Julián Fernández de Quero
Lucerón
Licenciado en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca.
Presidente de la Sociedad Sexológica de Madrid y de la Fundación Sexpol.
Director del Master en Orientación y Terapia Sexual de ambas entidades.
Autor de:
"Nueva Convivencia Sexual", (Editorial Babilonia) ,
"Guía Práctica de la Sexualidad Masculina" (Ediciones Temas de Hoy),
"Hombres sin temor al cambio" ( Amarú Ediciones).
Educador, orientador y terapeuta sexual desde 1979.
JORNADAS
DE HOMBRES POR LA IGUALDAD
Jerez de la Frontera, 8 ,9 y 10
de Noviembre de 2001
Ponencia para la Mesa Redonda “El Cambio”
Julián Fernández de Quero
Resumen
de la ponencia:
Los varones hemos sido víctimas-verdugos
de la cultura de género. Los roles
y funciones asignadas a la masculinidad han supuesto tanto la violencia en todas
sus formas hacia las mujeres como la violencia hacia los propios hombres
generada por la introyección de
valores y comportamientos de alto riesgo (laborales,
militares, deportivos, políticos). Una cultura de cambio superadora del género implica
renunciar a las tres funciones clásicas masculinas (poder, posesión y
pulsión copulatoria ) por el desarrollo de otras tres funciones humanizadoras (
cooperación, comunidad de especie
y crecimiento erótico) Es lo que
en forma abreviada denominamos cambiar las “3p”
por las “3c”.
CAMBIEMOS
LAS 3P
POR LAS 3C
Estimadas
personas amigas: Como a lo largo y ancho de los dos días precedentes,
las personas que han intervenido han aportado datos abundantes acerca de
los orígenes y raíces del patriarcado y la cultura de género, me remito a
ellos para centrar mi intervención en el tema central de esta mesa: El Cambio.
Pero,
me vais a permitir que antes, subraye un aspecto que me parece
de gran importancia para lo que voy a decir después : La cultura de género,
como expresión ideológica del modo de producción y reproducción patriarcal,
afecta negativamente a todas las personas, hombres y mujeres.
Por lo tanto, el cambio necesario para superar las lacras del género
masculino, viene motivado no sólo por la solidaridad justificada de los hombres
hacia las mujeres, sino por el interés personal de cada hombre de dejar de ser
víctima de la mística de la masculinidad y mejorar su
propia calidad de vida. Esta
es la tesis principal de mi libro “Hombres sin temor al cambio”,
en el que creo dar suficientes argumentos concretos para justificarla.
El machismo perjudica
seriamente la salud de las personas, hombres y mujeres, y de ahí se deriva la
necesidad del cambio en todas y cada una.
El
cambio se puede concretar en múltiples comportamientos personales y colectivos,
desde la forma de afrontar la vida doméstica y laboral hasta el apoyo a
la discriminación positiva para que la democracia sea paritaria.
Pero, para que realmente los cambios sean eficaces, deben estar
orientados por un cambio de actitudes que se conviertan en referentes ideológicos
de los mismos. Refiriéndome
exclusivamente al ámbito de la masculinidad,
propongo que el cambio de actitudes se oriente a la renuncia de tres
actitudes de género masculino y su sustitución por tres actitudes
humanizadoras. Sería cambiar las
“3P” (Poder, Posesión y
Pulsión copulatoria) por las “3C” (Cooperación, Comunidad
de especie y Crecimiento erótico).
1.
PODER VERSUS COOPERACION:
El primer cambio de actitudes, supone para los varones la renuncia a
cualquier tipo de poder, entendiendo
éste como toda relación entre personas que lleve implícita la subordinación
: Desde la renuncia al poder marital o paternal que implica la subordinación de
las mujeres o de los hijos, hasta la renuncia al poder empresarial, que implica
la subordinación de los trabajadores o el poder político que implica la
subordinación de los ciudadanos. La
renuncia al poder no implica que tengan que dejar de existir las funciones de
crianza, las organizaciones
empresariales y las instituciones políticas, necesarias para el progreso de la
Humanización de la especie. Significa el cambio de actitud para
llenarlas con otros contenidos. Cambiar la actitud de poder por la actitud de
cooperación. Siguiendo con los mismos ejemplos, el padre no tiene poder sobre
sus hijos e hijas, sino que coopera con ellos y ellas en la tarea de asegurar
una crianza de calidad humana.
