|
Los
hombres, la pornografía y la prostitución, por Ponencia en la mesa “Prevención y Sensibilización” en el Congreso internacional sobre las ciudades y la prostitución, Madrid, 16 al 18 de junio de 2004 |
En el debate sobre la prostitución la alternativa
de más sustento que los partidarios de la abolición pueden nombrar frente a
los argumentos por la legalización/regulación es el modelo sueco de enfocar la
legislación en la figura del cliente que se aprovecha de la persona prostituida.
(www.sweden.gov.se/content/1/c6/01/87/73/fa1cf05c.pdf
El tema de la pornografía, intrínsecamente ligado
al de la prostitución, ha sido ya anteriormente motivo de estudiar el ejemplo
sueco. Suecia ha sido el país pionero en hacer de la pornografía un fenómeno
socialmente aceptado. Los promotores de la introducción de la pornografía
tanto en la España pos-Franco de la segunda mitad de los años 70, como en los
países del bloque soviético después de la caída del muro en los años 90 han
usado con predilección los falsos mitos que acompañaban el proceso de la
liberalización de la pornografía en la Suecia de los años 60. Estos mitos
rezaban que Escandinavia es el ejemplo vivo de que la pornografía tiene un
efecto benéfico o que por lo menos es inocuo y que no hay liberación sexual
sin dar vía libre a la pornografía. Lo único que estos promotores ignoraban o
ocultaban era que entretanto Suecia se adelantó una vez más a los demás países
desarrollados del Occidente, esta vez en adoptar una severa legislación
respecto a la pornografía, y que la mayoría de los personajes públicos e
intelectuales suecos que en los años 60 impulsaban la liberalización de la
pornografía, en los años 80 han tomado posturas radicalmente opuestas,
asumiendo que la pornografía no llevaba a la esperada autorrealización de los
hombres solitarios, sino a la manifestación de las formas más repugnantes del
odio y de la violencia hacia las mujeres.
El modelo sueco de tratar la prostitución guarda una
relación íntima con el camino que la sociedad sueca ha recorrido en la
percepción de la pornografía (y también de la igualdad entre los sexos o de
la violencia contra las mujeres y los niños, temas para otras charlas). Sin
embargo en la España de hoy siguen prevaleciendo los mitos falsos que en su
lugar de origen han sido dejados atrás hace ya décadas. Por eso quisiera
comenzar con analizar los rasgos y los efectos principales de la pornografía, y
en primer lugar definir la línea divisoria entre pornografía y arte erótico,
algo que se ha hecho muy difuso. Esta confusión no es sólo conveniente para
los intereses económicos que mueven una de las industrias más rentables de
nuestra cultura, sino que está también alimentada por la aceptación ignorante
e ingenua de la prensa y de personas que se consideran progresistas y
partidarios tanto de la libertad sexual como de la igualdad entre los sexos.
Alguien que quiere desmarcarse de la pornografía, fácilmente puede todavía
verse remitido al campo del oscurantismo católico o de los enemigos de la
libertad de prensa.
La pornografía no es educación sexual, ni refleja las
ganas sexuales de los hombres, sino un material a través del cual los hombres
aprenden el rol masculino. Las personas que han formado su identidad sexual con
la ayuda de la pornografía y por eso no han aprendido la diferencia entre
fantasía y realidad, tienen que volver forzosamente a la pornografía para
reafirmarse en esa identidad. Por eso muchos hombres viven una vida doble: en el
mundo de las fantasías pornográficas y en una relación personal con una
mujer, poseedora de una sexualidad propia. Sin embargo, estos dos mundos nunca
se tocan, algo que he podido comprobar en muchos casos dolorosos en mi trabajo
como psicoterapeuta con individuos y parejas. Sin embargo, hay un mundo donde
las fantasías dictadas por el rol aprendido siempre se cumplen, sin que el
hombre tenga que enfrentarse a su propia inseguridad o a las dificultades
cotidianas de entablar o mantener una relación. Este es el mundo de la
prostitución. Por eso hay hombres que se dirigen a prostitutas o aprovechan su
hegemonía para crear una cultura en la que las fantasías pornográficas
masculinas se convierten en definición y medida de la sexualidad femenina.
