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EL HUMOR TAMBIEN TIENE SEXO
Publicado en ABC Jerez, 16-10-2001 e Informacion Jerez,
17-10-2001
Hace unos días cayo en mis manos un ejemplar de
“El Periódico”, diario de gran difusión en Cataluña. Traía una tira de cómic que provoco la reflexión que he decidido compartir.
La historia, de Horacio Altuna, se llama
“Familia tipo”.
En la primera viñeta nos muestra a una pareja
sentada en un sofá que presta atención a la hija adolescente. El padre ha interrumpido la lectura del libro “La mujer ducha” y un hijo en la edad del acné escucha de pie
detrás del sofá. La joven con los brazos en jarras empieza a contar una adivinanza, “¿por qué son mejores las pilas que los hombres?...” La madre pregunta “¿a ver?”.
La chica concluye “...porque las pilas por lo menos tienen un lado positivo”. El padre “Je”.
Segunda viñeta: La joven “ja.. es bueno ¿no?.
La madre “Si que es bueno, ese..”. El padre “..yo tengo uno bueno para los hombres.. ¿en que se parece una mujer a un... Tercera viñeta: La hija “¡¡NO!!. La madre “¡¡MACHISTA!!”.
Las dos con la cara desencajada. El padre con cara de cortado y el hijo de no entender nada.
El humor es así, en ocasiones la parodia solo
exige presentar la realidad en el formato adecuado. Lo interesante seria saber con que personajes se identifica cada cual, a mi me gusto el chiste de la muchacha y me temo que me
habría desagradado el del padre.
El mismo ejemplo tiene significados muy
diferentes según se refieran a uno u otro sexo.
No pocas personas, en especial hombres
bastante machistas, agraviados por lo que ven como privilegios femeninos, se presentan como adalides de la igualdad y llaman la atención sobre todos aquellos ejemplos en los que
pueda sugerirse que la mujer, amparándose en la discriminación histórica padecida, esta invirtiendo las relaciones de poder entre los sexos, convirtiendo cualquier medida de
discriminación positiva en derechos adquiridos que van más allá de la situación que explicaba su adopción. Ejemplos de queja son: la poca atención que a su parecer prestan
los medios de comunicación a la violencia que sufren los hombres a mano de sus parejas, al trato desfavorable que reciben en la asignación de las custodias en los procesos de
separación, o que las compañías de seguros penalicen a la masculinidad como factor de riesgo.
No es lo mismo decir que de los hombres como
de las gambas se aprovecha todo menos la cabeza, que decirlo de una mujer. El primer caso además de gracioso es igualitario porque desvela un tema, aun hoy tabú, como es el
reconocimiento del deseo carnal de las mujeres, mientras que el segundo es sexista porque se refiere a la mujer, o mejor dicho a su cuerpo, como objeto indiscriminado de deseo y
nos recuerda toda la gama de expresiones que conforman el imaginario erótico masculino más tradicional.
En la facilidad que tienen algunos hombres
para reírse de las mujeres y la dificultad para hacer lo propio cuando son ellas las que nos convierten en motivo de chanza, así como en la extrema sensibilidad que demuestran
ante cada situación en que se sienten agraviados, se ve su incapacidad para la autocrítica.
Son hombres a la defensiva, poco interesados
en la reflexión sobre el sexismo y sus consecuencias, que responden a las críticas con expresiones del tipo: “ellas también”, “ellas más”, o “ellas son las culpables
porque son las que nos educan en el machismo”.
Lo peor no es su incapacidad para
contextualizar el humor, ni su resistencia a aceptar que la igualdad implica que las desigualdades no las sufran siempre las mismas, lo grave es su temor ancestral e inconfesable
al poder de las mujeres, que se manifiesta en un momento en que el discurso de la igualdad que ellas protagonizan se vuelve hegemónico. Es un temor a que ellas no se conformen con
lo logrado, e insatisfechas con la igualdad real, más unidas y seguras que nunca, se crean superiores.
José Ángel Lozoya Gómez
Programa Hombres por la igualdad
Delegación de Salud y Género
Ayuntamiento de Jerez