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JOSEPH-VICENT MARQUES |
Trascripción literal de la Ponencia expuesta en las Jornadas sobre la Condición Masculina, Pendiente de Revisión por el autor
Era
dirigente político en la clandestinidad, tenía una novia que era feminista, me
convenció, me puse a leer algunos libros (me sirvieron para entender a mi
madre, que me había parecido hasta ese momento una marciana) y después me puse
a dar charlas, dí algunas sobre la situación de la mujer, porque era también
de alguna manera mi forma de acción semipolítica. Llegó un año, que no sé
si fue el 74 o 75 y coincidió dos cosas, una que ya había grupos feministas
organizados en España y la 2ª que era el año internacional de la Mujer y
entonces, yo dije que me tocaba callarme y que ya era hora de que hablaran las
mujeres después de que habíamos estado usurpando el discurso de la mujer sobre
la mujer.
Recuerdo
que esto me costó una bronca fuerte del departamento con mi querido amigo
Armando de Miguel, que no entendía el que yo pensase que era impresentable que
diésemos unas charlas sobre la mujer como sociólogos, como su fuesen un
objeto.
Yo
decidí callarme. Observé que una de las cosas que ocurrían era que los chicos
querían ir a las primeras reuniones de las feministas y se enfadaban si no les
dejaban entrar, mientras que los que eran trabajadores de la construcción no se
enfadaban de que alguna asamblea fuera solamente del metal. Entonces, pensé que
lo primero que los hombres teníamos que aprender era a callarnos. Me pasé
cinco años espantosos, porque de lo que más me apetecía hablar era de la
igualdad de los sexos, pero como era hombre, me tenía que callar. Yo creo que
eso me ayudó a entender el mundo sin mi presencia genérica masculina, y
entonces un día, tuve un descubrimiento como el del huevo de Colón. Yo puedo
hablar de estas cosas, siempre que lo que hable sea sobre los hombres, no sobre
las mujeres y entonces escribí un artículo que ganó el premio del Viejo Topo
y que se llamaba la alineación del varón.
Cuento
esto primero para decir que hablo desde una ya larga militancia antipatriarcal.
Creo que es la primera vez que veo tanta gente del sector masculino presente. Yo
tenía la sensación de que en cuanto a mí se me ocurriese eso de la Alineación
del Varón, habría montones de artículos de toda la gente de diversos partidos
revolucionarios, revolucionarios reconstituidos, revolucionarios leninistas,
entonces éramos todos rojos, que todo el mundo haría su mea-culpa y se daría
cuenta que había un sector oprimido que no habíamos reconocido. Pues no. Desde
entonces son dos cosas, por una parte preguntarme el porqué los hombres no
pelean por la igualdad.
Aportaré
cuatro bloques de razones.
Una
es porqué uno se solidariza con los Kurdos, o con los Palestinos y no se le
ocurre solidarizarse con las mujeres de su propio pueblo, etc. Es decir, desde
el punto de vista de que alguien se defina como demócrata, libertario o
socialista o de izquierdas, es incongruente de que no esté por la libertad de
las mujeres.
La
segunda razón es la siguiente en la medida de que el sistema patriarcal es un
sistema de poder, que nos adjudica a nosotros el poder, mejor o peor, es también
un sistema de reducción de la enorme variedad y potencialidad de las personas a
dos únicos modelos completamente troquelados, los cuales, aunque a uno lo pone
mejor, a la gente que entra dentro de él (los varones), no deja de jorobar
bastante a los propios varones, cosa que hemos visto algunas veces, otras veces
nos ha servido para castigar a una mujer concreta de los males que le causa la
sociedad, pero en líneas generales, hay razones por las que un varón pues,
aunque sea por ejemplo lo de que no le guste levantarse por la noche solo para
ver si hay un ladrón o no, en lugar de salir los dos en grupo y organizados según
su mayor o menor ferocidad. Cosa de sentido común.
La
tercera razón es que la sociedad patriarcal está en crisis por muchas cosas,
entre ellas, por supuesto, el movimiento feminista. Si tú has sido educado
todavía para un sistema que ya no existe, pues te vas dando trompazos con lo
que existe. Entonces el varón está en crisis, lo reconozca o no lo reconozca.
Se nota por una sensación fundamentalmente patológica, de la que Luis Bonino
ya nos hizo unos apuntes de un artículo del año pasado de un libro colectivo.
