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Obstáculos a la comprensión
e intervenciones |
La
violencia contra las mujeres es un grave problema social sobre el cual todas las
personas deberíamos actuar para que pueda ser erradicado, y un primer paso para
ello es que debe ser comprendido y reconocido en toda su complejidad. El modo en
que dicho reconocimiento sea efectuado será fundamental a la hora de pensar
intervenciones.
Desde
un modelo de pensamiento estratégico sobre el cambio, las soluciones a un
problema derivan de la concepción que se tenga acerca de ese problema. En el
caso de la violencia, actualmente la concepción hegemónica es simplista,
oscurecedora, y está constituida por una serie de explicaciones -algunas
populares o naturalistas, otras “científicas”-, muchas de las cuales actúan
como obstáculos al avance en el conocimiento y en el desarrollo de
intervenciones eficaces no paliativas.
Un
abordaje integral y transformador requiere la remoción de estos obstáculos
-una ruptura epistemiológica-, que sólo puede hacerse a través de
herramientas de conocimiento críticas con el tipo de conocimiento que los
producen, que permitan vísibilizarlos, desconstruirlos y deshacerlos. Y esas
herramientas son, desde mi punto de vista: la perspectiva feminista de género,
la consideración de la subjetividad de los sujetos en juego y un enfoque estratégico
de cambio centrado en la prevención.
En
la siguiente lista enumeraré algunos de esos obstáculos, y las síntesis de
las nuevas perspectivas resultantes de operar sobre ellos con las herramientas
mencionadas:
Obstáculo
1: Consideración del problema de la violencia contra las mujeres como del orden
de lo “objetivo”, alejado y ajeno a a persona que habla de él
Nueva
perspectiva:
Consideración del problema como del orden de lo subjetivo, lo cercano y lo
no-ajeno. La violencia siempre nos toca de un modo u otro, como sujetos u
objetos. Se experiencia subjetivamente y frente a ella no se es nunca objetivo,
colocándose habitualmente mujeres y varones en posiciones valorativas disímiles
respecto a ella. De esto, por supuesto, no escapan quienes que se ocupan
profesionalmente del problema, y cuando creen que lo pueden hacer, en realidad
lo hacen a costa de su propia persona y la de aquéllas objeto de su asistencia.
Obstáculo
2: Visibilización social de la victima-mujerIniñ~ e invisibilización del
victimario, con consiguiente definición del problema como “de mujeres”
Nueva
perspectiva:
Definición de la violencia contra las mujeres como un problema de producción
fundamentalmente masculina, con particularidades diferenciales según los
diversos contextos interpersonales en los que se realiza. Nombrar a los varones
supone responsabilízarlos y también hacerlos sujetos posibles de prevención y
de compromiso para colaborar activamente en la lucha contra la violencia.
Obstáculo
3: Consideración del problema de la violencia contra las mujeres corno de
causalidad individual
Nueva
perspectiva:
Consideración del problema como de causalidad estructural, compleja, social,
genérica, histórica, personal, y en una matriz cultural que propicia, Iegitima
y perpetúa el ejercicio de la violencia contra las mujeres (cultura de dominación
masculina con modelos sociales de relaciones desigualitarias de género).
Obstáculo
4: Definición acotada de la violencia contra las mujeres y percepción
solamente de sus formas más graves
Nueva
perspectiva:
Definición amplia de la violencia como una estrategia con fines de subordinación
yio anulación, con utilización de la fuerza -en sentido amplio- en un
contexto de abuso de poder, y un atentado consiguiente a la integridad personal.
Desde esta definición surge, como uno de los pilares de las nuevas
intervenciones sobre la violencia, la visibilización y/o desnaturalización de
las formas menos graves de violencia -entre ellas los micromachismos- y su papel
como caldo de cultivo para formas más graves, a través especialmente de
detectar sus efectos en la vida, salud y libertad de las mujeres, y para
aumentar su percepción y disminuir la tolerancia frente a ellas.
Obstáculo
5: Mitos sobre la violencia masculina y el perfil del maltratador
Nueva
perspectiva:
Revisión crítica de las “causas” de la violencia contra las mujeres tales
como el alcoholismo, las drogas, los factores socioeconómicos, el
“descontrol” por ira, celos, frustraciones, las patologías mentales o los
conflictos de pareja, y comprensión del efecto ¡imitador (intentan explicar sólo
violencias físicas) y justificador de los mitos.
Obstáculo
6: Percepción de la violencia contra las mujeres como incidentes relacionados
con la agresividad y el “descontrol” de algunos varones
Nueva
perspectiva:
Percepción de la violencia como un proceso relacionado con la dominación y el
control masculinos que realizan en diversos grados casi todos los varones ya sea
en forma directa (dominación agresiva o controladora) o como usufructo de
ventajas de género. Proceso que no está directamente relacionado con
“comportamientos irregulares” sino con motivaciones y cuestiones de
“autodefensa” frente a la “rebelión” femenina y que se ve como legitimo
por muchas personas.
Obstáculo
7: Mitos sobre las responsabilidades femeninas
Nueva
perspectiva:
Revisión crítica de las “provocaciones” femeninas, el masoquismo o la
conveniencia de la mujer, o la madre como socializadora exclusiva de los varones
en el uso de la violencia, como “causas” de la violencia, entendiéndolas
como variantes responsabilizadoras hacia la mujer. La excesiva importancia que
se está dando al problema del “hombre maltratado” es una última versión
de estos mitos.
