|
Revista
MUJERES Y SALUD
SEPTIEMBRE 2000 DOSSIER Nº6 |
El cambio de las mujeres provocó en los años 70 la división del colectivo que detenta el poder en el patriarcado, con la aparición de grupos de hombres en los países escandinavos para reflexionar sobre la condición masculina. Les siguieron grupos similares en distintos países de América y Europa. En el Estado Español los primeros surgen en Valencia y Sevilla en 1985.
Los fines y la ideología de estos es muy variada, van desde los que defienden la vuelta a las relaciones tradicionales hasta los llamados profeministas.
Un tema inevitable entre los más igualitarios es el de la violencia y más concretamente el de la violencia masculina contra las mujeres.
La socialización masculina implica el aprendizaje del uso y gestión de la violencia física como forma de afirmación personal, grupal y de género. Sirve para lograr prestigio, imponer autoridad, resolver problemas, educar y doblegar la voluntad del otro/a. La violencia es un problema de salud para los propios hombres las mujeres y los/as menores.
Por su antigüedad, frecuencia y consecuencias, la violencia contra las mujeres es una de las más sangrantes. Ningún hombre esta libre de culpa; todos la hemos practicado en alguna medida y seguimos ejerciendo (consciente o inconscientemente) microviolencias cotidianas en nuestras relaciones con las mujeres. Explicar el “fenómeno” no atenúa responsabilidades individuales, pero da claves para erradicarlo y nos recuerda que evitar reproducirlo obliga a un estado permanente de reflexión autocrítica.
El asesinato de Ana Orantes supuso un cambio cualitativo en la actitud social ante el problema de la violencia contra las mujeres. El “Grupo de Hombres de Sevilla”, alarmado por el silencio del colectivo masculino, y por la definición de violencia familiar saco un manifiesto de denuncia del carácter de género de esta violencia, creó una pagina en Internet para que otros hombres tomaran partido, y difundió un lazo blanco como símbolo del compromiso de los hombres por erradicarla. Más tarde supimos que existia una Campaña Internacional del Lazo Blanco impulsada por hombres canadienses.
Hubo iniciativas similares del grupo de hombres de Granada, de los hombres pro Feministas de Europa, del Grupo de Estudios de Género y Masculinidades, de un colectivo de hombres separados, etc.
Ultimamente se pueden destacar la Campaña Europea del Lazo Blanco,
el Proyecto Mercurio dirigido a jóvenes de Gijón; una campaña
de Canal Sur Radio que difundió unas 300 llamadas de hombres contra
la violencia que sufren las mujeres, la creación del grupo de hombres
contra la violéncia hacia las mujeres, o el Bando del Alcalde de
Jerez que señalaba que la violencia masculina es un problema
de los hombres que sufren las mujeres.