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Masculinidades, violencia y
paz, |
Aunque las mujeres a menudo han fabricado armas y pertenecido a ejércitos – y en la época de las armas nucleares son igualmente objetivos de esas armas que los hombres – es históricamente raro que las mujeres hayan participado en combates. Los veinte millones de personas en las fuerzas armadas del mundo están compuestas fundamentalmente por hombres. En muchos países todos los soldados lo son, e incluso en aquellos países que admiten mujeres en el ejército los mandos son casi exclusivamente hombres. Los hombres dominan también otras ramas de la coacción, tanto en el sector público - oficiales de policía y guardias de prisiones-, como en el privado -agentes de seguridad –
En
el ámbito privado también, los hombres tienen más probabilidades de estar
armados y ser violentos. En los Estados Unidos una encuesta criminológica
demuestra que la posesión de armas de fuego es cuatro veces más alta entre los
hombres que entre las mujeres, a pesar de las campañas de la industria armamentística
para persuadir a las mujeres de comprar armas, (el porcentaje medio de hombres
estadounidenses que posee armas, en encuestas desde 1980 a 1994, es 49%.) En el
mismo país las estadísticas oficiales de 1996 muestran que son hombres el 90%
de los arrestados por asalto con violencia y el 90% de los arrestados por
asesinato y homicidio. Estos números no son excepcionales.
Hay
un debate sobre el reparto por géneros de la violencia en el hogar, y aunque
está claro que muchas mujeres son capaces de ejercer violencia (por ejemplo
castigando a los niños), la evidencia indica que la mayor violencia doméstica
es de los maridos hacia las mujeres. La violación ocurre fundamentalmente de
hombres a mujeres. La violación como crimen se camufla como intercambio sexual
bajo presión, y la mayor encuesta sobre conducta sexual en los Estados Unidos
muestra que una mujer tiene seis veces más probabilidades de tener una
experiencia de sexo forzado, casi siempre forzado por un hombre.
Además los hombres predominan en conducta belicosa en otras esferas de la vida,
por ejemplo en deportes de contacto como el boxeo y el fútbol que de alguna
manera implican un combate ritual y a menudo lesiones físicas. Estos deportes
son casi exclusivamente practicados por hombres. La conducción temeraria se
reconoce cada vez más como una forma de violencia y es principalmente
practicada por hombres. Los hombres jóvenes mueren en las carreteras cuatro
veces más que las mujeres jóvenes, y en muertes causadas el ratio es aún
mayor. Los hombres maduros, ejecutivos en empresas, toman decisiones que causan
heridas y muerte –lesiones a l@s trabajadoras/es, contaminación a l@s vecin@s
y destrucción del medio ambiente-.
En definitiva, los hombres predominan a través de todo el espectro de la
violencia. Una estrategia para la paz debe tomar en cuenta este hecho, sus
causas e implicaciones, en el trabajo para reducir la violencia.
Violencia “natural"
Hay una extendida creencia de que es natural para los hombres ser violentos, de
que los machos son inherentemente más agresivos que las hembras. El argumento
sería que “los chicos son chicos" y no se les puede enseñar otra cosa;
violación y combate —aunque lamentables— son parte del inamovible orden de
la naturaleza. Hay a veces una referencia a la biología, en particular a la
testosterona, la llamada “hormona masculina” como si se tratara de una
explicación universal de la agresividad masculina.
Pero una lectura cuidadosa de estas evidencias muestra que este esencialismo
biológico no es creíble. Los niveles de testosterona, por ejemplo, no son una
clara fuente de tendencias dominantes y agresivas en la sociedad, que son más
bien la consecuencia de relaciones sociales. Estudios culturales cruzados sobre
la masculinidad revelan una diversidad que es imposible explicar con un patrón
biológico.
Cuando hablamos de que estadísticamente las tasas de violencia “masculinas”
son más altas que las de las mujeres, no debemos inferir que todos los hombres
son violentos. Casi todos l@s soldados son hombres, pero la mayoría de los
hombres no son soldados. Aunque la mayoría de l@s asesin@s son hombres, la
mayoría de los hombres nunca asesinan o cometen un asalto. Aunque un número
horripilante de hombres cometen violaciones, la mayoría no lo hacen. Es un
hecho de gran importancia tanto en la teoría como en la práctica que hay
muchos hombres no violentos, esto también requiere una explicación y debe ser
tenido en cuenta en las estrategias para la paz.
Además, cuando señalamos que la mayoría de l@s soldados, deportistas
profesionales o ejecutiv@s son hombres, no hablamos sólo de individuos.
