HOMBRES POR LA IGUALDAD
EXCMO. AYUNTAMIENTO DE JEREZ    DELEGACION DE SALUD Y GENERO

Hombres, género y reparto del Trabajo
José Ángel Lozoya Gómez
.

(Ponencia presentada en : Facultad de Ciencias del Trabajo Asignatura: Mujer y Mercado de Trabajo, en Sevilla. Enero 2004)

En primer lugar quiero agradecer a la Profesora Marta Soler Montiel el  atrevimiento de invitarme a su asignatura, y aprovechar para confesaros  que mi presencia en esta sala se debe, sobre todo, a su capacidad de  persuasión. Espero no defraudar su confianza.

Como notareis en seguida, mi conocimiento del tema que aborda la  asignatura “Mujer y Mercado de Trabajo”, no es mayor que el de cualquier  ciudadano,  aunque lleve trabajando por cuenta ajena desde el día en que cumplí 14 años. Así que empezare agradeciendo vuestra indulgencia, confiando en que las reflexiones que me ha sugerido la preparación de esta intervención, contribuyan al menos a haceros pasar un rato entretenido.

Acostumbrado como estoy a pensar en como me afectan personalmente los temas que preparo, lo primero que se me ocurrió fue pensar en el lugar que ocupa el trabajo en mi vida, y he llegado a la triste conclusión de que el trabajo me interesa por tres motivos:

·Porque no he logrado vivir de rentas.

·Porque he sido sindicalista bastantes años.

·Y porque la profesión sigue teniendo una importancia excesiva, tanto en lo personal como en lo social. De hecho, cuando conozco a alguien suelo enterarte antes de su profesión que de que va: aficiones, estado civil, etc.

En mi época de sindicalista desarrolle una actitud crítica y solidaria del  trabajo y su relación con la justicia distributiva. Entendí que nadie es realmente libre sin independencia económica, que esta suele conseguirse trabajando y que la profesión da posición social

Como persona descubrí que existen dos tipos de trabajo igual de necesarios para el mantenimiento de la vida. Uno se hace a cambio de dinero y el otro no, el que se cobra esta muy considerado y lo hacen la mayoría de lo hombres y un número creciente de mujeres y el otro, el trabajo domestico que se realiza en el propio hogar, engloba la intendencia, la crianza y el cuidado de enferm@s y ancian@s, lo asumen fundamentalmente las mujeres y “no esta reconocido ni pagado”.

Hasta fechas muy recientes los hombres se encargaban de ganar dinero y las mujeres se dedicaban a “sus labores”. El problema se plantea cuando las mujeres descubren que:

·El poder de la “reina de la casa” se limita a la administración de bienes ajenos.

·“Sus labores” no son genéticas y no tienen horarios ni vacaciones.

·Al incorporarse al Mercado de Trabajo siguen asumiendo lo doméstico y empiezan a hablar de doble jornada.

En parejas como la mía, donde nada seria igual si no se contara también con el salario de mi pareja, el problema es decidir quien hace las tareas  domésticas. Nosotros pagamos una parte y al hacerlo compramos tiempo y conocemos su precio, pero quedan cosas hacer que no hay más remedio que repartir buscando una equidad que es fuente cotidiana de conflictos.

Tal vez por ser hijo de una trabajadora, yo siempre he defendido la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y he creído que las tareas del hogar tenían que repartirse entre todas las personas que lo habitan (pese a que mi padre no hiciera ninguna), y nunca tuve intención de mantener a una mujer sana, que no estuviese en el paro.

En la actualidad soy padre de un niño de 11 años, una responsabilidad que asumo consciente de que soy su modelo de identificación más estable, de lo que es un hombre en las relaciones de pareja, y no me gusto como ejemplo si no me esfuerzo por asumir mi parte de lo doméstico. Aún así, he de reconocer que me escaqueo más que mi pareja y que suelo delegar en ella la gestión, la más estresante de todas las tares.

Os cuento estas cosas por tres motivos:

·Porque lo personal es político.

·Porque en los Grupos de Hombres Igualitarios solemos partir de lo personal para no irnos por las ramas y poder ver como nos afecta la masculinidad tradicional.

·Porque el perfil de la familia actual es una pareja en la que trabajan los dos, con un hij@, una empleada de hogar a tiempo parcial y algunas tareas domésticas que repartir.

