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La Masculinidad y la Reticencia al Cambio, por Michael Kimmel |
¿Qué obstáculos enfrentamos para integrar a los hombres a
la discusión de su propia salud sexual y reproductiva? En los últimos 25 o 30
años ha habido una enorme transformación de nuestro entendimiento sobre el
significado del género. Gracias al movimiento feminista hemos comprendido que
el género es un asunto de importancia vital, particularmente en lo que se
refiere a la identidad. A las mujeres sólo se les estudiaba en tanto
componentes del matrimonio o la familia. En cambio ahora hay programas de género
por todas partes, en los que primordialmente se estudia a las mujeres. Esto ha
propiciado la invisibilidad de la parte masculina del género. La mayoría de
los hombres no saben que el género es importante para ellos. Género no es el
sexo biológico de los machos humanos, sino la construcción de la masculinidad,
cuyo significado varía dramáticamente de una cultura a otra, e incluso dentro
de una misma cultura, con el tiempo y otras categorías como raza, clase, etnia,
religión, sexualidad y edad. Por ejemplo, un hombre negro, de 75 años de edad,
gay, viviendo en Chicago, y uno blanco de 19 años, heterosexual que vive en una
granja de Iowa, obviamente tendrán diferencias en su definición de
masculinidad, pero también puntos en común. Actualmente la investigación
requiere especificar cuáles son las tesis comunes y las variables acerca de la
masculinidad.
La invisibilidad de la masculinidad no sólo es académica,
sus consecuencias son graves y de carácter político. Para ilustrar lo anterior
voy a referir una conversación entre una mujer blanca y una negra:
La negra pregunta: "Cuando te miras al espejo, ¿qué
ves?" "Veo una mujer", responde la blanca. La negra explica:
"Ese es el problema, cuando yo me miro al espejo, veo una mujer negra. Para
ti la raza es invisible, porque así funcionan los privilegios." O sea que
los privilegiados no saben cómo o por qué los son. Antes cuando me veía al
espejo veía a un ser humano, sin raza, clase o género: universal. A partir de
esa conversación me convertí en un hombre blanco de clase media. Me di cuenta
de que la raza, la clase y el género también tenían que ver conmigo. Si
queremos que los hombres entren a la discusión de la salud sexual y
reproductiva, tenemos que hacer la masculinidad visible para ellos y darnos
cuenta de que la invisibilidad es consecuencia del poder y el privilegio.
Las cuatro reglas de la masculinidad
Hay que pluralizar y desagregar la masculinidad pues son múltiples
sus construcciones, aunque también hay que señalar que ideológicamente éstas
no son vistas como iguales. Hay jerarquías, no sólo de hombres sobre mujeres,
sino de hombres sobre otros hombres, heterosexuales sobre homosexuales, blancos
sobre negros, personas de edad mediana sobre viejos y jóvenes, etcétera. Sin
embargo hay una definición hegemónica de la masculinidad. Irving Goffman la
describe: Sólo existe un hombre ideal, completo y orgulloso de sí mismo en
Estados Unidos: joven, casado, blanco, urbano, del norte, heterosexual,
protestante, padre, con educación universitaria y empleo de tiempo completo,
buena complexión física, peso y estatura y un récord deportivo reciente. El
hombre que no pase cualquiera de estos requisitos se verá a sí mismo como
devaluado, incompleto e inferior. El machismo es una consecuencia psicológica
de esta sensación. Un psicólogo acuñó las cuatro reglas de la masculinidad
que tienen que ser suscritas por los hombres todo el tiempo. La primera y más
importante es: Nada de mariconadas. No se puede hacer nada que
remotamente sugiera la feminidad. La masculinidad es el repudio de lo femenino.
Todo lo demás no es más que una elaboración de esa primera regla. La segunda
regla: Sé importante. Medimos tu masculinidad por el tamaño de tu
chequera, poder, estatus. La tercera regla: Sé duro como un roble. Lo
que define a un hombre es ser confiable en momentos de crisis, parecer un objeto
inanimado, una roca, un árbol, algo completamente estable que jamás
demuestre sus sentimientos. La cuarta regla: Chíngatelos. Ten siempre un
aura de atrevimiento, agresión, toma riesgos, vive al borde del abismo.
