HOMBRES POR LA IGUALDAD
EXCMO. AYUNTAMIENTO DE JEREZ    DELEGACION DE SALUD Y GENERO

Conferencia Regional
La Equidad de Género en América Latina y El Caribe: desafíos desde las identidades masculinas
Santiago de Chile, junio de 1998

GRUPO

MASCULINIDAD Y VIOLENCIA, por Osvaldo Montoya. ( Puntos de encuentro, Nicaragua)

El grupo de trabajo llegó, en primer lugar, a ciertos consensos y puntos fundamentales a ser considerados sobre masculinidad y violencia. Luego hizo recomendaciones en cuatro ámbitos: estrategias de sensibilización y prevención, a nivel masivo; legislación de políticas públicas; programa de intervención y, finalmente, algunas propuestas en cuanto a líneas de investigación.

Consensos:

Los consensos acerca de puntos fundamentales fueron los siguientes. Primero, que para analizar y trabajar el tema de violencia y masculinidad, es central situarlo en el contexto de las relaciones de poder. El tema del poder, la dominación y el control, deberían ser el eje alrededor del cual se haga el trabajo sobre esta temática.

El grupo estuvo de acuerdo sobre la importancia de entender cómo la violencia se hace parte de la identidad masculina, dentro de un contexto de violencia social y cultural a nivel de toda Latinoamérica, y que se construye social e históricamente, no es una condición natural.

Hubo consenso al comprobar que todos/as participantes tenían la utopía de lograr la construcción de un mundo sin violencia, que querían llegar a construir relaciones de equidad entre hombres y mujeres, y vieron a la violencia como un obstáculo fundamental para poder llegar a dicha equidad. Que tenía, también, un desafío ético, porque está en juego la integridad personal de las mujeres y la condición misma y la calidad de vida de los hombres. Veía la violencia como una expresión extrema de la desigualdad de género que se reproduce generacionalmente a través de hombres y mujeres adultos y niños y niñas. Y que niños y niñas testigos de violencia tienen más posibilidades de reproducirla .

Coincidieron en que la violencia no se explica como efecto de una sola causa, sea esta alcoholismo, desempleo, fútbol, pobreza, o medios de comunicación, sino que es necesario buscar una explicación que reconozca la complejidad del problema, que supone profundizar en cómo se construyen socialmente las identidades y relaciones de género; reconociendo la diversidad de situaciones personales, según condiciones de clase, raza, etnia, edad entre otras.

Hubo consenso en que, desde la subjetividad de los hombres, hay vivencias de dolor en sus experiencias personales que se deben tomar en cuenta. Cuando este sufrimiento de los hombres se expresa, se manifiesta una dimensión más humana de inseguridades, miedos y desconexión emocional.

El grupo reconoció una gran falta de voluntad política para implementar leyes y asignar recursos a programas efectivos para mujeres y hombres.

Asimismo, hubo coincidencia sobre las siguientes cuestiones a tener presente en relación a las recomendaciones que se formulan:

Visibilizar la lógica binaria de la violencia, que se da en las relaciones de género: mando o me mandan;

Reconocer que la violencia se da en múltiples formas y grados: la violencia verbal, psicológica, económica, sexual;

Reconocer el enorme control de los hombres sobre la sexualidad de las mujeres,

Incorporar la perspectiva de género (relacional) tanto en la investigación como en las intervenciones;

Contextualizar la violencia como un problema de Derechos Humanos,

Coordinar la acción del Estado, el movimiento de mujeres y las organizaciones de hombres;

Formar y fortalecer recursos humanos especializados en el problema;

Incorporar la temática en los procesos educativos de jóvenes y adultos: en escuelas, estudios técnicos y profesionales.

Recomendaciones:

a) Las recomendaciones para formular estrategias de sensibilización y prevención de la violencia se basan en que es necesario hacer un trabajo de comunicación amplio, donde se plantee claramente que la violencia no puede ser aceptada, la sociedad no puede seguir tolerando la violencia como una forma de relación entre hombres y mujeres. Se debe visibilizar su impacto y deslegitimar la violencia.