Obstáculo
8: Desconocimiento de la correlación entre los formatos hegemónicos de
masculinidad y feminidad, y la violencia contra las mujeres
Nueva
perspectiva:
Reconocimiento de la correlación entre violencia contra las mujeres y
masculinidad hegemónica (por los valores que promueve), y de la masculinidad y
feminidad hegemónicas como factores de riesgo al ser organizadoras de
identidades desigualitarias. Correlación de esto con las violencias entre
varones y la pedagogía del castigo y el autoritarismo. Necesidad de la
construcción o jerarquización de masculinidades resistenciales que se apoyen
en valores pacíficos y respetuosos, igualitarios y democráticos.
De esta perspectiva, así como de algunas de las otras que aquí se comentan, se puede deducir que la reflexión autocrítica masculina sobre la propia posición en las relaciones con las mujeres se torna imprescindible.
Obstáculo
9: DesrresponsabiliZaCión de casi todos los varones en relación a la violencia
contra las mujeres (y aun de los violentos) y culpabilización femenina
Nueva
perspectiva:
Desculpabilizar a las mujeres y responsabilizar a los varones, que se encuentran
en relación a la violencia en algún lugar del continuum violencia-no
violencia/igualdad-desigualdad, desde el cual actúan, y a la sociedad que la
permite por acción u omisión.
Obstáculo
10: Resistencia masculina al conocimiento del problema, y tendencia a no
percibirse casi nunca como violento (violentos son los otros)
Nueva
perspectiva:
Importancia de la motivación para el no-cambio masculino, por la defensa
de los “derechos masculinos”, y la naturalización de las ventajas de género.
Necesidad de utilizar un abanico de palabras que designen los diversos tipos de
violencia y no sólo “violencia”, que es la que produce el máximo rechazo
masculino y obstaculiza el acercamiento autocrítico al problema.
Obstáculo
11: Resolución del problema de la violencia contra las mujeres considerada como
de índole penal y educativa
Nueva
perspectiva:
Consideración del problema como necesitado de intervenciones pluridisciplinares,
sociales, penales, educativas, pero también de índole sanitario. Definida la
violencia masculina también como un problema de salud, se puede pensar a los
varones que la ejercen, o que pueden ejercerla, como sujetos posibles de
prevención, detección precoz, asistencia y rehabilitación, para evitar daños
a la salud ajena y a la propia. Para ello, es fundamental la reconversión de
los recursos profesionales que generalmente no están preparados para abordar
este problema.
A
partir del trabajo con personas de todas las edades, victimas, varones que
ejercen violencia y profesionales del tema, estoy cada vez más convencido que
para luchar eficazmente contra la violencia hacia las mujeres es prioritario
trabajar para que todos estos obstáculos sean visibilizados y removidos. Que
las mujeres y los varones no los ignoren, y que especialmente los operadores
sociales que se ocupan del tema (en la justicia, la sanidad y la educación) no
queden seducidos por ellos.
Personalmente,
una de mis actividades desde hace unos años consiste en la formación de
personal sanitario y educativo en temas relacionados con la violencia masculina,
y en dicha formación, la jerarquización de la remoción de los obstáculos
antes enunciados cobra un lugar especial. Frecuentemente -y sobrecargados por la
urgencia de resolución del problema- la expectativa del alumnado es el
aprendizaje de “técnicas” y la obtención de “información”, y por ello
el trabajo sobre los obstáculos no es fácil de establecer. Sin embargo, sin
ese trabajo previo, dicha expectativa sólo permite saber más de lo mismo, sin
ruptura con el conocimiento sesgado y entorpecedor de abordajes integrales que
aqui hemos intentado criticar.
Sólo
un nuevo modo de conocimiento puede permitir nuevas perspectivas desde las
cuales la incorporación de informaciones útiles y el empleo de técnicas
eficaces será posible. Y para que ello sea posible en primer lugar deberemos
animamos, a cuestionar (y autocuestionarnos) los modelos sociales de relación
entre mujeres y varones y los formatos hegemonicos de masculinidad y feminidad
que sustentan el obstáculo No. 8 (el desconocimiento de la correlación entre
violencia y masculinidad y feminidad hegemónica). Y en este cuestionamiento,
como hemos visto, la utilización de herramientas de conocimiento críticas y
antiobstaculizadoras serán un instrumento adecuado. Ese es nuestro desafío.
Si
se puede desmontar los obstáculos a los que hemos aludido -y otros más que las
y los lectores podrán hacer visibles y que no están en esta lista-, sólo así
se podrá transitar desde la utilización de un conocimiento-cómplice de la
violencia hacia un conocimiento lúcido y transformador que permita un abordaje
individual, social e institucional eficaz en la lucha contra la violencia hacia
las mujeres.
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Weltzer-Lang, D. (1991). Les
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© 2001
Luis Bonino Méndez es psicoterapeuta especializado en problemáticas
masculinas y director
del
Centro de Estudios de la Condición Masculina, de Madrid. Tel. +34-913-093-771. Fax:
+34-913-
93065.
Correo-e: lubonino@wanadoo.es
Articulo
presentado en las Primeras Jornadas Estatales sobre la condición masculina: Los
hombres frente al reto de la igualdad. Jerez, España, noviembre de 2001.