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ENTREVISTA PUBLICADA EN LA
REVISTA PALABRAS DE PAZ, |
Este
titulo da nombre a un programa municipal que depende de la Delegación de Salud
y Género del Ayuntamiento de Jerez de la Frontera y tiene por objeto ayudar a
los hombres en el proceso de cambio hacia la igualdad, iniciado y protagonizado
por el movimiento de mujeres. El fin del cambio es de todos y todas conocido,
lograr la igualdad real de derechos y oportunidades entre los sexos, y el de
nuestro programa favorecer la incorporación activa de los hombres al mismo.
Apostar
por la igualdad de derechos y oportunidades entre los sexos implica reconocer la
existencia de desigualdades y su injusticia. Pero supone también, admitir que
los sentimientos, actitudes y conductas considerados femeninos tienen un valor
equiparable a los “masculinos”. Con ello, se quiera o no, se abre la puerta
a la legitimidad de cualquier combinación posible, que no atente contra la
libertad de nadie, es decir, se acepta el reto que supone el respeto a la libre
expresión y el fomento de la diversidad y se amplían, de esta forma, las
posibilidades de autogobierno y felicidad de mujeres y hombres.
Hombres
por la igualdad es pues un programa dirigido a los hombres, con la sana intención
de favorecer el bienestar de toda la población de Jerez.
El
programa fue bien recibido por la población femenina que, como en cualquier
otro sitio, se lamenta de la lentitud a la que el colectivo masculino se adapta
a las exigencias del nuevo Orden Social. A los varones de la ciudad no les
pareció mal, incluso los hubo que opinaron que “ya era hora”, aunque casi
ninguno se viviera como destinatario del mismo, por más que yo insistiera,
parafraseando a Josep-Vicent Marques, en asegurar que sobre todo nos interesaba
colaborar con los varones sensibles y machistas recuperables.
El
programa acaba de cumplir dos años y esta razonablemente implantado. No ha
existido ningún tipo de oposición pública, existe una colaboración fluida
con los colegios y las facultades de la ciudad, es aceptable el grado de
respuesta que conseguimos en las iniciativas en las que participamos, existe un
grupo de hombres desde enero de 2000, los varones se incorporan en un número
significativo a las movilizaciones de protesta contra la violencia masculina que
padecen las mujeres, son bastantes (no necesariamente homosexuales) los que
acuden a los ciclos de cine gay lesbico y varios miles las personas que han
visitado nuestra pagina de Internet hombresigualdad.com , por citar solo algunos
ejemplos.
Los
próximos días 8, 9 y 10 de noviembre hemos convocado, en Jerez, las Primeras
Jornadas Estatales sobre la Condición Masculina (más información en nuestra
pagina web), con la triple intención de difundir discursos críticos sobre las
masculinidades, impulsar la estructuración de un movimiento de hombres en el
Estado Español y consolidar el programa en nuestra ciudad.
Uno
de los temas que más tiempo y energías nos ocupa es, por razones obvias,
combatir la violencia masculina contra las mujeres (emocional, psicológica, física
o sexual), que nosotros explicamos a partir del sexismo y del lugar que ocupa el
uso y gestión de la violencia en la formación de la identidad (subjetividad)
masculina.
El
uso de la violencia es tan cotidiano en la política internacional como en la
educación escolar o familiar. Aun así parece evidente que la práctica de la
violencia física como forma de resolver conflictos, doblegando la voluntad del
otro (o la otra), es sobre todo una práctica masculina (a la que se van
incorporando las mujeres). Los ejemplos son demasiados y de todos conocidos,
pero no me resisto a citar algunos: las hinchadas de los equipos de fútbol de
primera visión, las peleas que tienen como escenario las zonas de “movida”,
las que deterioran el clima escolar (tanto en primaria
como
en secundaria), o la violencia racista cuya manifestación más conocida fueron
los sucesos del Ejido (Almería).
No
se cual es la proporción de hombres y mujeres entre los protagonistas y
victimas de la violencia que explica la existencia de Gesto por la Paz pero
sospecho que merecería algún análisis de género. Lo busqué con interés en
el número de marzo de 2001 de Bake Hitzak, un monográfico sobre violencia y
política, no lo encontré, aun así me identifiqué con su editorial cuando
mantenía que en política no se puede aceptar el chantaje de la violencia para
avanzar en una determinada dirección ni tampoco para dejar de hacerlo. También
sentí hasta qué punto vivimos lejos de Euskal Herria, a pesar de los paros con
que respondemos a cada nuevo asesinato.
José
Ángel Lozoya Gómez
Coordinador del Programa Hombres por la Igualdad
Delegación de Salud y Género
Ayuntamiento de Jerez