ANTONIA ASENCIO GARCIA
Buenas
tardes a todas las personas que aquí estáis. La moderadora nos pidió que nos
presentáramos a título individual, pero parte de esa presentación se va a
desarrollar en mi intervención, deciros que soy médica, sexóloga, política y
homeópata en formación.
Como
ustedes ya saben y además a quedado dicho, soy la responsable política de que
esto suceda y entiendo que la política es precisamente eso, la posibilidad de
hacer que cosas buenas, como esta, sucedan. Desde ese encuadre me planteaba
hacer esta intervención, dudando entre tener en cuenta a la mujer política o a
la política mujer y créanme si les digo que en esta ocasión, el orden de los
factores sí es importante, porque anteponer el concepto de política al de
mujer es lo que hasta ahora venimos haciendo las mujeres que hemos entrado en la
política, dejándonos la piel, la salud y la identidad en el intento y seguimos
siendo consideradas unas invasoras en un mundo absolutamente masculinizado y
sexista e impuestas por unas cuotas que la mayoría de nuestros compañeros
aceptan más o menos disciplinadamente pero que estoy convencida de que no parte
de un convencimiento personal y si lo es así es algo todavía testimonial y no
es que esté en contra de las cuotas, quienes me conocen saben que estoy a favor
de ellas, pero como herramienta, nunca como fin.
Sin
embargo, anteponer el concepto y la identidad de mujer al hecho de ser política
es lo que entiendo yo, marca la diferencia y obliga necesariamente a hacer una
política de género en la que las mujeres encontremos nuestro propio espacio
sin renuncias.
Poner
en valor, pero en valor positivo, nuestros recursos y nuestras estrategias,
hasta ahora catalogados como no válidos para el ámbito público, sino válidos
para el ámbito privado, un poco lo que mi antecesora estaba planteando de la
presión de los roles. Eso significa que como bien dice Micaela Lagarde, desde
donde se plantee un problema, depende el contenido que se le dé al problema,
como se le enfrenta, qué soluciones se busca y cuales son sus significados para
la vida cotidiana, para la sociedad, para la cultura y para el estado. Yo
siempre digo que es colocarse en otro lugar distinto del que nos han colocado.
Por
lo tanto, al final, después de meditar, decidí hacer mi intervención mejor
desde el hecho de ser mujer, que desde el hecho de ser política, porque es lo
que condiciona mi existencia, todo.
El
primer planteamiento que nos hacemos o que podría hacerme y que nos hemos hecho
también, es si tenemos que ser también las mujeres las que propiciemos el
cambio de los hombres, si esa es nuestra responsabilidad, si forma parte de ese
rol o de esa enculturación, si es nuestro deseo que los hombres cambien, en qué
y cómo queremos que se produzca ese cambio, o si merece la pena destinar
recursos públicos a estos fines. Desde luego, hay quienes piensan que no tanto
de las filas machistas como desde las filas feministas.
Por
otra parte tampoco quiero caer en el error de sobredimensionar el programa de
hombres por la igualdad que dentro de la Delegación de Salud y Género ampara
estas jornadas o mejor dicho el trabajo a desarrollar desde los hombres para los
hombres dentro de esta delegación, como si el trabajo que tenemos todavía que
hacer entre las mujeres y desde las mujeres ya estuviera todo hecho, aunque lógicamente
pueden ustedes comprender que en este momento sea un poco la estrella, el grueso
del trabajo de la Delegación, sigue siendo el trabajo con las mujeres de Jerez
y una muestra de ello, que yo os invito a conocer en su profundidad y extensión
es todo lo que en la entrada del Centro de Congresos tenéis y aquí hago un paréntesis,
las fotos que adornan la entrada, son fotos de algunas de las primeras mujeres
que en Jerez ocuparon o realizaron trabajos tradicionalmente realizados por
hombres.
Fuimos
un grupo de mujeres las que entendimos que algo así había que poner en marcha
después de estar casi 20 años trabajando con las mujeres de Jerez desde
diferentes ámbitos. Mujeres feministas, comprometidas desde la salud, desde la
política, desde lo social, mujeres que coincidimos en un lugar y en un espacio
común, de la cual yo soy la cara visible (muchas de ellas están aquí, todavía
me acompañan en el viaje) y si me apuráis, la más osada por creer que era
posible ( )
la persona que también especialmente tenía que impulsar esto, que era
el Alcalde, con lo cual lo demás, digamos viene sobrevenido aunque forma parte
de nuestro quehacer cotidiano, de todas las personas de la Delegación, siempre
viene alguien que nos pregunta ¿y eso de género, qué es? Entonces sigue
formando parte de nuestro quehacer cotidiano, dentro y fuera, explicar en qué
consiste un trabajo de género.
Y
además, en Jerez, aunque vosotros podáis pensar, sobre todo la gente que es de
fuera, aquí quiero hacer un paréntesis, que en esta ciudad por ver el aforo
lleno, pues es más fácil que este trabajo se desarrolle, yo os puedo asegurar
que hay mucha presión social también y mucha presión mediática que piensa
que somos cuatro feministas histéricas que estamos aquí intentando llamar la
atención de alguna manera.
Entre
“os vais a masculinizar” o “vamos a feminizar el mundo”, yo creo que
probablemente las dos partes estamos equivocadas, porque evidentemente las
mujeres hemos cambiado y lo que hoy nos estamos preguntando es qué cambio se ha
producido en los hombres o si realmente los hombres han cambiado.
