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¿Masculinidad
o masculinidades?, por Alfonso Hernández |
Paul
Therox1
A
pesar de que en la última década se ha hablado con más frecuencia de la
masculinidad y por supuesto de la feminidad, es decir, del género, se
hace necesario clarificar lo que en este artículo se entiende por género:
es aquello que diferencia culturalmente a los sexos, es decir lo no biológico,
sino aquellas prácticas socioculturales que distinguen a los individuos en
masculino y femenino; ésto evitará la confusión de lo que se conoce como
"hombría" (sexo biológico) y lo que se conoce como masculinidad (género)
que es de carácter histórico, socialmente construido e incorporados ambos
factores en forma individual por el sujeto.
De
aquí que generalmente se aborde al hombre partiendo de dicho estereotipo, sin
embargo, hay nuevas aportaciones a la investigación de los hombres desde la
perspectiva de lo masculino, a partir de características positivas.
¿...y las mujeres? Ellas empezaron mucho antes que los hombres a
descubrir que no hay sólo una forma de ser ellas, que hay diferentes formar de
ser mujer, mientras que los hombres nos quedábamos asidos, prácticamente
"agarrados" a nuestro modelo de "ser hombre", hasta fechas
recientes en que se ha admitido y se ha hecho respetar por otros hombres que
también hay otras formas de "ser" de la masculinidad que son válidas,
aunque no correspondan al modelo homofóbico predominante en la actualidad. Esto
se ha aprendido en gran parte de los movimientos feministas, del feminismo y sus
traspiés, y por supuesto de sus aciertos, entre otros, el de
"atreverse" que es una característica muy asociada al género
masculino, pero parece que las mujeres la tienen más presente a través de su
vida.
Entre los investigadores se ha encontrado la dificultad, de que a pesar de que el mundo del hombre es el de la esfera pública, éste como sujeto individual no habla de sí, sino que habla de "los hombres", de los otros, y menos de sus sentimientos; otros, han encontrado que ahora el hombre2 se ha animado a hablar de sí mismo y aún más: que se está revelando a ser ese "superhombre" que corresponde al modelo, (y por lo tanto deseado e inalcanzable) de "ser atractivo, fuerte, proveedor, propenso a la violencia y la agresividad, protector de las mujeres, el que todo lo sabe y todo lo puede"; ésto va de la mano con el concepto de hombre y de "poder" del que habla Foucault "que establece que donde existe el poder hay resistencia".3 En este caso se da no sólo de parte de las mujeres dicha resistencia al modelo patriarcal, sino de los propios hombres al ver que ya no es posible llenar un modelo tan difícil de asumir en la época actual en que la situación socioeconómica y política ha obligado a la transición en los roles de género asignados.
Pero vayamos a lo que es ser masculino hoy día. En este mundo cambiante se dice
que el hombre está transformándose, y que actualmente no sólo se está en un
momento de transición, sino en una verdadera crisis. Más aún, como lo dice K.
Thompson: "la masculinidad no está en crisis , sino que la masculinidad
podría no existir".4
Dentro de estas formas de ser hombre se incluyen los grupos minoritarios que han
surgido a últimas fechas, entre otros, los que pudieran llamarse profeministas,
pero que las feministas prefieren llamar "masculinistas"; también los
llamados "guerreros de fin de semana", los grupos de hombres gays; y
por supuesto, los que proponen y mantienen el modelo predominante de la
masculinidad tradicional (agresividad, fuerza, valentía, etc.).
El hecho de considerar o partir de que hay sólo una
masculinidad en singular, nos impide generalmente darnos cuenta de la variedad y
gran riqueza de la experiencia de la masculinidad, ya que cuando uno cae en esta
posición de señalar que sólo hay una forma de masculinidad se corre el riesgo
de volverse fundamentalista y por lo tanto, caer en la intolerancia. El hecho de
juzgar que sólo hay una masculinidad y que ésta es la "correcta" nos
dejaría a una gran cantidad de hombres, (por no decir a la mayoría) fuera de
lo "correcto". Ya se ha visto, que juzgar al hombre o a la mujer desde
esa forma maniquea nos lleva a formas de discriminación desde las más sutiles,
hasta las más burdas y que van en contra de los derechos humanos (de hombres y
de mujeres). Recuérdese el caso de algunos centros de diversión y de otro
tipo, en los cuales no se permite la entrada a las personas por no llenar
requisitos (gente "bien" o gente "bonita") de feminidad o
masculinidad socialmente impuestos por los grupos hegemónicos, cayendo así en
el campo del racismo y la intolerancia a los diferentes, llámense éstos:
afeminados, gays, lesbianas, morenos, negros, etc. En fin, grupos minoritarios y
no tan minoritarios como serían los pobres.
El caer en ese tipo de absolutismo, también nos lleva a
pensar que entonces habría que considerar que efectivamente sí hay
"masculinidades" pero tratadas desde un punto de vista axiológico, de
lo que es correcto, "bueno" y de lo que es "malo"; por lo
tanto para los grupos predominantes en tanto que detentan el poder habría sólo
un tipo correcto y por lo tanto "bueno" de masculinidad; los otros,
serían incorrectos y "malos", siendo que en la sociedad se dan
infinidad de modelos.