Mientras la idea de feminidad ha variado dramáticamente, la
ideología de la masculinidad no ha cambiado en los últimos 50 años, pero además
se aplica contra los "otros": las mujeres, los ancianos, los gays, los
negros. Todos tienen mucho o poco en términos de género. Se les ve así como
violentos, rapaces, bestias, o bien, débiles, indefensos o dependientes, no
pueden sostener una familia, son feminizados.
Pero el problema no son los hombres sino la definición
tradicional de masculinidad, la cual heredamos y tratamos de incorporar a
nuestras vidas, aunque finalmente nos deje una sensación de vacío. En Estados
Unidos, los movimientos más grandes de hombres son motivados por la
espiritualidad, porque sienten que su vida no tiene sentido, no es coherente.
Por eso pienso que los hombres no son el enemigo en la lucha por la salud sexual
y reproductiva y la equidad de género. Es la masculinidad tradicional lo que
mantiene a muchos hombres a la defensiva cuando se les presenta una ideología
de equidad ante las mujeres, los gays, etcétera.
Esto funciona en seis áreas: paternidad, educación,
violencia, violencia sexual, sexualidad y sida.
Para que los hombres sean buenos padres no basta con motivación,
también se requieren políticas adecuadas tales como licencias de paternidad.
Las mujeres demandan guarderías apropiadas, horarios flexibles y licencias de
maternidad, pero eso no sólo es asunto de ellas, sino de las parejas. Cuando
los hombres se identifiquen como padres también exigirán esos derechos. Sin
embargo, la invisibilidad de la masculinidad lo dificulta mucho. La exigencia de
ser importante y conservar poder y estatus implica pasar más tiempo en el
trabajo y alejarse del hogar, la familia y los hijos; ser duro como un roble
significa no cultivar las habilidades emocionales para cuidar, amar y criar a
nuestros hijos.
En las escuelas hemos trabajado durante años contra la
discriminación hacia las niñas. Ahora a ellas les está yendo muy bien en
ciencias, mientras que a los niños les va muy mal en filosofía, inglés y
humanidades. Los niños están activamente impidiéndose hacer un buen papel en
estas áreas. Algunos de ellos dicen que "a las niñas les va mejor en
lengua inglesa porque ellas expresan sus sentimientos", o bien "la
lengua inglesa no va con la manera de pensar de los chavos" o "la
lengua inglesa es la peor pendejada, la mayoría de los tipos a los que les
En cuanto a la violencia, recordemos la tercera regla de la
hombría: Chíngatelos, es decir, sé atrevido, agresivo, toma riesgos.
En Estados Unidos cada vez que hay una balacera en una escuela primaria, se
desatan grandes debates que nunca dan en el clavo, se habla sobre la cultura del
sur, sobre las armas, sobre la ausencia de los padres en la familia, etcétera,
y resulta que todos esos niños tenían padres en sus casas y de hecho ellos les
habían enseñado a disparar. La mayoría de los pandilleros chicanos en Los
Angeles vienen de familias intactas. Sin embargo, la masculinidad permanece
invisible en esta discusión. Mientras no confrontemos las ideas de "chingarse
a los demás" y cultivar un aura de atrevimiento y agresión, vamos a
perder la oportunidad de discutir la violencia con otros hombres.
Por otro lado, pareciera que los hombres tienen todo el
poder; sin embargo, de manera individual, ellos no se sienten poderosos. El
feminismo ha dicho que los hombres tienen el poder como grupo; sin embargo, al
observar a los hombres reales en su cotidianidad nos damos cuenta de que no
tienen ningún poder. Sus mujeres, sus hijos y sus jefes les exigen una serie de
cosas ante las cuales se sienten sin poder, devaluados, incompletos e
inferiores, de ahí que estén a la defensiva. ¿Cómo podemos hablar acerca de
la violencia sexual y las violaciones sin confrontar la ideología de la
masculinidad que exige que los hombres se sientan poderosos cuando en realidad
no lo son? Es exactamente en esa disyuntiva donde debemos intervenir.
