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ALEX CASANOVA |
Trascripción literal de la Ponencia expuesta en las Jornadas sobre la Condición Masculina |
Aunque voy a repetirme como el ajo, deseo dar la enhorabuena por esta iniciativa y agradecerle a Héctor (José Angel Lozoya), que confiara en mí. Espero no defraudar esa confianza.
Dado el tema de esta mesa, sexualidad, ciertamente se precia que hable de sexo, genero y roles, como inicialmente me había sido propuesto. Teóricamente soy el candidato idóneo puesto que mis circunstancias y vivencias me permiten tener un punto de vista plural. El punto de vista de un hombre que ha vivido 34 años de su vida como mujer y que ahora intentará vivir como el hombre que siempre ha sido. Pero este punto de vista mío, no puede ser exactamente como el de una mujer porque la angustia que padecí como mujer se debía a que no era yo, ni exactamente como el de un hombre porque no he tenido una infancia, ni una adolescencia ni una adultez masculinas. Hablar en mi situación es complicado sin definir antes cual es esa situación.
Supongo
que lo adecuado es empezar explicando qué es la transexualidad por si alguno de
vosotros y vosotras lo ignora.
El
problema con el que me he encontrado es que no se trata de cómo explicar a quién
lo ignora qué es la transexualidad, el problema es cómo hacer comprender a quién
no lo padece qué se siente. Es un problema, porque pocos saben que hablar de
transexualidad no es hablar de sexo. Hablar de transexualidad es hablar de
sentimientos y el problema es que esto sólo quien los padece los comprende. Aún
así voy a intentar explicar qué es la transexualidad.
La
palabra transexualidad se ha sentado en la ignorancia general con la pretensión
de albergar demasiadas cosas, lo cual como es lógico, genera ambigüedad de
conceptos y su consiguiente confusión. Así mismo, como cualquier otro tema que
empieza y sigue siendo completamente desconocido, ha sufrido la simultaneidad de
muchos otros términos, como por ejemplo trastorno de la identidad sexual,
trastorno de la identidad de género, trastorno de la identidad de género
sexual, crisis de la identidad sexual, etc.
Todos
ellos son supuestamente sinónimos, sin embargo, ni uno solo se ajusta pues se
sobra en sus definiciones, naturalmente padecerlo produce crisis y trastorno, al
igual que padecer cualquier otra cosa que te haga diferente a la norma. En este
caso, el trastorno aflora cuando esta circunstancia se traduce en una cruda
desubicación social y desprecio hacia la persona. Una lucha en la que está
estipulado que siempre lleve las de perder, pero curiosamente ninguna otra añade
al nombre de la causa su consecuencia. Por otro lado nos encontramos con la
necesidad no cubierta de distinguir con nombres diferentes circunstancias
diferentes. En primer lugar la causa, como circunstancia inherente y la condición
como circunstancia opcional.
Así
pues la cosa queda del modo siguiente: la transexualidad, palabra por todos
conocida, no es otra cosa que una alternativa médica, la única solución a un
problema cuyo término más apropiado de todos los asignados hasta ahora es
disforia de género o transgénero (adaptación al castellano del término
¿¿¿ inglés para definir esto mismo).
El transgénero viene dado cuando en la persona se manifiesta una discordancia entre sexo morfológico y el que le dicta su cerebro. Esta causa es inherente, en ocasiones la persona puede vivir con ello, en otras no. En mi caso (por los demás no puedo hablar), me tenía paralizado, veía mi vida escapárseme de las manos, la parálisis alcanzaba el desarrollo de mi talento artístico, del que me siento tremendamente responsable. Llegué al final y toqué fondo. En ese momento o cambiaba, o acababa con todo. Escogí vivir, gracias a lo cual ahora vivo siendo yo.
Mi
única opción entonces era someterme al tratamiento de reasignación sexual.
Como su nombre indica, no es un cambio de sexo, sino un acondicionamiento del
plano físico al mental. Quisiera poder decir que el final de ese tratamiento es
la conversión de una biología de mujer en la de un hombre. Pero sencillamente
cambian la características sexuales secundarias y mi condición de mujer genética
por la de hombre XX, es decir, por la de un hombre transexual.
El
tratamiento de reasignación sexual, no es como hacerse un lifting o corregirse
un tabique nasal torcido. Lleva implícito, resumiéndolo mucho, la esterilidad,
la administración hormonal de por vida, que en nuestro caso son inyecciones,
todas las limitaciones dadas por el cuerpo del cual se parte, choque y rechazo
social, privación de derechos constitucionales, la certeza de una vida no
demasiado longeva y traumas psíquicos derivados de todo ello.
Supongo
que dicho esto respondo a su vez, cualquier duda en torno a la creencia de que
nuestra iniciativa va encaminada al logro del poder que va ligado al pene, dado
el precio que pagas.
Definidos
estos conceptos, ahora es cuando verdaderamente puedo hablar de transexualidad.
Como he dicho al principio, hablar de transexualidad no es hablar de sexo, sino
de sentimientos. Yo lo reflejo en un escrito que hice el día en que comprendí
mi verdad, es el siguiente:
“Siempre
pensé que de haber tenido al menos un cuerpo y rostro andrógenos, mayor
envergadura y músculo, me habría descubierto antes. Anhelaba ese cuerpo para mí.