Sin embargo y a pesar de que estamos en una sociedad
patriarcal y homo/lesbofóbica en que el amplio abanico de la masculinidad se ve
reducido a sólo una opción pública (la correcta) y a otras clandestinas y/o
privadas o solamente aceptadas por minorías o pequeños grupos cerrados, tornan
muy difícil la elección conciente de pertenecer a un grupo cuyo referente no
sea el "correcto" el "normal" o el "bueno".
Como dice la periodista Cristiane Collange en su libro No
es fácil ser hombre, "cuando sólo hay un modelo en el escaparate, la
elección es muy sencilla",7
ni siquiera parece opción, ya que no había más. Pero ahora se está viendo en
los jóvenes y en algunos no tan jóvenes, que se están atreviendo a ser
diferentes o negándose a ser como sus padres fueron –ya sea por elección
propia o porque no había más opción– como en el caso de los hombres
actualmente desempleados y que se ven "obligados" por la situación
socioeconómica a realizar el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos. O áquellos
que ven "invadido" su campo de trabajo por las mujeres, que aumentan
cada vez más los porcentajes de las obreras, las contadoras, etc., con la
consecuencia económica de que en lugar de que las mujeres obtengan los mismos
ingresos por el mismo trabajo, provocan aparentemente que dicho trabajo desempeñado
por ellas se abarate. Así mismo, algunos hombres han desafiado a sus grupos
familiares y sociales de referencia al asumir ciertas actividades que usualmente
realiza la mujer, sobre todo en el ámbito de lo doméstico y en el cuidado de
los hijos. Esto se observa en los jóvenes universitarios y otros pertenecientes
a la clase media; sin embargo, si ésto se hace público en su grupo familiar o
en otros grupos sociales como en el trabajo, por ejemplo, hay un efecto de
represión; entre su grupo de iguales, es más aceptado este tipo de
masculinidad. Esto lo plantea Rafael Ramírez mas claramente cuando habla de que
"los encuentros entre los hombres están trabajados por el poder, la
competencia y el conflicto potencial; por supuesto no se excluye la capacidad
para establecer relaciones de compañerismo, cooperación, lealtad y
afectividad, pero estas ocurren en el marco de las relaciones de poder y
significa sobreponerlas al juego del poder. Desde la niñez uno aprende a darse
a respetar, a responder a las agresiones y a defenderse tanto física como
verbalmente; a demostrar invulnerabilidad, valor y control. Crecemos en un
ambiente en el que se nos exige la afirmación constante de esos atributos
definitorios de la masculinidad. Las exigencias de lo masculino son muchas,
existen variaciones en la forma de demostrarlo, que dependen de la clase social,
religión, grupo de edad, condición física y mental y de los grupos de
referencia, como los grupos de trabajo, instituciones educativas, vecindario y
grupos de pares".8
Algunos investigadores –entre ellos Bly–, hablan de una
nueva masculinidad en que se busca lo "profundo masculino";9
es decir, el hombre firme, más no duro, que acepte sus emociones, sentimientos
y sufrimientos, que descubra esa riqueza emocional y esa intensidad espiritual
que posee pero que no muestra, porque no se lo permite ni se le permite, por no
corresponder al modelo masculino predominante.
Esta imagen de la masculinidad, unida a cualidades positivas
que propone Bly y las propuestas por H. Kaje,10
en que invitaba a los hombres a acudir a cosas distintas a su trabajo o
actividad para apoyar su identidad personal y valorarse mejor a sí mismos, están
apoyando ahora, a grupos que buscan una nueva identidad que los lleve al
reencuentro de sí mismos.
Otros estudiosos de las masculinidades como Meade11
sostienen que en este momento nos encontramos al término de un período histórico
en que se está acabando el dominio establecido por el arquetipo del hombre-rey,
(o como diría Elizabeth Badinter12
el hombre-divinidad), y que en este momento, propicio para la aparición
de movimientos reivindicadores de lo masculino, se puede llegar a los excesos;
es decir, a la formación de movimientos dogmáticos e ideológicos que
recuerdan en alguna forma al movimiento feminista en sus albores, con aquellas
consignas más de tipo mítico que real de "las mujeres sí, los hombres
no".
Por último, ¿qué es lo que pretenden los movimientos
reivindicatorios de las masculinidades actualmente?
No se pretende luchar "contra" las mujeres o el
feminismo, ya que no se les ve como movimientos antagónicos, sino como grupos
coincidentes en cuando menos dos puntos básicos: el de ampliar los conceptos de
democracia y de igualdad, y en el objetivo de tratar de "construir una
explicación teórica que les permita transformar sus vidas" de una forma
menos dolorosa y desde la práctica en lo cotidiano, para forjarse una nueva
identidad, que como hombres les impida seguir siendo opresores.
Notas
1.
Thompson, Keith. Ser Hombre.
Ed. Kairós. Barcelona, 1993. p. 25.
2.
Kaufman, Michael. Hombres. Placer poder y cambio. CIPAF. Santo Domingo,
1989.
3.
Ramírez, Rafael. Dime capitán. Ediciones Huracán. Puerto Rico, 1993.
p. 128.
4.
Thompson, Keith. Ibíd. p. 11.
5.
Ibíd. p. 12.
6.
Idem.
7.
Collange, Christiane. No es fácil ser hombre. Sudamericana-Planeta.
Argentina, 1986. p. 33.
8.
Ramírez, Rafael. Idem.
9.
Thompson, Keith. Ibíd. p. 13.
10.
Ibíd. p. 19.
11.
Ibíd. p. 20.
12.
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