El
empresario no tiene poder
sobre las personas que trabajan en la empresa, sino que coopera con ellas para
la buena marcha de la misma en beneficio de todas. El político no tiene poder
sobre la ciudadanía, sino que coopera con ella para
aumentar los niveles de bienestar del colectivo. El cambio de actitudes
se refleja claramente en comportamientos concretos que son fácilmente
identificables. Que un político
ejerza su función como poder o como cooperación, se delata hasta en su forma
de vestir y de comportarse. El político con poder suele realizar un cambio
diferente al que aquí estamos proponiendo, aunque coincida en la denominación:
En la década de los ochenta, este cambio se denominó como el de las
“3C” : Desde el momento
que asume el poder, cambia de coche, de casa y de cónyuge. Estos ejemplos los
pueden hacer extensivos a cualquier ámbito de la actividad humana y en todas
encontrarán ejemplos de poder y de cooperación.
2.
POSESION VERSUS COMUNIDAD DE ESPECIE:
El segundo cambio de actitudes supone la renuncia a la actitud de la
posesión entendida ésta como el afán de poseer
por poseer, por aparecer por encima de los demás , por figurar en un
estatus superior. Como ya sabemos
desde hace siglos, la posesión y el poder van unidos ineludiblemente y la
renuncia a una supone la renuncia al otro.
Supone cambiar el valor de cambio por el valor de uso, el consumismo por
la vida simple. Algún ejemplo para
ilustrar esta propuesta: Poseer una vivienda por encima de las necesidades
reales de su uso, implica la contratación de un servicio doméstico,
generalmente una o varias mujeres cuya tarea consiste en limpiar lo que tú
ensucias, por la tercera parte del dinero que tu ganas y con el doble de
trabajo. Tu afán de posesión deriva en la explotación de otro ser humano, que
trae como consecuencia la formación de clases sociales, de colectivos con
estatus diferenciados. La renuncia
a la actitud de posesión y sus sustitución por una actitud de comunidad de especie,
implica la superación de términos como “los otros”,
“extranjeros”, “forasteros”, etc. Ya
sabemos que las peculiares condiciones de la evolución interna de la especie
humana, generó
subgrupos raciales (blancos,
negros, amarillos, etc.) , étnicos (españoles,
franceses, marroquíes, chinos, etc.), locales (mi pueblo y los de los otros) y
familiares (los Sánchez y los Pérez) . Pero,
estas divisiones no pudieron abolir la específica unidad de todos los humanos:
Pertenecemos a la misma especie animal. Actualmente,
en la cada vez más precisa “Aldea Global”,
estas tradicionales divisiones por razas, etnias, localizaciones y
familias, se están quedando obsoletas, perdiendo su significado, tanto
real como simbólico. En la medida que se reconoce la centralidad del ser humano
como persona de derechos, las fronteras de todo tipo se diluyen y aparecen como
rémoras del pasado. La actitud de posesión implica todas las diferenciaciones
sociales , comenzando por la más básica, entre el que posee y el que no posee,
siguiendo por los estatus, clases sociales,
étnicas, raciales. La
actitud de comunidad de especie implica la consideración de que todas las
personas somos diferentes como individuos, pero iguales como especie, con
los mismos derechos. Esta
actitud se traduce en
comportamientos de reparto de los recursos materiales, para que todas las
personas tengan lo que necesitan y usan, sin afán de atesorar y
enriquecerse.
“Pensar
globalmente, actuar localmente”, es el lema del movimiento antiglobalización
capitalista, que podemos hacer nuestro perfectamente.