Pero la respuesta a eso era fácil, si fueras un hombre, daría igual lo bajito
y menudo que fueras. Un hombre bajito y menudo no se siente menos hombre por
estas cosas. Comprendía que era cierto y ahí se acababa la discusión. Me iba
con el convencimiento de que yo era un bicho raro, intentaba dejar correr la
historia, pero mi problema es que no podía. Hoy me he planteado la pregunta de
otro modo. Si ese hombre bajito y menudo hubiera nacido con sexo
y genital femeninos, menstruarse, tuviera cara, curvas y voz de chica,
hubiera sido educado como mujer, siguiera siendo tratado con el género
femenino, fuera tierno, vulnerable y sensible. A nadie se le ocurriera siquiera
cuestionar qué es lo que aparenta y hubieran momentos en los que ser lo que es le gustara, ¿sabría tan fácilmente que es un
hombre? Lo dudo.
Esta
pregunta y su respuesta, pusieron a mi alcance al fin la verdad. En la sociedad
en la que vivimos, ese hombre no sabría fácilmente que es un hombre. Es
moralmente obligado que la identidad de género corresponda con el sexo
aparente, con el que se ve. Como mucho, se asume que pueda existir una desviación
(qué detestable palabra) hacia la identidad opuesta, pero una mujer a la que su
cuerpo, comportamiento e indumentaria de mujer no le disgusta, no es un hombre,
es una mujer. PUNTO. Te sientes hombre, actúa y viste como tal. Actuar ¿Cómo?,
¿Cómo la sociedad le impone al hombre vestir y actuar? ¿Es una ley? Es una
ley.
Gracias
a grupos que se salen del rígido estereotipo del blanco y negro, A y B, hombre
y mujer, grupos como el de la intersexualidad congénita, el de la
transexualidad hombre a mujer, o el del mismo travestismo de hombre a mujer, he
logrado comprender que no hay sólo blancos y negros, he comprendido mis grises.
Era
un niño diferente incapaz de saberlo, y fui una niña que no encajaba.
Era
un chico femenino incapaz de entenderlo y fui una chica sin identidad.
Era
un hombre castrado incapaz de aceptarlo y fui una mujer llena de dudas.
AHORA
NO, AHORA SÉ, ENTIENDO Y ACEPTO.
En
realidad, si no existieran las mujeres ni el sexo, ni siquiera sabría que soy
un hombre. Naturalmente es una manera simbólica de hablar. Ya sé que si no
existiese más mujer que yo en el mundo, tendría que irme del planeta para
salvar mi pellejo y si no existiese el sexo, ni yo ni nadie tendría de qué
preocuparse. Ojalá que no tuviera que hacer esta estúpida puntualización,
pero siempre hay alguien para soltar la broma, yo sin ir más lejos. Los
estereotipos que inspiran esa broma y las formas usuales de pensar,
trascendieron en la mía propia. Siquiera fui capaz de comprenderlo hasta el
mismo día en el que plasmo esta revelación con la que me he despertado esta mañana.
Se trataba del 7 de febrero de este año. Día en el que descubro algo mejor lo
que soy y porqué no puede ser de otro modo.
34
años desde mi nacimiento han sido necesarios para llegar a este momento.
“Mejor tarde que nunca”, dicen, y aún se dice algo mejor, “nunca es tarde si la dicha es buena”. La dicha es una luz al final
del túnel, diminuta todavía, pero una luz hacia la que caminar. Por vez primera siento cierto equilibrio, un gran
alivio y una mayor tranquilidad. Algo que compensa y hace olvidar la angustia de
la incertidumbre, de la ignorancia acerca de la propia identidad.
Una
de las preguntas con las que uno topa cuando comparte este renacer con según
quién, es ¿cómo sabes que eres un hombre?, ¿qué sientes?. La respuesta como
es lógico sería la misma que la que daría un hombre XY, pero a nosotros no
nos satisface. ¿Qué sientes? ¿qué es ser un hombre? ¿qué es ser una mujer?
Me di cuenta de que nadie me había hecho esa pregunta en mi vivencia como
mujer. Es una pregunta que nadie suele hacerse ni hacer a los demás, a no ser,
claro, que le confieses lo de tu disforia de género. Entonces la curiosidad por
tu respuesta es infinita. He de añadir que solo me han hecho esta pregunta
mujeres. Es una pregunta que por parte de personas no transexuales no hay una
argumentación que la responda, sin embargo la nuestra debe ser detallada.
Nosotros debemos encontrar esa respuesta, porque expresándolo tal vez logremos
convencerles. De este modo, irónicamente, nos vemos obligados a saber mejor que
ellos qué es ser hombre y qué es ser mujer. Y es una respuesta tan sujetiva,
es un conocimiento que se alberga en mis anhelos. No obstante intentaré definir
qué es ser hombre (al menos para mí.)
No
sé cómo está obligado un hombre a sentirse para ser un hombre,
Sólo
sé que a veces me conmuevo con facilidad y me siento hombre,
que
a veces aflora de mí toda mi ternura y me siento hombre,
que
a veces tengo miedo y me siento
hombre,
que
a veces tengo el impulso de abrazar con ternura a otro hombre al que veo roto y
me siento hombre.
Estoy
solo, desnudo, sin mi uniforme masculino y a pesar de mi cuerpo, me siento
hombre.
HOMBRE
con letras mayúsculas, con todas ellas, sin omitir una sola. Si fuera un hombre
XY me tildarían de femenino por sentir estas cosas, aunque dentro de mí se
manifiestan intensamente masculinas, siendo hombre XX, sencillamente me tildan
de mujer.
Por
eso sé cuan difícil lo tiene el hombre para que le dejen ser además de
hombre, PERSONA.
Muchas
gracias.