Mi profesión consiste en coordinar el Programa “Hombres por la Igualdad”, de la Delegación de Salud y Género, del Ayuntamiento de Jerez). Se trata de un programa de hombres dirigido a los hombres, por lo que entenderéis que me alegre especialmente ver hombres en la sala.

La verdad es que tengo el privilegio de trabajar en lo que me gusta, y que mi trabajo sea una fuente de inspiración constante, porque al tratarse del único programa institucional de igualdad de género dirigido a los hombres, no tenemos a quien copiar. Así que nos dedicamos a aprovechar todas las posibilidades que nos surgen e impulsar las que se nos ocurren. El objetivo es llegar al mayor número posible de hombres, para animarlos a contribuir a impulsar la igualdad de derechos y oportunidades entre los sexos. Un fin que tratamos de conseguir persuadiéndolos de:

·La conveniencia de implicarnos activamente en un proyecto justo, conseguir una sociedad en la que se eduque a la infancia sin hacer distinción por sexos, para evitar desigualdades entre mujeres y hombres, que limitan el florecimiento de la diversidad humana.

·La necesidad de asumir las responsabilidades masculinas en el cambio, en el ritmo del proceso y en su dirección. Invitándoles a ver críticamente el lugar que ocupamos, personal colectivamente, en el mantenimiento y la reproducción del sexismo, cada vez que nos beneficiamos complacidos de nuestra condición masculina.

·Que nuestra aportación puede ser valiosa, si reflexionamos sobre los sufrimientos que nos provoca haber sido educados con el Modelo Masculino Tradicional (MMT) como referente. Conocer las causas y las consecuencias nos ayudara a prevenirlas, evitando las actitudes y las conductas que las generan, y podremos contribuir a evitar que la igualdad entre los sexos se quede en la mera incorporación de las mujeres a la masculinidad.

La incorporación permanente de la mujer al Mercado de Trabajo es uno de los cambios más relevantes en la organización social y afecta a todas las parcelas de la vida, la pública, la privada y la personal. Es un proceso que modifica la realidad y nos obliga a adaptarnos a un ritmo que depende de la presión del medio y de la propia jerarquía de valores, pero que modifica el lugar que tradicionalmente hemos ocupado hombres y mujeres beneficiando a todo el mundo. A ellas porque les reconoce la mayoría de edad social y a nosotros porque nos ofrece múltiples oportunidades. Destacare algunas:

-Podemos aumentar en 7 años nuestras expectativas de vida.

-Compartiremos las responsabilidades económicas en la pareja.

-Si decidimos vivir con una mujer sabremos que lo hacemos porque nos apetece y no porque la necesitemos para cubrirnos la  intendencia.

-Disfrutaremos más de nuestra sexualidad. Hoy entre el placer y  el deber.

-Veremos crecer a nuestra prole y aprenderemos a cuidarla, a ponernos en su lugar y a cuidarnos.

-Aprenderemos a expresar nuestros sentimientos sin temor al ridículo.

-Mejoraremos las relaciones con las mujeres y con los hombres si potenciamos la cooperación y evitamos estar siempre compitiendo.

-Viviremos en un mundo más seguro. (Ej. Los hombres cometemos más del 90% de los delitos).

Aún así la mayoría de los hombres no ven estas ventajas, pese a están convencidos de que el proceso hacia la igualdad es difícilmente reversible. Las mujeres no pararan hasta acabar con toda su historia de subordinación y quedan pocos hombres que quieran para sus hijas la dependencia económica y personal, respecto a sus parejas, que tuvieron la mayoría de sus abuelas, y que tienen la mayoría de sus madres.

No abundan los que cuestionen que ganar o no ganar dinero marca diferencias de poder en las parejas. Puede que pasen desapercibidas en la vida cotidiana, pero su importancia se pone de manifiesto en situaciones de crisis. Ej. los procesos de separación, en que el proveedor (generalmente el hombre) deja de pagar la pensión compensatoria.

Los hombres sabemos que no hay argumentos democráticos para oponerse a la igualdad, pero algunos no logran evitar el temor a que las mujeres no paren hasta “darle la vuelta a la tortilla, Hasta invertir las relaciones de poder entre los sexos. Yo suelo invitarlos a que busquen reivindicaciones feministas que objetivamente no nos beneficien.

Por suerte la mayoría no es tan desconfiada y se limita a quejarse de la excesiva velocidad de un cambio, que ellos no han iniciado ni dirigen. Con frecuencia perciben el cambio de forma contradictoria, como justo porque repara injusticias, y como incordiante porque la perdida de privilegios es más evidente e inmediata  que los beneficios potenciales.

