HOMBRES POR LA IGUALDAD
EXCMO. AYUNTAMIENTO DE JEREZ    DELEGACION DE SALUD Y GENERO

Hay que incorporar a los hombres a las políticas de igualdad de género , por José Ángel Lozoya Gómez

Introducción.

Uno de los temas de más actualidad a nivel internacional es el papel de los hombres en el proceso hacia la igualdad de derechos y oportunidades entre los sexos. Una preocupación que se va incorporando a la filosofía y los programas de las organizaciones internacionales, que afecta a campos tan diversos como el poder, las violencias, la salud, la sexualidad, la reproducción, la familia, el trabajo, la economía, las relaciones entre los sexos y entre los propios hombres, etc.

Desde la Declaración de Beijing (1995. 4ª Conferencia Mundial sobre las Mujeres) en la que los gobiernos ya animaban a los hombres a participar en todas las acciones por la igualdad de género, la idea se repite en todos los foros que abordan la relación entre los sexos (conferencias de lucha contra el SIDA, contra la violencia hacia las mujeres, la infancia o la vejez, por la conciliación de la vida laboral y familiar, etc.)

El cambio social de las ultimas décadas impulsado por la crítica y la lucha del movimiento de mujeres a conseguido cuestionar las relaciones de poder entre los sexos y la legalidad de la dominación masculina.

La incorporación progresiva y estable de las mujeres al mercado de trabajo plantea la necesidad del reparto del trabajo doméstico (intendencia, crianza y cuidado de enferm@s)) y exige la corresponsabilidad de los hombres.

La progresiva normalización de la homosexualidad y el lesbianismo cuestiona la heterosexualidad como sinónimo de lo “natural” y los modelos familiares.

Desde los años 80 en los países capitalistas avanzados la vida de los hombres es cuestionada, por las reivindicaciones de las mujeres y su propuesta de una sociedad en la que todas y todos gocemos de los mismos derechos y oportunidades.

La igualdad de género ha sido una preocupación de las mujeres de la que han participado pocos hombres, de hecho han sido ellas las que le han dado significado público. Es lógico que siendo ellas las victimas de la desigualdad hayan reivindicado su desaparición y que el tema no preocupe a los hombres. Pese a que estas desigualdades afectan a todos los niveles de las relaciones humanas.

  Nadie discute, desde posiciones igualitarias, la necesidad de implicar al colectivo masculino en el apoyo activo y consciente a las reivindicaciones del feminismo, la queja es más bien la contraria, se refiere a la ausencia o lentitud del cambio de los hombres. Una implicación que ha de superar obstáculos asociados a la forma en que han sido socializados y a la resistencia a la perdida de privilegios.

En este punto es bueno reconocer que ya hay hombres que luchan por la igualdad, que respetan a las mujeres, que se implican en lo domestico y la crianza, que militan en organizaciones que han favorecido la igualdad de género en la vida cotidiana y el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad pública.

Pese a la oposición feroz de un porcentaje significativo del colectivo masculino y la resistencia más o menos activa de la mayoría, siempre a habido hombres que han apoyado las reivindicaciones de las mujeres. El terreno en que más ha transcendido esta solidaridad ha sido en el rechazo a la violencia masculina contra las mujeres.

A principios de los 80 algunos hombres profeministas toman conciencia de que la forma en que mejor pueden contribuir a la lucha contra la desigualdad es intentando convencer a los otros hombres de lo injusto de la situación, de la necesidad de acabar con los comportamientos masculinos que la reproducen y de que una vida mejor es posible tanto para las mujeres como para los propios hombres. La perspectiva de género ha favorecido la comprensión de la vida de las mujeres, contribuye a entender la de los hombres y permite analizar las relaciones entre ambos.

Estos hombres traducen al masculino buena parte del discurso feminista, e incorporan al mensaje que transmiten las ideas que van surgiendo del análisis autocrítico (tanto vivencial como teórico) al que someten a la masculinidad. Hoy son cada vez más los que creen que la satisfacción de las reivindicaciones de las mujeres es necesaria porque repara agravios históricos injustificables, al tiempo que permite mejorar nuestra calidad de vida y la del resto de la humanidad.