La
cuarta razón, es que no hay ninguna razón para que ninguna persona que sea del
sexo masculino no esté también harto de la cultura de la guerra, la
prepotencia, el tipo de destrucción de la naturaleza, lo que constituye
fundamentalmente lo que se llama ecofeminismo y entonces, aunque no esté
condicionado, como algunas autoras creen por parte de las mujeres, es cierto que
a una mujer le es más fácil adoptar esas posiciones, pero no hay ninguna razón
para que un varón, cansado de la cultura de poder y de sus hipótesis de que
está muy fomentada por la asociación patriarcal, no se meta en estos líos.
Yo
ahora propondría algunas reflexiones. La primera es ¿cómo es posible que uno
perciba a su propia hermana, o globalmente a las mujeres de su familia como
seres distintos, hasta el extremo absolutamente portentoso, de que yo me he
encontrado en discusiones con muchos varones que dicen, ya los leones o ya los
chimpacé hacen esto o lo otro, entonces cómo es posible que alguien se sienta
más identificado con el macho de otras especies, que con la hembra de la
propia?
Se
me ocurre una segunda cuestión para meditación o reflexión. Una frase que me
impresionó mucho de pequeñito que se refería a los siervos rusos que decía:
“los nobles os parecen más altos porque los miráis de rodillas, poneros en
pie. No es que los hombres tengan que ponerse en pié, pero yo hago la siguiente
reflexión. Si la situación de equilibrio para un varón se da cuando él está
en una posición superior y la mujer en una posición inferior, será porque él
se considera más bajito. Si uno busca estar arriba, es porque no se ve al mismo
nivel. Entonces la hipótesis de algún tipo de sensación de inferioridad de
los hombres, parece difícilmente evitable. Yo como no soy psicólogo o
especialista en estas cuestiones, dejo al arbitrio el interpretar las dos únicas
interpretaciones que me parecen posibles. Una el temor por la sobrevalorización
que siempre tiene el opresor al oprimido. Yo pienso que nadie tenía más miedo
a los campesinos andaluces y lo sobrevaloraba más en las etapas más heroicas
de estas tierras que concretamente los señoritos más absentistas. Quizá el
hombre teme a las mujeres porque inconscientemente han ido acumulando la sensación,
es decir, el día que decidan vengarse nos van a correr a gorrazos.
Otra
hipótesis es, me llama mucho la atención, nos salía ya en un trabajo que
hicimos en Sevilla José Angel y yo, una expresión muy típica de los hombres que dice “...
aunque no sabemos a donde van a parar ...” es decir, es el hombre el que
dentro de una cultura de poder no sabría parar. Una mujer no tiene ningún
deseo de ser lo más del mundo, como de aprovechar su capacidad orgásmica para
fornicar con todos los varones de la comarca, ni para pasarse todo el día en
vez de viendo la tele y otros entretenimientos, estar fornicando.
La
primera cuestión es el miedo, la otra sería algún tipo de fantasmatización
de la madre como figura omnipotente y ver a la madre de alguna manera, cada vez
que ve a alguna mujer, acordarse de lo poquita cosa que era cuando estaba con su
mamá. Esto lo dejo en el aire, pero pienso que algunas de las razones para
superar y luchar por la igualdad es entender que sólo una sociedad entre
iguales es una sociedad en la que tú no te encuentras más bajito y que tengas
que estar subido a una escalera.
Todo
esto me plantea un problema adicional para el cual lo primero que tengo que
hacer urgentemente es pedirle visita o consulta a Fernando, que es la cuestión
de un proyecto de investigación en el que estoy metido ahora, de momento no
tengo más que los investigadores, que son los alumnos que sacaron matrícula en
sociología el año pasado y que han salido más bien izquierdosos o algo así.
La idea es la siguiente. Yo vengo observando desde hace algunos años que mis
expectativas de una marcha rápida de los hombres hacia la igualdad, pues esa
marcha va lenta y que debe estar pasando algo. Algo por lo cual no se puede
decir simplemente, es que soy muy antiguo, vengo de las cavernas y en las
cavernas se hacen las cosas así, o que mi madre era muy machista y nunca me dejó
fregar nada. Aquí pasa algo más. Yo tengo una hipótesis, la naturaleza le
gasta una terrible broma a los varones, nos hace inequívocamente impresentables
o al menos poquita cosa comparado con las señoras de los 11 a los 16 años. En
este periodo es inútil que se niegue el que las chicas tienen una tetas antes
que nosotros tengamos otra cosa. Las dos experiencias que he tenido dando
educación sexual han sido terribles. Los chicos escapándose y haciendo tonterías.