Hablamos de instituciones masculinizadas. La cultura organizativa e los ejércitos
por ejemplo está fuertemente masculinizada. Las recientes investigaciones
sociales dentro del ejército alemán y de otros países revelan un enérgico
esfuerzo para producir una estrecha definición de masculinidad hegemónica.
Asimismo el mundo del deporte no sólo refleja, sino que produce, sus versiones
particulares de la masculinidad
Podríamos decir, entonces que es en las masculinidades sociales, más que en
las diferencias biológicas, donde debemos buscar las principales causas de la
violencia relacionada con el género y las principales respuestas a la misma. ¿Cómo
entender las masculinidades sociales? Esta pregunta abre toda una nueva generación
de investigación.
Comprendiendo las masculinidades
En los últimos años ha habido mucha investigación sobre la naturaleza y
formas de las masculinidades sociales. Esta investigación, y los debates que la
acompañan, son un tema a nivel mundial. Nos hemos movido decisivamente más allá
del viejo concepto de que hay un único “rol masculino " o una estructura
de carácter "masculino" fija. Los estudios empíricos de los detalles
de la vida social son necesariamente complejos, pero algunas conclusiones
generales importantes parecen estar surgiendo de la investigación global.
1) Masculinidades múltiples. Diferentes culturas y diferentes periodos de la
historia construyen el género de manera diferente. En sociedades
multiculturales es probable que haya múltiples definiciones de la masculinidad.
También podemos encontrar más de un tipo de masculinidad en una cultura dada,
o incluso dentro de una institución determinada, como una escuela o lugar de
trabajo
Implicaciones: Una masculinidad violenta y agresiva rara vez es la única forma
presente en cualquier escenario cultural. La variedad de masculinidades que ha
sido documentada en las investigaciones puede darnos ejemplos y materiales para
la educación en la paz. Los programas educativos deben reconocer la diversidad
de los patrones de género, y las tensiones que pueden resultar de la diversidad
social
2) Jerarquía y hegemonía. Existen relaciones entre las diferentes
masculinidades, a menudo relaciones de jerarquía y exclusión. Hay generalmente
una forma “hegemónica” dominante de masculinidad, el centro del sistema de
poder relacionado con el género. La forma hegemónica no necesariamente es la
forma más común de masculinidad. Implicaciones: Un gran número de hombres y
niños tienen una relación fragmentada, tensa o de oposición con la
masculinidad hegemónica. Las alternativas sin embargo a veces son culturalmente
desacreditadas o despreciadas. Los grupos de hombres más poderosos usualmente
tienen pocos incentivos personales para el cambio de patrones de género. Otros
grupos pueden tener motivos de cambio más fuertes.
3) Masculinidades colectivas. Las masculinidades son sostenidas e implantadas no
solo por individuos, sino también por grupos, instituciones y formas culturales
como los medios de comunicación. Múltiples masculinidades pueden ser
producidas y mantenidas por una misma institución.
Implicaciones: La institucionalización de la masculinidad es un gran punto en
las estrategias de paz. Corporaciones, lugares de trabajo, organizaciones de
voluntari@s y el estado son importantes campos de acción. La lucha colectiva y
la reforma de instituciones son tan necesarias como las reformas en las vidas
individuales.
4) Cuerpos y esferas. Los cuerpos de los hombres no determinan patrones de
masculinidad, pero son muy importantes en la expresión de la misma, que
constantemente se muestra en experiencias y placeres corporales y en la
vulnerabilidad de los cuerpos.
Implicaciones: La educación para la paz puede estar muy centrada “en la
cabeza”. La salud, el deporte y la sexualidad son también temas que deben
tratarse, como construcción activa, en el cambio de la masculinidad.
5) Las masculinidades no existen antes de la interacción social, sino que se
construye en la acción. Las masculinidades son producidas activamente, usando
los recursos dados en cada ambiente. Implicaciones: El proceso de construir la
masculinidad, más que el estado final de la misma, puede ser la fuente de la
violencia. Ningún patrón de violencia masculina es definitivo, sin esperanza
de reforma social. De igual manera ninguna reforma es final. Es posible que los
cambios en patrones de género sean subvertidos y se reintroduzcan patrones
violentos de masculinidad.