La implicación de los hombres es necesaria porque si somos parte del problema también lo somos de la solución. Porque la injusticia de género esta directamente relacionada con la identidad masculina tradicional. Porque aún son demasiados los hombres que participan de prácticas sexistas que reproducen relaciones de desigualdad. Porque son muchos los hombres que controlan los resortes que pueden satisfacer las

demandas de las mujeres y toman de decisiones que perpetúan la desigualdad. Porque la injusticia de género solo se acabara cuando hombres se unan a las mujeres para ponerle fin.

  La igualdad requiere un cambio en las relaciones y en las vidas de los hombres, al tiempo que su implicación en el proceso para conseguirla, sin que la inclusión de los hombres amenace los recursos y programas de las mujeres o cuestione la necesidad de espacios de mujeres, centrados solo en las mujeres y respetando su liderazgo.

Incluir a los hombres en la lucha por la igualdad tiene importantes beneficios, incrementa su responsabilidad en el cambio, los hace más autocríticos, los compromete en el diálogo entre los sexos, favorece que aprecien los beneficios que pueden obtener.

También es cierto que los hombres tienen problemas que requieren la atención de los gobiernos y de los programas destinados a favorecer su implicación en el cambio (fracaso escolar, muerte prematura, atrofia emocional, conciliación de la vida laboral y familiar,..) pero no a costa de las mujeres.

Es previsible un incremento de la implicación de los hombres en las políticas de género, junto a la necesidad de deconstruir la masculinidad tradicional, pero también que se agudicen los conflictos con los sectores que perciben el cambio como beneficioso exclusivamente para las mujeres sin ver que la igualdad de género nos beneficia tanto como a ellas. Acelerar el ritmo de la incorporación del colectivo masculino a la defensa del cambio es una de las mejores formas de afrontar este riesgo.

En cualquier caso las iniciativas de género masculinas están muy poco desarrolladas e impulsar programas de hombres desde las políticas para la igualdad conlleva dos peligros:

1. Que al hablar de las preocupaciones, intereses y problemas de los hombres se frene el ímpetu por la igualdad de las mujeres, que de ninguna manera puede dejar de ser el eje central de las políticas de género.

2. Que se ponga a cargo de los programas, de y para hombres, a varones sin la adecuada sensibilidad, convicción o formación en el discurso de la igualdad, que derive en una complicidad con el sufrimiento de los hombres menos igualitarios en conflicto con las mujeres.

Para la implicación de los hombres en el cambio hay que tener en cuenta que el trabajo con ellos debe estar unido, sobre todo en las instituciones, al trabajo con las mujeres, para conocer sus esfuerzos y sus discursos, reduciendo el riesgo de que los hombres desarrollen nuevas formas de dominación. Los programas de hombres han de ser una demostración práctica de cómo compartir los intereses de forma pacífica y democrática.

Al tiempo hay que adoptar políticas de género integrales que se adecuen a las relaciones entre mujeres y hombres.

Las organizaciones políticas, sindicales o ciudadanas han de ser expresión y reflejo, tanto en sus propuestas como en su organización, de la igualdad que dicen impulsar, invitando a sus miembros a reflexionar sobre las relaciones de igualdad en sus vidas personales, profesionales y sociales, para que impulsen el cambio general en la organización.

En qué consiste un programa de y para los hombres.

La única experiencia institucional en el Estado Español es, desde septiembre de 1999, el Programa Hombres por la Igualdad, de la Delegación de Salud y Género del Ayuntamiento de Jerez (hombresigualdad.com). Una referencia inevitable.

El trabajo institucional hacia las mujeres impulsado por los Institutos, Concejalías y Programas de la Mujer, hizo que algunas de las que aprovechaban las actividades les ofrecían, se lamentaran de que al volver a casa dispuestas a comerse el mundo, se encontraban con el marido de siempre, con frecuencia un hombre voluntarioso en un medio hostil que carecía de modelos que le sirvieran de referente en un cambio al que no se oponía. A estas mujeres les costaba entender que las administraciones no impulsaran programas para hombres con objetivos similares a los que existían para las mujeres.

