HOMBRES POR LA IGUALDAD
EXCMO. AYUNTAMIENTO DE JEREZ   DELEGACION DE SALUD Y GENERO

Julián Fernández de Quero Lucerón  

 quero123@mi.madritel.es

JORNADAS  DE  HOMBRES POR LA IGUALDAD
Jerez de la Frontera,  8 ,9 y 10  de Noviembre de 2001
Ponencia para la Mesa Redonda “El Cambio”
Julián Fernández de Quero 

Resumen  de la ponencia:

       Los varones  hemos sido víctimas-verdugos de la cultura de género.  Los roles y funciones asignadas a la masculinidad han supuesto tanto la violencia en todas sus formas hacia las mujeres como la violencia hacia los propios hombres generada por la  introyección de valores y comportamientos de alto riesgo  (laborales, militares, deportivos, políticos).  Una cultura de cambio superadora del género implica  renunciar a las tres funciones clásicas masculinas (poder, posesión y pulsión copulatoria ) por el desarrollo de otras tres funciones humanizadoras ( cooperación,  comunidad de especie y  crecimiento erótico) Es lo que en forma abreviada denominamos cambiar las “3p”  por las  “3c”.

 

CAMBIEMOS LAS  3P  POR LAS  3C

Estimadas personas amigas:  Como a lo largo y ancho de los dos días precedentes,  las personas que han intervenido han aportado datos abundantes acerca de los orígenes y raíces del patriarcado y la cultura de género, me remito a ellos para centrar mi intervención en el tema central de esta mesa: El Cambio.

Pero, me vais a permitir que antes, subraye un aspecto que me parece  de gran importancia para lo que voy a decir después : La cultura de género, como expresión ideológica del modo de producción y reproducción patriarcal, afecta negativamente a todas las personas, hombres y mujeres.  Por lo tanto, el cambio necesario para superar las lacras del género masculino, viene motivado no sólo por la solidaridad justificada de los hombres hacia las mujeres, sino por el interés personal de cada hombre de dejar de ser víctima de la mística de la masculinidad y mejorar su  propia calidad de vida.  Esta es la tesis principal de mi libro “Hombres sin temor al cambio”,  en el que creo dar suficientes argumentos concretos para justificarla.  El machismo  perjudica seriamente la salud de las personas, hombres y mujeres, y de ahí se deriva la necesidad del cambio en todas y cada una.

El cambio se puede concretar en múltiples comportamientos personales y colectivos,  desde la forma de afrontar la vida doméstica y laboral hasta el apoyo a la discriminación positiva para que la democracia sea paritaria.  Pero, para que realmente los cambios sean eficaces, deben estar orientados por un cambio de actitudes que se conviertan en referentes ideológicos de los mismos.  Refiriéndome exclusivamente al ámbito de la masculinidad,  propongo que el cambio de actitudes se oriente a la renuncia de tres actitudes de género masculino y su sustitución por tres actitudes humanizadoras.  Sería cambiar las  “3P”  (Poder, Posesión y Pulsión copulatoria)  por las  “3C” (Cooperación,  Comunidad de especie y  Crecimiento erótico).

 1.  PODER  VERSUS COOPERACION:

         El primer cambio de actitudes, supone para los varones la renuncia a cualquier tipo de poder,  entendiendo éste como toda relación entre personas que lleve implícita la subordinación : Desde la renuncia al poder marital o paternal que implica la subordinación de las mujeres o de los hijos, hasta la renuncia al poder empresarial, que implica la subordinación de los trabajadores o el poder político que implica la subordinación de los ciudadanos.  La renuncia al poder no implica que tengan que dejar de existir las funciones de crianza,  las organizaciones empresariales y las instituciones políticas, necesarias para el progreso de la  Humanización de la especie. Significa el cambio de actitud para llenarlas con otros contenidos. Cambiar la actitud de poder por la actitud de cooperación. Siguiendo con los mismos ejemplos, el padre no tiene poder sobre sus hijos e hijas, sino que coopera con ellos y ellas en la tarea de asegurar una crianza de calidad humana.

El  empresario no  tiene poder sobre las personas que trabajan en la empresa, sino que coopera con ellas para la buena marcha de la misma en beneficio de todas. El político no tiene poder sobre la ciudadanía, sino que coopera con ella para  aumentar los niveles de bienestar del colectivo. El cambio de actitudes se refleja claramente en comportamientos concretos que son fácilmente identificables.  Que un político ejerza su función como poder o como cooperación, se delata hasta en su forma de vestir y de comportarse. El político con poder suele realizar un cambio diferente al que aquí estamos proponiendo, aunque coincida en la denominación: En la década de los ochenta, este cambio se denominó como el de las  “3C” :  Desde el momento que asume el poder, cambia de coche, de casa y de cónyuge. Estos ejemplos los pueden hacer extensivos a cualquier ámbito de la actividad humana y en todas encontrarán ejemplos de poder y de cooperación.