Pornografía es un término de origen griego que significa
"la descripción (grafia) de la prostituta (porné)". O
sea que la función de la pornografía y de la prostitución viene a ser la
misma: con la ayuda de mujeres (o, mucho menos frecuentemente, de hombres),
convertidos en objetos sexuales, servir la sexualidad de un espectador/comprador
invisible que se está masturbando sobre o dentro de ese objeto. Por eso la línea
de demarcación entre arte erótico y pornografía no está entre los desnudos
de Interviú o Playboy y las representaciones explícitas del acto sexual. Ambas
cosas son pornografía. Los gestos, las posturas y los morritos de las mujeres
en las portadas de Interviú transmiten también el mensaje de que ellas están
dispuestas a satisfacer gustosamente cualquier deseo imaginado del comprador.
El arte erótico surge cuando un artista se relaciona con
su tema de una manera erótica, revela algo de si mismo y nos transmite su
propia vivencia. En la pornografía, a diferencia del arte erótico, la relación
no surge entre las partes que están embarcadas en el acto representado, sino
entre la persona que está mirando (el comprador) y el objeto sexual que se le
presenta.
A pesar de la fuerte erotización o, mejor dicho,
genitalización de las imágenes pornográficas, estas últimas poco tienen que
ver con la sexualidad, ya que la pornografía no es un tema (en este caso la
sexualidad) sino una relación, la misma que la publicidad intenta establecer
entre un comprador y el objeto a vender. Por eso utilizaré aquí dos imágenes
de publicidad para ilustrar los códigos intrínsecos de la pornografía. De
esta manera evito tener que exponernos una vez más a la denigración de las imágenes
pornográficas propiamente dichas y al mismo tiempo aprovecho para entrar en el
meollo del tema de la prevención. Al fin y al cabo la definitiva prevención de
la prostitución no es otra cosa que la igualdad entre hombres y mujeres. En mi
opinión, esta igualdad no surge sólo con la salida de las mujeres al espacio público,
sino que precisa la entrada de los hombres en el ámbito doméstico y del
cuidado.
La primera imagen es una publicidad comercial de un biberón de la marca Nuk, supuestamente transmisora de una imagen progresista del “hombre nuevo”. La otra es una publicidad no comercial para promover una mayor participación de los padres en la crianza de los niños. En las dos imágenes aparece el mismo motivo: un niño y un hombre juntos, pero en la primera con los códigos de la pornografía y en la segunda con los códigos del arte erótico. ¿Cuál es la diferencia?
![]() |
![]() |
Observemos primero el código primordial, el de la relación de los personajes entre ellos mismos y con el espectador. En la segunda imagen los dos personajes están sumidos en una relación íntima entre ellos, de la cual nosotros sólo somos testigos. En el primer anuncio el niño mira hacia mí, futuro comprador de Nuk, sin más contacto que el meramente físico con el hombre que le sostiene en brazos. Para las finalidades de la publicidad tampoco hace falta más relación entre ellos, ya que el personaje adulto en realidad no está en la imagen porque tenga que ver con el niño, sino para sustentar el mensaje que no tiene que ver con la relación de los dos, sino con el producto que se nos quiere vender.
Para ese mismo fin el hombre “Nuk” está provisto de
otros tantos códigos adicionales, también propios de la pornografía. Por
ejemplo, está desnudo, lo cual sirve dos funciones. Por una parte vincula el
producto a vender con ciertos cánones estéticos requeridos por la cultura
dominante, en este caso un cuerpo musculoso, tallado en muchas horas de
gimnasio. Por otra parte la desnudez de ambos personajes junto a la ausencia de
cualquier entorno alrededor de ellos priva la imagen de referencias que pueden
interferir con la idealización a través de la cual se intenta hacer la
publicidad más sugerente, mientras que en la otra imagen tanto el hombre como
el niño son personas ordinarias, nada de modelos, ambos vestidos de una manera
que sugiere cotidianidad. En el anuncio de Nuk todos los elementos de la imagen
son reales, sin embargo nada en ella es verdad y el texto que la acompaña
("Ellos también pueden dar el pecho" y "Porque Nuk imita la
perfección del pecho de la madre") hace todavía más patente que se trata
de una mentira. Por contraste, el texto del otro anuncio (“Están creciendo en
igualdad”) es una simple aplicación del lema de la campaña que pretende
divulgar (“Crecemos en igualdad”) a la relación de las dos personas
representadas en la imagen.