Otra característica de mi trabajo profesional es que me lleva a relacionarme con  hombres (y mujeres) de muchos colectivos: adictos en rehabilitación, AMPAS, estudiantes de todos los niveles, gitanos, pacifistas, periodistas, policías, políticos, profesores, sindicalistas, etc.

Con todos ellos aprendemos a ver qué interés tiene aplicar la perspectiva de género en el análisis de su peculiaridad:

-Los adictos explican que los hombres se enganchan más porque “las mujeres pueden ser pero los hombres tienen que ser”.

-En las AMPAS casi “todos” son madres pero los pocos hombres que participan en las mismas suelen ocupan los puestos de dirección.

-En la enseñanza el fracaso escolar tiene cara de hombre sin que este hecho provoque alarma social.

-El pueblo gitano ve obstaculizada su inserción social por confundir el machismo con un rasgo de su cultura.

-Los pacifistas luchan contra las guerras sin ser conscientes de hasta que punto, el uso de la fuerza para someter al otro, es uno de los pilares del modelo masculino tradicional.

-A los periodistas les vienen grandes los análisis de género. Un titular de “El Correo de Andalucía” del 2 de junio de 2003 decía “La Hispalense cuida de los hijos de sus trabajadoras” y subtitulaba “la intención es facilitar a las mujeres que compatibilicen sus empleos con las tareas domésticas”.

-La policía tiene dificultades para entender la violencia masculina contra las mujeres que limitan la eficacia de su intervención.

-Los políticos son triunfadores con dificultad para ser autocríticos con el modelo que les ha permitido triunfar.

-El profesorado es un simple reflejo de su sociedad, con dificultades por ello para transmitir la equidad de género en su labor educativa.

-Los sindicalistas adornan las plataformas electorales con medidas que propician la conciliación de la vida laboral y familiar, pero las llevan con poca frecuencia a las negociaciones colectivas.

Me entretendré un poco con este último colectivo porque esta particularmente relacionado con el tema que nos ocupa.

Si cada día es más evidente que el reparto del trabajo doméstico es clave para que la mujer se incorpore al mundo laboral sin morir en el intento debería ser fácil comprender que la conciliación de la vida familiar y laboral también es cosa de hombres. Pues no, la mayoría de los sindicalistas siguen actuando como si se tratara exclusivamente de un asunto de mujeres, que solo interesan en sectores y actividades con una presencia femenina importante. Tanto es así que las propuestas para adecuar la legislación laboral a este propósito, suelen formularlas las sindicalistas más activas y conscientes.

Esta falta de sensibilidad sindical a veces se justifica, aludiendo a la escasa participación de las mujeres trabajadoras en los sindicatos y a lo reciente que es la incorporación masiva y estable de la mujer al mercado de trabajo, en tiempos de paz. Pero en realidad lo que pasa es que los sindicalistas suelen ser bastante machistas y les cuesta asumir en lo público y en sus relaciones de pareja demandas que se están planteando desde la transición democrática.

Con esto no negamos que las cosas han cambiado mucho en poco tiempo y quienes tenemos cierta edad recordamos una época, que aún no es  historia, en la que la mayoría de las jóvenes trabajadoras abandonaran su vida laboral al casarse o quedar embarazadas, y los hombres presumían de ser capaces de sacar adelante a sus familias sin necesitar que su mujer trabajara.

Dos recuerdos de esos años:

1.Un señor le dice a su mujer “si quieres trabajar hazlo pero lo que ganes me lo gasto en cerveza”.

2.En la asamblea que decidía una huelga, un metalúrgico se lamentaba tener que hacer de esquirol, porque si lo despedían su familia se quedaba sin comer.

Y una reivindicación, también de esta época, cada día más discutible, es aquella que afirma que “la mujer tiene derecho a decidir si quieres ser ama de casa o trabajar fuera”. Digo lo de discutible porque implica la obligación de su pareja a mantenerla si decide algo tan inesperado como ser ama de casa vocacional.

Dos de los procesos que creo más han contribuido a favorecer la incorporación de la mujer al Mercado de Trabajo, han sido su voluntad de conquistarlo y la perdida de capacidad del salario de los hombres, para satisfacer un nivel de consumo familiar que no ha dejado de crecer.