Su demanda coincidió con la propuesta de montar un programa institucional dirigido a los hombres del autor de este texto y la apuesta de dos feministas, una Concejala (Antonia Asencio) y una Directora de Área (Valentina de Jesús), decididas a impulsar, con apoyo del Alcalde (Pedro Pacheco), la Delegación de Salud y Género. La primera experiencia feminista que aspiraba a superar las políticas de igualdad dirigidas casi en exclusiva a las mujeres. Su aspiración, acabar con cualquier tipo de discriminación entre los sexos, convencidas de que el objetivo de la igualdad exige profundizar en las medidas que contribuyan a la plena equiparación de la mujer, al tiempo que se incorpora a los hombres a este proceso de cambio social.

Hombres por la Igualdad empezó a andar y ha crecido con una Delegación que ya contaba con dos programas dirigidos a la mujer de gran tradición. Las actividades compartidas son muy numerosas y entre tod@s han ido concretando una imagen, un discurso de género y actividades dirigidas al conjunto de la población, al tiempo que se impulsan iniciativas específicas para mujeres y hombres.

El programa de hombres ha contribuido a esta experiencia con un discurso inequívocamente solidario con las reivindicaciones de las mujeres, que invita a los hombres a asumir sus responsabilidades (tanto en los espacios públicos como en los privados) en relación a las mismas.

Pero también ha avanzado en la detección, estudio, difusión y abordaje de problemáticas específicamente masculinas relacionadas con la salud, las conductas de riesgo, las adicciones, la responsabilidad reproductiva y profiláctica, la paternidad, la autonomía en lo domestico, la violencia, la solución de conflictos, la competitividad, la amistad entre varones, la homofobia, el fracaso escolar, la atrofia emocional o el impulso de formas no sexistas de organización.

Ha difundido los discursos de los hombres igualitarios y contribuido al surgimiento de los dos grupos de hombres de la ciudad, intenta mostrar los cambios que algunos hombres están asumiendo para que sirvan de modelo al resto, combate la violencia contra las mujeres implicando a los hombres en su rechazo, lucha contra la homofobia para favorecer la diversidad, propone cambios en la legislación laboral para facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar (permisos de paternidad, horarios flexibles,..) y trata de adecuar el discurso de la igualdad a las diferentes problemáticas tras comprobar que se puede llegar a cualquier colectivo si se es capaz de adecuar el discurso a sus necesidades.

La demanda (inexistente al principio) y las posibilidades de intervención crecen por encima de los recursos del programa, sin que las iniciativas del mismo hallan sido jamás motivo de crítica pública. Más bien al contrario, goza de una excelente reputación y es llamado a participar en muchos más foros de los que puede atender.

A modo de conclusión.

Tener claro que no se puede estar a favor de la igualdad sin tener como prioridad la lucha contra la desigualdad, no nos descarga de la responsabilidad de contribuir al diseño de un futuro compartido con las mujeres, de experimentar las ventajas de la igualdad, y de evitar a los niños y las niñas un mundo del que no son responsables.

La escasez de experiencias institucionales son consecuencia de la debilidad del movimiento de los hombres igualitarios, de la falta de claridad sobre su necesidad y sus objetivos, de cierta desconfianza en sectores del feminismo, del retraso de las fuerzas políticas en entender que la igualdad entre hombres y mujeres requiere la implicación de los hombres, de la dificultad que tienen los hombres que se dedican a la política para asumir el objetivo de la igualdad, al intuir que hacerlo les exige ser autocríticos con aquellos aspectos del modelo masculino tradicional que les han ayudado a triunfar.

Además de necesaria la implicación de los hombres es inevitable y va a contar con una atención creciente de las instituciones, la pena es que no exista un proyecto claro que evite las improvisaciones y favorezca, con ellas, la resonancia de los discursos basados en el agravio comparativo en relación a las mujeres, como los que mantienen las asociaciones de padres separados.

Pero además es necesario el impulso del movimiento de hombres igualitarios, un hijo “natural” del feminismo, que ha de tener en su desarrollo entera libertad para definir sus objetivos y el contenido de sus reivindicaciones. Necesitamos seguir profundizando en las ventajas que tiene para los hombres cuestionar el modelo masculino tradicional en sus prácticas cotidianas como la mejor forma de impulsar un proyecto de concienciación y organización, apoyado que no tutelado por el movimiento de mujeres. Un movimiento que contribuya con su trabajo y sus propuestas a la implementación de políticas de igualdad con apartados diseñados por hombres y dirigidos a ellos. Una política integral desde la perspectiva de género puede seguir soñándose, pero sin la implicación masculina no será un sueño compartido.