Los investigadores apuntan que hay tres disfunciones sexuales
principales entre los hombres: la disfunción eréctil, el deseo inhibido, es
decir, no querer tener relaciones sexuales todo el tiempo, y la eyaculación
precoz. Recordemos que la ideología nos dicta que "hay que chingar, estar
siempre listos para el sexo, buscarlo siempre, tener un pene de diez pulgadas,
duro como un fierro y usarlo sin parar", lo cual me parece un modelo
bastante hidráulico de la sexualidad masculina. Esos tres problemas se
relacionan con el placer sexual; sin embargo, cuando acuden a terapia, los
hombres no lo hacen por falta de placer sino porque no se sienten
suficientemente hombres. Su problema no tiene que ver con el placer sino con la
masculinidad. Si abordamos únicamente el placer sexual no estamos dando en el
blanco. Los hombres ven al sexo como una manera de confirmar su identidad como
hombres. La adecuación sexual masculina es la combinación de ser como un roble
que no siente nada y chingar, es decir, buscar sexo continuamente, buscar
continuamente situaciones en las que no se sienta nada, pero que reafirmen su
masculinidad.
Finalmente, hablemos del sida. En los países desarrollados,
92 por ciento de la gente con sida son hombres. Es cierto que las mujeres
constituyen el grupo de pacientes que está creciendo más rápidamente y que el
sexo desprotegido en una relación heterosexual pone en mayor riesgo a una mujer
que a un hombre; sin embargo, 92 por ciento de los casos en Estados Unidos son
hombres. Esta es la enfermedad más relacionada con el género que hemos
experimentado. Por eso debemos empezar a hablar acerca de la ecuación entre la
masculinidad y la tentación de correr riesgos. Me parece vital que abordemos al
sida (al menos en parte) como una enfermedad de la masculinidad; de la toma de
riesgos. Pensemos en el sexo seguro desde el punto de vista de la masculinidad.
Para los hombres la expresión sexo seguro es un oximorón (es decir, una
frase en donde dos palabras se anulan una a la otra como en el caso de enano
gigante, inteligencia militar, o ciencias sociales). Lo sexual para ellos es
apasionado, explosivo impulsivo, espontáneo, mientras que lo seguro es suave,
tibio, acariciable, así, cuando decimos "sexo seguro" lo que ellos
escuchan es "dejen de tener relaciones sexuales como hombres". Por eso
es tan difícil hacer que los varones heterosexuales practiquen el sexo seguro.
Entre los gays la respuesta al sida ha sido "cómo erotizar al sexo
seguro". Por eso la tasa de infecciones nuevas entre la comunidad gay ha
disminuido, porque el sexo aún confirma la masculinidad, pero en un contexto de
seguridad. Si no fuera por la homofobia estaríamos pidiendo a los homosexuales
que nos enseñaran a erotizar el sexo seguro, tenemos tanto que aprender de
ellos. Las mujeres saben que la seguridad y el placer sexual no son opuestos,
sino necesarios entre sí, pues ellas han sido responsables del control natal
durante mucho tiempo.
Feminismo libertador de hombres
En conclusión, hay que tener en cuenta que los hombres en lo
individual están haciendo lo mejor posible para ser buenos padres, esposos o
compañeros; sin embargo, la manera en que se les enseñó a ser hombres les
dificulta mucho el camino. Por eso, por una parte, están reticentes al cambio,
pues las demandas de la masculinidad tradicional los han dejado sintiéndose
inseguros, devaluados, incompletos e inferiores. Entonces si pierden su noción
de la masculinidad lo pierden todo. No tienen de dónde agarrarse; por otra
parte, están desesperados por encontrar maneras de ser mejores padres, compañeros,
esposos y amigos entre ellos. Por eso sugiero no retar a los hombres en lo
individual, sino confrontar a la masculinidad en general, para permitirles vivir
animados por el amor, la compasión, la crianza de los hijos y por mejores
relaciones de pareja.
Un autor escribió en 1917 que el feminismo hará por primera
vez libre a los hombres porque representa un reto para las definiciones
tradicionales de la masculinidad. Nos ofrece un proyecto para llegar a
transformarla. El ejemplo está frente a nosotros en el movimiento de las
mujeres y en el movimiento lésbico gay
Ponencia presentada en el evento "Los varones frente a
la salud sexual y reproductiva" el pasado mes de marzo.
Traducción y selección de texto Manuel Zozaya
Fuente: Eurowrc - http://www.eurowrc.org/