En unas décadas el trabajo profesional de la mujer ha pasado de verse como un capricho a verse como necesario para su realización personal, y su salario de considerarse una ayudita a resultar imprescindible en la economía familiar. En cualquier caso, su trabajo y su salario nos libera a los hombres de tener que ser los responsables de la economía familiar.

Como sabéis las mujeres ocupan ya un tercio de los puestos de trabajo, pero en unas condiciones de precariedad que contribuyen a mantener el reparto tradicional de roles, dificulta el acceso a la prestación de desempleo y las empuja a la economía sumergida. Entre las discriminaciones podemos destacar:

  -el doble de paro. pese a contar con unos currículos estupendos y un absentismo inferior a los hombres

-más temporalidad (que favorece la siniestralidad y hace más vulnerable frente a los abusos).

-más contratos a tiempo parcial (en Andalucía el 21% frente al 9,5% en los H)

-ocupan las categorías más bajas

-cobran menos que los hombres por el mismo trabajo (en Andalucía un 30%)

-encuentran dificultades para incorporarse a determinados

sectores como la industria (en Andalucía el 86% están en el sector terciario frente al 55% de los H)

En estas condiciones es lógico que se hable de eliminar obstáculos con:

·Medidas de acción positiva (que habrá que trasladar en algún momento a las empresas o sectores en los que sean los hombres quienes estén  infrarepresentados. Ej. La enseñanza infantil o primaria).

·Leyes de Conciliación de la vida laboral y familiar (mejores que la aprobada en noviembre de 1999)

·Obligar a los hombres a acogerse a una baja por paternidad de la misma duración que la de la madre (elimina la discriminación en las contrataciones, favorece la implicación de los hombres en la crianza y les reconoce el derecho a disfrutar de la paternidad en esta etapa)

·Desarrollar el Estado de Bienestar para que asuma una parte creciente de las mismas (en particular el cuidado de la infancia, l@s ¡enferm@s y l@s ancianos)

Pero la resistencia de los hombres frente al reparto de lo doméstico sigue lastrando todo el proceso. Cuando empezó a estudiarse el tema, los analistas más optimistas creyeron que los hombres asumirían su parte al mismo ritmo en que la mujer se incorporara al trabajo remunerado (como las puertas giratorias de los bancos y los hoteles), pero lo cierto es que los hombres se muestran muy reticentes. Y más del 60% reconoce no hacer ni el huevo y los que se enrollan suelen asumir las tareas más gratificantes (jugar con l@s niñ@s,..).

Algunas excusas son hasta graciosas, me refiero a aquellas en las que dicen “es que mi madre no me enseño”, o aquellas otras de “las mujeres de mi familia nunca me dejaron hacer nada”. ¿A quien quieren convencer? Es como si los hombres no fuésemos capaces de aprender cualquier cosa que nos interese, como si fueran pocas las cosas que hemos hecho sin que nos las enseñaran nuestras madres y aun en contra de sus consejos. Con lo único que estoy de acuerdo es con que en la mayoría de las tareas domésticas son ingratas, pero coincidiréis conmigo en que si reconocemos este hecho, tanto más justo, urgente y necesario es su reparto.

El mejor ejemplo que se me ocurre de ese vicio tan masculino de pedir pareciendo que damos es el de un joven independizado, que cuando su madre lo visita, deja que le limpie el apartamento y lo cuide, porque así ella se siente útil y realizada. Cuando se lo comento a su madre, esta le dijo que hubiera preferido encontrar el piso limpio y que una parte de lo que se gasta en copas la hubiera destinado a invitarla a conocer la gastronomía local.

Mientras que hombres y mujeres no dediquemos las mismas horas al trabajo remunerado, parece lógico que el reparto del trabajo domestico no sea al 50% y cueste calcular un reparto equitativo. Una fórmula que puede ayudarnos es ver de cuanto tiempo libre dispone cada cual, aquel del que disponemos para el ocio, incluyendo las vacaciones y los fines de semana. Si uno tiene más es evidente que lo consigue a costa de sobrecargar (explotar) a su pareja.

Concluyendo. O nos repartimos el trabajo doméstico o nos toca:

-Acostumbrarse a vivir con más mierda de la habitual (algo que ya esta ocurriendo)

-Ganar lo suficiente para pagar a alguien que haga las nuestras y las de su propia casa.

-O repartírselo en el contrato matrimonial (las tareas que se pueda por preferencias y las más ingratas equitativamente).