Recuerdo una muy bonita con Nuria Pérez de Lara, en el que en el momento de las
conclusiones las chicas dijeron que sí, que entendían que la sexualidad era un
aspecto positivo de la vida y miraban a los chicos y decían, pero con estos
barbarotes no, con lo cual veíamos al varón labrando su infelicidad de la que
luego daría cuenta en futuras sesiones de taberna. Las chicas son las
estrechas, nunca saben lo que quieren y todo este tipo de cosas.
Entonces
la hipótesis es la siguiente: qué ocurre si los chicos son desprotegidos de
todo el sistema, de todo el andamiaje social del patriarcado que hace de todo
hombre un sujeto que cree en cosas indemostrables. Por ejemplo, cree que es
heroico porque él va a la mili, la mujer no y entonces la madre y las hermanas
le escriben y se preocupan mucho, cuando estudia, la madre dice no molesteis al
chico, mientras la hermana tendrá que estudiar después de fregar. Todo esta
especie de gran sistema escenográfico heroico se viene al traste cuando se
unifica y (con perdón) se coestabuliza por lo menos a los varones y mujeres, no
hay una educación en la convivencia y en la diferencia y diversidad, sino que
lo que hay es un sitio donde te meten encerrado, y te das cuenta de que las
chicas sacan mejores notas y además les hacen caso los chicos mayores que no te
hacen caso a ti como amigo.
No
querría insistir mucho, pero en torno a esto habría una posibilidad de que se
crease una especie de fondo de misofinia reclamando venganza. Lo estoy
caricatizando mucho, pero que después aparecería en la práctica como un
regateo. Dejando aparte las situaciones particularmente graves y muy dolorosas
de violencia, lo que yo percibo más es el gran regateo de los varones de la
sensación de que les están quitando algo suyo y que al mismo tiempo lo que
hacen es resistencia pasiva, es un tipo de actuación que desearía ver aplicada
al capitalismo o al consumismo en vez de a la relación con las mujeres, es
decir, conmigo no cuenten. Yo decido investigar, y de momento he empezado una
investigación de estas más o menos terribles, y que todo el mundo te dice,
esto es muy interesante pero es de otro negociado.
Luego
recordarme que os dé o si alguien quiere anotar mi dirección postal por si
alguien quiere colaborar con este estudio, porque al final se hará popular josep.v.marques@uv.es,
y si queréis echar una mano, yo os enviaría el trabajo.
Como
conjunto más o menos coherente que plantearía el siguiente. Los cuatro tipos
de razones para la denuncia del sistema patriarcal por parte de los varones,
seria, en primer lugar el de la solidaridad con el oprimid@ que se espera de
toda persona solidaria de ideas progresistas democráticas o libertarias, aunque
no todo varón puede sentirse motivado, no debería en tal sentido ser más
infrecuente la solidaridad de los varones con el feminismo de lo que ha sido la
solidaridad con la población de color por parte de algunos blancos o con el
pueblo Kurdo por parte de otras nacionalidades.
Uno
probablemente no tiene parientes cercanos entre las personas de color, el
colectivo obrero o los enfermos de tal o con el grupo con el que se solidariza,
pero sí tiene entre las mujeres hijas, un slogan que no llegamos a utilizar de
un colectivo de hombres, era concretamente esto, algo así como utilizar la
expresión de por lo menos tener madre, hermana, novia, que acuda al 8 de marzo
señalando este tipo de situación.