 2.  POSESION VERSUS COMUNIDAD DE ESPECIE:

       El segundo cambio de actitudes supone la renuncia a la actitud de la posesión entendida ésta como el afán de poseer  por poseer, por aparecer por encima de los demás , por figurar en un estatus superior.  Como ya sabemos desde hace siglos, la posesión y el poder van unidos ineludiblemente y la renuncia a una supone la renuncia al otro.  Supone cambiar el valor de cambio por el valor de uso, el consumismo por la vida simple.  Algún ejemplo para ilustrar esta propuesta: Poseer una vivienda por encima de las necesidades reales de su uso, implica la contratación de un servicio doméstico, generalmente una o varias mujeres cuya tarea consiste en limpiar lo que tú ensucias, por la tercera parte del dinero que tu ganas y con el doble de trabajo. Tu afán de posesión deriva en la explotación de otro ser humano, que trae como consecuencia la formación de clases sociales, de colectivos con estatus diferenciados.  La renuncia a la actitud de posesión  y  sus sustitución por una actitud de comunidad de especie,  implica la superación de términos como “los otros”, “extranjeros”, “forasteros”, etc.  Ya sabemos que las peculiares condiciones de la evolución interna de la especie humana,  generó  subgrupos  raciales (blancos, negros, amarillos, etc.) , étnicos  (españoles, franceses, marroquíes, chinos, etc.), locales (mi pueblo y los de los otros) y familiares (los Sánchez y los Pérez) .  Pero, estas divisiones no pudieron abolir la específica unidad de todos los humanos: Pertenecemos a la misma especie animal. Actualmente,  en la cada vez más precisa “Aldea Global”,  estas tradicionales divisiones por razas, etnias, localizaciones y  familias, se están quedando obsoletas, perdiendo su significado, tanto real como simbólico. En la medida que se reconoce la centralidad del ser humano como persona de derechos, las fronteras de todo tipo se diluyen y aparecen como rémoras del pasado. La actitud de posesión implica todas las diferenciaciones sociales , comenzando por la más básica, entre el que posee y el que no posee, siguiendo por los estatus, clases sociales,  étnicas, raciales.  La actitud de comunidad de especie implica la consideración de que todas las personas somos diferentes como individuos, pero iguales como especie, con  los mismos derechos.  Esta actitud se  traduce en   comportamientos de reparto de los recursos materiales, para que todas las personas tengan lo que necesitan y usan, sin afán de atesorar y  enriquecerse.

“Pensar globalmente, actuar localmente”, es el lema del movimiento antiglobalización capitalista, que podemos hacer nuestro perfectamente.  Pensemos como miembros de la especie humana, sintamos fraternalmente las carencias de los humanos que en algún parte del  mundo, no cubren sus necesidades para vivir con dignidad,  y actuemos en consecuencia, personalmente,  en cada comportamiento concreto.  Cambiemos el Tener por el Ser  y estaremos fomentando la libertad, la igualdad y la fraternidad.

 3.  PULSION COPULATORIA VERSUS  CRECIMIENTO EROTICO:

      Los varones mantenemos un retraso evolutivo en nuestra sexualidad, fomentado por el patriarcado y la cultura de género.  La asignación a nuestra función reproductiva de connotaciones de poder patriarcal y de posesión de la infancia,  ha significado, en lo concreto,  la  permanencia de nuestra sexualidad en los reducidos límites de lo genital-reproductivo y en la esclavitud hormonal. La pulsión copulatoria influye en la configuración de una actitud  repleta de estereotipos machistas,  como la supuesta  poligamia masculina frente a la monogamia femenina,  como la importancia de la penetración coital como cénit de la experiencia sexual,  como la descarga seminal como necesidad fisiológica, como las expresiones afectivas consideradas síntomas de afeminamiento y  homosexualidad.  La actitud generada por la pulsión copulatoria  tiene consecuencias indeseables, como el mantenimiento de la prostitución,  la trata de blancas,  la explotación sexual de la infancia, el comercio internacional de afrodisíacos y medicamentos, como la Viagra, los  delitos contra la libertad sexual, entre otros muchos que podríamos relatar.  En todos estos fenómenos sociales, el varón aparece como agresor de la mujer y  pocas veces se le considera como víctima de los mismos. Sin embargo, los varones son víctimas de la ausencia de una educación sexual correcta que les induce a correr riesgos innecesarios para su salud, tanto física como psíquica y social.  Renunciar a la actitud de la pulsión copulatoria y  sustituírla por la actitud de crecimiento erótico supondría como  efecto beneficioso general para la especie, la abolición de todos los fenómenos sociales anteriormente citados. Sin clientes masculinos alienados, desaparecería la prostitución, la trata de blancas, la explotación sexual infantil, la pornografía, etc. Con la actitud del crecimiento erótico se pueden potenciar comportamientos saludables como el uso de la masturbación para lograr estados de bienestar personal,  descarga de tensiones y  relajación propiciadora del sueño.  Las relaciones sexuales interpersonales se centrarían en el placer sensorial corporal y en la comunicación afectiva.  El despliegue afectivo  supondría la abolición de los comportamientos violentos,  posesivos y  celotípicos y  el fomento de comportamientos lúdicos, pacíficos y comunicativos.  La pulsión copulatoria es sustituída por la erotofilia,  que necesariamente lleva a la construcción de una cultura de paz, hedonista  y democrática. 

Si  los varones somos capaces de  cambiar nuestras actitudes de Poder,  Posesión y Pulsión copulatoria  (las 3P) por las actitudes de Cooperación,  Comunidad de Especie y  Crecimiento Erótico (las 3C),  estaremos  actuando, en primer lugar,  a favor de nuestra calidad de vida,  de nuestra salud y  bienestar personal. Dejaremos de ser los malos de la película, los agresores de mujeres, los violadores, los suicidas de la velocidad, los adictos a las drogas, los traficantes de personas y los explotadores del trabajo de los demás.  En segundo lugar, actuaremos a favor de las mujeres y de la infancia, devolviéndoles su dignidad de personas que les hemos arrebatado al convertirlas en víctimas de nuestros desmanes machistas. En tercer lugar, actuaremos a favor de una sociedad humana, regida por criterios de cooperación y reparto,  creadora de una cultura de paz, y dejaremos de ser los protagonistas de las guerras genocidas y de la competitividad económica.  Las metas que proponemos, bien merecen el esfuerzo del cambio.  Démonos esa oportunidad. Gracias.