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PROBLEMAS
1.La
masculinidad. Vincula género y heterosexualidad presentando estas dos construcciones
culturales como naturales. El fin es someter el deseo, limitar la búsqueda y
obtención del placer y justificar relaciones de poder.
2.La
heterosexualidad. Presentada como la
orientación natural (normal) del deseo sexual, obliga a sentirlo hacia las
mujeres y no sentirlo hacia los hombres, limitando su desarrollo, su expresión
y su diversidad. Afirma la reproducción como fin de la sexualidad. Genera
homofobia y propicia la discriminación de los no heterosexuales, y de quienes
siéndolo no se ajustan al modelo hegemónico.
3.La
limitación del placer a los genitales.
Dificulta la integración del resto de las sensaciones y exagera la importancia
de su tamaño, forma, control y potencia, enfrentándonos a modelos
inalcanzables.
4.La
reducción de la sexualidad al coito.
La penetración sigue siendo, al menos en occidente, sinónimo de "relación
sexual completa", devaluando la masturbación y el resto de prácticas (no
reproductivas) que son vistas y vividas como sucedáneos, complementos o preámbulos
del coito. La mayoría de las "disfunciones sexuales" expresan la
incapacidad de satisfacer expectativas en torno al coito.
5.El
rechazo de la sexualidad infantil y juvenil.
Con el pretexto de proteger a la infancia, la medicina y la Psicología van
reemplazando a la religión en el mensaje del miedo, impidiendo o dificultando
la expresión y el desarrollo de la sexualidad de niños y jóvenes.
6.Algunos
tipos de educación sexual. Son
frecuentes los programas basados en la prevención que acaban transmitiendo la
idea de que lo más seguro, lo mejor, es la relación heterosexual en la pareja
monógama. Se distinguen porque la educación para el placer (anatomía y
fisiología de la respuesta sexual, etc.) ocupa un lugar residual en sus
contenidos.
7.La
disociación entre sexualidad y afectividad. Los
sentimientos masculinos son, con frecuencia, lo más parecido a un bonsái, el
resultado de un esmerado proceso de poda y falta de espacio en el que echar raíces.
Conservan todo su potencial genético pero están atrofiados. En estas
condiciones hacer el amor y practicar el sexo, al mismo tiempo, es una
experiencia poco frecuente.
8.La
iniciativa unilateral. La obligación
de tomar y llevar la iniciativa, pese a nuestras inseguridades, nos vuelve
insensibles a los rechazos ("se hace de rogar"), nos exige ser
deseantes y nos responsabiliza del placer de nuestras parejas, hasta el punto de
no saber si vamos a disfrutar o a examinarnos. Niega la autonomía sexual de la
mujer.
9.La
resistencia al uso del preservativo.
Expresa la oposición masculina a hacer concesiones en términos de placer o
"espontaneidad" y es responsable de la mayoría de embarazos no
deseados, las ETS y la difusión del SIDA.
10.La
explotación sexual de las mujeres y la infancia..
Actividades que amparan múltiples formas de subordinación y explotación
(pornografía, prostitución,..). Son manifestaciones arraigadas en el
imaginario sexual masculino, asociadas a fantasías de "sexo a la
carta", poder y riesgo.
1.Sobre
la masculinidad. Avanzar en la
desaparición del género, feminizando el referente universal. Desvinculando
masculinidad y heterosexualidad. El fin, eliminar las bases en que se asientan
las relaciones de poder, liberar el deseo en aras a la diversidad, potenciar la
búsqueda y obtención del placer.
2.El
respeto a la diversidad sexual. En
sexualidad lo normal y lo anormal solo es respetable a título individual,
entendiendo como legítimas todas las conductas y prácticas que no impliquen
coacción o imposición. Apoyar la normalización de los colectivos que, como el
homosexual, allanan tantos caminos.
3.Relativizar
la importancia de los genitales. Implicando
todo el cuerpo en la búsqueda y obtención del placer. Es como la proa y la
popa de un barco. Solo en la medida en que aprendamos a disfrutar de las
posibilidades que nos ofrecen otras zonas irán perdiendo importancia los
genitales y los conflictos a ellos asociados.
4.Desacralizar
el coito. Revalorizar el resto de prácticas
sin cuestionar la importancia que tenga para cada cual. La sexualidad nos acompaña
toda la vida, con o sin pareja. Es trascendente rescatar la importancia de la
masturbación y las caricias. El desempeño en el coito ha de dejar de ser la
medida del éxito o fracaso de las relaciones sexuales y sinónimo de la
sexualidad.
5.Fomento
de la sexualidad infantil. Lo
pernicioso está en la mirada adulta, el ocultamiento y la represión de su
sexualidad solo favorece el tabú, la clandestinidad y la culpa. La protección
de la infancia y la juventud no puede basarse en la prohibición y el miedo.
6.Educación
sexual de calidad. No se puede decir
que la sexualidad es buena y limitar su disfrute a determinadas edades. Solo
desde la convicción de que el placer y sus vivencias son positivas, y que los
contenidos de su educación los determinan sus intereses e interrogantes,
atenderán los consejos orientados a la prevención de riesgos que tanto nos
preocupan a sus mayores.
7-Asociar
afectividad y sexualidad. Sin exigir
amor eterno o compromiso de por vida. Es difícil ser feliz sin conocernos ni
aprender a normalizar y expresar los propios sentimientos, sin libertad para
expresar nuestras preferencias, si nos sentimos cuestionados por no ajustarnos a
la norma.
8.Compartir
la iniciativa y el rechazo a las propuestas. Desvinculándolas
del respeto que nos merece la otra o el otro. Que la gente se relacione cuando
coincida en el deseo. Que los papeles activo y pasivo sean intercambiables. Que
la autonomía sexual de las mujeres las haga responsables y protagonistas de su
placer.
9.Priorizar
el uso del preservativo. En todo tipo
de penetraciones. Cada vez que un hombre penetra sin un condón está buscando,
conscientemente o no, un embarazo o una infección. Los hombres no podemos
delegar el cuidado de nuestra salud. El que no se protege no es de fiar.
10.La
explotación sexual de las mujeres y la infancia. Conciliar
las fantasías con la vida cotidiana no ha de impedir el impulso de
medidas que permitan erradicar cualquier forma de subordinación y explotación
de la mujer y la infancia, junto a la reinserción social de las victimas. Ni el
rechazo a estas prácticas puede servir de pretexto para dejar de atender a las
demandas de protección social de las asociaciones de prostitutas.