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LOS
GRUPOS DE HOMBRES CONTRA LA VIOLENCIA DE NICARAGUA: APRENDIENDO A CONSTRUIR UNA
NUEVA MASCULINIDAD |
En
Nicaragua, tras la derrota electoral del Frente Sandinista de Liberación
Nacional en 1990, han pasado muchas cosas. Los logros y conquistas de la
Revolución se han perdido progresivamente. De hecho, son muchos los síntomas
que nos informan de un proceso de descomposición socio-económica, política y
moral. Pero estos años han servido también para poner en evidencia el
fortalecimiento de otros movimientos sociales que se habían vistos limitados
por las mismas estructuras de poder de la Revolución. Es el caso del movimiento
de mujeres.
De
este modo, un amplio movimiento autónomo de mujeres ha logrado que las
contradicciones de género pasaran a un primer plano del debate público. Una de
las preocupaciones centrales ha sido la violencia intra familiar, que fue
considerada como un grave problema social incluso por las autoridades del país.
El Ministerio de Salud publicó un decreto en 1996 en el que asumía “la
violencia intra familiar como un problema de salud pública”. Para ser más
claros: un estudio de la Red Nacional de Mujeres Contra la Violencia realizado
en el Departamento de León en 1995 reveló que el 60% de las mujeres
entrevistadas reconocieron haber sido victimas de algún tipo de violencia física,
sexual o psicológica a lo largo de su vida; que el tipo de violencia más usual
era el abuso conyugal; que un 39%
declaraba haber sufrido maltrato físico por parte de su compañero o novio en
alguna ocasión y que el 70% de las mujeres que habían sido sujetas a actos de
violencia sufrieron actos considerados de “violencia severa”. Otro estudio
realizado en 1997 por el Banco Interamericano de Desarrollo en Managua revelaba
que el 70% de las 378 mujeres entrevistadas habían sufrido violencia física
alguna vez en su vida, siendo la mayoría victimas de sus cónyuges. Al parecer
esta violencia tiene, además, una clara tendencia al alza, según se desprende
de un informe elaborado por el PNUD en 1999 sobre la situación de la violencia
de género contra las mujeres a partir de los datos estadísticos de los últimos
años aportados por las Comisarías de la Mujer y la Niñez.
Es
en este contexto, y de forma paralela al crecimiento del movimiento de mujeres,
que desde 1993 empieza a articularse un amplio movimiento de hombres preocupados
por la violencia de género. En el momento de su conformación una serie de
elementos de diversa índole confluyeron e hicieron viable el desarrollo de este
proyecto. Brevemente podrían citarse los siguientes: la creciente demanda de
parte de numerosas organizaciones de mujeres de involucrar a los hombres en
actividades orientadas a la transformación en las relaciones de género; los
avances en las teorías sobre el género que empezaban a plantear la necesidad
de un enfoque de “género en el desarrollo”, lo cual implicaba trabajar el
ejercicio del poder en las relaciones de género y la misma incorporación de
los hombres en estas tareas; una mayor visibilidad, como problema social, de la
violencia intra familiar en los medios de comunicación y en la sociedad a
consecuencia de la presión que ejercieron las organizaciones de mujeres; la
insatisfacción por parte de algunos hombres con el modelo tradicional de
masculinidad patriarcal; y por último, un contexto de fuerte crisis de
identidad masculina en Nicaragua relacionada con el fin de la guerra, la falta
de empleo y la crisis político-socioeconómica que vivía el país.
Lejos
de circunscribirse a un espacio de reflexión académica o muy minoritaria, a lo
largo de todos estos años han sido miles los hombres que han pasado por
talleres de sensibilización y se han puesto en marcha campañas públicas
masivas como la reciente “Violencia contra las mujeres: un desastre que los
hombres SI podemos evitar”, de la cual es posible ver carteles a lo largo y
ancho de todo el país, hasta en las comunidades rurales más aisladas. En el
panorama internacional la experiencia de los Grupos de Hombres Contra la
Violencia es, sin duda, un punto de referencia fundamental para una revisión crítica
de la masculinidad y la búsqueda de nuevas relaciones entre géneros.
Los
Grupos de Hombres contra la Violencia
Los
Grupos de Hombres contra la Violencia (GHCV) en Nicaragua tienen su origen en
las primeras actividades que empezaron a desarrollar en 1993 algunos hombres
comprometidos con la lucha en favor de la equidad de género y la reducción de
la violencia intra familiar. El primer colectivo se formó en Managua y desde
entonces han ido creándose nuevas agrupaciones, concretamente en: Ciudad
Sandino, Mateare, Jinotega, Ocotal, Jalapa, Nueva Guinea, Matagalpa, León y
Mulukukú.