Por
otra parte, el patriarcado se puede interpretar como un sistema de reducción
social de hombres y mujeres a partir de individuos potencialmente muy diferentes
entre sí. El proceso de construcción de hombres y mujeres supone el fomento y
la motivación de diversas peculiaridades y características personales, ninguna
de estas dos operaciones tiene necesariamente un resultado feliz. En ese
sentido, como ahora vemos, aparece un segundo tipo de razones para impugnar al
patriarcado desde el lado masculino. Un varón puede considerar agobiante las
supuestas cualidades que se han fomentado en él por ser identificado
genitalmente como varón y deplorar la falta de aquellas cualidades que se le
han desalentado. En la sociedad actual se estimula la competitividad de los
varones, quizá esto sea útil para los empresarios o directivos medios o para
quienes desean trabajar como agentes de bolsa, pero no parece muy útil para un
obrero más necesitado de apoyo y cooperación sindical o para un tendero cuyas
aptitudes para competir con una gran superficie son pura broma. El varón
competitivo muy a menudo es un sujeto enjaulado buscando ocasión en la vida
privada para arruinar su paz doméstica o su armonía con las amistades
practicando la famosa cultura del reto y el desafío o abocado al estrés.
Algo
se comenta del varón por lo que no se conforma con un acomodo razonable ni en
un sentido físico ni figurado. Las canciones masculinas ponderan al cambio, al
abandono de personas y lugares queridos, la velocidad al margen de la función
misma del itinerario, el sueño lejano y bello de la canción de Atahualpa
Yupanqui, por la que ella quizás, según la letra, no comprenda nunca por qué
se aleja, y muy a menudo no es más que una renuncia al remanso, quizá algo de
la discutible o discutida relatividad amorosa del varón sea una disfunción del
propio modelo.
Probablemente
la ausencia de riesgo en cuanto a precio de la aventura sea un empobrecimiento,
pero la búsqueda del riesgo como imperativo, supone al varón una mortalidad y
morbilidad notables inferiores a la mujer. En el mismo sentido funciona la
rudeza con la que el varón pretende demostrar que es tan duro como el medio físico,
laboral o social que pretende dominar y que si bien resulta funcional en la ropa
(resistente y abrigada), funciona en dirección contrario a la utilización de
alcohol y otras drogas estimulantes. El modelo masculino es megalómano, lo
masculino es la suma de todo el protagonismo excepto el del cuidado, lo
masculino es defender y atacar, construir y destruir, fornicar y dominar las
ocasiones, siempre puede un varón considerarse falto de algo.
El
patriarcado no es un sistema inmutable, adopta y se adapta a las formas de cada
modelo de producción o tipo de sociedad y toma características de cada una,
apropiarse en la fuerza reproductiva de las mujeres, por ejemplo, parece algo más
estimulante para los intereses y mentalidad media del varón en las sociedades
medievales, que en la España de los años 60. Por otra parte, parece existir un
proceso de la desintegración del patriarcado mismo, en la que convergen la
lucha de las mujeres, etc.
La
propia figura del padre es una figura ya absolutamente ridícula y grotesca en
el sentido de que pasa de ser un señor al cual todavía hemos conocido tratando
de luchar porque el hijo fuera notario, a conseguir luchar porque el hijo por lo
menos no se pique y a no mandar en casa, fundamentalmente para no ser
desautorizado.
La
tercera razón por la que puede impugnarse el patriarcado, es que su crisis
relativa desajusta las personalidades masculinas, haciéndolas crecientemente
incongruentes y dependientes de gratificaciones inexistentes o muy mermadas. Un
sistema en crisis sólo produce personalidades en crisis. Ya sé que para un
sociólogo o para un psicólogo es muy arriesgado, pero en fín.
Y luego, lo que llamo ecofeminismo para caballeros. Hay un último conjunto de razones para abandonar la disciplina patriarcal que supone, como el primero, una opción ideológica. Una corriente feminista, la de la diferencia, el ecofeminismo, denuncia la situación patriarcal actual en la medida en que esta supone, resumiendo, en palabras mías, la exaltación de la guerra, de lo militar, del empleo de la fuerza, en una etapa de la humanidad donde la guerra es un suicidio. Una actitud prepotente en la cultura del poder y una tremenda retórica insoportable, los políticos son en general insoportables. No hay ninguna razón por la cual sólo las mujeres por ningún tipo de condición biológica, se apunten a estas cosas, es decir, somos absolutamente libres de ser ecofeministas. Yo terminaba reivindicando frente al obrero hercúleo con un martillo propio de los carteles revolucionarios, volver a la mujer de gorro frígido con un aspecto bastante más amable y aceptar que tanto lo masculino como lo femenino, lo humano puede ser representado por la mujer y no creer siempre que es el hombre la representación icónica de la humanidad.