Dentro de este marco, se consideró de gran importancia incorporar estos contenidos en el trabajo de la antiviolencia con y como hombres, siendo parte de la educación para la paz, e incluirlos en las campañas internacionales, como por ejemplo la del 50º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y la del decenio de la No Violencia.

Otro foco importante para las estrategias de sensibilización, debe ser la educación para desnaturalizar la violencia sexual y enriquecer la sexualidad de hombres y mujeres.

Se estimó importante trabajar con los medios de comunicación para sensibilizar sobre el problema de manera no sensacionalista. Muchos de los trabajos que realizan grupos de hombres por vocación son desvirtuados por el impacto de los medios y su manejo, a veces sensacionalista, de la problemática de la violencia intrafamiliar.

Es necesario promover imágenes y prácticas propositivas de "ser hombres" para los hombres, y formas de relacionarse positivas entre hombres y entre hombres y mujeres. No solamente decir NO a la violencia, sino también decir SI a prácticas positivas, afirmativas e igualitarias de los hombres. Es importante identificar y no reforzar la dominación masculina a través de los medios de comunicación, de las campañas y los discursos políticos. Se debería hacer campañas específicas para hombres y violencia doméstica.

b) Las recomendaciones relativas a legislación y políticas públicas plantean la importancia de apoyar y fortalecer las legislaciones que estén dirigidas a promover la igualdad entre hombres y mujeres. Difundir hacia los hombres las leyes que sancionan de la violencia doméstica y de derechos humanos. Hacer esfuerzos para derogar leyes patriarcales, arcaicas, que todavía existen en muchos países de la región, que legitiman, fortalecen y perpetúan las relaciones de violencia. Hacer cabildeo, mayor "lobby", para movilizar recursos que permitan implementar las leyes recientemente aprobadas contra la violencia intrafamiliar en diversos países de Latinoamérica.

Establecer propuesta normativas claras para el trabajo con agresores, con lineamientos mínimos y estándares para trabajar con agresores en nuestros países.

c) A nivel de los programas de intervención, las recomendaciones se orientan a fortalecer e incentivar la responsabilidad de los hombres para superar el sexismo y la violencia. No tener un enfoque culposo, de autoflagelación de los hombres por su condición y sus privilegios.

Es necesario crear espacios de reflexión no tradicionales entre hombres, que permitan la reflexión crítica de sus formas de vida y la violencia en ellas. Los espacios todavía son mínimos, micro; es necesario, por tanto, abrir la oportunidad para que los hombres de los países de la región puedan trabajar el tema de su identidad y su relación con la violencia.

Es importante generar espacios mixtos, para trabajar con hombres y mujeres sobre esta temática.

Corresponde enfatizar la importancia de conseguir recursos públicos para este trabajo con hombres y pensar en estrategias de autogestión de programas de educación y tratamientos a hombres.

Se precisa fortalecer también la relación entre el Estado y la sociedad civil, porque en la medida que se una los esfuerzos de la sociedad civil y las instituciones estatales se va a tener un impacto significativo.

  Es importante la capacitación de los trabajadores, funcionarios y funcionarias del sector público, sobre identidad masculina y violencia, particularmente a los sectores de educación, salud, justicia, policía y fuerzas armadas.

  d) Finalmente, en cuanto a propuestas de investigación, se mencionó brevemente la importancia de estudiar y visibilizar más las diferentes formas de violencia. Investigar sobre el impacto de la globalización económico y cultural en el fomento de la violencia de los hombres.

  Hacer estudios sobre las diversas formas de violencia masculina, entre las que se resaltó el incesto y los procesos de negociación entre hombres y mujeres.

  Asimismo, es de gran importancia la construcción de indicadores para poder evaluar la prevalencia de la violencia en los hombres en la vida doméstica, así como el impacto de los programas de educación y de rehabilitación a hombres, y observar si estas experiencias redundan en una disminución de la violencia.

  Es urgente fortalecer la relación entre investigadores y responsables de programas de intervención, tratar de cerrar la brecha entre el trabajo de la gente que está haciendo investigación y la que está haciendo un trabajo de intervención.

Y por último, ampliar las estrategias de investigación a instrumentos, metodologías y enfoques investigativos existentes, para analizar y entender mejor el fenómeno de la violencia, y la violencia masculina.