A
lo largo de todos estos años y después de llevar a cabo innumerables
actividades han ido configurando un perfil propio y unos objetivos claros. Según
sus propios documentos, los GHCV trabajan en favor de un cambio de valores,
actitudes y comportamientos machistas de los hombres con el fin de construir
relaciones de género basadas en la justicia y la igualdad. Para ello tratan de
ofrecer a los hombres un espacio abierto a la reflexión analítica y crítica
sobre la masculinidad, la violencia y otros temas afines con el objetivo de
lograr transformaciones personales y, por tanto, de poder encontrar nuevas
formas no machistas, no violentas y no discriminatorias de desenvolverse en la
sociedad. Por otra parte, tratan de promover y participar en actividades de carácter
público que cuestionen y denuncien la violencia de género, el machismo y todo
tipo de discriminación. Ya por último, desde los GHCV se apoyan también
aquellas iniciativas que desde la sociedad civil pretendan incidir en las políticas
públicas para contrarrestar la violencia intra familiar.
Durante
los primeros años los miembros del Grupo se dedicaron fundamentalmente a la
reflexión colectiva y la capacitación interna. Hacia el exterior proyectaron
sus reflexiones en forma de artículos en los medios de comunicación y en la
participación en numerosos programas de radio y televisión. El eje fundamental
de sus intervenciones giraba mayoritariamente entorno a la violencia. Asimismo,
se impartieron muchos talleres encaminados a la sensibilización de los hombree
en todo el país. Este trabajo culminó en agosto de 1995 con la celebración de
un 1 Encuentro Nacional d~ Hombres Contra la Violencia, en el que participaron más
de cien varones y fue ampliamente seguido desde los medios de comunicación
nicaragüenses.
Durante
1997 el Grupo dio un salto cualitativo a nivel de organización interna. A
principios de año se redefinió claramente su misión y objetivos, así como
toda una serie de normas y principios relacionados con la forma cómo querían
funcionar. En octubre se constituyeron legalmente como asociación civil y se
abrió una pequeña oficina. Hasta la fecha toda la participación se ha
desarrollado prácticamente desde el voluntariado.
Durante
estos años los GHCV han contado con el apoyo de muchas mujeres vinculadas a
organizaciones y colectivos feministas y en especial de la Red de Mujeres Contra
la Violencia. Asimismo, en los últimos años distintos miembros del Grupo han
colaborado profesionalmente con algunas de estas organizaciones. Con CANTERA se
llevó a cabo la planificación, implementación y evaluación de los cursos
metodológicos de masculinidad y educación popular impartidos entre 1994 y
1999; la elaboración, implementación y validación de una guía metodológica
para el trabajo de género con hombres titulada “El significado de ser
hombres” entre 1997 y 1999; la puesta en marcha de procesos de capacitación
en barrios marginados de Managua, Mateare, Malacatoya y Ciudad Sandino en 1997 y
en la isla de Ometepe y El Viejo en 1999. Con la Fundación Puntos de Encuentro
participaron como facilitadores de los “Campamentos Juveniles” de esta
institución entre 1997 y 1999 y trabajaron también en la planificación,
organización y evaluación de talleres dentro del marco de la Campaña
“Violencia contra las Mujeres: un desastre que los hombres SÍ podemos
evitar” durante 1999. Asimismo, se aportaron espacios de reflexión crítica
entre hombres y actividades de sensibilización sobre masculinidad en otras
organizaciones como CISAS, El Movimiento Comunal Nicaragüense, la Fundación
Xochiquetzal o el CIPRES.
Desde
sus inicios el GHCV ha mantenido buenas relaciones con la citada Red de Mujeres
Contra la Violencia y ha apoyado sus campañas públicas encaminadas a la
reducción de la violencia de género e intrafamiliar. Entre las actividades más
destacadas cabe citar la exitosa recogida de firmas que se desarrolló durante
1996 para pedir la aprobación de la Ley 230 sobre Reformas y adiciones al Código
Penal para la reducción y eliminación de la violencia Intra familiar. En
ese mismo contexto diversos miembros del GHCV hicieron también un trabajo de
presión política entre los diputados de la Asamblea Nacional para lograr la
aprobación de dicha ley.
Desde
1998 el GHCV participa en la comisión de apoyo a Zoilamérica Narváez en su
lucha por el procesamiento legal de Daniel Ortega Saavedra, secretario general
del FSLN. Zoilamérica acusó a su padre adoptivo de haber abusado sexualmente
de ella desde que tenía 10 años y de forma continuada durante los siguientes
diecinueve años. El caso de Zoilamérica sacudió a todo el país y provocó un
debate público de enorme relevancia aún no cerrado, a la vez que ponía en el
primer plano del debate nacional los abusos cotidianos que sufren las mujeres.
Margaret Randall en un libro recientemente publicado en Nicaragua consideraba
que el “El FSLN de Daniel Ortega ha sido incapaz de ponerse a la altura del
desafio de la acusación de una sola mujer. Los miembros del partido que osaron
pedir una discusión abierta del caso Zoilamérica han sido expulsados o de
alguna forma castigados. (...) Si el FSLN (...) hubiera
estado dispuesto a tomar la acusación de Zoilamérica seriamente, entendiéndola
como un ejemplo del pandémico mal uso del poder, y abordándolo públicamente, (...)
la organización se %~bría ganado un respeto más allá de lo que
cualquiera se puede imaginar. Centenares de mujeros nicaragüenses han llegado
donde Zoilamérica privadamente, ávidas por compartir sus propias hi.’~tr.aias
de abuso, agradecidas por su asombroso coraje. No pocos hombres han simpatizado
también con Su posición.” La aportación de los GHCV en este
debate no ha dejado de ser harto significativa.
