que se
valoren las cualidades femeninas sin necesidad de copiar el modelo masculino,
perjudica a los niños, al no enseñarles que el trabajo doméstico, el cuidado
de la familia y su sostén económico, atañe por igual a hombres y mujeres.
-
En teoría niños y niñas tienen las mismas oportunidades, sin embargo, los
chicos tienen más dificultades escolares, sacan peores notas, tienen más
problemas de disciplina, recurren con más frecuencia a la violencia en la
solución de los conflictos, y son más los que abandonan los estudios a partir
de la secundaria.
-
Con el objetivo de combatir el sexismo, la escuela adopta, a menudo, un enfoque
que convierte la masculinidad en sospechosa sin ofrecer a los chicos modelos
alternativos. Se limita a esperar a que se adapten o intenta someterlos. El
resultado es que los niños se sienten menos felices que las niñas en la
escuela, cooperan menos, su autoestima es más baja, tienen problemas de atención
y desciende su rendimiento académico
-
En infantil, preescolar y primaría, las profesoras son mayoría. Es fácil
acabar la primaría sin haber tenido un solo profesor. Una falta de modelos
masculinos en la escuela, que sumar a la escasa presencia de padres en las AMPAS
y la educación en el hogar.
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Creo que coincidiremos en que el rendimiento académico depende más de la
configuración familiar y el tipo de relaciones imperante en el universo escolar
que de la capacidad del alumnado.
-
El sistema funciona peor con los niños.
Los
jóvenes.
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De algún modo estamos educando a chicos inmersos en el conflicto y la apatía,
con dificultades para relacionarse y con un profundo miedo a equivocarse.
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Los chicos aprenden a ser hombres a través de la Televisión, el grupo de
amigos y lo "no femenino". Tres vías que tienen en común proyectar
una imagen muy estereotipada de la masculinidad, que se verá reforzada si
coincide con un padre ausente y la falta de maestros en la escuela.
-
Los chicos han de afirmarse como hombres a través del género y abundan los que
tienen prisa en conseguir dinero y un puesto de trabajo.
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El alto porcentaje de jóvenes titulados en paro, o con trabajos precarios, no
son el argumento más persuasivo para que los hijos de la clase trabajadora vean
clara la relación entre el esfuerzo, y la constancia, que requiere el éxito
académico y el éxito laboral o económico.
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Es conocida la relación (no determinante) entre el contexto sociocultural y el
rendimiento académico, pero se habla menos en la escuela, de la existente entre
un contexto sociocultural bajo y el retraso de los jóvenes en asumir modelos
masculinos más igualitarios.
-
Un grupo de jóvenes fracasados (drogadictos en rehabilitación) explicaban su
situación diciendo que "las mujeres pueden ser pero los hombres tenemos
que ser". Su destino es trabajar de lo que sea y se les sigue exigiendo ser
capaces de mantener a sus familias, en tanto que a las chicas se les sigue
suponiendo con "el derecho a elegir" entre ser "amas de
casa" o realizar trabajos remunerados.
-
La homofobia, especialmente arraigada en los jóvenes, dificulta la intimidad,
el cariño y la proximidad física entre los chicos. Un hecho, que unido a la
necesidad de estar siempre compitiendo, obstaculiza la confianza necesaria para
la colaboración ente ellos y su disposición al abandono del sexismo.
-
Necesitan cambiar pero es preciso que descubran las ventajas del cambio, y a lo
largo del proceso educativo van acumulando retrasos que después son difíciles
de recuperar.
¿Cómo
puede contribuir la escuela a corregir esta tendencia a través de la coeducación?.
-Estamos
en una sociedad de tránsito que se adapta a las exigencias del feminismo pero
que no modifica las bases el conflicto social.
-
Los problemas de la escuela son un reflejo deformado de los que existen en la
sociedad.
-
Los textos escolares están escritos en masculino, hay sexismo en el lenguaje
del profesorado, en sus actitudes y en sus conductas.
-
Hacen falta proyectos de igualdad a implantar en el aula sin olvidar las
diferencias aún existentes, que eviten la discriminación y el paternalismo.
-
Al homologar al alumnado olvidamos que son solo las chicas las que se acercan al
modelo masculino, cuestionando su papel en la sociedad, en tanto que los hombres
(adultos o jóvenes) apenas se cuestionan el propio.
-
El problema de los jóvenes es un asunto de equidad poco reconocido que requiere
que se involucren los hombres, los padres y los maestros.
-
Si admitimos que la identidad de género es alimentada por el grupo de iguales,
a partir de líneas establecidas por sus mayores. Conviene recordar, sobre todo
en primaria, que cada familia educa a sus menores, pero el profesorado es el único
que, a través del aula, educa al grupo clase, que constituye casi todo el
universo de relaciones, con los y las iguales, en este tramo de edad.
Ángeles
Espinosa nos recuerda que no se evalúa de igual forma el comportamiento de los
alumnos y las alumnas "se suele ser menos exigente con las faltas de
disciplina que cometen las chicas". Algo similar a lo que ocurre con las
expectativas del profesorado con respecto al éxito académico de las chicas y
los chicos.
Materiales
consultados:
- Barrera,
M.C. ¿Qué le ofrece el sistema educativo a las mujeres?
- Marchesi
A. (2003). El fracaso escolar en España. Fundación alternativas
- Lozoya.
J.A. (1999). Genero y coeducación. Programa hombres por la igualdad. Jerez
- Lozoya,
J.A. (2000) Clima escolar y violencia. Programa hombres por la igualdad. Jerez
- Pescador,
E. (2001). Masculinidades y población adolescente. Primeras jornadas estatales
sobre la condición masculina. Jerez
- Stoessiger,
R. Las escuelas fallan a los niños. Traducción Laura E. Asturias.
- Datos del Instituto de la Mujer (IM), Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), Estadística de la Enseñanza Superior en España (INE), Estadística de la Enseñanza en España (MEC)