Las
mujeres de mi generación, estamos también un poco perdidas entre aquellas
mujeres que nos enseñaron a ser y las que quisiéramos ser. No somos ni las que
nos enseñaron a ser ni las que realmente quisiéramos ser. Lo cierto es que
independientemente de eso o independientemente de si somos homosexuales o
heterosexuales, queremos o tenemos que convivir con ellos, como amantes, como
compañeros, como amigos, pero ¿Cómo convivir o al menos hacerlo armónicamente
con alguien que no te comprende?. Muchas veces he oído “las mujeres es que
sois muy raras”. Así, todas, a mogollón. Digo con alguien que no te
comprende en el mejor de los casos, en el peor, con alguien que te machaca, te
mortifica o te degrada por el hecho de ser mujer.
Otra
reflexión en voz alta que quiero compartir con vosotras y vosotros. El hueco
que dejamos las mujeres cuando salimos del espacio doméstico, ¿quién lo
cubre?. Lo cubren otras mujeres mejor o peor asalariadas, o bien nuestras
madres. Entonces, ¿qué cambio hemos hecho? ¿qué mensaje estamos dando?. Lo
único que puede haber cambiado es la persona, pero desde luego no el rol y el
mensaje sigue siendo el mismo.
La
mayoría de las mujeres incluso las mas activistas defensoras de la igualdad nos
vemos atrapadas entre la realidad que vivimos y cómo nos gustaría que esta
fuera. Me vais a permitir utilizar un ejemplo que el otro día en una jornadas
feministas en Córdoba, a las que me voy a referir en dos ocasiones, una compañera
parlamentaria en el Congreso de los Diputados, concretamente Micaela Navarro,
dijo: “estaba en una reunión de los presupuestos, o algo así, en el Congreso
de los Diputados, y me llama mi hija para preguntarme si a las lentejas se le
echaba ajo o no se le echaba ajo”, estando su padre en la misma casa. Quiero
decir que podemos estar en el más alto nivel de lo que se puede entender como
haber roto los moldes, y seguir siendo el referente de esos moldes. Y cosas así
pasan cada día. También cada día surgen desencuentros emocionales y
desencuentros sexuales con nuestras parejas derivados de los roles sexistas que
nos siguen condicionando. Estos desencuentros van minando poco a poco nuestra
existencia, nuestra felicidad y nuestra salud, pues añaden una sobrecarga de
sufrimiento innecesaria. Así que una de las conclusiones podría ser que este
programa se ha creado por puro egoísmo, por un deseo de tranquilidad, por
acelerar de alguna manera el futuro, porque algo así había que hacer y porque
una de las grandes aportaciones del feminismo es que lo privado es político,
entonces las relaciones hombre-mujer también desde la otra orilla, han de ser
política.
Cuando
las mujeres superamos (por decirlo de alguna manera) la barrera de lo doméstico
para entrar en otros mundos, el laboral, el político, el económico, como decía,
nos encontramos con un mundo masculinizado y androcéntrico. Las mujeres tenemos
que asumir una concepción del tiempo, hecha por y para los hombres, que se basa
en una supremacía del tiempo dedicado al trabajo remunerado sobre los otros
tiempos, sobre el tiempo para los otros, sobre el tiempo para el ocio, sobre el
propio tiempo o el tiempo para las tareas del hogar. Se trata no sólo de una
organización socio-laboral del mundo, sino que este cronos dividido ofrece una
diferente valoración de lo que es importante en la vida y de lo que no lo es y
las mujeres lógicamente también queremos hacer cosas que sean tenidas como
importantes y también queremos ser tenidas en consideración.
Aunque
nuestras reflexiones nos estén llevando a caer en la cuenta de que la liberación
femenina ha sido una auténtica tomadura de pelo, porque nos ha robado nuestro
tiempo y nuestra esencia. El otro día, en este debate feminista, se acusaba a
una ponente de estar totalmente colonizada por el patriarcado por haber hecho
alusión a sus hijos, y tuve la sensación de que decir que eras madre o que
referirse a los hijos o hijas era ser poco feminista.
Cuando
me presentaban, o me preguntaron cómo me presentaban, entre otros datos di el
hecho de ser madre de dos hijos y me respondieron que eso no interesaba, que era
mi currículum, a lo cual yo respondí que el hecho de ser madre condicionaba
todo mi currículum.
Desde luego, si algo tengo claro, es que no se trata de darle la vuelta a la tortilla, sino hacer la tortilla de otra manera, porque darle la vuelta a la tortilla significaría que hasta que los hombres no adopten valores pertenecientes al rol femenino, estos no sería importante socialmente, con lo cual estaríamos otra vez donde empezamos.
No significa esto, desde luego, un abandono de las tesis feministas, creo más bien que significa una profundización en las mismas puesto que desde estas tesis, el objetivo ha sido siempre la libertad en el reconocimiento de unos derechos que compartimos hombres y mujeres, pero también en el reconocimiento de unos derechos que son específicamente nuestros, de las mujeres.
Haciendo mención específica al título de esta mesa “diálogo, alianza o confrontación”, entendiendo que ha pasado el tiempo de la confrontación en el aspecto formal, aunque sabemos que nos queda pendiente a todos y cada uno de los que estamos aquí una negociación colectiva pero hecha individu@ a individu@, entiendo que ha llegado el momento del diálogo desde la igualdad y el equilibrio, mirándonos a los ojos, frente a frente y sin las corazas que nos ha impuesto el hecho de ser hombres y mujeres. Quizá desde este diálogo sincero, en un futuro pueda derivarse alguna alianza. Estas son mis o mejor dicho nuestras (de toda la delegación de Salud y Género) claves, que son algo más que unas claves políticas, porque entendemos que son unas claves para la vida y para la felicidad de todos y todas.
Gracias.