Fuera
de Nicaragua el Grupo dinamizó actividades de sensibilización y capacitación
con hombres de Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica en colaboración
con organizaciones regionales como la Organización Panamericana de la Salud
(OPS) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Además diversos miembros del Grupo participaron en talleres, seminarios y
charlas en otros países como Estados Unidos, México, Chile, India, Inglaterra,
Brasil o España.
En
el ámbito de la investigación y en coordinación con la Red de Salud de
Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en 1994 el GHCV realizó una investigación
sobre “Responsabilidad masculina en la salud sexual y reproductiva”. Dicha
investigación fue presentada en la Conferencia Internacional sobre Población
y Desarrollo celebrada en El Cairo, Egipto. En ella se ponía de manifiesto
la falta de información y educación de la población masculina en el tema y se
ponía énfasis en la necesidad de incrementar los esfuerzos de sensibilización
y capacitación de dicho colectivo. Entre 1997 y 1999 el GHCV colaboró con
CANTERA en el diseño, realización y publicación de un estudio sobre el
impacto de los cursos sobre masculinidad y educación popular impartidos por
esta organización entre 1994 y 1997.
Finalmente,
entre 1997 y 1998 participaron en la investigación de Puntos de Encuentro
“Nadando contra corriente. Buscando pistas para prevenir la violencia
masculina en las relaciones de pareja”. Esta investigación, llevada a cabo
entre hombres que practicaban de forma sistemática la violencia contra sus
compañeras y hombres considerados “no violentos”, pretendía aprender de la
experiencia de ambos grupos para encontrar elementos que ayudaran a incidir en
la transformación del modelo hegemónico masculino, el cual tiene en el uso de
la violencia una de sus principales manifestaciones. Al estudiar a “hombres
violentos” se pretendía identificar los componentes esenciales de las
expectativas y temores masculinos en las relaciones de pareja y sus efectos en
la violencia conyugal. Del mismo modo se trató de identificar los factores
personales y sociales que fomentan en los hombres una práctica no violenta en
sus relaciones de pareja. Con todo ello se trataba, en última instancia, de
encontrar elementos para el diseño de una campaña educativa dirigida a hombres
que contribuyese a prevenir y contrarrestar la violencia en sus relaciones de
pareja.
Durante
1999, se llevó a cabo la campaña planificada y coordinada por Puntos de
Encuentro, “Violencia contra las mujeres: un desastre que los hombres SI
podemos evitar”. Dirigida hacia la población masculina, especialmente en las
zonas más afectadas por el huracán Mitch, fue la primera acción en
Centroamérica de carácter masivo que pretendía elevar la consciencia y
responsabilidad de los hombres frente a la violencia intrafamiliar. Contó con
una serie de “spots” televisivos, cuñas radiofónicas y materiales didácticos
(carteles, pegatinas, libretas y calendarios). El GHCV participó activamente en
las presentaciones públicas de la campaña, visitas a organizaciones, talleres
y en la distribución de los materiales a lo largo de todo el país.
Perspectivas
de trabajo
En
marzo de 1999 se celebró el II Encuentro Nacional de Hombres Contra la
Violencia con la participación de más de 80 delegados de los distintos
colectivos organizados a lo largo del país. Entre las principales conclusiones
de aquel Encuentro hay quc destacar la determinanción de desarrollar un trabajo
más organizado y sistemático. De este modo, se tomó el acuerdo de diseñar
una estrategia que permitiese un trabajo de carácter más global sobre la
masculinidad y la violencia.
En
la actualidad, el plan de trabajo que tratan de desarrollar los GHCV está
centrado en tres ejes de intervención fundamentales. En primer lugar, se
pretende diseñar, ejecutar y evaluar procesos educativos, organizativos y de
sensibilización con hombres que ayuden a generar cambios en sus actitudes,
valores y comportamientos y que contribuyan en la reducción de la violencia
masculina en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana. En segundo lugar, se
han planteado desarrollar un servicio de apoyo psicoeducativo para hombres que
utilizan la violencia en contra de su pareja. A pesar de que en la Ley 230 de
“Reformas y adiciones al Código Penal para prevenir y sancionar la violencia
intrafamiliar” se establece que debe proporcionarse a las persona denunciada
ayuda psicológica para su rehabilitación y evitar las reincidencias, no existe
en la actualidad nada semejante. De este modo, el GHCV trata así de cubrir este
vacio para lo que cuenta con un equipo de psicólogos con amplia formación y
experiencia. En tercer lugar, y para poder abordar todo este proyecto, se han
planteado la necesidad de fortalecer institucionalmente el colectivo, tratando
así de garantizar su capacidad administrativa, organizativa y profesional. Con
este objetivo tratan de responder a la demanda que La red de Mujeres Contra la
Violencia les planteó en el transcurso del II Encuentro
“~Muchachos, salgan de la clandestinidad!”