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EL
SILENCIO DE LOS HOMBRES. Analista del Dpto. de participación de la mujer del COESPO. |
“Mientras
insistamos en vivir sólo como seres racionales cuya satisfacción proviene de
proyectos individuales, será difícil respetar y reconocer nuestra existencia
como seres emocionales, sexuales y espirituales. Nos quedamos con una comprensión
endeble y restringida de nuestra experiencia”.
El
modelo tradicional de la masculinidad se construye en: no tener nada de femenino
(restricción emocional, labores domésticas, etc.), la homofobia o rechazo a
los/as homosexuales, el uso de poder y control sobre los/as demás a nuestro
alrededor y la obsesión por conseguir logros y éxitos.
La
identidad masculina tiene que ver con el significado del modelo tradicional o
hegemónico, pues los hombres se definen como tal por: los actos (lo que se
hace), la cultura (normas sociales, religión, etc.), lo que poseen, la imagen
corporal y su historia (personal, familiar y social).
Se
calla para ocultar el dolor, el dolor de ser sensible, dolor provocado por el
miedo, por la tristeza y quizá por la soledad. El dolor se manifiesta con
humillaciones, indiferencia, cólera, con palabras que lastiman y dañan a las
personas, palabras que destruyen y no con palabras que construyen relaciones
equitativas, sanas y de respeto, ¿para qué?.
Callar
nuestras emociones y ,sobretodo, sentirlas nos impide escuchar, la escucha es más
que oír palabras, es entender y comprender lo que sucede y cómo sucede, es
ponerse en los zapatos de la otra persona y negociar a partir de las dos
percepciones que se tiene acerca de las diferencias. Como receptores en la
comunicación podemos parecer “pasivos” pues en el proceso social de hacerse
hombre se debe confirmar y reafirmar constantemente con la actividad e
iniciativa: dar lo que quiero.
La
vida emocional de los varones parece ser difícil para expresarse de manera
personal. Un hombre habla por todos: “todos somos violentos”, “todos
sufrimos por culpa de...”, “todos somos fuertes”, “a todos les pasa”,
etc. Muy pocos hablamos en primera persona, de lo que vivimos y cómo lo
vivimos, de lo que nos duele y las formas en que nos duele.
Cuando
se habla por todos, no asumimos la responsabilidad que cada quien vive, nos
apropiamos de la razón para fundamentar y ocultar las emociones.
En
las relaciones de pareja, los hombres muchas veces no hemos aprendido a
comprender por qué nuestra novia o esposa se encuentra molesta.
Estos
aspectos de descuido y abandono, como seres humanos, los hombres tradicionales
han renunciado a la ternura, a la equidad, a escuchar y también a decir lo que
les duele y molesta sin ejercer actitudes y conductas violentas. Se guardan los
dolores que se han caracterizado como débiles, asignadas para aquellas y
aquellos diferentes del verdadero hombre.
“...como
hombres somos tan conscientes de lo arduamente que estamos trabajando en la
esfera que puede ser difícil reconocer lo que los demás necesitan
de nosotros en nuestras relaciones personales y sexuales. Esto se debe
posiblemente a que tendemos a negar nuestras necesidades emocionales, puede
resultarnos difícil reconocer las necesidades emocionales de los demás”
(op. Cit. P.215).”
Como
hombres nos estamos perdiendo la oportunidad de tener contacto con nosotros
mismos, somos seres humanos completos, sin embargo, nos mutilamos socialmente
por cumplir una expectativa tradicional de la masculinidad. Además, estamos
perdiendo contacto con el resto de las personas que nos rodean, pues pareciéramos
mutantes convertidos en hombres que sólo tienen
conductas pero sin sentir el lado agradable de la vida.
Al
tener un contacto profundo de las emociones con nosotros mismos, podemos ganar
tanto, como: conocernos a sí mismos, poder sentir y vivir nuestras emociones y
aprender de ellas, poder detener nuestra violencia, mostrarnos afectivos y
tiernos con las demás personas que son significativas en nuestra vida. Podemos
aprender a cuidarnos a nosotros mismos y desde luego aprenderemos a cuidar de
los demás.
Conocernos
a sí mismos forma parte de un proceso de aprendizaje, los hombres tenemos en la
actualidad alternativas para cambiar nuestras actitudes y conductas que dañan a
las personas que amamos y queremos. Podemos iniciar por reconocer lo que nos
molesta y cómo nos molesta, comentarlo en pareja y familia y llegar a acuerdos
y crear alternativas que nos permitan relacionarnos mejor. Vivir estos procesos
de cambio nos permitirá sentirnos más relajados y tranquilos, ser sensibles,
ser seres humanos, ser simplemente hombres.