6) División. Las masculinidades no son homogéneas, es probable que estén
internamente divididas. Las vidas de los hombres a veces contienen tensiones
entre deseos o prácticas contradictorias. Implicaciones: cualquier patrón de
masculinidad tiene potencial de cambio. Cualquier grupo de hombres es probable
que tenga intereses complejos y en conflicto, algunos de los cuales apoyarán el
cambio hacia patrones de género más “pacíficos”
7) Dinámicas. Las masculinidades son creadas en circunstancias históricas
específicas. Pueden ser desafiadas, reestructuradas o desplazadas. Las fuerzas
que producen cambios incluyen contradicciones dentro de las relaciones entre géneros,
así como la relación del género con otras fuerzas sociales. Implicaciones:
Las masculinidades están siempre cambiando, y esto crea motivos para aprender.
Sin embargo, como cualquier agenda de cambio, es probable que esté contra los
intereses de algunos grupos, asi que podemos esperar controversia y conflictos.
Estas lecciones están sacadas de investigaciones en patrones de género
locales. Al pensar en estrategias para la paz, sin embargo, debemos ir más allá
de los contextos locales y pensar a nivel global también.
Globalización de las masculinidades.
Los imperios coloniales desde donde partió la economía moderna contenían
fuertes estructuras de género, rompieron los modelos indígenas e instalaron
una masculinidad violenta en la posición hegemónica. Este proceso fue el
principio de un orden de género global, y las masculinidades de los
colonizadores fueron las primeras masculinidades globalizadas.
Finalmente, el proceso de descolonización rompió las jerarquías de género
del orden colonial. En los casos en que se dio lucha armada, el uso de tecnología
occidental militar también supuso la adopción de la masculinidad militar
occidental y por tanto más ruptura de los ordenes de genero basados en la vida
comunitaria.
Hoy la política mundial gira cada vez más alrededor de las necesidades del
capital transnacional. El neoliberalismo habla en un lenguaje genero-neutro de
“mercados”, “individuos” y “elecciones”, pero tiene un punto de
vista masculino implícito. El “individuo” de la teoría neoliberal tiene
los intereses y atributos de un hombre de negocios. Institucionalmente, el énfasis
en la competencia crea una particular jerarquía entre los hombres. Mientras
tanto, el cada vez menos regulado mundo de las corporaciones transnacionales
coloca estratégicamente el poder social en manos de determinados grupos de
hombres. Ésta es la base de una nueva masculinidad hegemónica a nivel mundial.
La forma de masculinidad hegemónica en este nuevo orden, es la masculinidad del
ejecutivo que opera en los mercados globales, y de los políticos y líderes
militares que tratan con ellos. Yo llamaría a esto “la masculinidad de los
negocios transnacionales” y creo que entenderlo será importante para el
futuro de las estrategias de paz.
Estrategias de paz y masculinidades.
La violencia tiene muchas causas – desposesión, pobreza, avaricia,
nacionalismo, racismo y otras formas de inequidad, intolerancia y deseo -. Las
dinámicas de género no son desde luego la base de todo. Sin embargo dada la
concentración de armas y prácticas de violencia en los hombres, los patrones
de género parecen ser estratégicos. Las masculinidades son las formas en las
que las dinámicas de la violencia toman forma.
Evidentemente, entonces, las estrategias para la paz deben incluir una
estrategia para el cambio en las masculinidades. Esta es la nueva dimensión en
el trabajo por la paz que sugieren los estudios sobre los hombres; desafiar la
hegemonía de las masculinidades que enfatizan la violencia, la confrontación y
la dominación, y reemplazarlas por patrones de masculinidad más abiertos a la
negociación, la cooperación y la igualdad.
La relación entre la masculinidad y la violencia es más compleja de lo que
puede parecer a primera vista, así que no hay un sólo patrón que cambiar. La
violencia institucionalizada (por ejemplo los ejércitos) requiere más de un
tipo de masculinidad, la masculinidad del general es diferente de la del soldado
de infantería, y los ejércitos asumen esto entrenándolos por separado. Las
diferentes masculinidades que son hegemónicas en diferentes culturas pueden
llevar a patrones de violencia cualitativamente diferentes.
