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Conferencia
Regional |
El
grupo de trabajo llegó, en primer lugar, a ciertos consensos y puntos
fundamentales a ser considerados sobre masculinidad y violencia. Luego hizo
recomendaciones en cuatro ámbitos: estrategias de sensibilización y prevención,
a nivel masivo; legislación de políticas públicas; programa de intervención
y, finalmente, algunas propuestas en cuanto a líneas de investigación.
Consensos:
Los
consensos acerca de puntos fundamentales fueron los siguientes. Primero, que
para analizar y trabajar el tema de violencia y masculinidad, es central
situarlo en el contexto de las relaciones de poder. El tema del poder, la
dominación y el control, deberían ser el eje alrededor del cual se haga el
trabajo sobre esta temática.
El
grupo estuvo de acuerdo sobre la importancia de entender cómo la violencia se
hace parte de la identidad masculina, dentro de un contexto de violencia social
y cultural a nivel de toda Latinoamérica, y que se construye social e históricamente,
no es una condición natural.
Hubo
consenso al comprobar que todos/as participantes tenían la utopía de lograr la
construcción de un mundo sin violencia, que querían llegar a construir
relaciones de equidad entre hombres y mujeres, y vieron a la violencia como un
obstáculo fundamental para poder llegar a dicha equidad. Que tenía, también,
un desafío ético, porque está en juego la integridad personal de las mujeres
y la condición misma y la calidad de vida de los hombres. Veía la violencia
como una expresión extrema de la desigualdad de género que se reproduce
generacionalmente a través de hombres y mujeres adultos y niños y niñas. Y
que niños y niñas testigos de violencia tienen más posibilidades de
reproducirla .
Coincidieron
en que la violencia no se explica como efecto de una sola causa, sea esta
alcoholismo, desempleo, fútbol, pobreza, o medios de comunicación, sino que es
necesario buscar una explicación que reconozca la complejidad del problema, que
supone profundizar en cómo se construyen socialmente las identidades y
relaciones de género; reconociendo la diversidad de situaciones personales, según
condiciones de clase, raza, etnia, edad entre otras.
Hubo
consenso en que, desde la subjetividad de los hombres, hay vivencias de dolor en
sus experiencias personales que se deben tomar en cuenta. Cuando este
sufrimiento de los hombres se expresa, se manifiesta una dimensión más humana
de inseguridades, miedos y desconexión emocional.
El
grupo reconoció una gran falta de voluntad política para implementar leyes y
asignar recursos a programas efectivos para mujeres y hombres.
Asimismo,
hubo coincidencia sobre las siguientes cuestiones a tener presente en relación
a las recomendaciones que se formulan:
Visibilizar
la lógica binaria de la violencia, que se da en las relaciones de género:
mando o me mandan;
Reconocer
que la violencia se da en múltiples formas y grados: la violencia verbal,
psicológica, económica, sexual;
Reconocer
el enorme control de los hombres sobre la sexualidad de las mujeres,
Incorporar
la perspectiva de género (relacional) tanto en la investigación como en las
intervenciones;
Contextualizar
la violencia como un problema de Derechos Humanos,
Coordinar
la acción del Estado, el movimiento de mujeres y las organizaciones de hombres;
Formar
y fortalecer recursos humanos especializados en el problema;
Incorporar
la temática en los procesos educativos de jóvenes y adultos: en escuelas,
estudios técnicos y profesionales.
Recomendaciones:
a)
Las recomendaciones para formular estrategias de sensibilización y prevención
de la violencia se basan en que es necesario hacer un trabajo de comunicación
amplio, donde se plantee claramente que la violencia no puede ser aceptada, la
sociedad no puede seguir tolerando la violencia como una forma de relación
entre hombres y mujeres. Se debe visibilizar su impacto y deslegitimar la
violencia.
Dentro
de este marco, se consideró de gran importancia incorporar estos contenidos en
el trabajo de la antiviolencia con y como hombres, siendo parte de la educación
para la paz, e incluirlos en las campañas internacionales, como por ejemplo la
del 50º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y la
del decenio de la No Violencia.
Otro
foco importante para las estrategias de sensibilización, debe ser la educación
para desnaturalizar la violencia sexual y enriquecer la sexualidad de hombres y
mujeres.
Se
estimó importante trabajar con los medios de comunicación para sensibilizar
sobre el problema de manera no sensacionalista. Muchos de los trabajos que
realizan grupos de hombres por vocación son desvirtuados por el impacto de los
medios y su manejo, a veces sensacionalista, de la problemática de la violencia
intrafamiliar.
Es
necesario promover imágenes y prácticas propositivas de "ser
hombres" para los hombres, y formas de relacionarse positivas entre hombres
y entre hombres y mujeres. No solamente decir NO a la violencia, sino también
decir SI a prácticas positivas, afirmativas e igualitarias de los hombres. Es
importante identificar y no reforzar la dominación masculina a través de los
medios de comunicación, de las campañas y los discursos políticos. Se debería
hacer campañas específicas para hombres y violencia doméstica.
b)
Las recomendaciones relativas a legislación y políticas públicas plantean la
importancia de apoyar y fortalecer las legislaciones que estén dirigidas a
promover la igualdad entre hombres y mujeres. Difundir hacia los hombres las
leyes que sancionan de la violencia doméstica y de derechos humanos. Hacer
esfuerzos para derogar leyes patriarcales, arcaicas, que todavía existen en
muchos países de la región, que legitiman, fortalecen y perpetúan las
relaciones de violencia. Hacer cabildeo,
mayor "lobby", para movilizar recursos que permitan implementar las
leyes recientemente aprobadas contra la violencia intrafamiliar en diversos países
de Latinoamérica.
Establecer
propuesta normativas claras para el trabajo con agresores, con lineamientos mínimos
y estándares para trabajar con agresores en nuestros países.
c)
A nivel de los programas de intervención, las recomendaciones se orientan a
fortalecer e incentivar la responsabilidad de los hombres para superar el
sexismo y la violencia. No tener un enfoque culposo, de autoflagelación de los
hombres por su condición y sus privilegios.
Es
necesario crear espacios de reflexión no tradicionales entre hombres, que
permitan la reflexión crítica de sus formas de vida y la violencia en ellas.
Los espacios todavía son mínimos, micro; es necesario, por tanto, abrir la
oportunidad para que los hombres de los países de la región puedan trabajar el
tema de su identidad y su relación con la violencia.
Es
importante generar espacios mixtos, para trabajar con hombres y mujeres sobre
esta temática.
Corresponde
enfatizar la importancia de conseguir recursos públicos para este trabajo con
hombres y pensar en estrategias de autogestión de programas de educación y
tratamientos a hombres.
Se
precisa fortalecer también la relación entre el Estado y la sociedad civil,
porque en la medida que se una los esfuerzos de la sociedad civil y las
instituciones estatales se va a tener un impacto significativo.
Y por último, ampliar las estrategias de investigación a
instrumentos, metodologías y enfoques investigativos existentes, para analizar
y entender mejor el fenómeno de la violencia, y la violencia masculina.