El
primer paso en la prevención y la sensibilización de cualquier violencia es
hacer visible lo que tiene quedar invisible para mantener esa violencia. Por eso
es importante recalcar que la pornografía es el marketing de la prostitución,
hacer ver los códigos que utiliza en cualquiera de sus manifestaciones. Y por
eso el modelo sueco de atajar la prostitución parte de que los consumidores de
los servicios sexuales son casi exclusivamente hombres, trátese de prostitución
heterosexual u homosexual. Hacerles visible no sólo nos lleva a estudiar
quienes son estos hombres en concreto, sino también a otras cuestiones
igualmente obvias e importantes. ¿Cuál es la visión que hace posible la práctica
de la prostitución? ¿En qué medida es esta visión compartida por el resto de
la población masculina? ¿Puede ser que la mera existencia de la prostitución
(junto a la negación de que las mujeres prostituidas, al igual que las
maltratadas, son víctimas trágicas de la dominación masculina) da cierta
sensación de seguridad a esa población masculina?
La
prostitución institucionaliza las suposiciones más básicas de la dominación
masculina como orden social o, incluso, civilizatorio. El proceso de socialización
de los hombres está construido sobre la certeza de que su sexo les otorga
derecho a disponer de su entorno, del espacio y del tiempo de otros y, en primer
lugar, otras. Este derecho se extiende también al cuerpo y a la sexualidad de
las mujeres. De allí hay sólo un paso a que, tratándose de un derecho, es legítimo
conseguirlo y preservarlo, aunque sea con violencia. En una sociedad basada en
estas suposiciones es de interés de los hombres en general la subsistencia de
la prostitución. Esta es la explicación del hecho de que aunque la mayoría de
los hombres no se sirva de la prostitución, con su silencio y a veces incluso
pronunciándose, contribuye a preservarla y a justificar la idea de la misma.
La
prostitución sin embargo no es una idea. La prostitución son boca, vagina y
ano, penetrados habitualmente con un pene, a veces manos, a veces objetos, por
un hombre y después otro hombre y después otro más y otro más y otro más.
Uno de los motores de la prostitución es el odio hacia las mujeres, la
agresividad que motiva a un hombre a buscar y utilizar a una mujer prostituida,
el profundo desdén que reduce a una vida humana a unos huecos de los que se
puede aprovechar sexualmente y con la que un hombre hace lo que le da la gana.
La conversión de las mujeres en objetos sexuales es un proceso de deshumanización
en cuyo extremo final está la violencia sexual masculina. Es esto lo que la
prostitución institucionaliza, ya que el cliente consigue de la persona
prostituida (que no ha elegido hacer el amor con él) algo que de otra manera no
podría conseguir sino con violencia. El cliente (y con él la sociedad) oculta
ante si mismo el hecho de la violencia interponiendo una infraestructura
(manejada por los proxenetas) y el dinero.
En
la prostitución (al igual que en el caso de las violaciones de grupo o las
violaciones masivas en situaciones de guerra) hombres utilizan los cuerpos de
mujeres para comunicarse entre ellos mismos y para expresar lo que les une, y
que al fin y al cabo se reduce a que ellos no son mujeres. Lo que hace posible,
entre otras cosas, para un hombre encontrar una prostituta es el hecho de que
antes de él ya había otros hombres que han acudido a ella, y detrás de él
habrá otros. De esta manera se convierte el cuerpo de la mujer prostituida (al
igual que el de la mujer violada) en ese agente transmisor a través del cual
los hombres comparten entre ellos mismos, en palabras y en hechos, su
sexualidad. No es por casualidad que muchos hombres al maltratar a su pareja
acompañan los golpes y las patadas con sinónimos groseros de la palabra “puta”.
La
violencia dirigida a mujeres y niños y la prostitución, junto a su marketing,
la pornografía, son manifestaciones de la misma cultura de la dominación
masculina.
La
prevención de la prostitución pasa necesariamente por la sensibilización de
los hombres por su responsabilidad en ese fenómeno, para que afronten los
conceptos que han formado de su propio rol y de las verdaderas consecuencias de
ellos.
c 2004 Péter Szil
E-mail: szil@ctv.es
Péter Szil. Nació en Hungría en 1951. Se formó
como psicoterapeuta en Suecia y EEUU. Ha sido uno de los iniciadores de los
grupos de concienciación sobre el rol masculino en Suecia a finales de los años
1970. Desde principios de los años 1990 comparte su actividad profesional entre
España y Hungría. Es co-autor de un libro sobre el Control Natural de la
Fecundidad y del libro "Masaje cotidiano". Es uno de los fundadores
del Movimiento por una Hungría sin prostitución.