Algunos patrones violentos de masculinidad pueden desarrollarse como respuesta a
la violencia, no sólo causarla. Un ejemplo importante es la “masculinidad de
la protesta” que emerge en contextos de pobreza y opresión étnica. Por otra
parte, algunos patrones de masculinidad no son violentos en las personas que los
asumen, pero su práctica crea condiciones para la violencia, como desigualdad y
desposesión, (caso de la masculinidad de los negocios transnacionales
mencionada antes)
Una estrategia de paz informada en género debe ser por tanto sofisticada en
cuanto a patrones de masculinidad. También debe estar diseñada para operar en
un amplio frente, más amplio que la mayoría de las agendas de cambio en los
roles de los sexos. Las áreas de acción para reducir la violencia masculina
incluyen
- Desarrollo: Escuelas, crianza y relaciones niñ@ - adult@ en la familia,
clases, grupos de juegos etc. (incluyendo temas comúnmente tratados por la
“formación de roles”) - Vida personal: Relaciones maritales y sexualidad,
relaciones familiares, amistad (incluyendo el papel de la violencia sexual y doméstica
en la construcción de la masculinidad.). - Vida comunitaria: Grupos de iguales,
vecinos, ocio incluyendo deportes (y subculturas juveniles que implican
masculinidades violentas). - Instituciones culturales: Educación superior,
ciencia y tecnología, medios de comunicación, artes, entretenimiento popular
(incluyendo masculinidades “ejemplares” en los deportes retransmitidos). -
Lugares de trabajo: Cultura ocupacional, relaciones industriales, corporaciones,
sindicatos y burocracia, el estado y sus aparatos de coerción (ejércitos,
policía etc.). - Mercados: Mercado de trabajo y los efectos del desempleo,
mercados de capital y de bienes, a nivel local e internacional, prácticas de
dirección e ideologías.
¿Qué principios podrían llevar a implementar acciones a través de este
espectro tan amplio? No creo que debamos seguir un modelo de redefinición del género
que intente que los hombres adopten un nuevo carácter, convirtiéndose al
instante en “el nuevo hombre”. Estos planes de fabricar héroes niegan lo
que sabemos acerca de la multiplicidad y la complejidad de las masculinidades.
Una estrategia para la paz debe insertarse en una estrategia aplicable de cambio
en las relaciones. El objetivo debe ser desarrollar prácticas para los hombres
que cambien las relaciones de género hacia una democracia de género.
Las relaciones democráticas de género son aquellas que se mueven hacia la
equidad, la no violencia y el respeto mutuo entre personas de diferentes géneros,
sexualidades, etnicidades y generaciones.
Rediseñando el género
Una estrategia de paz que se ocupa de las masculinidades, por tanto, no requiere
una completa ruptura con patrones de conducta con los que los hombres están
familiarizados. Algunas de los atributos de definiciones “tradicionales” de
la masculinidad (por ejemplo valor, determinación y ambición) son bien
necesarias para conseguir la paz. Se necesitan modelos activos para implicar a
hombres y chicos, especialmente cuando la paz se entiende no solo como la
ausencia de violencia, sino como una forma positiva de vida.
La tarea no es abolir el género, sino rediseñarlo, por ejemplo desconectar el
valor de la violencia, la determinación del prejuicio, la ambición de la
explotación. En el curso de este proceso, la diversidad crecerá. Hacer a los
chicos y hombres conscientes de la diversidad de las masculinidades que ya
existe en el mundo, más allá de estrechos modelos que normalmente se les
ofrecen, es una importante tarea educativa.
Aunque la jerarquía de las masculinidades es parte del problema de las
relaciones de género, el hecho de que hay diferentes masculinidades es un punto
en sí. Como mínimo muestra que la masculinidad no es un patrón fijo. Es más,
múltiples masculinidades representan complejidad de intereses y propósitos, lo
cuál abre posibilidades de cambio. Finalmente la pluralidad de los géneros
prefigura la creatividad de un orden social democrático. Para los hombres, el
paso a prácticas de género democráticas requiere un persistente encuentro con
las mujeres, no el separatismo que aún es fuerte en políticas sobre
masculinidad. Los programas “con relevancia de género" que se llevan en
escuelas que no necesariamente separan niños y niñas, sino que intentan
identificar los temas de género y hacerlos tema de un debate consciente, son
ejemplos importantes. La educación y la acción social deben ser inclusivos en
otro sentido también, respondiendo a los diferentes significados culturales de
género y las diferentes circunstancias socioeconómicas en las que los
estudiantes viven. Un programa para estudiantes de clase media suburbana puede
ser muy inapropiado para chic@s urbanos pobres, o chic@s rurales.
Nadie con experiencia en luchas por la paz, o intentos de rediseñar el género,
puede imaginarse que esto sea una tarea fácil. Reconocer la relación entre
masculinidades y estrategias para la paz no es una llave mágica. A veces de
hecho hace parecer más difíciles y complejas estrategias ya familiares.
Pero también, creo, abre caminos para mover obstáculos que en el pasado tanto
movimientos por la paz como por la democracia de género han encontrado.
El Dr Connell trabaja en la Universidad de Sydney.