Pensemos como miembros de la especie humana, sintamos fraternalmente las
carencias de los humanos que en algún parte del
mundo, no cubren sus necesidades para vivir con dignidad,
y actuemos en consecuencia, personalmente,
en cada comportamiento concreto. Cambiemos
el Tener por el Ser y estaremos
fomentando la libertad, la igualdad y la fraternidad.
3.
PULSION COPULATORIA VERSUS CRECIMIENTO
EROTICO:
Los varones mantenemos un retraso evolutivo en nuestra sexualidad,
fomentado por el patriarcado y la cultura de género.
La asignación a nuestra función reproductiva de connotaciones de poder
patriarcal y de posesión de la infancia, ha
significado, en lo concreto, la
permanencia de nuestra sexualidad en los reducidos límites de lo
genital-reproductivo y en la esclavitud hormonal. La pulsión copulatoria
influye en la configuración de una actitud
repleta de estereotipos machistas, como
la supuesta poligamia masculina frente a la monogamia femenina,
como la importancia de la penetración coital como cénit de la
experiencia sexual, como la
descarga seminal como necesidad fisiológica, como las expresiones afectivas
consideradas síntomas de afeminamiento y homosexualidad. La actitud generada por la pulsión copulatoria
tiene consecuencias indeseables, como el mantenimiento de la prostitución,
la trata de blancas, la
explotación sexual de la infancia, el comercio internacional de afrodisíacos y
medicamentos, como la Viagra, los delitos
contra la libertad sexual, entre otros muchos que podríamos relatar.
En todos estos fenómenos sociales, el varón aparece como agresor de la
mujer y pocas veces se le considera
como víctima de los mismos. Sin embargo, los varones son víctimas de la
ausencia de una educación sexual correcta que les induce a correr riesgos
innecesarios para su salud, tanto física como psíquica y social.
Renunciar a la actitud de la pulsión copulatoria y
sustituírla por la actitud de crecimiento erótico supondría como efecto beneficioso general para la especie, la abolición de
todos los fenómenos sociales anteriormente citados. Sin clientes masculinos
alienados, desaparecería la prostitución, la trata de blancas, la explotación
sexual infantil, la pornografía, etc. Con la actitud del crecimiento erótico
se pueden potenciar comportamientos saludables como el uso de la masturbación
para lograr estados de bienestar personal,
descarga de tensiones y relajación
propiciadora del sueño. Las
relaciones sexuales interpersonales se centrarían en el placer sensorial
corporal y en la comunicación afectiva. El
despliegue afectivo supondría la
abolición de los comportamientos violentos,
posesivos y celotípicos y
el fomento de comportamientos lúdicos, pacíficos y comunicativos.
La pulsión copulatoria es sustituída por la erotofilia,
que necesariamente lleva a la construcción de una cultura de paz,
hedonista y democrática.
Si los varones somos capaces de cambiar nuestras actitudes de Poder, Posesión y Pulsión copulatoria (las 3P) por las actitudes de Cooperación, Comunidad de Especie y Crecimiento Erótico (las 3C), estaremos actuando, en primer lugar, a favor de nuestra calidad de vida, de nuestra salud y bienestar personal. Dejaremos de ser los malos de la película, los agresores de mujeres, los violadores, los suicidas de la velocidad, los adictos a las drogas, los traficantes de personas y los explotadores del trabajo de los demás. En segundo lugar, actuaremos a favor de las mujeres y de la infancia, devolviéndoles su dignidad de personas que les hemos arrebatado al convertirlas en víctimas de nuestros desmanes machistas. En tercer lugar, actuaremos a favor de una sociedad humana, regida por criterios de cooperación y reparto, creadora de una cultura de paz, y dejaremos de ser los protagonistas de las guerras genocidas y de la competitividad económica. Las metas que proponemos, bien merecen el esfuerzo del cambio. Démonos esa oportunidad. Gracias.